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	<title>Papeles de Nombre Falso</title>
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	<description>comunicación y sociología de la cultura</description>
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		<title>Configuraciones, sentidos y articulaciones de los procesos de formación en investigación social</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Sep 2010 00:50:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>luis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Metodología de investigación]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://nombrefalso.tecnologiaycultura.com.ar/?p=183</guid>
		<description><![CDATA[Resumen: La reflexión pedagógica, entendida como un ejercicio fenomenológico sobre experiencias vividas busca explicar los fenómenos, los hechos y las prácticas formativas. Esta reflexión da cuenta de las perspectivas que asumen, replican o transforman los docentes que forman en investigación social. También se exploran y cuestionan las prácticas docentes en investigación social, dando cuenta de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3>Resumen:</h3>
<p>La reflexión pedagógica, entendida como un  ejercicio  fenomenológico sobre experiencias vividas busca explicar los  fenómenos, los hechos y las prácticas formativas. Esta reflexión da  cuenta de las perspectivas que asumen, replican o transforman los  docentes que forman en investigación social.</p>
<p>También se  exploran y cuestionan las prácticas docentes  en investigación social,  dando cuenta de las matrices  en las que se configuran las  diferentes  propuestas.</p>
<p>Después de hacer pasar por un análisis crítico los   modelos, supuestos y paradigmas formativos,  se caracteriza la  propuesta pedagógica  que busca formar, en los estudiantes  universitarios en ciencias sociales, cultura de investigación, dando  cuenta de su configuración, sentidos y articulaciones.</p>
<p><strong> </strong></p>
<hr />
<blockquote><p>&#8220;<em>No hay pregunta tonta, ni tampoco respuesta definitiva. La Necesidad de preguntar es parte de la naturaleza del hombre&#8221;</em></p>
<p>Paulo Freire</p>
</blockquote>
<h3>En-Clave</h3>
<p>Los  discursos acerca de la formación en investigación social  hoy, se  encuentran atrapados, como muchos otros generados en el ámbito  universitario, por las leyes, los estándares de calidad, la acreditación  y por  tecnócratas que pretenden dirimir,  mejor que la comunidad  académica, las relaciones entre la teoría y la práctica investigativa.   Además de todo lo anterior, hoy como  ayer,  el debate sobre la  formación en  investigación social, sigue ocupando un lugar  privilegiado, sobre todo entre aquellos docentes investigadores que   buscan  desamarrar su práctica, reflexión y sus propuestas de  planteamientos pedagógicos tradicionales,  descontextualizados,  sustentados en argumentos y diseños curriculares ajenos a los retos  generados por los cambios en las instituciones, las relaciones sociales,  las tradiciones (entre ellas las científicas y tecnológicas)  y las  identidades individuales y colectivas.</p>
<p>Este texto, parte de reconocer que:<em> &#8220;Uno de los problemas estriba en que nos hallamos atrapados en modelos y  supuestos inapropiados sobre la naturaleza y los fines de la  investigación, el lugar de la teoría y la relación entre éstas y la  práctica. Nuestra tarea, por eso consiste en someter a un escrutinio  crítico los modelos, supuestos y paradigmas convencionales  e indicar  una alternativa más  adecuada  y útil.&#8221; </em> <a title="_ftnref1" name="_ftnref1"></a><a href="#_ftn1">[1]</a></p>
<p>Es,  en medio de estas tensiones contextuales, argumentativas y operativas que levantamos nuestra <em>reflexión pedagógica</em>, para explorar y cuestionar las prácticas formativas  en investigación social, buscando <em>develar  los sentidos, las matrices  en las que se configuran las  diferentes  propuestas y  los modos en que articulan los contextos, actores, redes y  tecnologías; condiciones éstas, desde las que hoy  se,  se diseñan los  proyectos  y se generan conocimientos.</em></p>
<p>La reflexión que  compartimos pretende dar cuenta  de una manera crítica, de las  perspectivas que asumen, replican o cambian los docentes en el área y,  también, expresar de una manera clara los argumentos que sustentan una  propuesta alternativa de formación en investigación social, teniendo en  cuenta que: <em>&#8220;cuanto más a fondo entremos en la crítica/auto-crítica  de las matrices de las que partimos los sujetos implicados, más fácil  será dar los primeros pasos&#8221; </em> (VILLASANTE 98; 52)</p>
<p>La  reflexión pedagógica, es un ejercicio  fenomenológico sobre experiencias  vividas, busca explicar los fenómenos, los hechos y las prácticas tal  como se presentan en la conciencia; no se queda en la superficie de los  eventos sino describe  los significados que se construyen en el   quehacer cotidiano de los docentes en el campo de  la investigación  social. La reflexión pedagógica como ejercicio fenomenológico se realiza  desde la perspectiva sociocrítica, porque se va tras las posibles  estructuras de significado de las experiencias pedagógicas vividas,  comprendiendo cómo éstas  presionan determinados sentidos y actúan  normativamente.  De aquí  que el concepto de praxis, recupere su  vigencia al reflexionar sobre lo que sucede en las practicas, dando  cuenta de energías, información, procesos, elementos y nuevas  articulaciones que al ser  reconocidas develan la complejidad de  nuestras construcciones,  propuestas y acciones .</p>
<p>El  texto  que  presentamos puede ser leído como una elaboración sobre el hacer  formativo en investigación social; pero no se cierra en ello, sino que  pretende buscar caminos que permitan dar cuenta de lo que se  sabe de  ese hacer pedagógico cuando se toma la  práctica de docente  como objeto  de estudio y reflexión, indagando por sentidos, perspectivas,  estructuras configurativas y dinámicas de articulación -<em> desafíos, </em> <em>complejidades y paradojas</em> &#8211; en las que se sitúa la formación de profesionales en ciencias sociales y humanas.</p>
<h3>Configuraciones y modelos que se expresan en la práctica formativa</h3>
<blockquote><p>&#8220;Los científicos cuando cambian los paradigmas, ven un mundo  completamente diferente, porque las palabras y los conceptos han  cambiado&#8221;</p>
<p><em>J. Ibañez.</em></p>
</blockquote>
<p>En la comunidad académica, no hay un acuerdo sobre qué entender  por  <em>formación</em>,  y menos conformidad existe en lo que se refiere <em>a formación en investigación. S</em>e  opta, entonces,  por presentar una aproximación conceptual desarrollada  en la reflexión de la práctica como docente del área de investigación  social. Es una noción sustantiva, abierta y con alto grado de  provisionalidad, que comprende <strong><em>la </em></strong><em>formación  en investigación social  como un proceso socialmente construido,  sistemático y altamente reflexivo, que integra de manera intencionada y  crítica  el acumulado cultural y científico a  las necesidades,  intereses y experiencias vitales en las diferentes dimensiones  configuradoras de lo humano:  la personal, la grupal, la  comunitaria-cultural y la institucional; brindando las competencias y  las herramientas necesarias para que los individuos involucrados estén  en capacidad de afrontar la realidad alterando, desde la pregunta y la  búsqueda, el flujo inercial (acomodamiento) de los sujetos;  transformando las maneras de comprender, expresar y hacer a  partir de  una renovada y reinformada  red de interacciones y relaciones.</em> Este concepto, que sin duda abrirá algún el debate,  orientará a manera  de radar mental la lectura y reflexión sobre los modelos y propuestas de  formación en investigación social.</p>
<p>Partamos reconociendo que  todo docente investigador puede diseñar y modelar su práctica educativa.  También, en la mayoría de los casos,  se encuentran en capacidad de  referir su quehacer a modelos  simples  o  complejos construidos en  alguna tradición práctica, teórica o teórico-práctica. Estas  posibilidades y la conciencia de ellas,  permiten que aquellos que se  involucran en procesos de formación en investigación de profesionales en  las ciencias sociales, puedan hacer distinciones, comparaciones y  apreciaciones sobre las bondades de su actuar  formativo en uno u otro  modelo.  Es,  a  lo largo del proceso de reflexión,  que algunos  docentes, llegan a darse cuenta de que ninguna actuación formativa  responde exactamente a una configuración particular  o a un  modelo  puro.  También, otros descubren que las propuestas formativas que  desarrollan  no asumen, habitualmente, una configuración o una  modelación teórica previa. Con ello estamos diciendo que <em>&#8220;la práctica no implica, ni excluye,  el dominio de la lógica que en ella se expresa.&#8221;</em> <a title="_ftnref2" name="_ftnref2"></a><a href="#_ftn2">[2]</a></p>
<p>Al  caracterizar las prácticas formativas, se pueden descubrir,  en todas ellas, una serie de componentes como son: <em>el contexto, los sujetos, sus intenciones, los contenidos, las metodologías y los resultados o logros.</em> De acuerdo al estilo pedagógico que se asuma,  estos elementos se  hacen evidentes y se relacionan, de una manera particular, alcanzando  niveles de interdependencia y de correspondencia desigual y heterogénea.</p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><em>Cuadro 1.  Estilos y componentes de las propuestas y prácticas Formativas.</em></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<table border="1" cellspacing="0" cellpadding="0">
<tbody>
<tr>
<td width="117" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><em>Estilos</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em> </em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Compo</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>nentes</em></span></td>
<td width="96" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><em>Instructivo</em></span></td>
<td width="96" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><em>Tecnología educativa</em></span></td>
<td width="120" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><em>Procesual </em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>constructivo</em></span></td>
</tr>
<tr>
<td width="117" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><em>Contextos</em></span></td>
<td width="96" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><em> </em></span></td>
<td width="96" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><em> </em></span></td>
<td width="120" valign="top">
<ul>
<li> <span style="font-size: x-small;"><br />
</span></li>
</ul>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="117" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><em>Sujetos</em></span></td>
<td width="96" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><em> </em></span></td>
<td width="96" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><em> </em></span></td>
<td width="120" valign="top">
<ul>
<li> <span style="font-size: x-small;"><br />
</span></li>
</ul>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="117" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><em>Ambientes reales y virtuales</em></span></td>
<td width="96" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><em> </em></span></td>
<td width="96" valign="top">
<ul>
<li> <span style="font-size: x-small;"><br />
</span></li>
</ul>
</td>
<td width="120" valign="top">
<ul>
<li> <span style="font-size: x-small;"><br />
</span></li>
</ul>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="117" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><em>Objetivos</em></span></td>
<td width="96" valign="top">
<ul>
<li> <span style="font-size: x-small;"><br />
</span></li>
</ul>
</td>
<td width="96" valign="top">
<ul>
<li> <span style="font-size: x-small;"><br />
</span></li>
</ul>
</td>
<td width="120" valign="top">
<ul>
<li> <span style="font-size: x-small;"><br />
</span></li>
</ul>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="117" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><em>Contenidos</em></span></td>
<td width="96" valign="top">
<ul>
<li> <span style="font-size: x-small;"><br />
</span></li>
</ul>
</td>
<td width="96" valign="top">
<ul>
<li> <span style="font-size: x-small;"><br />
</span></li>
</ul>
</td>
<td width="120" valign="top">
<ul>
<li> <span style="font-size: x-small;"><br />
</span></li>
</ul>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="117" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><em>Metodología ,actividades  técnicas</em></span></td>
<td width="96" valign="top">
<ul>
<li> <span style="font-size: x-small;"><br />
</span></li>
</ul>
</td>
<td width="96" valign="top">
<ul>
<li> <span style="font-size: x-small;"><br />
</span></li>
</ul>
</td>
<td width="120" valign="top">
<ul>
<li> <span style="font-size: x-small;"><br />
</span></li>
</ul>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="117" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><em>TIC</em></span></td>
<td width="96" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><em> </em></span></td>
<td width="96" valign="top">
<ul>
<li> <span style="font-size: x-small;"><br />
</span></li>
</ul>
</td>
<td width="120" valign="top">
<ul>
<li> <span style="font-size: x-small;"><br />
</span></li>
</ul>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="117" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><em>Eventualidades</em></span></td>
<td width="96" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><em> </em></span></td>
<td width="96" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><em> </em></span></td>
<td width="120" valign="top">
<ul>
<li> <span style="font-size: x-small;"><br />
</span></li>
</ul>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="117" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><em>Resultados</em></span></td>
<td width="96" valign="top">
<ul>
<li> <span style="font-size: x-small;"><br />
</span></li>
</ul>
</td>
<td width="96" valign="top">
<ul>
<li> <span style="font-size: x-small;"><br />
</span></li>
</ul>
</td>
<td width="120" valign="top">
<ul>
<li> <span style="font-size: x-small;"><br />
</span></li>
</ul>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p>En   el cuadro, de una manera  indicativa se  caracterizan tres estilos  pedagógicos  que inciden en las configuraciones teóricas y prácticas que  asumen &#8211; explícita o implícitamente &#8211;  las propuestas de formación en  investigación.  El primer estilo pone en el centro la  intención   instructiva,  prestando mayor atención a  todos los componentes que  hacen a la eficacia acción aleccionadora.</p>
<p>En este estilo  <em>&#8220;la  actividad del curso se organiza en torno a una secuencia de temas que  pretenden ser una selección pormenorizada de lo que el alumno debería  saber sobre la disciplina. El profesor consume una parte importante del   tiempo dando (explicando) los temas, mientras que los estudiantes  anotan por escrito la información suministrada, para poder después  preparar las evaluaciones, controles o exámenes que intentarán medir el  aprendizaje&#8221;</em> <a title="_ftnref3" name="_ftnref3"></a><a href="#_ftn3">[3]</a></p>
<p>También, se ha  referido la instrucción a <em>&#8220;aquellas  actividades que se organizan intencionalmente con el propósito expreso  de lograr determinados objetivos educativos y de aprendizaje&#8221;</em> <a title="_ftnref4" name="_ftnref4"></a><a href="#_ftn4">[4]</a>.<strong><em> </em></strong>Lo cierto es que en este estilo no se concibe la práctica instructiva sin una programación establecida, que oriente <em>la puesta en secuencia  de los contenidos, </em>buscando  que el diseño, realizado por el docente permita alcanzar los logros de  aprendizaje que la normatividad educativa o los acuerdos entre  profesores del área establecen. En este estilo pedagógico la atención no  está centrada en los sujetos, en los estudiantes, en sus expectativas,  saberes previos, aptitudes, intereses, necesidades o procesos  autoformativos, sino en  los contenidos a transferir, reproducir y  aplicar según las enseñanzas impartidas.</p>
<p>Cuadro 2.  Características del Estilo Instruccional</p>
<p><strong> </strong></p>
<table border="1" cellspacing="0" cellpadding="0">
<tbody>
<tr>
<td width="213" valign="top">ESTILO INSTRUCCIONAL</td>
<td width="363" valign="top">Elaboración  de un temario de contenidos basados   exclusivamente en los productos  de las disciplinas (datos, conceptos,   teorías) Secuenciados atendiendo  a su estructura formal. <a title="_ftnref5" name="_ftnref5"></a><a href="#_ftn5">[5]</a></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>El  segundo estilo  pone el énfasis en el paquete técnico desde el  que se  administran los contenidos de acuerdo a temas, objetivos, actividades  y  recursos necesarios; garantizando uniformidad entre todos los docentes  que <em>&#8220;dictan&#8221;</em> esta materia.  El desarrollo de este estilo  requiere procesos de capacitación en el manejo del sistema de guías,  módulos y esquemas evaluativos;  consolidando un tipo de práctica   pedagógica estándar.</p>
<p>Es curioso que cuando este estilo no  funciona, las administraciones o jefaturas  de unidades académicas  insisten en que las deficiencias y obstáculos, encontrados en el  desarrollo de la propuesta, tienen su origen en los vacíos de formación  de los docentes en investigación. La respuesta, entonces,  no se hace  esperar: son muchas las universidades que ofrecen diplomas,  especializaciones y maestrías en docencia universitaria en  investigación.</p>
<p>En este  estilo de trabajo se asientan métodos y  procedimientos de diseño que  proceden de la gerencia. La acción docente  es cercana a la del planificador y administrador, lo que lleva a  esquematizar  la  actividad formativa en: <em>objetivos &#8211;  actividades &#8211;  recursos &#8211; evaluación</em>.  El saber del docente y de los  estudiantes se  ata a las guías y  programas preformateados que fragmentan el proceso en porciones  administrables.</p>
<p>Es también sugestivo ver como en este estilo <em>hacen curso las nociones de objetividad, confiabilidad, efectividad y eficacia,</em> que provienen de los discursos y prácticas administrativas. La cátedra   empieza así a adquirir un matiz empresarial.  La idea de eficacia está  vinculada a la mentalidad tecnológica que se transforma, en algunos  casos, en una obsesión eficientista, rígida y uniformizadora, donde no  se admiten eventualidades, provisonalidades y reformulaciones a la luz  de nuevas circunstancias, intereses, necesidades o condiciones de los  alumnos. <a title="_ftnref6" name="_ftnref6"></a><a href="#_ftn6">[6]</a></p>
<p>Cuadro 3.  Características del Estilo Tecnología Educativa</p>
<table border="1" cellspacing="0" cellpadding="0">
<tbody>
<tr align="left">
<td width="213" valign="top">ESTILO TECNOLOGÍA EDUCATIVA</td>
<td width="363" valign="top">La acción docente, en este estilo,  es cercana a la del planificador y   administrador, esquematizando su actividad en: <em>objetivos &#8211;  actividades &#8211;  recursos &#8211; evaluación</em>.</p>
<p>Una  secuencia    cerrada y   fragmentada de   actividades garantiza la  eficaz administración del proceso y el logro de los   objetivos.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>El tercer estilo es aquel que pone énfasis en el<em> proceso</em> y por tal razón se  entiende el quehacer educativo como una  <em>acción, en un contexto temporoespacial y sociocultural</em>, <em>que lleva a la alteración del flujo inercial de los agentes (docentes, estudiantes, instituciones, grupos&#8230;) </em> con cierta intencionalidad y conciencia de iniciativa para influir en  momentos, fases o en otros subprocesos. El universo del lenguaje, la  emoción, la interactividad, la libertad, la creatividad y la novedad  hacen parte de las condiciones  y posibilidades constructivas del  proceso formativo. Este estilo es implícita o explícitamente  sistémico,  &#8220;<em>en el sentido preciso de tener unos componentes, unas transformaciones,  posibles a partir de una red de relaciones internas.&#8221;</em> <a title="_ftnref7" name="_ftnref7"></a><a href="#_ftn7">[7]</a><br />
En  este estilo se pone en el centro la interacción,  los vínculos del  docente con los alumnos y de los alumnos entre sí y de todos con el  conocimiento;  de allí que puedan expresarse, participar y aprender en  un ambiente marcado por la comunicación y la colaboración, donde son los  intereses teóricos y extrateóricos los que se acuerdan para informar y  ordenar los objetivos formativos, facilitando la organización de los  procedimientos del proceso. <a title="_ftnref8" name="_ftnref8"></a><a href="#_ftn8">[8]</a></p>
<p><em>&#8220;El  profesor ha de adoptar el papel de coordinador de las actividades que  van surgiendo en los debates, improvisando los recursos, solucionando   problemas y favoreciendo la participación, expresión y comunicación de  todos los alumnos&#8221; </em> <a title="_ftnref9" name="_ftnref9"></a><a href="#_ftn9">[9]</a></p>
<p><em>Cuadro 4.  Características del Estilo Procesual Constructivo</em></p>
<table border="1" cellspacing="0" cellpadding="0" align="center">
<tbody>
<tr>
<td width="213" valign="top"><strong>ESTILO PROCESUAL CONSTRUCTIVO</strong></td>
<td width="363" valign="top"><strong>Quehacer educativo, entendido como una  <em>acción, en un contexto temporoespacial y   sociocultural</em>, que lleva a alteración del flujo inercial de los agentes. </strong></p>
<p><strong>Son  los   intereses  los que  ordenan los objetivos y organizan los   procedimientos para el desarrollo del proceso.</strong></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p><em> </em></p>
<p>También,  podríamos pensar en otra forma de caracterizar los estilos de formación  en investigación social, tomando categorías descriptivas que permitan  aglutinar, ordenar y establecer tipologías. La categoría central que  proponemos  la denominaremos: <em><span style="text-decoration: underline;">enfoque formativo</span></em>;  entendiendo por ello una postura pedagógica que permite leer, entender y  orientar la práctica formativa en sus diferentes planos. <a title="_ftnref10" name="_ftnref10"></a><a href="#_ftn10">[10]</a> Ello configura modos proponer y de hacer, así como dispositivos  de  expresión, interacción, control, reproducción, recreación  y reflexión.</p>
<p>La  categoría enfoque formativo posee dos dimensiones que nos permiten  establecer comparaciones, diferencias  y problematizaciones. Las  dimensiones las hemos denominado <em><span style="text-decoration: underline;">mecánico y reflexivo</span></em> de aquí que hablemos de  propuestas de formación en investigación social   configuradas desde un <em><span style="text-decoration: underline;">enfoque formativo mecánico</span></em> caracterizado por  su rigidez respecto al objeto, a los  modos de   enseñanza y a los formatos de evaluación,  y otras prácticas docentes  orientadas por un <em><span style="text-decoration: underline;">enfoque formativo reflexivo</span></em>, que  no  sólo se  preocupa por el qué, el cómo y los resultados sino que también  se responde el  para qué de los procesos. Se caracteriza por la  reflexión  acerca del  sentido de las acciones, los intereses, las  experiencias, los criterios y los fines que mueven el quehacer del  docente en investigación.</p>
<p><em>Cuadro 5.  Configuraciones por enfoques formativos</em></p>
<table border="1" cellspacing="0" cellpadding="0" align="center">
<tbody>
<tr>
<td rowspan="2" width="140" valign="top">
<p><strong>FORMACIÓN EN INVESTIGACION SOCIAL</strong></td>
<td colspan="2" width="441" valign="top"><strong> ENFOQUES FORMATIVOS</strong></td>
</tr>
<tr>
<td width="221" valign="top"><strong> </strong></p>
<p><strong>ENFOQUE FORMATIVO MECANICO</strong></td>
<td width="221" valign="top"><strong> </strong></p>
<p><strong>ENFOQUE FORMATIVO REFLEXIVO</strong></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>El  enfoque  formativo mecánico  se caracteriza por una coordinación de  acciones  pedagógicas cuya finalidad es la de transferir una serie de  objetos de conocimientos teóricos, metodológicos y operativos;  perfilándose desde una comprensión objetiva (neutralidad valórica y  experiencial) de la actuación docente e investigativa,  ignorando las  condiciones: subjetiva, social y cultural,  de esas prácticas.</p>
<p>En  este tipo de procesos formativos, guiados por enfoques mecánicos, la  enseñanza,  el intercambio de conocimientos y los procedimientos no  tienen en cuenta a los  implicados en los procesos educativos. Las  personas se presentan como un elemento más  en la maquina formativa.   Algunos observadores de  las prácticas formativas en investigación  social que se han llevado a cabo con este enfoque,  han visto avances en  el desarrollo y utilización de dispositivos (disposiciones) educativos  que mejoran los resultados, abaratan y hacen más eficiente el uso del  tiempo con  relación a la cantidad de contenidos transferidos a los  estudiantes; siendo un enfoque muy sugerente y sugerido en tiempos de  neoliberalismo donde se  trata de conseguir los mayores rendimientos  posibles, con máxima cobertura y  al menor costo.</p>
<p>En el enfoque formativo reflexivo los docentes y estudiantes recuperan, deconstruyen y reconstruyen  un sistema de relaciones <em>- sistema reticular</em>-   que permite construir un puente (provisional y contextuado)  entre lo  instituido (objetivo, contenidos programados, establecidos)  y lo  instituyente (circunstancias, acontecimientos significativos, intereses,  motivaciones y necesidades de aprendizaje), llegando más allá de lo  estrictamente determinado o de las coyunturas por las que atraviesa un  grupo de aula.</p>
<p>Desde este enfoque, la reflexividad sobre el  proceso formativo devela aquello que no ha sido, ni es  considerado,  ni  explicado  por la normatividad, las administraciones, los discursos  pedagógicos construidos desde hegemonías y tradiciones  de poder  académico y científico. Cuando en el enfoque reflexivo los individuos  asumen los aportes y acumulados generados por innovaciones pedagógicas y  didácticas,  se comprometen a indagar por el carácter subjetivo y/o  institucional que las sustenta. La reflexividad en este enfoque  formativo es fundamento epistemológico, metodología y práctica porque se  le reconoce la naturaleza cognitiva.  Es el eje de una propuesta que  busca formar  sujetos capaces de tejer nuevos vínculos, construir sus  propias preguntas y respuestas, así como las narraciones y argumentos  elaborados desde posturas críticas, que son producto de lecturas hechas <em>&#8220;a contrapelo&#8221; y &#8220;contra los propios fines confesados y en el contexto de sus supuestos tácitos&#8221;</em> <a title="_ftnref11" name="_ftnref11"></a><a href="#_ftn11">[11]</a>.</p>
<p>En los últimos siete años hemos venido promoviendo una propuesta de formación, que la denominamos <em><span style="text-decoration: underline;">Formar en Culturas de Investigación</span></em>; donde <em>&#8220;la cátedra universitaria se concibe como un espacio social formativo que facilita la promoción de una &#8220;<strong>cultura de investigación&#8221;; </strong>entendida  ésta como los procesos de construcción material y simbólica fundantes  de actos cognitivos y comunicativos que dan cuenta de las diferentes  formas de habitar, conocer y cuestionar la construcción de las múltiples  realidades sociales. En otras palabras, promover una cultura de  investigación es desarrollar y afianzar  las capacidades de asombrarse y  e interrogar las dinámicas sociales que el común de las personas acepta  como naturales e inmodificables, quebrando de esta manera el  conformismo, la ingenuidad y el fatalismo resultado de una sistemática  construcción ideológica en la que todo es obvio, las cosas son así y no  de otra manera; por consiguiente  las respuestas están dadas y no se  requieren interrogantes.</em> <a title="_ftnref12" name="_ftnref12"></a><a href="#_ftn12">[12]</a></p>
<p>Un curso de Investigación Social, en pregrado, es básicamente un proceso de promoción cultural y,<em> como todo proceso de este tipo es educativo, por naturaleza e  intención; al pretender, fundamentalmente,  que las personas se  interroguen y avancen en la comprensión de las claves desde las que  construye la realidad social, dándole sentido al encuentro y al acto  comunicativo caracterizado por preguntas  y   respuestas que perfilan  argumentos comprensivos, explicativos que permiten proponer acciones  capaces de transformar situaciones sociales.  En este develarse,   las  personas  que participan en el proceso formativo, tienen una sensación   común: se sienten interpelados por los interrogantes y las respuestas  que alguna vez o nunca se habían formulado.&#8221;</em> <a title="_ftnref13" name="_ftnref13"></a><a href="#_ftn13">[13]</a></p>
<blockquote><p><em> &#8220;La cultura de investigación es&#8230; la sana costumbre de la pregunta y  como aspiramos a una sociedad democrática, diría que la mejor  pregunta  es la que resulta de debatir con los otros,  para que  conjuntamente  pensemos, cuáles pueden ser las respuestas, los caminos  a las  incertidumbres,  para asumirnos como hacedores de mundo.&#8221;</em> <a title="_ftnref14" name="_ftnref14"></a><a href="#_ftn14">[14]</a></p>
</blockquote>
<p>La  reflexión sistemática sobre la experiencia docente permite dar cuenta  de la  configuración  del proceso pedagógico que restituye a la  investigación social el carácter de práctica social situada; en la que  el grupo de aula moviliza  sus energías experimentando social e  intelectualmente, individual y colectivamente, dentro del campo  profesional y fuera de el, el desafío de construir  conocimiento.</p>
<p>Esta  experiencia lleva a que el grupo desaprenda y aprenda a desplazarse del  paradigma de la objetividad, la certeza y la simplicidad al de la  reflexividad, la incertidumbre y la complejidad, en donde sujeto y  objeto de estudio en vez de mantener posiciones de distanciamiento  epistemológico, se reconocen como partes coimplicadas en el mismo  proceso. Por esto, en el proceso formativo, las tensiones del  desaprender y aprender son siempre son reconocidas como los componentes  del proceso  que alteran inercias, remueven comodidades y genera  disconformidades. Los efectos formadores y desformadotes son complejos,  recursivos, inciertos y muchas veces paradójicos. Sin duda, formar en  investigación social es emprender un viaje que se convierte en un andar y  trabajar sobre la persona, la colectividad y la cultura; lo cual es una  labor eminentemente reflexiva de recuperación, desestructuración y  reconstrucción del conocimiento que se tiene sobre si mismos y sobre la  realidad social.</p>
<p>Cuando se busca promover cultura de  investigación  los temas, actividades y experiencias que se realizan en  el curso  son vías de acceso, instrumentos decodificadores y de  apropiación  crítica y simbólica de la realidad social. La reflexividad  se aprende y acrisola en el interrogar, problematizar, contextualizar y  en el cuestionar crítico y autocrítico; de esta manera el investigador  se va constituyendo en ese agente que posibilita el conocimiento y la  toma de conciencia, necesarias para romper con las rutinas, ampliar  horizontes, enriquecer percepciones y recrear los modos de actuación  social.</p>
<p><em>Mapa 1. Componentes de la propuesta</em></p>
<p><em> </em></p>
<div><a href="http://nombrefalso.tecnologiaycultura.com.ar/wp-content/uploads/2010/09/guiso_2006.gif"><img class="aligncenter size-full wp-image-184" title="guiso_2006" src="http://nombrefalso.tecnologiaycultura.com.ar/wp-content/uploads/2010/09/guiso_2006.gif" alt="" width="600" height="376" /></a></div>
<p><em> </em></p>
<p>Para  la Caracterización de la   <em>Propuesta Formar</em><em> en Culturas de Investigación</em> se tomaron los siguientes aspectos: la naturaleza del quehacer  formativo, los objetivos direccionales del proceso pedagógico, que no  son terminales, ni generales, sino que indican el sentido y la  orientación asumida en el quehacer formativo desde su particularidad y  los objetivos operativos que organizan las acciones. Hacen parte de la  propuesta formativa  los insumos, los tipos, orígenes y soportes de  materias que se trabajan y se destacan las mediaciones pedagógicas,  que  son las formas de proceder  y  desarrollar  la experiencia formativa.  Por último se presenta una lista de experiencias significativas que  fueron configuradas y desarrolladas con esta lógica durante los últimos   siete años.</p>
<p>Cuadro 6.  <em>Caracterización de la Propuesta Formar en Culturas de Investigación:</em></p>
<p><em> </em></p>
<table border="1" cellspacing="0" cellpadding="0" align="center">
<tbody>
<tr>
<td width="164" valign="top"><span style="font-size: x-small;"> </span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><br />
</span></td>
<td width="247" valign="top"><span style="font-size: x-small;">PROPUESTA CULTURA DE INVESTIGACION</span></td>
</tr>
<tr>
<td width="164" valign="top"><span style="font-size: x-small;">NATURALEZA</span></td>
<td width="247" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><em>Proceso socialmente construido,   sistemático y altamente reflexivo.</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Intencionado y crítico</em></span></td>
</tr>
<tr>
<td width="164" valign="top"><span style="font-size: x-small;">OBJETIVOS DIRECCIONALES</span></td>
<td width="247" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><em>Afrontar  la realidad.</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Alterar el flujo inercial   (Acomodamiento) de los Sujetos</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em> Transformar    las maneras de comprender, expresar y hacer.</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"> </span></td>
</tr>
<tr>
<td width="164" valign="top"><span style="font-size: x-small;">OBJETIVOS OPERACIONALES</span></td>
<td width="247" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><strong><em>Competencias y  herramientas necesarias</em></strong></span></td>
</tr>
<tr>
<td width="164" valign="top"><span style="font-size: x-small;">INSUMOS</span></td>
<td width="247" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><em>Acumulado cultural y científico.</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Información disponible sobre ejes   de estudio.</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Renovada y reinformada  red de interacciones y relaciones.</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Necesidades, Intereses   Experiencias Vitales</em></span></td>
</tr>
<tr>
<td width="164" valign="top"><span style="font-size: x-small;">MEDIACIONES PEDAGÓGICAS</span></td>
<td width="247" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><strong><em>La pregunta y la búsqueda</em></strong></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><strong><em>Conformación de una Comunidad de   investigación    (comunidad de práctica)</em></strong></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><strong><em>Aprendizaje Colaborativo</em></strong></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><strong><em>Comunicación Formativa</em></strong></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>(Diálogo de saberes)</em></span></td>
</tr>
<tr>
<td width="164" valign="top"><span style="font-size: x-small;">EXPERIENCIAS</span></td>
<td width="247" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><em>Laboratorio Universitario de   Estudios Sociales.</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>(FUNLAM-FIUC)</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Cursos de Investigación Social y   Diseño Cualitativo (U.de.A)</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;">Taller de investigación (U.de.A)</span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><strong><em>Red De Jóvenes   Investigadores y Creadores </em></strong></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><strong><em> Red De Investigación y Comunicación Compleja</em></strong></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em> </em></span></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<h3>Ecologías y sentidos, de la formación en investigacion social</h3>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<h4>Ecologías</h4>
<p>La  vida es el nicho ecológico/gnoseológico de la  Investigación Social  porque  se reconoce como  punto de enclave y de constitución del  conocimiento. No es posible pensar y realizar investigación social sin  reconocer que ésta se da, genera y desarrolla en los diferentes ámbitos y  devenires de la vida. No hay conocimientos, observaciones,  consideraciones o propuestas que sean ajenas o que se hagan fuera de  ella. Y es allí donde  el que investiga <em>&#8220;necesariamente se encuentra  a si mismo en la praxis de vivir haciendo distinciones que no están  nunca operacionalmente fuera de lugar, porque pertenecen a las  coherencias operacionales de su realización como sistema viviente,  constitutivamente en congruencia con el medio.&#8221;</em> <a title="_ftnref15" name="_ftnref15"></a><a href="#_ftn51">[15]</a></p>
<p>Reconocer  que la vida &#8211;  individual, grupal, comunitaria, institucional &#8211;  es el  nicho en el que se genera el conocimiento, es darse cuenta de  varias  características y  condiciones en las que éste se produce. Algunas de  ellas son: la historicidad, espacialidad, incertidumbre, el  inacabamiento, la perfectibilidad, integralidad,  complejidad,  dinamicidad y la  apertura a múltiples articulaciones. Algunas  condiciones generadas,  desde el nicho <em>&#8220;vida&#8221;,</em> nos permiten  dar cuenta de la ubicación  temporal y espacial del proceso y del  producto del conocer;  lo que nos señala  el carácter situado del  conocimiento y por ello  su singularidad y particularidad.</p>
<p>También,  al relacionar conocimiento y vida,  podemos reconocer que este proceso  es por naturaleza inacabado y por consiguiente perfectible lo que  permite romper con el paradigma de la certidumbre y  de las verdades  absolutas y definitivas. Establecer esta relación fundante, es  relacionar el conocimiento con la praxis de vivir, con las formas de  actuar, y de proceder en todas las dimensiones en las que se configuran  las  personas. Es por ello que los procesos de conocimiento sobre lo  social no sean ajenos a prácticas reflexivas sobre: los contextos, las  acciones y las relaciones entre  sujetos y de estos con el  ambiente.</p>
<p>La  construcción conceptual y discursiva de la academia históricamente y a  pesar de sus propios llamados de atención  ha separado el conocimiento  científico de la vida <em>- &#8220;vida cotidiana&#8221; -</em> y ha diluido y  encubierto su naturaleza cultural, social, política e histórica;  fabulando con la posibilidad de un conocimiento  impersonal, neutro,  aséptico y ajeno a la <em>&#8220;praxis de vivir&#8221;</em> <a title="_ftnref16" name="_ftnref16"></a><a href="#_ftn16">[16]</a>.   Así niega  la condición histórica, incierta, interesada  y singular  que poseen los procesos investigativos. Al encubrir o evitar objetivar  esta relación se hace difusa la correspondencia entre el conocimiento y  las posturas asumidas frente a los modos de producción social de la  vida.  Si esto se hace lleva a problematizar las  decisiones u opciones  que configuran el sentido de quehacer científico.   Es necesario señalar  que la  tradición en la ciencias sociales,  ha centrado la  reflexión  epistemológica en problemas de orden disciplinar; pocas veces ha  abordado el tema de la investigación como producción de  conocimientos  desde la vida y en la vida cotidiana.</p>
<p>Cuadro 7.  <em>Componentes para el desarrollo de  una matriz ecológica </em></p>
<p><em> </em></p>
<table border="1" cellspacing="0" cellpadding="0" align="center">
<tbody>
<tr>
<td width="119" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><strong><em> </em></strong></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><br />
</span></td>
<td width="150"><span style="font-size: x-small;"><strong><em>CONFIGURACION</em></strong></span></td>
<td width="208"><span style="font-size: x-small;"><strong><em>GENERADORES</em></strong></span></td>
<td width="146"><span style="font-size: x-small;"><strong><em>OBJETOS DE CONOCIMIENTO</em></strong></span></td>
</tr>
<tr>
<td width="119" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><strong><em>CONTEXTO</em></strong></span></td>
<td width="150"><span style="font-size: x-small;"><em>Vital</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Histórico</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Dinámico</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em> </em></span></td>
<td width="208"><span style="font-size: x-small;"><em>Espacio Social</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Tiempo social</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em> </em></span></td>
<td width="146"><span style="font-size: x-small;"><em>Hechos</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Eventos</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Bienes culturales:  materiales / simbólicos</em></span></td>
</tr>
<tr>
<td width="119" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><strong><em>DIMENSIONES</em></strong></span></td>
<td width="150"><span style="font-size: x-small;"><em>Inserta, Inacabada</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Perfectible, Abierta</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Articuladora</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Integralidad, Complejidad</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Multireferencialidad</em></span></td>
<td width="208"><span style="font-size: x-small;"><em>Opciones,</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Emociones,</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Reacciones</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Decisiones,</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Usos</em></span></td>
<td width="146"><span style="font-size: x-small;"><em>Praxis de vivir</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Formas de actuar</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Experiencias</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Ejercicios de poder</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Conflictos</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em> </em></span></td>
</tr>
<tr>
<td width="119" valign="top"><span style="font-size: x-small;"><strong><em> </em></strong></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><strong><em>PROPIEDADES</em></strong></span></td>
<td width="150"><span style="font-size: x-small;"><em>Descriptivo</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Explicativo</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Comprensivo</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Expresivo</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Proyectivo</em></span></td>
<td width="208"><span style="font-size: x-small;"><em>intra/ inter,  privado/ público,</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>individual/ grupal</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>comunitario/ institucional</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Pregunta,  Diálogo , Problematización</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Transformación</em></span></td>
<td width="146"><span style="font-size: x-small;"><em>Acumulados</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Continuidades</em></span></p>
<p><span style="font-size: x-small;"><em>Rupturas</em></span></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>Desde  la reflexión de las experiencias de formación en investigación social   podemos caracterizarlas  como prácticas vital/sociales caracterizadas  y  generadas desde procesos constructivos y dialógicos,  movidos por  intenciones e intereses de  conocer y apropiarse del acumulado  práctico/teórico existente en el presente, para definir un  escenario de  futuro transformador.</p>
<p>Así entendida la propuesta, ésta no es  ajena a  opciones, emociones y decisiones  orientadas a problematizar  las experiencias y los conocimientos socialmente acumulados, y  desarrollar otros a partir deconstruciones y recreaciones. Entender la  investigación social como una práctica social en la que se construyen  comprensiones y explicaciones, es reconocer que esta hace parte de una  ecología social y cultural que lleva a los sujetos involucrados a  reconocerse, a reconocer, a reinventar y a reinventarse, y a restablecer  y reorganizar los componentes configuradores de los contextos &#8211; <em>hechos, tensiones, eventos, procesos de apropiación de  culturales:  materiales / simbólicos &#8211; </em>, facilitando el desarrollo de nuevos sentidos y reelaborando relatos, discursos y proyectos sociales.</p>
<p>El  carácter dialógico,  la orientación conversacional y colaborativa  caracteriza el proceso de formación  como un encuentro entre sujetos   que se van constituyendo recíprocamente como interlocutores capaces de  reconocerse y de reconocer un objeto de estudio a partir de un acuerdo  comunicativo. En las interacciones, la palabra transita y teje nuevos  sentidos y significados, circula y es apropiada por  las personas  involucradas. Los sujetos conversan y discuten situados en un ámbito  configurado por tensiones, intereses, experiencias, emociones y  conocimientos; así a lo largo del desarrollo del proceso formativo e  investigativo, los sujetos  recrean su protagonismo reflexivo y  cognoscente.</p>
<h4>Sentidos la práctica formativa:</h4>
<p>La práctica  formativa se configura  orientada por  intereses, motivos, sentidos y  no es un quehacer neutral; todo lo contrario, es profundamente político;  porque quiérase o no, consciente o ingenuamente en ella se propone  y  expresa un modo de ser en sociedad y una manera de comprender las  construcciones sociales.</p>
<p>Cuando la manera de entender lo social  responde a un paradigma  marcado por la certeza, la verdad única,  acabada y atemporal, donde el conocimiento se construye desde parcelas  disciplinares claramente normadas, compartimentadas y generadoras de  datos exclusivos y excluyentes, y con información cierta y  generalizable;  lo más seguro es que el sentido que se le dé a la  formación en investigación social sea el de<em> transmitir un  camino preciso, inequívoco y poco misterioso</em>,  generador de  conocimientos que no saben convivir con otras ideas, con  otras teorías. El sentido de este tipo de formación parecería ser el de <em>someter a modos disyuntores &#8211; por consiguiente mutilantes &#8211;  el desarrollo del  pensamiento</em>. <a title="_ftnref17" name="_ftnref17"></a><a href="#_ftn17">[17]</a> Como este tipo de procesos se centra en la información o en los  contenidos establecidos en forma normativa, la meta que asume la tarea  pedagógica es de llevar a los estudiantes a conocer y repetir lo que el  docente conoce y esto se logra &#8220;<em>mediante la absorción de datos e información; una mente educada es una mente bien abarrotada&#8221;</em> <a title="_ftnref18" name="_ftnref18"></a><a href="#_ftn18">[18]</a></p>
<p>Este  tipo de procesos formativos llevan a obtener un tipo profesionales  estándar,  acreditado, altamente documentado e informado, pero que <em>&#8220;en términos argumentativos siguen siendo absolutamente subordinados a los parámetros del poder&#8221;</em> <a title="_ftnref19" name="_ftnref19"></a><a href="#_ftn19">[19]</a> Es  por esto que se les dificulta leer realidades ocultas y  potenciales, interpretar los discursos que se invisibilizan en  informaciones de orden cuantitativa o cualitativa. En concreto, no ven  sino la realidad que se les enseño a leer y con las técnicas que  acostumbra a replicar.</p>
<p>Informarse, repetir  y aplicar modelos  conceptos, discursos parece que es el sentido  que se le da a muchos  ejercicios de formación y evaluación en investigación social. Una  propuesta formativa sin sujetos, sin historias, sin presencias, ni  contextos; por consiguiente, sin compromisos. Patrones y plataformas  pedagógicas que consciente o ingenuamente están acordes con el sistema  neoliberal y autoritario,  dado que guían en un solo sentido la   comprensión y acción que los profesionales pueden desarrollar en la  realidad social.  Estas propuestas parecen tener como finalidad  la de  inhabilitar las potencialidades creativas, cognitivas  y críticas de los  involucrados, porque sitúan a las personas en un tipo de inercia  mental, de rutinas y   de lógicas que controlan toda apertura u opción  alternativa y problematizadora de las respuestas construidas e  implementadas, desde este paradigma.</p>
<p>La responsabilidad de los  docentes del área de investigación social, en este tipo de propuestas,  parece reducirse a plantear sistemas lógicos, coherentes y a proponer,   por medio proyectos o actividades circunstanciales, modelos teóricos y  esquemas descriptivos y herramientas unidimensionales, porque carecen de  una perspectivas compleja y crítica desde donde organizar el  pensamiento y orientar la acción.</p>
<p>Ahora bien, el anterior no es  el único camino, ni lo señalado antes los únicos sentidos de la  formación en investigación social; cuando la construcción de lo social y  del conocimiento se entienden desde el hacerse permanentemente y la  imposibilidad de respuestas acabadas en el ámbito de lo social y  cultural, es probable que los sentidos  de los procesos de formación en  investigación social se configuren ganando en reflexividad sobre las  condiciones contextuales, histórico/culturales, dialógicas y  tecnológicas, capaces de recrear la relación del docente/investigador  con los estudiantes y de éstos con el conocimiento y con los asuntos a  investigar.</p>
<p>Las  propuestas de formación  que promueven una  cultura de  investigación parten de reconocer que la construcción de  conocimiento es una práctica social que se desarrolla desde una postura  frente al contexto, sin dejar de lado emociones, conversaciones &#8211; <em>la cultura</em> &#8211;  y conflictos, <em>las resistencias y tensiones</em>-.  Es, en este ambiente de aprendizaje inestable, que docentes y  estudiantes se mueven a la pregunta, a la problematización  y  a la  transformación de los modos de comprender, explicar, expresar y  construir lo social desde una perspectiva crítica.</p>
<p>A lo largo   del desarrollo de los  procesos alternativos de formación  en  investigación social se han podido  detectar  algunos  objetivos  que  ordenan y orientan la acción. Las personas involucradas en estas  prácticas formativas buscan inicialmente formar una <em>comunidad de investigación</em> <a title="_ftnref20" name="_ftnref20"></a><a href="#_ftn20">[20]</a> o <em>comunidad de práctica</em> <a title="_ftnref21" name="_ftnref21"></a><a href="#_ftn21">[21]</a>,  caracterizadas por haber acordado  unos objetivos y procedimientos  comunes para alcanzarlos que animan a los estudiantes a pensar sobre la  realidad social entendiendo que el conocimiento  que se alcanza sobre  ella, se nos presenta vago, descontextualizado, ambiguo y a veces,  erróneo.</p>
<p>También, se reconocen todas las disciplinas  que  pueden aportar en los ejercicios  de investigación, ya que brindan algo  en  la delimitación, la problematización y comprensión del objeto  estudio. De esta manera se pretende que los estudiantes se abran a  relaciones  teóricas, metodológicas y operativas multidisciplinares. A  lo largo de la formación se espera que los participantes sean reflexivos  y  que vayan desarrollando las capacidades de interrogar, describir,  inferir y expresar las comprensiones tanto temáticas, como metodológicas  alcanzadas.</p>
<p>El sentido de los procesos alternativos de  formación en investigación social no está en la adquisición de  información, sino en el descubrir  las relaciones que existen  entre las  experiencias, los datos, los conceptos, las teorías y las preguntas que  configuran en el objeto de estudio a lo largo del proceso de  indagación.</p>
<h3>Investigar, una praxis vinculante</h3>
<p>La vida  nos impulsa a reconocer que los sujetos, grupos, comunidades y las  instituciones son nodos que se articulan, relacionan e integran de  acuerdo con estructuras, dinámicas y ejercicios de poder, a los que no  son  ajenos el conocimiento, ni los procesos de formación en  investigación social.</p>
<p>Por otro lado formar e investigar como  todas las  prácticas sociales, son quehaceres que se caracterizan por el  imperativo de tener que tomar de decisiones y requerir hacer uso de  bienes culturales materiales  y simbólicos, y por necesitar transitar  por momentos y espacios privados, públicos, íntimos y externos. Con  estas características formar e investigar se articulan a una red de  coordinaciones que configuran &#8220;<em>comunidades de práctica&#8221;</em> <a title="_ftnref22" name="_ftnref22"></a><a href="#_ftn22">[22]</a> donde se acuerdan fines y procedimientos comunes; lo que posibilita  que se mantengan, recreen sentidos y significados; resituando y   relacionando de manera singular &#8220;<em>esfuerzos</em>, <em>trabajos</em> y <em>acciones&#8221;</em> <a title="_ftnref23" name="_ftnref23"></a><a href="#_ftn23">[23]</a>.</p>
<p>Formar  en investigación en el nicho ecológico de vida humana y de las  prácticas sociales,  genera cohesiones. Los colectivos, grupos o  comunidades investigativas se esmeran en compartir un repertorio  práctico -empírico- y teórico &#8211; discursivo &#8211;  desde el  que pueden  establecer distinciones, competencias y luchas en diferentes campos. Las  tensiones,  uniones y contactos están mediados por  ejercicios de  apropiación y de aprendizaje, que cualifican a los sujetos y los  procedimientos de construcción de conocimientos</p>
<p>El acto vital de  conocer es, entonces,  una praxis vinculante a sistemas, circuitos y  redes de información y comunicación. Es una acción soportada en valores  diversos y contradictorios, que se referencia, cobra significados y  sentidos particulares en las diferentes disputas y luchas generadoras de  inquietudes y problemáticas a estudiar. Es una práctica que configura  su perfil en la ecología creada por relaciones,  ejercicios  e  instancias de poder.</p>
<p>Con la epifanía de los movimientos  sociales,  descubrimos y palpamos la diversidad y la alteridad. Se  empieza  a leer al otro y,  con el otro su presencia y actuar singular.  No está por demás señalar que esto fue leído como producto de los  procesos de fragmentación y de descentración social y cultural, efecto  de la crisis y de poner en duda los grandes metarrelatos éticos y  políticos. Es en este contexto, que nos damos cuenta de que los otros ya  no son lo que creíamos  que eran o, quizás que los otros nunca fueron  lo que queríamos  que fueran. Estas y otras paradojas, se descubren en  los procesos de investigación social críticos.</p>
<p>El proceso de  formación en investigación social tiene el poder de develar identidades e  intereses diferenciados, lógicas de intervención diversas y hasta  contradictorias sobre las realidades sociales; reconociendo teórica y  metodológicamente el pluralismo, la provisionalidad y el disenso;  retomando, recreando y recontextualizando las potencialidades críticas  de cada mirada, discurso y experiencia.</p>
<p>Los procesos  de  formación  en investigación  no son ajenos a la reflexión sobre   prácticas singulares de construcción de conocimientos, dando cuenta,  comprendiendo y reinformando sus matices práxicos, axiológicos y  simbólico-culturales. El desafío para los tiempos que corren no está  allí, sino en la construcción de lo colectivo desde múltiples lugares,  ubicando las diferencias como elementos centrales y constitutivos del  pensar, del ser y del hacer social, desde acuerdos, articulaciones y  responsabilidades colectivas que son necesarias para formar sujetos  sociales solidarios, capaces de abrir caminos realmente democráticos.</p>
<p>Asumiendo  lo anterior, las propuestas formación en investigación social, podrían  pensarse en la dinámica de favorecer la constitución de identidades  alternativas, desenmascarando cualquier intento que busque caer en  nuevas negaciones o repetir exclusiones.  Por ello en  nuestros días,  necesitamos pensar la formación en investigación social en el marco  paradigmático de las redes.</p>
<p>La red se constituye en el ámbito  privilegiado de recreación conceptual, de la  generación de  interrogantes, de la producción y circulación de conocimientos sobre la  práctica, de la recreación cultural de la vida cotidiana de los  &#8220;ciudadanos&#8221;. Red como ámbito que permite el encuentro y la  reconstitución de las identidades, valorando la diversidad y las  diferencias. En los escenarios que se perfilan en este nuevo milenio,  las redes reales/virtuales son y serán los espacios de legitimación de  lo producido en procesos investigación y de formación.</p>
<p>El reto  que tenemos entre manos es pensar diseñar y realizar procesos de  formación en investigación social que estén ubicados en puntos de  intersección reales/virtuales, en zonas de tránsito y encuentro, en los  que sea posible la construcción de vínculos que vayan, técnica e  ideológicamente, más allá de los existentes y que tengan la potencia  suficiente para recrear los ámbitos, las capacidades y las actitudes que  configuran sujetos solidarios en la acción política, económica,  ecológica y cultural, buscando con ello debilitar el modelo dominante  empeñado en bloquear la vida, la justicia social, la convivencia y toda  forma de participación democrática.</p>
<p>Medellín, Octubre de 2004</p>
<hr />
<h2>Notas</h2>
<p><a title="_ftn1" name="_ftn1">[1]</a> USHER, BRYANT  &#8221; El triángulo cautivo&#8221;  Madrid,  Morata, 1992, p.22 <a href="#_ftnref1">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn2" name="_ftn2">[2]</a> BOURDIEU PIERRE   (1997) &#8220;Razones prácticas&#8221; Barcelona, Anagrama. <a href="#_ftnref2">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn3" name="_ftn3">[3]</a> PORLAN R  Constructivismo Y escuela, Hacia un modelo de enseñanza aprendizaje basado en la investigación&#8221;  Sevilla, Diada 1995<em>, P.144</em>. <a href="#_ftnref3">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn4" name="_ftn4">[4]</a> COOMBS P. <em>&#8220;La crisis de la educación</em>&#8221;  Barcelona,&#8221;  Ed. Península,  1968, p. 19.  <a href="#_ftnref4">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn5" name="_ftn5">[5]</a> Op Cit .  PORLAN R. P.147. <a href="#_ftnref5">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn6" name="_ftn6">[6]</a> Nos referimos a los programas, ciclos o cátedras que se diseñan sin  tener en cuenta el perfil  real y actual de  los estudiantes que llegan a  las universidades. Ver  GHISO  ALFREDO &#8220;Palabras y presencias  adolescentes y juveniles en la  Universidad&#8221; En Revista Fundación  Universitaria Luis Amigó. Vol6. Nro.9, Medellín 2003.  <a href="#_ftnref6">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn7" name="_ftn7">[7]</a> Basado en: VASCO CARLOS &#8220;La Teoría General de Procesos y Sistemas: Un  intento de desarrollar un metalenguaje, una gnoseología y una ontología&#8221;   En Memorias Seminario Epistemologías en las Ciencias, Septiembre 16 y  17 de 2004. Facultad de ciencias sociales, U.de.A, Medellín<strong>.</strong>  <a href="#_ftnref7">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn8" name="_ftn8">[8]</a> Es por ello que R. Porlan, en la obra citada,  lo identifica como  enfoque espontaneista, obsesionado por los alumnos,  manera de nombrarlo  con el que no estamos de acuerdo  por su connotación peyorativa  y  la   desigualdad que se establece al  utilizar  códigos provenientes de  mundos de  lenguaje diferenciados:  el científico y el  de la vida  cotidiana.  <a href="#_ftnref8">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn9" name="_ftn9">[9]</a> ob.cit. PORLAM R. P.155. <a href="#_ftnref9">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn10" name="_ftn10">[10]</a> Ver las distinciones entre pedagogía y didáctica, educación y enseñanza  aportadas por LUICIO RICARDO &#8221; la construcción del saber  y  del  saber   hacer&#8221; En: Revista Educación y pedagogía Nros 8 y9  UdeA, Medellín  p.38 a 56. <a href="#_ftnref10">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn11" name="_ftn11">[11]</a> BECK U. GIDDENS A , LASH S  &#8220;<em>Modernización reflexiva. Política, tradición y estética en el orden social  moderno&#8221; Madrid, Alianza 1994  p. 137ss</em>. <a href="#_ftnref11">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn12" name="_ftn12">[12]</a> Agradezco a los miembros de la  Red de Investigación, Creación y  Comunicación Compleja &#8211; RICC &#8211;  que colaboraron en clarificar esta idea.  ric@ucol.mx. <a href="#_ftnref12">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn13" name="_ftn13">[13]</a> GHISO ALFREDO <em>&#8220;Formar investigadores. La construcción  dialógica de los modos de investigar la realidad social&#8221;</em> Medellín, Dpto. Trabajo Social, U.de.A., 2001 (Documento de trabajo). <a href="#_ftnref13">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn14" name="_ftn14">[14]</a> AR  Email Jul 2001. <a href="#_ftnref14">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn15" name="_ftn15">[15]</a> MATURANA, HUMBERTO &#8221; Realidad: la búsqueda de la objetividad o la  persecución del argumento que obliga&#8221; En: Pakman Marcelo &#8221;  Construcciones de la experiencia Humana.  Barcelona, Gedisa 1996. P.53. <a href="#_ftnref15">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn16" name="_ftn16">[16]</a> Ibid .  p.53. <a href="#_ftnref16">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn17" name="_ftn17">[17]</a> MORIN EDGAR &#8220;Ciencia con Conciencia&#8221;              Barcelona,   Anthropos, 1984  &#8220;Introducción al Pensamiento Complejo&#8221;  Barcelona,  Gedisa. 1994. <a href="#_ftnref17">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn18" name="_ftn18">[18]</a> LIPMAN MICHAEL &#8220;Pensamiento complejo y educación&#8221; Madrid; La Torre. 1998. <a href="#_ftnref18">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn19" name="_ftn19">[19]</a> ZEMELMAN HUGO   &#8220;Reformas de estado y Reformas educativas&#8221; La Paz, Cebiae. 1999. <a href="#_ftnref19">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn20" name="_ftn20">[20]</a> Ibid. <a href="#_ftnref20">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn21" name="_ftn21">[21]</a> WENGER ETIENNE  &#8220;Comunidades de práctica&#8221; Barcelona, Paidos. 2001. <a href="#_ftnref21">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn22" name="_ftn22">[22]</a> Categoría tonada de: WENGER E. (2001). <a href="#_ftnref22">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn23" name="_ftn23">[23]</a> Categorías tomadas de  ARENDT H. (1974).  <a href="#_ftnref23">[volver]</a></p>
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		<title>Reflexiones en torno al que se vayan todos. Los partidos políticos y su crisis de representación en la etapa contemporánea</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Sep 2010 00:05:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>luis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[I. Introducción: &#8220;En las democracias occidentales establecidas (&#8230;) se puede observar cada vez más la presunción de que la era de la política partidista ha terminado. Los propios partidos, que tiempo atrás se consideraban como garantes de la democracia, comienzan a estar pasados de moda&#8221;. [1] Estas palabras bien podrían haberse escuchado de la boca [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3>I. Introducción:</h3>
<blockquote><p><em>&#8220;En las  democracias occidentales establecidas (&#8230;) se puede observar cada vez  más la presunción de que la era de la política partidista ha terminado.  Los propios partidos, que tiempo atrás se consideraban como garantes de  la democracia, comienzan a estar pasados de moda&#8221;</em>. <a title="_ftnref1" name="_ftnref1"></a><a href="#_ftn1">[1]</a></p>
</blockquote>
<p>Estas  palabras bien podrían haberse escuchado de la boca de los numerosos  analistas que observaron con cierta estupefacción los sucesos acaecidos  en la Argentina durante los fatídicos días de Diciembre del 2001. Esa  frase, también podría haber estado en la mente de numerosos ciudadanos  que observaban absortos a través de los medios de comunicación aquello  que comenzaba a instalarse en el imaginario social: la crisis de  representación de los partidos políticos en Argentina.</p>
<p>Sin  embargo, la reflexión que encabeza el presente artículo corresponde al  politólogo inglés Peter Mair, en el que hace referencia al sistema  político de su país. Es por ello que esta aseveración nos obliga a  asumir la complejidad que presentan los partidos políticos en la  actualidad y además, nos permite considerar a la crisis de  representación como un problema universal.</p>
<p>Sin embargo, todas  las promesas incumplidas de la democracia no han dado como resultado(al  menos hasta ahora) el desprecio hacia la misma y la búsqueda de  soluciones autoritarias para los problemas, pero ponen de manifiesto el  quiebre de la legitimidad de la representación en la cual se basa la  democracia. La frase &#8220;<em>que se vayan todos</em>&#8220;, situaba en su nivel  más bajo la legitimidad de la representación política y mostraba  disminuida la convicción de la sociedad acerca de la necesidad de los  partidos políticos. Estos comenzaron a ser vistos como los grandes  responsables del fracaso colectivo lo que evidenciaba una gran decepción  de los ciudadanos que no los consideraba como mecanismos de  representación ni órgano de gestión, sino aliado o cómplices del  mercado, en perjuicio de la sociedad que los votó. <a title="_ftnref2" name="_ftnref2"></a><a href="#_ftn2">[2]</a> Para otros autores, la pérdida de la democracia como centro de  decisiones sería lo que se ha perdido, mientras que crece la idea de que  es afuera de la sociedad, particularmente en el mercado, donde se toman  las decisiones que afectan a los habitantes. <a title="_ftnref3" name="_ftnref3"></a><a href="#_ftn3">[3]</a> Es en la brecha abierta entre lo que los ciudadanos demandan y el  comportamiento efectivo de los partidos donde ha cobrado forma la crisis  de la representación partidaria.</p>
<p>En el presente artículo,  haremos alusión en primer lugar al escenario actual que presentan los  partidos políticos, haciendo hincapié en aquellos rasgos que los han  separado de la confianza de la ciudadanía. En segundo lugar,  realizaremos un breve repaso por los aportes teóricos que han intentado  dilucidar el proceso de transformación que viven actualmente los  partidos políticos y que explican, en gran parte, la merma en la  capacidad de generar expectativas en la sociedad con respecto a su  funcionamiento e importancia. Finalmente, expondremos las reflexiones  finales a las cuales hemos arribado.</p>
<h3>II. El problema: los partidos políticos y sus crisis de  representación</h3>
<p>En  el presente año 2005, la democracia argentina completó su más  prolongado ciclo de vida. Sus veintidós años de existencia la  transforman en una fase única dentro de la historia política del país.  Llegado este punto, la pregunta por el saldo de este ciclo <em>novedoso</em> para nuestra  vida institucional se vuelve inevitable.</p>
<p>Un  primer balance de estas dos décadas nos habla de un régimen democrático  legitimado, estabilizado, que ha sabido superar (no sin altos costos)  la presencia de los generales y sus proyectos mesiánicos. Sin embargo,  la democracia debió afrontar cuatro asonadas militares, dos momentos  hiperinflacionarios, un endeudamiento espectacular del Estado,  hiperdesocupación con la consecuente exclusión social, además de una  crisis política inédita en el 2001.</p>
<p>Frente a tantos sucesos, en  el país se siguieron desarrollando con normalidad elecciones  competitivas, en las que los ciudadanos pudieron seleccionar desde sus  preferencias distintos candidatos que <em>lo prometieron todo</em>. Sin  embargo, la democracia recuperada luego de la última tormenta  dictatorial fue incapaz, en sus dos decenios de vida, de ofrecer un  conjunto de satisfacciones en el terreno de la distribución de la  riqueza y el bienestar, dejando, consecuentemente, una extensa agenda de  asuntos pendientes para gran parte de la sociedad. Es vasto el consenso  acerca de un balance que nos habla de un déficit en sentido ético y  republicano de nuestra clase política y de las instituciones, y un saldo  negativo en las promesas de equidad y justicia distributiva.</p>
<p>Así  surge de este cuadro dramático una pregunta inevitable: ¿qué calidad de  democracia puede sostenerse por más tiempo si los derechos sociales y   civiles faltan en la vida cotidiana de millones de argentinos?. ¿Cuál es  el grado de responsabilidad que presentan los partidos políticos ante  tamaña desventura?.</p>
<p>En principio, debemos afirmar que los  partidos políticos son responsables de la distancia que ha alejado desde  hace un tiempo a los ciudadanos de las elites políticas. los partidos  políticos que gobernaron en los últimos años no lograron revertir, y ni  siquiera moderar, las tendencias sociales y económicas iniciadas por la  última dictadura militar. Este proceso se ha visto profundizado aún más  en sociedades periféricas y subdesarrolladas, en donde la brecha social  se ha ampliado y en donde los partidos políticos nunca llegaron a   obtener una efectiva institucionalización, cuestión que ahonda  la poca  legitimidad del sistema democrático. Abal Medina, al referirse a la  esencia de la crisis de representación sostiene que actualmente, existen</p>
<blockquote><p><em>&#8220;sociedades  que son difícilmente representables y organizaciones partidarias  incapaces de hacerlo que generan en los electorados la apatía y el  distanciamiento de la política&#8230;&#8221;</em> <a title="_ftnref4" name="_ftnref4"></a><a href="#_ftn4">[4]</a></p>
</blockquote>
<p>Algunos autores <a title="_ftnref5" name="_ftnref5"></a><a href="#_ftn5">[5]</a> comienzan a poner en duda la viabilidad representativa de los partidos  políticos. Alertan acerca de la desinstitucionalización de los sistemas  de partido a partir de que los partidos políticos tendrían serios  problemas para superar la crisis de representación. Observan un sistema  abierto y fragmentado, consecuencia de la desconfianza y el rechazo  hacia los partidos políticos. Se han reducido las distinciones  ideológicas y se ha acrecentado la personalización del poder, lo que  trae aparejado que el éxito de un partido político dependa de la suerte  personal del líder. <a title="_ftnref6" name="_ftnref6"></a><a href="#_ftn6">[6]</a> Solamente el carisma se presenta como el único capital de legitimación  de los políticos, ante la declinación de las ideologías y lealtades  partidarias, cuestión que se traduce en la dispersión del electorado  cautivo a través del aumento de la abstención y volatilidad del voto.</p>
<p>Por  otra parte, los partidos políticos ya no encarnan el canal más adecuado  para la representación política, muestran cierta incapacidad para  decodificar las transformaciones de la realidad social.  La creciente  diferenciación social deriva en una segmentación de intereses que son  imposibles de ser captados por los partidos políticos provocando que la  política se convierta en el lugar más inadecuado para la expresión de  tal diversidad de intereses. Las sociedades actuales estarían  enfrentadas a un dilema de difícil resolución:</p>
<blockquote><p><em>&#8220;se  requiere eficacia del sistema político en el mismo momento en que éste  no dispone de condiciones para serlo; la urgencia de las demandas  ciudadanas no da tiempo para trabajar en una verdadera reforma de lo  político&#8221;.</em> <a title="_ftnref7" name="_ftnref7"></a><a href="#_ftn7">[7]</a></p>
</blockquote>
<p>Para Ines Pousadela, existen dos procesos <a title="_ftnref8" name="_ftnref8"></a><a href="#_ftn8">[8]</a> que afectan a los partidos políticos en Argentina. En primer lugar,  estaríamos inmersos en un proceso de metamorfosis de la representación,  es decir, un formato de representación está siendo sustituido por otro.  En este sentido, lo que parece estar en vías de desaparición no son los  partidos en sí, sino la forma que detentaban a partir de los cambios que  estos están adquiriendo actualmente.</p>
<p>En segundo lugar,  Pousadela sostiene que el terreno configurado por la metamorfosis de la  representación constituye un terreno fértil para la emergencia de  situaciones de crisis de representación. Este sería el segundo  escenario, que en parte explicaría los sucesos del 2001 en Argentina.  Esta idea de crisis hace referencia a la falla del lazo representativo  por ausencia de reconocimiento de ese vínculo por parte de los propios  representados. Si bien los representantes &#8220;son&#8221; de hecho representantes,  no son, sin embargo, suficientemente representativos.</p>
<p>Juan Carlos Torre <a title="_ftnref9" name="_ftnref9"></a><a href="#_ftn9">[9]</a> por su parte pone en duda el amplio alcance de la crisis de  representación porque según su observación, la misma tiene una  envergadura  diferente entre las distintas familias políticas del país  (por ejemplo, el partido justicialista no ha dañado los vínculos con el  electorado que representa).</p>
<p>Cuando Torre se pregunta por la  naturaleza de la crisis, señala que una de sus causas estaría dada en la  progresiva consolidación desde 1983 de una masa crítica de ciudadanos  que poseen altas expectativas con respecto al sistema democrático. Este  malestar con respecto a la calidad de representación que ofrecen los  partidos políticos también se explica  por los cambios operados en la  cultura política de franjas significativas del electorado. Para Torre,  estos cambios han puesto en circulación nuevas claves interpretativas  dadas a partir de una redefinición de la relación entre representante y  representado, que comienza a juzgar como inmorales e injustos aquellos  comportamientos de los políticos que eran previamente considerados en  algunos casos hasta tolerables.</p>
<p>Torre considera que desde la  instauración de la democracia en Argentina, se han sedimentado en la  estructura social un importante grupo de asociaciones que, desde sus  prácticas, han colaborado a conformar esa nueva cultura política: desde  los organismos de Derechos Humanos hasta las movilizaciones de grupos de  ciudadanos exigiendo justicia, pasando por organismos que defienden los  derechos del consumidor o la protección del medio ambiente y aquellos  cuya actividad principal radica en el fomento de la participación cívica  y el control de las acciones gubernamentales. Con el transcurrir de  este proceso,</p>
<blockquote><p><em>&#8220;a la visión del vínculo como  una pura operación de autorización, sostenida por fuertes lazos de  identidad entre representantes y representados, los movimientos de  ciudadanos crearon las condiciones para una visión alternativa, basada  en la demanda de la rendición de cuentas de los representantes de sus  actos y sus promesas&#8221;</em>.<a title="_ftnref10" name="_ftnref10"></a><a href="#_ftn10">[10]</a></p>
</blockquote>
<p>El  fruto de este cambio cultural consistiría para Torre en una actual  presencia de un electorado más exigente y más atento a las ofertas  partidarias que ofrece la arena política. Contemporáneamente a este  proceso, los partidos políticos se mostraron incapaces para planificar  políticas públicas, al responder a presiones externas más que a los  puntos del programa partidario presentado a los electores.</p>
<p>Finalmente  debemos señalar que, como sosteníamos al principio, la pretensión de  prescindencia de los partidos políticos parece ser una tendencia por la  cual atraviesan también los sistemas políticos de otras latitudes. Peter  Mair<a title="_ftnref11" name="_ftnref11"></a><a href="#_ftn11">[11]</a> sostiene que el Nuevo Laborismo de Tony Blair apunta a la marginación  del partido, desplazándolo fuera del escenario político, por medio de un  férreo control de todos los niveles de su vida interna. Al negar las  disensiones internas,  el Nuevo Laborismo busca la conformación de una  democracia sin partidos. La tradición del sistema político británico se  manifestaba con los siguientes rasgos:</p>
<blockquote><p><em>&#8220;los  partidos proponían programas alternativos a los votantes, y el partido  que resultaba ganador recibía el mandato popular para aplicar su  política, poniéndola en práctica el gobierno con la aprobación de un  parlamento que disfrutaba de un mando sin disputa dentro del orden  constitucional. La democracia británica era una democracia vertebrada  por los partidos, y apoyada en la soberanía parlamentaria&#8221;</em>. <a title="_ftnref12" name="_ftnref12"></a><a href="#_ftn12">[12]</a></p>
</blockquote>
<p>Este  sistema político, que presentaba la relación entre ciudadanos y  gobierno mediatizada por los partidos políticos y el parlamento, tiende a  quedar en el pasado. Según Mair, Tony Blair no se plantea como meta  fortalecer la democracia de partidos, sino que por el contrario,  anticipa el establecimiento de una democracia despolitizada. Asimismo,  el politólogo inglés alerta acerca del hecho de que dentro del Nuevo  Laborismo sólo se puede oír una sola voz y la existencia de un creciente  desdén hacia el partido y la militancia.</p>
<h3>III. Los partidos políticos: entre la transformación y el desencanto</h3>
<p>La  ciencia política ha estudiado la forma que presentan la organización de  los partidos, en donde podemos encontrar según Alan Ware <a title="_ftnref13" name="_ftnref13"></a><a href="#_ftn13">[13]</a> tres tradiciones. El primer modelo de organización responde al modelo  de competición electoral, en donde el análisis se centra en el efecto  generado por la competición con otros partidos que los empuja a adoptar  tipos concretos de organización. El segundo tipo responde al modelo  institucional, en donde se concede mayor prioridad a la dinámica que  explica cómo se creó una organización y qué relación existe entre los  diferentes elementos del partido. El tercer modelo que menciona Ware  responde al modelo sociológico, que vincula la organización de los  partidos políticos con el tipo de recursos con los que disponen.</p>
<p>A mediados de la década del 60, Otto Kirchheimer <a title="_ftnref14" name="_ftnref14"></a><a href="#_ftn14">[14]</a> conceptualizó a las nuevas características que comenzaban a presentar  los partidos políticos como catch all party o partidos atrapa &#8211; todos.  Estos intentan captar a todos los sectores de la población, poniendo  énfasis en aspectos de su programa que los favorezcan y apelando a fines  sociales que se sitúan más allá de intereses sectoriales. Consiste en  un llamamiento amplio, cargado de postulados vagos y flexibles,  intentando atraer el apoyo de diversas capas sociales. Los rasgos  mencionados generan una creciente desideologización de los partidos  políticos, cuestión que ha favorecido su ampliación. <a title="_ftnref15" name="_ftnref15"></a><a href="#_ftn15">[15]</a></p>
<p>Este  tipo de configuración partidaria, según Kirchheimer es observable en  sociedades desarrolladas, en las cuales se ha alcanzado un alto nivel de  bienestar económico y de seguridad social, cuestión que ha aplacado las  diferencias de clase. Esta particularidad facilitaría la constitución  de partidos atrapa &#8211; todos. En palabras de Kirchheimer, este tipo de  partido,</p>
<blockquote><p><em>&#8220;renuncia a los intentos de  incorporar moral y espiritualmente a las masas y dirige su atención ante  todo hacia el electorado; sacrifica, por tanto, una penetración  ideológica más profunda a una irradiación más amplia y a un éxito  electoral más rápido&#8221;</em>. <a title="_ftnref16" name="_ftnref16"></a><a href="#_ftn16">[16]</a></p>
</blockquote>
<p>Estos  partidos se convierten en productos que pueden ser intercambiables en  el mercado electoral, al presentarse como estandarizado, ampliamente  conocido y de uso general.</p>
<p>En este sentido, Cesar Tcach realiza  una distinción: mientras en Europa los partidos atrapa todos surgieron  paralelamente a la constitución de un estado alto de desarrollo  económico, elevación de niveles de bienestar y atenuación de la  perceptibilidad de las diferencias de clase, en América Latina el catch  all party responde a otra realidad. Emerge de los restos del Estado de  compromiso y es la expresión de su bancarrota, traducida en crisis y  ajustes económicos y descomposición del sistema de estratificación y  movilidad social. <a title="_ftnref17" name="_ftnref17"></a><a href="#_ftn17">[17]</a></p>
<p>De  hecho, el pasaje de un formato partidario basado en fracciones  permanentes con un alto nivel de organización y provistas de componentes  ideológico &#8211; políticos definidos, a otro apoyado en agrupaciones más  laxas en lo organizativo y en lo ideológico, analizado por Kirchheimer,  también es posible observarlo en la  Córdoba de los años 60. César Tcach <a title="_ftnref18" name="_ftnref18"></a><a href="#_ftn18">[18]</a> observa que la UCRP va adquiriendo rasgos que lo acercan al formato de  Catch all party. Hasta la mitad del siglo XX, es posible observar en el  radicalismo cordobés características de un partido moderno tales como la  exigencia de una carrera partidaria interna, la dependencia del  gobierno con respecto al partido, el predominio del aparato organizativo  y una disciplina partidaria pronunciada, con sanciones incluida. Dentro  de la estructura partidaria, habían existido distintas fracciones del  radicalismo cordobés, que se diferenciaban a partir de determinados  preceptos ideológicos. Es a partir de fines de la década del 50 que este  tipo de organización partidaria va manifestando algunas  transformaciones. En un Congreso Provincial de 1959, se determinaría que  las distintas fracciones deberían distinguirse por medio de los colores  que presenten las boletas, dejando de lado lemas o emblemas  distintivos.</p>
<p>Esta serie de novedades que desembocarían en un nuevo formato partidario, se vería reforzada por lo que Tcach denomina, un <em>agotamiento biológico</em> de una generación de políticos que habían tenido clara incidencia en la  política cordobesa, por lo menos desde la década del 30. Además, a  partir de la década del 60 comenzarían a ganar influencia en la UCRP de  Córdoba, una serie de jóvenes militantes (los abogados César Angeloz,  Víctor Martinez y Fernando de la Rúa) que pronto ocuparían espacios  estratégicos y que profundizarían los cambios dentro del partido. El  predominio de los parlamentarios por sobre los notables del comité en  los comicios internos de 1963 comenzaría a delimitar la frontera entre  el viejo partido moderno y la nueva organización partidaria.  Todos  estos cambios pueden ser interpretados</p>
<blockquote><p><em>&#8220;como  un punto de inflexión en el proceso que tendría como puerto la  conversión de aquella vieja estructura partidaria basada en la  preeminencia indiscutida de los comités y los punteros, en un partido  electoral tipo catch all en el que la nueva elite acumulaba poder en  base al reconocimiento personal generado por la función pública y lo  concentraba detentando, simultáneamente, la dirección partidaria&#8221;</em>. <a title="_ftnref19" name="_ftnref19"></a><a href="#_ftn19">[19]</a></p>
</blockquote>
<p>Por otro lado, autores como Bernard Manin <a title="_ftnref20" name="_ftnref20"></a><a href="#_ftn20">[20]</a> han señalado que los partidos políticos se han visto arrastrados por un  proceso coetáneo de mutación de la representación política relacionado  con el pasaje de la democracia de partidos a la denominada <em>democracia de audiencia</em>.  A los fines de nuestra reflexión, nos referiremos sólo a las  transformaciones provocadas por la denominada democracia de audiencia y  sus efectos en la representación política. <a title="_ftnref21" name="_ftnref21"></a><a href="#_ftn21">[21]</a></p>
<p>En  este tipo de democracia, los políticos tienden a prescindir de los  partidos políticos. Ya no necesitan de los programas partidarios ni de  los militantes. La personalización de la política ha generado que los  electores se inclinen a apoyar a líderes según su habilidad mediática y  estos, por medio de los medios de comunicación, entran en contacto  directamente con el electorado sin hacer uso de las redes sociales de  los partidos.</p>
<p>Asimismo, la complejidad que ha ido adquiriendo el  mundo contemporáneo durante el siglo XX, fruto de la creciente  interdependencia económica, convierte a su vez a la política en algo  absolutamente impredecible. Este nuevo contexto hace que los políticos  no se comprometan a cumplir con programas detallados. Solo ofrecen al  electorado cualidades  personales y aptitudes para tomar decisiones,  conformando solamente en capital político la confianza personal que  puedan generar. En las democracias de audiencia existe una gran  volatilidad electoral y en ellas adquiere una enorme importancia la  oferta electoral, personalizada en las figuras de los candidatos. Al ser  elegidos los representantes a partir de imágenes esquemáticas, tienen  cierta libertad de acción una vez en el cargo. Por lo tanto, lo que  conduce a su elección es un compromiso relativamente difuso que se  presta necesariamente a varias interpretaciones.</p>
<p>Por otro lado,  Manin hace referencia a que luego de los cambios vertiginosos en la  estructura social, ninguna división socio económica o cultural es  evidentemente más estable o importante que otras. Las líneas divisorias  sociales y culturales son numerosas, se entrecruzan y cambian con  rapidez. Son los políticos los que han de decidir cuál de esas  divisiones será más eficaz y ventajosa para ellos, apareciendo como  constructores de la escena y de las opciones políticas. En este nuevo  esquema que propone este tipo de democracia, el electorado aparece como  una audiencia que responde a los términos que se le presentan en el  escenario político.</p>
<p>Según Manin, lo que es percibido como crisis  de la representación no es otra cosa que la crisis de la forma  particular de gobierno representativo surgida a fines del siglo XIX con  los partidos de masas.</p>
<blockquote><p><em>&#8220;Más que la  sustitución de una elite por otra, lo que ha provocado la sensación de  crisis es la persistencia, posiblemente incluso la agravación, de la  brecha entre gobernados y la elite gobernante. Los actuales  acontecimientos desmienten la idea  de que la representación estaba  destinada a avanzar cada vez más hacia una identidad entre gobernantes y  gobernados&#8221;</em>. <a title="_ftnref22" name="_ftnref22"></a><a href="#_ftn22">[22]</a></p>
</blockquote>
<p>A  la hora de establecer cuál sería  el tipo partidario propio de la  democracia de audiencia, se sostiene generalmente que el nuevo formato  de representación se caracteriza por la disolución de todo aquello que  caracterizaba al precedente. No habría  un único formato partidario que  resulte propio de la democracia de audiencia. La abundancia de nuevas  propuestas de conceptualización parece deberse al simple hecho de que la  disolución del viejo formato de representación ha originado la  diversificación de experimentos partidarios en busca de adaptación a las  nuevas condiciones. <a title="_ftnref23" name="_ftnref23"></a><a href="#_ftn23">[23]</a></p>
<p>Manuel  Antonio Garretón señala que en las últimas décadas, el panorama  político a escala mundial se ha visto alterado por la emergencia de la  tecnocracia política y el desarrollo de los medios de comunicación que  generan que el sistema político interpele a los electores en tanto   consumidores y no como actores políticos participativos. Estos hechos  son los que, para algunos analistas, provocarían el debilitamiento de  los lazos entre los partidos políticos y la sociedad civil. Por ello, el  sociólogo chileno sostiene:</p>
<blockquote><p><em>&#8220;Más que el  autoritarismo y la presencia de otros regímenes no democráticos, el gran  riesgo es la irrelevancia de las democracias frente a los poderes  fácticos y la descomposición de las instituciones estatales y las  estructuras de acción colectiva&#8221;. <a title="_ftnref24" name="_ftnref24"></a><a href="#_ftn24">[24]</a></em></p>
</blockquote>
<p>Sin  embargo, y esta es la principal conclusión de Garretón, no se conoce un  mejor sistema de representación que los partidos políticos, ya que han  demostrado ser protagonistas claves en los procesos políticos de las  sociedades democráticas. La función esencial de los partidos políticos,  esto es, articular las diversas demandas de la sociedad y trasladarlas a  la arena política, pareciera ser insustituible. Así quedó demostrado a  través del debut y despedida de las denominadas Asambleas barriales  nacidas al calor de los sucesos del 2001. Fueron varios los factores <a title="_ftnref25" name="_ftnref25"></a><a href="#_ftn25">[25]</a> que conformaron un bloqueo fundamental para el desarrollo de una  estrategia política fundada en la autonomía. A partir de una concepción  romántica y a veces ingenua de la autonomía, fracasaron al no poder  presentar reales alternativas a la ciudadanía. Inclusive, las asambleas  terminaron con frecuencia entregándose a las estrategias de coordinación  y unificación de los partidos políticos porque ofrecían al menos una  aparente fortaleza y materialidad. Los participantes de las Asambleas  pronto advirtieron que para trascender el espacio local debían confiar  en estrategias de representación que ellos mismos repudiaban. <a title="_ftnref26" name="_ftnref26"></a><a href="#_ftn26">[26]</a></p>
<p>Así,  la función de los partidos políticos pareciera ser indispensable, y,  mientras la democracia sea representativa, se necesitarán vehículos de  representación, y los partidos políticos son los únicos que pueden  realizar tal función. Inclusive, la ausencia de partidos políticos  produciría males mucho más profundos. Es por ello que Pousadela sostiene  que</p>
<blockquote><p><em>&#8220;&#8230;los partidos, cada vez más diversos  en cuanto a sus formatos y peculiares combinaciones de rasgos  heterogéneos, indudablemente siguen en pie. Todo lo que se puede afirmar  en ese sentido es, entonces, que los partidos, al igual que las  dinastías, no desaparecen con la muerte de uno de sus exponentes(tales  como el extinto y llorado partido de masas) sino que se perpetúan con la  entronización de su sucesor&#8221;.</em></p>
</blockquote>
<p>En síntesis,  estaríamos observando un doble proceso: transformación de los viejos  partidos y surgimiento y proliferación de partidos con rasgos novedosos.  Estos últimos están centrados en personalidades, algunas de carisma  mediático, otras, representantes de saberes técnicos considerados de  valor; asentadas todas ellas, sin excepción, en el lazo de confianza  generado con la ciudadanía devenida audiencia.</p>
<h4>IV. Reflexiones finales</h4>
<p>Juan Abal Medina <a title="_ftnref27" name="_ftnref27"></a><a href="#_ftn27">[27]</a>,  haciendo un balance acerca de la experiencia de los partidos políticos  en Argentina, sostenía que el funcionamiento de los mismos es  perfectible con el paso del tiempo. Cuanta mayor capacidad tenga la  ciudadanía de controlarlos, mejor será su desempeño. Es posible resaltar  algunos aspectos positivos de dicha experiencia: existencia de varios  liderazgos; creciente búsqueda de acuerdos políticos genuinos; la  percepción de la necesidad de capacitar y formar a dirigentes; creciente  participación de las mujeres como elemento de cambio y renovación y   creciente voluntad ciudadana de participar en lo político a través de la  opinión, la crítica o el control. Sin embargo, el nuestro, es un tiempo  de cambios y trasformaciones, y los partidos políticos son las  instituciones de la política que en gran medida están inmersos en esta  mutación general. Sin embargo para varios autores, a pesar de que los  partidos políticos estén generando cierta incertidumbre, esto no  significa que exista una crisis de lo político.</p>
<p>Para finalizar, quisiera referirme a un reciente artículo de Luis Alberto Romero <a title="_ftnref28" name="_ftnref28"></a><a href="#_ftn28">[28]</a>,  en donde realizaba un balance acerca de los veinte años de democracia  en nuestro país. En dicho escrito, Romero consideraba que en nuestra  reciente democracia, se observaban  tres déficit en la clase política.  Un <em>déficit de vigilancia</em>, provocado por el gradual  avasallamiento de las instituciones republicanas, y en particular de la  división de poderes. Los excesos del Poder Ejecutivo avanzaron porque  los que debían velar por su control (la justicia y el parlamento), no lo  hicieron. Un <em>déficit de debate</em>, que implica que se estableció  un modo de conducta en el que el debate de opciones o alternativas debía  ser evitado o postergado, dada la urgencia de ciertas decisiones. Esta  falta pareciera reforzarse a partir de una elite política poco preparada  para afrontar discusiones complejas. Asimismo, aquellas decisiones que  podían dividir a sectores de la sociedad, en lo posible eran evitadas.  Para Romero, la adopción sin mayores críticas del modelo neoliberal, es  un ejemplo concreto de déficit de debate. Por último, un <em>déficit de conducta</em>,  manifestado a través de la conformación de corporaciones por parte de  los políticos, tendientes a perpetuarse en la función pública sin  importar los medios.</p>
<p>Sin embargo, Romero resalta la afirmación  de que si la crisis política vivida en la Argentina reciente tomó  ribetes escandalosos, es porque también gran parte de la ciudadanía es  cómplice de tal situación. En palabras de Romero,</p>
<blockquote><p><em>&#8220;los  políticos acusados repitieron, en su escala y con los medios a su  alcance, conductas que son habituales en esta sociedad, largamente  acostumbrada a organizarse en corporaciones para vivir, de alguna  manera, a costa del estado. Convertir a los políticos en el chivo  expiatorio de la crisis fue a la vez un acto de ingenuidad y de  hipocresía&#8221;.</em> <a title="_ftnref29" name="_ftnref29"></a><a href="#_ftn29">[29]</a></p>
</blockquote>
<p>Estas  ideas están en sintonía con una aseveración hecha hace poco tiempo por  Tulio Halperin Donghi en donde manifestaba que &#8220;la sociedad argentina es  escéptica en todo, salvo sobre ella misma: es siempre la víctima  inocente de calamidades en las que nunca tuvo nada que ver&#8221;. <a title="_ftnref30" name="_ftnref30"></a><a href="#_ftn30">[30]</a> Creo que esta última observación, (acertada por cierto) es la que no  debemos perder de vista para que entre todos los ciudadanos, a través de  una activa participación, contribuyamos a solidificar un sistema que no  sin altos costos se logró instaurar en Argentina.</p>
<h3>Bibliografía</h3>
<p>ABAL MEDINA, Juan: <em>Los partidos políticos, ¿un mal necesario?.</em> Buenos Aires. Editorial Capital intelectual. 2004.</p>
<p>ADAMOVSKY, Ezequiel: &#8220;El Movimiento asambleario en la Argentina. Balance de una experiencia&#8221;. <em>El Rodaballo. Revista de política y cultura</em>. Buenos Aires. Ediciones El cielo por asalto. Año X. Nº 15. Invierno de 2004.</p>
<p>GARRETÓN,  Manuel Antonio: &#8220;Política, partidos y sociedades en la época  contemporánea&#8221;, CHERESKY, Isidoro &#8211; POUSADELA, Inés  (comp.): <em>Política e instituciones en las nuevas democracias latinoamericanas</em>. Buenos Aires, Paidós, 2001.</p>
<p>GARRETÓN,  Manuel Antonio: &#8220;¿Polis ilusoria, democracia irrelevante?. La necesidad  de reconstruir comunidades histórico &#8211; morales, socioeconómicas y  políticas.&#8221;<em>Revista Todavía. Pensamiento y cultura en América Latina</em>. Nº 2. Publicación de la Fundación OSDE. Septiembre de 2002.</p>
<p>KIRCHHEIMER,  Otto: &#8220;El camino hacia el partido de todo el mundo&#8221;. LENK, Kurt &#8211; NEUMAN, Franz (eds.), <em>Teoría y Sociología críticas de los partidos políticos</em>, Editorial Anagrama, Barcelona, 1980.</p>
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<p>MANIN, Bernard: <em>Los principios del gobierno representativo</em>. Madrid. Editorial Alianza. 1998.</p>
<p>MARTINAT,  Francoise: &#8220;Crisis de la representación y nuevas ciudadanías: los casos  de Colombia, Argentina y Venezuela&#8221;. CHERESKY,  Isidoro &#8211; BLANQUER,  Jean Michel (comps): <em>¿Qué cambió en la política argentina?. Elecciones, instituciones y ciudadanía en perspectiva comparada.</em> Editorial Homo Sapiens. Rosario. 2004.</p>
<p>PORTANTIERO, Juan Carlos: &#8220;Los desafíos de la democracia. El sistema político argentino frente a la crisis de representación&#8221;. <em>Revista Todavía. Pensamiento y cultura en América Latina</em>. Nº 2. Publicación de la Fundación OSDE. Septiembre de 2002.</p>
<p>POUSADELA, Inés: &#8220;Los partidos han muerto. ¡Larga vida a los partidos!&#8221;. CHRESKY,  Isidoro &#8211; BLANQUER, Jean Michel (comps): <em>¿Qué cambió en la política argentina?. Elecciones, instituciones y ciudadanía en perspectiva comparada.</em> Editorial Homo Sapiens. Rosario. 2004.</p>
<p>ROMERO, Luis Alberto: &#8220;Veinte años después: un balance&#8221;. NOVARO, Marcos &#8211; PALERMO, Vicente(comp.): <em>La historia reciente. Argentina en democracia</em>. Buenos Aires. Editorial Edhasa. 2004.</p>
<p>TCACH, César: Radicalismo y catch all party: del partido de masas al partido electoral. <em>Revista Política y Gestión</em>. Nº 4. universidad Nacional General San Martín. Editorial Homo Sapiens. Rosario, 2003.</p>
<p>TCACH, César: &#8220;En torno al catch all party latinoamericano&#8221;. GARRETÓN, Manuel: <em>Los partidos y la transformación política de América Latina.</em> FLACSO, Chile. 1993.</p>
<p>TORRE,  Juan Carlos, &#8220;Los huérfanos de la política de partidos. Sobre los  alcances y la naturaleza de la crisis de representación partidaria&#8221;,  Torcuato Di Tella &#8211; Cristina Lucchini (coord.), <em>Sociedad y Estado en América Latina. Conceptos teóricos y transformaciones históricas.</em> Buenos Aires. Editorial Biblos &#8211; Fundación Simón Rodríguez. 2005.</p>
<p>WARE, Alan: <em>Partidos Políticos y sistemas de partios</em>. Madrid. Editorial Istmo. 2004.</p>
<hr />
<h3>Notas</h3>
<p><a title="_ftn1" name="_ftn1">[1]</a> MAIR, Peter: &#8220;Democracia sin partido&#8221;. <em>New Left Review</em>. Nº 3. Madrid. 2000. Pág. 159. <a href="#_ftnref1">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn2" name="_ftn2">[2]</a> PORTANTIERO, Juan Carlos: &#8220;Los desafíos de la democracia. El sistema político argentino frente a la crisis de representación&#8221;. <em>Revista Todavía. Pensamiento y cultura en América Latina</em>. Nº 2. Publicación de la Fundación OSDE. Septiembre de 2002.<a href="#_ftnref2">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn3" name="_ftn3">[3]</a> GARRETÓN, Manuel Antonio: &#8220;¿Polis ilusoria, democracia irrelevante?. La  necesidad de reconstruir comunidades histórico &#8211; morales,  socioeconómicas y políticas.&#8221;<em>Revista Todavía: Ob. Cit.</em><a href="#_ftnref3">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn4" name="_ftn4">[4]</a> ABAL MEDINA, Juan: <em>Los partidos políticos, ¿un mal necesario?.</em> Buenos Aires. Editorial Capital intelectual. 2004. Pág. 44.<a href="#_ftnref4">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn5" name="_ftn5">[5]</a> MARTINAT, Francoise: &#8220;Crisis de la representación y nuevas ciudadanías:  los casos de Colombia, Argentina y Venezuela&#8221;. CHERESKY,  Isidoro &#8211;  BLANQUER, Jean Michel (comps): <em>¿Qué cambió en la política argentina?. Elecciones, instituciones y ciudadanía en perspectiva comparada.</em> Editorial Homo Sapiens. Rosario. 2004.<a href="#_ftnref5">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn6" name="_ftn6">[6]</a> Inclusive los políticos en algunos casos han creado sus propias  organizaciones partidarias para competir en elecciones, tal como lo ha  mostrado Francoise Martinat con relación al caso de Colombia, en donde  Álvaro Uribe compitió en elecciones presidenciales con su partido  Primero Colombia. Ibídem. <a href="#_ftnref6">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn7" name="_ftn7">[7]</a> Ibídem. Pág. 290. <a href="#_ftnref7">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn8" name="_ftn8">[8]</a> Existe un problema de definición acerca de los partidos políticos.  Todas las definiciones se muestran deficientes como criterios  definitorios. Las definiciones no alcanzan a capturar la esencia de los  partidos políticos. POUSADELA, Inés: &#8220;Los partidos han muerto. ¡Larga  vida a los partidos!&#8221;. CHRESKY,  Isidoro &#8211; BLANQUER, Jean Michel  (comps): <em>Ob. Cit.</em> <a href="#_ftnref8">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn9" name="_ftn9">[9]</a> TORRE, Juan Carlos, &#8220;Los huérfanos de la política de partidos. Sobre  los alcances y la naturaleza de la crisis de representación partidaria&#8221;,  Torcuato Di Tella &#8211; Cristina Lucchini (coord.), <em>Sociedad y Estado en América Latina. Conceptos teóricos y transformaciones históricas.</em> Buenos Aires. Editorial Biblos &#8211; Fundación Simón Rodríguez. 2005. <a href="#_ftnref9">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn10" name="_ftn10">[10]</a> Ibídem: Pág. 150. <a href="#_ftnref10">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn11" name="_ftn11">[11]</a> MAIR, Peter: <em>Ob. Cit</em>. <a href="#_ftnref11">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn12" name="_ftn12">[12]</a> MAIR, Peter: <em>Ob. </em><em>Cit</em>. Pág. 155. <a href="#_ftnref12">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn13" name="_ftn13">[13]</a> WARE, Alan: <em>Partidos Políticos y sistemas de partidos</em>. Madrid. Editorial Istmo. 2004. <a href="#_ftnref13">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn14" name="_ftn14">[14]</a> KIRCHHEIMER,  Otto: &#8220;El camino hacia el partido de todo el mundo&#8221;. LENK, Kurt &#8211; NEUMAN, Franz (eds.), <em>Teoría y Sociología críticas de los partidos políticos</em>, Editorial Anagrama, Barcelona, 1980. <a href="#_ftnref14">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn15" name="_ftn15">[15]</a> Esta amplitud es difícil de ser alcanzada por partidos políticos  pequeños y sectoriales como el Partido de la Democracia Cristiana  italiana, cuya ideología excluye por definición a los no creyentes,  cuestión que se constituye en un factor limitativo. <a href="#_ftnref15">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn16" name="_ftn16">[16]</a> KIRCHHEIMER, Otto: <em>Ob. </em><em>Cit</em>. Pág. 331. <a href="#_ftnref16">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn17" name="_ftn17">[17]</a> TCACH, César: &#8220;En torno al catch all party latinoamericano&#8221;. GARRETÓN, Manuel: <em>Los partidos y la transformación política de América Latina.</em> FLACSO, Chile. 1993. <a href="#_ftnref17">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn18" name="_ftn18">[18]</a> TCACH, César: &#8220;Radicalismo y catch all party: del partido de masas al partido electoral&#8221;. <em>Revista Política y Gestión</em>. Nº 4. universidad Nacional General San Martín. Editorial Homo Sapiens. Rosario, 2003. <a href="#_ftnref18">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn19" name="_ftn19">[19]</a> TCACH, César: &#8220;Radicalismo y catch all party&#8230;&#8221;, <em>Ob. Cit</em>, p. 102. <a href="#_ftnref19">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn20" name="_ftn20">[20]</a> MANIN, Bernard: <em>Los principios del gobierno representativo</em>. Madrid. Editorial Alianza. 1998. <a href="#_ftnref20">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn21" name="_ftn21">[21]</a> Democracia parlamentaria: en cuanto a la representación, establecía una  relación directa e individual(dado el reducido cuerpo electoral) entre  representante y electores. El denominado partido parlamentario, estaba  constituido por una serie de asociaciones locales conducidas por algún  notable que lo financiaba. Modelo partido de masas: está relacionado con  la ampliación de la ciudadanía política. La estructura organizativa  adquiere densidad y complejidad institucional (se genera una fuerte  estructura piramidal en cuyo vértice superior se encuentra la dirección  nacional del partido). Para su funcionamiento, adquiere importancia la  militancia. En cuanto a la representación política, pierde su condición  de confianza personal (propia de los partidos de notables) y adopta la  nueva forma de representación de intereses. La representación comienza a  reflejar la estructura social. ABAL MEDINA, Juan: <em>Los partidos políticos&#8230; </em><em>Ob. Cit.</em> <a href="#_ftnref21">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn22" name="_ftn22">[22]</a> MANIN, Bernard: <em>Ob. </em><em>Cit</em>. Págs. 284 y 285. <a href="#_ftnref22">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn23" name="_ftn23">[23]</a> Una de las recientes conceptualizaciones de los partidos políticos fue  enunciada por los politólogos Peter Mair y Katz al referirse a los  denominados Partidos cartel. Según Alan Ware, este tipo de partido se  caracteriza por la interpenetración de partido y Estado y por un modelo  de connivencia entre partidos, a partir de la posibilidad existente de  poder usar determinados recursos para mantenerse y evitar que surjan  partidos nuevos. WARE, Alan: <em>Ob. </em><em>Cit</em>. Pág. 177. <a href="#_ftnref1">[volver]</a> <a href="#_ftnref23">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn24" name="_ftn24">[24]</a> GARRETÓN, Manuel Antonio: &#8220;Política, partidos y sociedades en la época  contemporánea&#8221;, CHERESKY, Isidoro &#8211; POUSADELA, Inés  (comp.): <em>Política e instituciones en las nuevas democracias latinoamericanas</em>. Buenos Aires, Paidós, 2001.Pág. 373. <a href="#_ftnref24">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn25" name="_ftn25">[25]</a> Entre los factores internos podemos mencionar: dificultades para la  negociación de las diferencias; para establecer relaciones de respeto y  confianza entre los participantes, indispensables para instalar una  verdadera dinámica horizontal; para reconocer y superar las  desigualdades de los asambleístas, a partir del carácter radicalmente  abierto e igualitario de la Asamblea; para afrontar los ataques  externos. Entre los factores externos: las asambleas no construyeron  formas sólidas y efectivas de coordinación Inter. &#8211; asamblearias de  carácter general; dificultades para organizar formas de cooperación en  gran escala e incapacidad para crear procedimientos e instituciones de  nuevo tipo. ADAMOVSKY, Ezequiel: &#8220;El Movimiento asambleario en la  Argentina.  Balance de una experiencia&#8221;. <em>El Rodaballo. Revista de política y cultura</em>. Buenos Aires. Ediciones El cielo por asalto. Año X. Nº 15. Invierno de 2004. <a href="#_ftnref25">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn26" name="_ftn26">[26]</a> Martinat también hace referencia a que los diversos movimientos  sociales no han podido establecer aún una verdadera alternativa política  que sustituya a los partidos políticos. Tampoco han tenido la capacidad  de impulsar nuevos dirigentes, como lo demostró la última elección  presidencial en Argentina, en donde ningún candidato importante provino  de los movimientos piqueteros. MARTINAT, Francoise: <em>Ob. </em><em>Cit</em>. <a href="#_ftnref26">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn27" name="_ftn27">[27]</a> ABAL MEDINA, Juan: <em>Ob. Cit.</em> <a href="#_ftnref27">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn28" name="_ftn28">[28]</a> ROMERO, Luis Alberto: &#8220;Veinte años después: un balance&#8221;. NOVARO, Marcos &#8211; PALERMO, Vicente(comp.): <em>La historia reciente. Argentina en democracia</em>. Buenos Aires. Editorial Edhasa. 2004. <a href="#_ftnref28">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn29" name="_ftn29">[29]</a> Ibídem: Pág. 281. <a href="#_ftnref29">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn30" name="_ftn30">[30]</a> Ñ. Revista de Cultura. Año II. N 87. 2005. Pág. 8. <a href="#_ftnref30">[volver]</a></p>
]]></content:encoded>
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		<title>El juego cooperativo que proponen las noticias no confirmadas</title>
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		<pubDate>Sat, 25 Sep 2010 23:46:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>luis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Medios y cultura popular]]></category>

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		<description><![CDATA[Resumen Este artículo propone una forma de considerar los rumores y las leyendas urbanas inspirada en el concepto de acción colectiva. Los fundamentos de tal propuesta siguen a una revisión crítica de las principales corrientes de estudios psicosociales sobre el rumor, con especial énfasis en las metáforas y analogías empleadas para su comprensión. La consideración [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3>Resumen</h3>
<p>Este artículo propone una forma de considerar los  rumores  y las leyendas urbanas inspirada en el concepto de acción  colectiva. Los fundamentos de tal propuesta siguen a una revisión  crítica de las principales corrientes de estudios psicosociales sobre el  rumor, con especial énfasis en las metáforas y analogías empleadas para  su comprensión. La consideración de los rumores que se ofrece parte de  la imagen  del juego cooperativo en el que los participantes despliegan  sus habilidades específicas en procura de una finalidad grupal.</p>
<h3>El debate como acción colectiva.</h3>
<p>En  este trabajo discutiremos una concepción de los rumores y  las leyendas  urbanas donde se contemplan posibles funciones de estas formas de  relato oral  en el intercambio comunicativo que realizan los agentes  sociales. Esto nos llevará a despreocuparnos de los aspectos de los  rumores y de las leyendas urbanas frecuentemente discutidos  en  compilaciones, estudios comparativos e intentos de abordaje  psicoanalítico, folklórico, antropológico, etc.  Más bien, focalizaremos  el encuentro que tiene lugar cuando los agentes sociales intercambian  opiniones, comentarios críticos, favorables o no, acerca de una historia  en particular, apócrifa o verídica.</p>
<p>En tanto acción colectiva,  la instancia del debate que genera un rumor puede entenderse como una  especie de juego constructivo en el que los participantes encuentran la  ocasión de vislumbrar un mundo cuya facticidad puedan comprender y  manipular<a title="_ftnref1" name="_ftnref1"></a><a href="#_ftn1">[1]</a> en su fragmentaria ensoñación. Dado que los participantes asumen el  carácter de juego de la interacción, la cuestión de la verdad o falsedad  de la anécdota queda relegada a un análisis exterior o subalterno a la  situación de intercambio.  Una regla de partida que permite definir el  juego, por tanto, comprometería a los participantes prioritariamente  a  una cooperación basada en la suspensión de la incredulidad <a title="_ftnref2" name="_ftnref2"></a><a href="#_ftn2">[2]</a>.</p>
<p>Por otra parte, las metas del juego configuran  muchas opciones abiertas a la creatividad de los agentes <a title="_ftnref3" name="_ftnref3"></a><a href="#_ftn3">[3]</a>.  Esta forma de juego respondería a una necesidad  de los propios  individuos, quienes desprovistos de afirmaciones irrefutables acerca de  las consecuencias o bien de una situación problemática particular, o  bien del porvenir general de los escenarios sociales, se asocian con  otros agentes en procura de obtener o restituir certezas en torno a una  variedad de asuntos.</p>
<p>Para comprender este juego, entonces,  recurriremos a una construcción metafórica (etimológicamente hablando:  cierta capacidad de llevar algo más allá) que nos permita explorar estas  zonas de la experiencia social compartida que deslumbran a muchos  investigadores desde, por lo menos, comienzos del siglo XX. Comenzaremos  revisando algunas de las posiciones que trabajaron la cuestión, a fin  de caracterizar puntualmente nuestra perspectiva sobre los rumores y las  leyendas urbanas.  .</p>
<h3>Metáforas desaprensivas para el rumor y las leyendas</h3>
<p>Mucho de lo que sabemos acerca del rumor proviene de tradiciones académicas represivas <a title="_ftnref4" name="_ftnref4"></a><a href="#_ftn4">>[4]</a>.  A partir de la convicción de que el rumor es una forma patológica de  comunicación, que sería preciso extirpar, algunos investigadores  creyeron necesario identificar los factores que  provocarían la  aparición (y posterior circulación) de los rumores <a title="_ftnref5" name="_ftnref5"></a><a href="#_ftn5">[5]</a>.  Esta preocupación llevó a que se insistiera en dos rasgos del rumor: la  inverificabilidad del mensaje o anécdota y el carácter no oficial de la  fuente donde se origina. Aunque con diferencias de enfoque, Knapp  (1944), Allport y Postman (1947), Peterson y Gist (1951), entre algunos  otros que buscaban neutralizar el anticuerpo, y no comprenderlo en su  dimensión creativa, se abocaron a establecer los mecanismos de  deformación del mensaje que operan a lo largo de la transmisión de un  rumor.</p>
<p>Un intento que luego no fue tomado en serio para esta  concepción del rumor corresponde a Knapp (1944). Este autor  propuso una  clasificación de los rumores según sus referencias temáticas o  contenidos anecdóticos. Así resultaron los rumores <strong>negros</strong>,<em> </em>referidos a sentimientos de miedo y de ansiedad (atrocidades, crímenes violentos, enfermedades, etc.),<em> </em><strong>rosas</strong>, que <em> </em>expresan deseos (rumores de victoria, de herencias a cobrar, etc.) o <strong>rojos</strong>,<strong> </strong>por los que se canalizan sentimientos de agresividad (rumores lanzados contra la idiosincrasia de ciertos grupos étnicos <a title="_ftnref6" name="_ftnref6"></a><a href="#_ftn6">[6]</a>).</p>
<p>En  cambio, pretendiendo que los contenidos eran distorsionados, y que en  esta circunstancia se originaba la inverificabilidad del mensaje,  Allport y Postman <a title="_ftnref7" name="_ftnref7"></a><a href="#_ftn7">[7]</a> (1947), propusieron &#8220;explicar&#8221;· tales distorsiones en términos de la  ejecución espontánea de tres operaciones generales: la simplificación  del contenido, la acentuación (<em>sharpening</em>) y la asimilación <a title="_ftnref8" name="_ftnref8"></a><a href="#_ftn8">[8]</a>.  Estos autores sugieren que cuando un relato se halla expuesto a  interpretaciones divergentes, a medida que se transmite de un sujeto al  otro sufrirá alguna de estas distorsiones, introducidas por los agentes  sociales de acuerdo con sus diferentes intereses, necesidades y  experiencias.</p>
<p>Lo que podría valorarse como una virtud creativa  de los agentes sociales los pioneros en la investigación del rumor  consideraron una falencia que debía ser corregida.  ¿Acaso se puede  prohibir que los agentes sociales sean selectivos en el proceso de  transmisión de un mensaje? La forma metafórica de describir esta  situación  como una bola de nieve que al rodar crece en forma sostenida y  virtualmente indeterminada fue la imagen potente que asoció al rumor  con un peligro colectivo y de indóciles consecuencias. Como es obvia la  distancia que estos estudiosos del rumor tomaron con respecto a los  agentes  sociales, nos detendremos a desmenuzar la metáfora, producto  lógicamente esperable de tal distancia. La imagen de la bola de nieve  alude al descontrol que sería producto de la insanía o ignorancia de los  sujetos; estos exagerarían o simplificarían la información inicial  según su inestable y acientífica metodología de aprehensión de la  realidad, y así contaminan la verdad oficial y cristalina con todo tipo  de sedimentos subjetivos y deformantes.</p>
<p>Peterson y Gist (1951) <a title="_ftnref9" name="_ftnref9"></a><a href="#_ftn9">[9]</a> llegaron a conclusiones similares. Aunque criticaron con razón el  método de laboratorio que utilizaron Allport y Postman, no aportaron a  la comprensión del rumor la crítica a los prejuicios en que incurrieron  sus predecesores. Sí fue eficaz para que el foco de interés se  desplazara hacia  la noción de &#8220;interaciones interindividuales&#8221;. Los  encuentros sociales favorecen la retroalimentación de la creencias y  representaciones ideológicas de los agentes sociales. En lugar de armas  para combatir contenidos maliciosamente distorsionados, Peterson y Gist  legaron a la posteridad una forma de análisis orientada a la circulación  de los rumores, en términos de la metáfora del teléfono descompuesto.</p>
<p>En  esta línea de trabajo hay que considerar la propuesta de Buckner  (1965), quien distingue dos mecanismos sociales de circulación del  rumor: las redes de interacciones múltiples y las cadenas de interacción  persona a persona. En esta propuesta se ponderan tres tipos de actitud  (crítica, acrítica y de transmisión) que gravitan en la distorsión o  purificación de los mensajes a medida que circulan por los ámbitos  sociales. El hecho de que los individuos manifiesten alternativamente  tales actitudes depende de una serie de circunstancias relacionadas con  el asunto de que trata el rumor, el tipo de grupo (cerrado o difuso) y  las posibilidades concretas con que cuentan los individuos para  verificar el mensaje. De este modo, Buckner propuso entender el rumor  como un tipo de mensaje no necesariamente asimilable a la bola de nieve  por su creciente peligrosidad, ni como una suerte de teléfono  descompuesto que paradójicamente funciona de modo regular en su  imperfección.  Atento a la incuestionable variabilidad de cada situación  y acaso propenso a confiar en los agentes sociales un poco más que sus  antecesores, Buckner intentó una comprensión del rumor ajustada a las  prácticas cotidianas y a la verosimilitud asignada por los individuos,  según los tipos de actitud que las temáticas referidas puedan suscitar.  Por supuesto, el carácter ideal de los grupos cerrados o difusos y la  amplia malla con que pretendía atrapar algo tan variable y confuso como  son las actitudes no tardaron en decepcionar a quienes pretendían  diseñar trabajos de campo para poner a prueba estas nuevas hipótesis.</p>
<h3>¿Por qué surgen los rumores?</h3>
<p>Con  respecto a la aparición de los rumores, ya la corriente iniciada por  Allport y Postman (1947) había señalado que son necesarias dos  condiciones fundamentales: la importancia que los agentes sociales  adjudiquen al tópico o asunto de que trata el mensaje y la ambigüedad  del contexto. Pero como estos autores tenían asumida su función  sanitaria, optaron no por actuar sobre las causas, sino por buscar  remedios eficaces, a aplicar sobre los efectos. De esta manera, quedó  soslayada la posibilidad de que se precisaran con algún rigor cuáles  eran las situaciones ambiguas y por qué los agentes sociales las  consideraban de ese modo.</p>
<p>El autor que aportó algunas orientaciones al estudio del rumor  no inspiradas en el sanitarismo apuntado fue Shibutani <a title="_ftnref10" name="_ftnref10"></a><a href="#_ftn10">[10]</a> (1966), cuya concepción abandona la metáfora del teléfono descompuesto  para salir al encuentro de una perspectiva constructivista. El rumor ya  no es definido como una distorsión de la información, sino todo lo  contrario: los agentes sociales elaboran solidariamente un  interpretación que para ellos es significativa y coherente, a partir de  una situación conflictual que les demanda atención<em> </em>y que de  alguna forma los fuerza a tomar partido o a implicarse (p. 17). El  carácter conflictivo de la situación depende para Shibutani no tanto de  factores objetivos más menos externos al grupo, sino en la elaboración  de tipo emocional que los agentes hacen de la situación.</p>
<p>Esta  atribución de selectividad fina a los agentes sociales marcaría la  posterior preocupación de los antropólogos y de algunos psicólogos  sociales por las leyendas urbanas. Si se ignoran los riesgos que puede  plantear la bola de nieve, entonces el aspecto central en la comprensión  del rumor será lo que hagan con él quienes crean en él. Y bien, ¿cómo  es que, en general creemos en los rumores? Cuando algún suceso o  cuestión <a title="_ftnref11" name="_ftnref11"></a><a href="#_ftn11">[11]</a> -probable o efectivo, presente o inminente- desafían con desquilibrar  las expectativas, las creencias, las representaciones dominantes. Tal  desequilibrio no es objetivo, sino que deriva de las dificultades que  encuentran los agentes sociales para que sus esquemas de comprensión  armonicen, o al menos no desentonen, con otras formas de representación.  El rumor vendría a contextualizar la información disponible en un marco  donde cierta situación importante o ambigua se juzga amenazante o  disgregadora, tal vez por novedosa o porque no encaja en los esquemas  previos del grupo. En términos generales, en la dinámica social se  producen infrecuentemente situaciones que tienden a desequilibrar los  esquemas de comprensión <a title="_ftnref12" name="_ftnref12"></a><a href="#_ftn12">[12]</a>.</p>
<p>Si  bien esta forma de especular acerca del origen de los rumores fue la  que prosperó en el ámbito de la antropología y la psicología social a  partir de mediados de los setenta, no permaneció sola durante mucho  tiempo. Rosnow (1988, 1990), por ejemplo, rechazó por demasiado vaga y  relativista la explicación del desafío genérico como motor del rumor. En  su opinión, no sería la situación conflictual la desencadenante de los  rumores, sino la oportunidad más bien aleatoria que tiene cada grupo  social  para elaborar, maliciosa o ingenuamente, una representación  distorsionada de las cosas reales. La metáfora que utiliza recuerda  mucho a la bola de nieve y al teléfono descompuesto:</p>
<p>Es  conveniente comparar la actividad de generar y hacer circular un rumor  con la acción de cargar y disparar un revólver. El  público del rumor   es un arma de puño, el rumor  es una bala, que está cargada en una  atmósfera de ansiedad y de incertidumbre. Se acciona el gatillo cuando  se considera que la bala va a dar en el blanco. [...]. (1991:485)</p>
<p>A  pesar de la insistencia en metáforas truculentas, los aportes de  Shibutani  significaron un desplazamiento fundamental en el estudio del  rumor: en lugar de exagerar la distorsión sufrida por el mensaje  verdadero que refería una realidad objetiva, ahora se antepondrá la  cuestión de los imaginarios sociales, límite y condición para que los  agentes sociales juzguen relevante la preocupación por ciertos asuntos o  cuestiones.  Al menos esta corriente de estudios del rumor se alejó del  ámbito de las preocupaciones cognitivistas para ingresar, por fin, en  la zona confusa de las emociones, los deseos y los miedos.</p>
<p>Desde  entonces, algunos especialistas respaldaron sus investigaciones y  consideraciones en enfoques psicoanalíticos y teorías acerca del   imaginario social. Un ejemplo de estos enfoques es el trabajo de Edgard  Morin (1969) sobre el rumor  de Orleáns <a title="_ftnref13" name="_ftnref13"></a><a href="#_ftn13">[13]</a>.  Su interpretación está inspirada en las reflexiones de Horkheimer y  Adorno (1987) transcriptas en &#8220;Elementos de antisemitismo&#8221;. La  preocupación de Morin  se limitaba a responder por qué en la anécdota se  sindicaba a los judíos como victimarios. Esto es, caía fuera de su  interés el carácter falso de la historia, quiénes la acuñaron, cuánto se  fue distorsionando a lo largo del tiempo, etc.</p>
<p>El análisis de  Morin conduce a la conclusión de que el rumor ya se encontraba en un  estado embrionario en la repulsión contra la colectividad hebrea  compartida por la población francesa católica. Refrendando esta  posición, Kapferer (1987) imagina el rumor en términos de una torrencial  corriente de agua que no fluye caprichosamente, gracias a que grupos de  agentes sociales, que comparten deseos o valoraciones determinados,  logran más o menos canalizar lo que de otra forma sería una agresividad  bestial y desembozada. El rumor, anónimo, con ribetes de crónica  periodística formal, atribuye hechos que el grupo considera aberrantes  de los enemigos de un modo que éstos, aun siendo los ofendidos, son  presentados como sujetos irredimibles y monstruosos.   La ofensa que  ocasiona el rumor  no pasa de un insulto, pero la agresividad se ejerce  en una forma reprimida, sublimada y eficaz para ratificar sentimientos  de odio, o de desprecio.</p>
<h3>El rumor, satisfactor de necesidades</h3>
<p>Karl  Jung (1917) consideraba que los rumores deberían ser tratados como los  sueños. Jung entendía que en el sueño se elaboran aspiraciones  postergadas o deseos no satisfechos durante la vigilia. Análogamente,  cada rumor respondería a alguna forma de necesidad, ya sea colectiva o  individual. En este caso, es posible que los agentes sociales que  contribuyen a la transmisión de un rumor,  lo tomen como válido en  procura de paliar algún deseo o necesidad temporaria, y no debido a la  anécdota propiamente dicha. Invitamos al lector a  completar esta lista  de deseos individuales posibles: obtener prestigio, atraer la atención  de otras personas, poner a consideración de los demás una cuestión  controvertida, para conocer otras opiniones al respecto, pasar el rato,  etc.</p>
<p>El hecho de que existan varias versiones de una misma anécdota con diferentes personajes y locaciones <a title="_ftnref14" name="_ftnref14"></a><a href="#_ftn14">[14]</a> parece corresponderse con ciertas necesidades colectivas, que suelen  ser duraderas o recurrentes. Estas historias hacen referencia a  problemas de ansiedad o perplejidad &#8220;arquetípicos&#8221;, como son los   planteados por alguno de los siguientes ejes: <span style="text-decoration: underline;">la  convivencia en el mundo social </span>(acusaciones  de prácticas aberrantes a otros grupos sociales); <span style="text-decoration: underline;">las amenazas de la modernidad</span> (denuncias de daños severos causados por las tecnologías de uso  doméstico, o por tóxicos en los productos industrializados por  corporaciones transnacionales <a title="_ftnref15" name="_ftnref15"></a><a href="#_ftn15">[15]</a>, etc.);  la <span style="text-decoration: underline;">cuestión del propio cuerpo </span>(anécdotas acerca de embarazos no deseados, usos y abusos de la genitalidad, indigestiones, intoxicaciones, etc.); <span style="text-decoration: underline;">las circunstancias concomitantes de accidentes y catástrofes</span> (interpretaciones caseras acerca de intereses de los poderosos para  provocar cambios ambientales, incendios, derrumbes y otras clases de  siniestros).</p>
<p>No es nuestro propósito ser exhaustivos en este  punto, pero no podemos resistir a la tendencia a clasificar las leyendas  urbanas según el criterio que de alguna u otra forma toma la anécdota  como &#8220;satisfactor&#8221; de ansiedades relativas a alguno de los cuatro ejes  indicados. Así, por ejemplo, corresponden al primer eje las historias  que se cuentan en torno a costumbres gastronómicas o sexuales de los  extranjeros <a title="_ftnref16" name="_ftnref16"></a><a href="#_ftn16">[16]</a>.  Al segundo eje pertenecen las leyendas urbanas que dan cuenta del  hallazgo de fragmentos de cuerpo humano o de animales en envases de  bebidas gaseosas, de las sustancias que conforman la materia prima de  ciertas hamburguesas, de las inexistentes condiciones de higiene en que  se elaboran algunos productos, etc. También corresponderían  a este eje   las leyendas sobre el daño que producen los electrodomésticos, los  teléfonos celulares, los auriculares de la radio portátil, los rayos de  las pantallas del televisor o de la computadora, etc.  Por cierto,  historias de esta clase también están relacionadas con las que apuntamos  a propósito del tercer eje. La distinción es sutil, pero no borrosa:  dependerá de si la versión que se considere enfatiza la culpabilidad de  las tecnologías o las consecuencias que se abatieron sobre los incautos  usuarios. Además, las  leyendas sobre los daños autocausados suelen  tener un trasfondo de moralidad convencional: en estos casos, la  responsabilidad del daño recae en alguna forma de exceso incurrida por  la víctima, que encuentra el castigo merecido. Las leyendas urbanas  referidas en la nota 15 son un ejemplo de este tipo.</p>
<p>Al último eje, configurado por  relatos sobre circunstancias poco difundidas acerca de catástrofes o hechos notables <a title="_ftnref17" name="_ftnref17"></a><a href="#_ftn17">[17]</a> corresponden las leyendas urbanas que suelen circular en torno a las  causas de accidentes, suicidios, magnicidios, o la muerte dudosa de  personajes célebres. También están las historias sobre muertos que  siguen vivos con otra identidad, sobre los objetivos de quien &#8220;produjo&#8221;   un accidente, etc. Son ampliamente difundidas las historias en torno a  cantantes que oficialmente se dieron por fallecidos, pero que fueron  recluidos en hospicios o conventos. Por último, proliferan un tipo de  historias como las referidas a jornadas anteriores a los atentados  contra el World Trade Center y el Pentágono, donde se refiere que árabes  corteses sugieren a desprevenidos ciudadanos norteamericanos mantenerse  alejados de Manhattan o de Washington durante los días posteriores,  etc.</p>
<p>Muchas compilaciones de leyendas urbanas disponibles en  Internet y en libros como los de Kapferer (1987) y Campion-Vincent  (1989) comparten este enfoque &#8220;satisfactor&#8221;, que considera sin  distinción a las leyendas urbanas y a los rumores producto de las  angustias, de las fantasías o aún de cierto conservadurismo por mantener  determinados valores o creencias. No importaría tanto, entonces, si es  una situación fáctica o una perplejidad de algún tipo lo que desencadena  la circulación de un rumor o una leyenda urbana. Con cualesquiera de  estas estructuras los agentes sociales podrían elaborar frustraciones o  terrores compartidos mediante construcciones eficaces, aunque consten de  anécdotas espurias o apócrifas.</p>
<p>Brodin (1995) al comparar los  rumores y  las leyendas urbanas advierte que en lo fundamental entre  ambas estructuras no hay otra diferencia más que la establecida entre  los conceptos de situación y de cuestión problemática: experimentamos  una situación problemática y reflexionamos en torno a una cuestión. Pero  experimentamos cabalmente una situación problemática cuando  reflexionamos sobre ella, y la forma más vívida de plantearnos una  cuestión es experimentándola por nosotros mismos. De manera que las  leyendas urbanas nos traen situaciones para que reflexionemos sobre  algún asunto: valen por las cuestiones que plantean en torno a un asunto  determinado y no tanto por las situaciones -verificables o no- a que  refieren. Por eso Brodin las denomina &#8220;rumores cotidianos&#8221;.</p>
<p>Para  este enfoque &#8220;satisfactor&#8221; el rumor  no sería más que un mecanismo de  defensa al que recurrirían los agentes sociales para enfrentar diversos  tipos de situaciones cambiantes y complejas. Estamos lejos de las  metáforas del teléfono descompuesto, de la bola de nieve y del revolver  cargado. Sin embargo, no nos hemos apartado de un común denominador: el  análisis y la exclusiva consideración de la anécdota, por fuera del  juego que proponen las leyendas urbanas y los rumores. Tal vez pueda  intentarse a propósito de estas cuestiones un tipo de abordaje que se  atenga al tipo de acción colectiva que involucra a quienes contribuyen a  la circulación de rumores y de leyendas urbanas. Daremos a continuación   ese paso.</p>
<h3>Identidad, creencias y preferencias</h3>
<p>¿Es  posible un análisis de las leyendas urbanas que no se atenga a los  aspectos anecdóticos? Sin duda, la respuesta es afirmativa pero implica  una construcción metafórica, como a la que parecen estar predestinados  los estudios sobre el rumor <a title="_ftnref18" name="_ftnref18"></a><a href="#_ftn18">[18]</a>.   En lugar de dar por supuestas las actitudes de los agentes sociales o  el grado de interés que suscita para ellos el asunto del rumor,  proponemos considerar los encuentros en que usualmente se realizan la  transmisión y la discusión de estas historias.  Como en tantas  actividades sociales de carácter interactivo, funcionan reglas y se  distribuyen roles  que comprometen a los participantes a satisfacer  expectativas colectivas específicas, generalmente denominadas &#8220;finalidad  del juego&#8221;.  Más allá de los propósitos de cada jugador, la aplicación  de las reglas genera un espacio de acción colectiva cuyo sentido  dependerá de las condiciones establecidas, pero a cuyo resultado final  contribuirán factores específicos aportados por la idoneidad, los  conocimientos y el grado de interés de cada uno de los participantes.</p>
<p>En  lugar de un juego competitivo, las leyendas urbanas proponen uno más  bien de carácter cooperativo. Los jugadores colaboran para obtener un   producto y no compiten por alcanzar un premio o una marca individual. La  colaboración de cada jugador dependerá de los roles asignados al  comienzo del juego: es necesario que al menos uno conozca la historia, y  otros podrán discutirla, matizarla o ratificarla. En otras palabras,  para que haya juego los que oyen la historia deben hacer algo  cooperativo a partir de ella. Cada una de estas &#8220;jugadas permitidas&#8221;,  cuyas múltiples combinaciones dependerán del asunto de que trate la  historia y de las &#8220;habilidades&#8221; de los jugadores, contribuirán al  resultado final, el cual, por tanto, es difícil de predecir.</p>
<p>Una  imagen con la que podemos asociar estas ideas es la que nos proporciona  -con algunas salvedades- el mecano. Es cierto que este es un tipo de  juego individual para cuya ejecución no es necesario que se conforme un  grupo de jugadores. Sin embargo,  nada impide que dos o más  participantes aúnen sus esfuerzos en procura de una meta que las piezas y  las reglas (no escritas) del juego prevén. También podemos leer en  forma individual una compilación de leyendas, o consultar portales de  Internet destinados a difundir estas historias. Admitimos que el mecano  no es &#8220;esencialmente&#8221; un juego grupal, como el que proponen las leyendas  urbanas, según nuestra interpretación. ¿Cuál sería el objetivo de ese  juego grupal? En el caso del mecano,  una vez distribuidos los roles,  los jugadores cooperativos tratarían de armar alguno de los modelos del  catálogo, e incluso podrían diseñar uno no previsto por los fabricantes.  En el juego de las leyendas, por su parte, los jugadores no disponen de  un &#8220;modelo terminado&#8221;. Más bien, están comprometidos a dar por acabada  la partida cuando ellos mismos consideren que el tratamiento del tema  &#8220;no da para más&#8221;.</p>
<p>Se podrá objetar que el resultado final del  mecano puede evaluarse en términos &#8220;objetivos&#8221;, pero es verdad que para  seguir jugando, sería necesario utilizar las mismas piezas, y desarmar  lo que llevó algún tiempo de esfuerzo compartido.  Esta circunstancia  depende de la aplicación de un principio general de los juegos: puede  importar más el intercambio y el pasatiempo que los resultados   alcanzados por el grupo o por los individuos.  De esta manera, las  leyendas urbanas y los comentarios o posiciones que alrededor de ellas  se generan en un grupo, también podrían chequearse ante fuentes  científicas o profesionalmente idóneas. Aunque esa posibilidad es  innegable, y acaso forme parte de reglas que los jugadores eventualmente  puedan establecer durante el encuentro, suponemos que no es el análisis  científico un objetivo del juego tan característico como es el del  intercambio de información  y de opiniones. Si se acepta esta  definición, entonces podremos avanzar  y especular sobre las funciones  culturales de la transmisión de las leyendas urbanas.</p>
<p>El mecano  convoca al ejercicio individual de habilidades tales como la motricidad  fina y el manejo de información visual, entre muchas otras. Las  condiciones del juego grupal, al mismo tiempo, permiten articular tales  ejercicios con propósitos de los individuos que sólo pueden realizarse  colectivamente, esto es, cuya  satisfacción dependerá del comportamiento  conjunto de los participantes. De esta manera, el intercambio, la  cooperación  y el pasatiempo compartido son posibles incentivos que los  participantes encuentran al decidir participar en un juego grupal de  mecano. En todo caso, la dudosa habilidad de los participantes  individuales para construir objetos con las piezas no impediría que la  acción colectiva tenga sentido para ellos.</p>
<p>En nuestra opinión,  las leyendas urbanas y los rumores pueden ofrecer atractivos  equivalentes gracias a las cuestiones que tratan las situaciones  conflictivas o moralmente polémicas que se narran. La salvedad que  corresponde hacer se refiere al diferente tipo de intercambio que se  realiza en el juego del mecano y en el de las leyendas urbanas. Gracias a  la materia problemáticamente social que refieren las leyendas es que  los participantes deciden intervenir, y no sería sólo el mero pasatiempo  un  propósito a considerar. En el intercambio que propone el mecano,  las convicciones de fondo, las opciones políticas o ideológicas de los  participantes no son en absoluto objeto de consideración. Obviamente, no  es este el caso de las leyendas urbanas, que atraen al juego no sólo  por el pasatiempo mismo sino porque en él se genera un espacio de  análisis e intercambio de opiniones al que los agentes sociales recurren   no porque lo prefieran de antemano sino para definir, actualizar y  quizá modificar  algunas de sus preferencias básicas. En una cultura  caracterizada por la pluralidad teórica de opciones ideológicas y la  carencia fáctica de canales de expresión, el juego de las leyendas se  convierte en un círculo de reconocimiento donde los agentes pueden  expresarse e identificarse  al mismo tiempo que elaboran o confrontan  sus convicciones.</p>
<p>Con nuestra interpretación pretendemos  subrayar una posible función cultural que nos parece más adecuada para  comprender por qué diversos agentes sociales contribuyen a la  transmisión de rumores y leyendas. No descartamos el interés que pueden  tener muchas personas por algunos asuntos que plantean las leyendas  urbanas. De hecho, la clasificación de esos asuntos ofrecida más arriba  puede entenderse como una aproximación a los atractivos que ejercen los  rumores y las leyendas sobre potenciales participantes de esos juegos.   Pues bien, no es incompatible este hecho con nuestra insistencia en el  intercambio de opiniones como condición del juego y en la búsqueda de  definiciones como atractivo para que los agentes se conviertan en  participantes.</p>
<p>Tampoco parece imposible que algunos agentes  discutan acerca del carácter verídico del relato. En un probable  encuentro social donde varias personas discuten en torno a una leyenda,  habrá quienes la conocen y quienes se enteran por primera vez de una  historia. Quienes la conocen pueden considerarla verdadera o no. Ahora  bien, ¿qué implica que la consideren falsa? ¿Que la comentarán como  leyenda o que la desecharán de plano y procurarán olvidarla? Es evidente  que si la conocían con anterioridad al encuentro y vuelven a comentarla  es porque no la han desechado. Esta especulación nos lleva a suponer  que no es necesario que la leyenda sea considerada  verdadera o falsa  para que circule entre quienes la hacen circular Dicho de otra forma,  los agentes sociales que hacen circular una leyenda urbana o un rumor,  juegan a especular sobre asuntos problemáticos gracias a la  despreocupación favorecida por el carácter  inventado (aunque la  historia sea verídica) de la leyenda que el juego les adjudica.</p>
<p>Ahora  bien, ¿qué objetivos pueden tener los distintos agentes sociales para  querer convertirse en participantes de este juego que proponen las  leyendas urbanas? Consideramos pertinentes muchas de las respuestas que  otros autores han dado a esta pregunta: canalización o sustitución de la  agresividad, curiosidad, desconocimiento o conocimiento parcial de la  situación, fetichismo, oscurantismo, preferencia por asuntos macabros,  visión conspirativa acera del capitalismo industrial, conservadurismo  etc. <a title="_ftnref19" name="_ftnref19"></a><a href="#_ftn19">[19]</a>.  Hay que recordar, no obstante, que esas respuestas partieron de una  concepción de la circulación  del rumor  que no reparaba en el carácter  de acción colectiva que nosotros adjudicamos.  Más bien, este carácter  quedaba ignorado debido a la focalización restringida a las anécdotas o a  las probables motivaciones personales que tales anécdotas podían  satisfacer.</p>
<p>La condición de acción colectiva, por su parte, permite suponer que los agentes encuentran &#8220;incentivos especiales&#8221; <a title="_ftnref20" name="_ftnref20"></a><a href="#_ftn20">[20]</a> en la participación de un juego convocado en torno a un rumor o a  una  leyenda urbana. Obviamente, debería tratarse de algún atractivo que no  necesariamente suponga satisfacciones materiales o psicológicas, pues en  ese caso estaríamos reiterando las respuestas ya ofrecidas por la larga  tradición de estudios en torno al rumor. Para exponer nuestra idea  recurriremos nuevamente a una imagen metafórica.</p>
<p>Frente a una  leyenda urbana, los agentes sociales se convierten en jugadores al  aceptar la regla de la suspensión de la incredulidad, pero no tienen un  motivo específico para eso. Sí hay un atractivo que no depende  estrictamente de los agentes individuales, sino de la estructura grupal  que ellos conforman; se trata de una fuerza centrípeta que se origina en  la propia interacción  y que se potencia y canaliza gracias al soporte  semiótico y polémico que plantea la leyenda. En otras palabras, el mismo  hecho de la participación está construyendo y definiendo el juego para  los agentes sociales. A medida que estos hacen el juego, acceden a una  ensoñación colectiva donde rigen los criterios de validez que el propio  grupo está dispuesto a discutir. Problematizan así sus horizontes  aproblemáticos y juegan a disponer del poder simbólico e institucional  del que carecen fuera de ese espacio lúdico. No son (necesariamente)  ingenieros los jugadores del mecano; son, en los hechos, ciudadanos,  consumidores, agentes sociales quienes se dan cita frente al tablero de  las leyendas urbanas y los rumores.</p>
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<p>PETERSON, W. Y  Gist, N. (1951), &#8220;Rumour and Public Opinion&#8221;<em>. </em><em>American Journal of Sociology</em>, Chicago, Chicago Press, no 57, 2, p. 159-167.</p>
<p>REUMAUX, F.., (1998)  Toute la ville en parle. Esquisse d&#8217;une théorie des rumeurs, Paris:  L&#8217;harmattan.</p>
<p>ROSNOW R. (1988), &#8220;Rumor as communication: A contextualist approach&#8221;, <em>Journal of Communication</em>, no 38, 1, p. 12-28.</p>
<p>ROUQUETTE M.-L. (1975) &#8211; <em>Les rumeurs</em>, Paris: Presses universitaires de France.</p>
<p>SHIBUTANI, Tamotsu. (1966) <em>Improvised News-  Penguin, </em>London.</p>
<p>SCHUTZ, Alfred. (1995) <em>El problema de la Realidad Social. </em>Buenos Aires:. Amorrortu Editores..</p>
<hr />
<h3>Notas</h3>
<p><a title="_ftn1" name="_ftn1">[1]</a> Recordemos esta sugestiva afirmación de Sartre: <em>La  conciencia  realiza su libertad por medio de la capacidad de la  imaginación para crear unas posibilidades que se rebelan contra el orden  de la mera facticidad del mundo</em>. <a href="#_ftnref1">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn2" name="_ftn2">[2]</a> Con las debidas licencias y adaptaciones, aludimos a la idea de la &#8220;fe  poética&#8221; que propuso alguna vez, a comienzos del XIX, el poeta Samuel  Taylor Coleridge. <a href="#_ftnref2">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn3" name="_ftn3">[3]</a> La imagen que propongo es la de un juego como el del mecano, pero que  demanda la participación de varios agentes: según la competencia o  creatividad de éstos las piezas terminarán articulándose  en formas más o  menos sofisticadas. El producto &#8220;terminado&#8221;, cualquiera sea, ha servido  al colectivo de individuos para una interacción que marcó  temporariamente sus identidades recíprocas, a cada uno de los  participantes, en cambio, ese producto le ha significado la ocasión de  confrontar, aumentar o actualizar su competencia. Retomaremos esta  imagen hacia el final del artículo. <a href="#_ftnref3">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn4" name="_ftn4">[4]</a> Estas pretensiones permanecen hasta nuestros días. Considérese, por ejemplo, el trabajo de Kelley (2005) <a href="http://www.nps.edu/Academics/Centers/CCC/publications/OnlineJournal/index.html">http://www.ccc.nps.navy.mil/si/2005/feb/kelleyfeb05.pdf</a>.  He aquí una cita: Combatir los rumores podría aliviar muchas de las  percepciones erróneas y tal vez incluso los resentimientos que  actualmente surgen en Irak, mejorar nuestras posibilidades de ganar los  corazones y las mentes y de pelear efectivamente contra la  insurgencia.  Porque los remedios del rumor dependen primariamente de las habilidades  de una efectiva comunicación, he adaptado tres principios generales  para el control del rumor, a fin de incorporarlos a los estilos  comunicativos de la  cultura árabe. (p. 6). <a href="#_ftnref4">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn5" name="_ftn5">[5]</a> Esta forma de trabajo produjo varias confusiones. Parafraseando un  proverbio francés, recordamos a Françoise Reumeaux (1997): Hay que saber  distinguir la presa de su sombra; comprender que la presa que toma al  concepto no es sino una sombra y que para tomar la presa habría que  tomar la sombra conceptualmente. <a href="#_ftnref5">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn6" name="_ftn6">[6]</a> Más adelante, propondremos considerar que este tipo de rumores o  leyendas urbanas correspondería  a un eje relacionado con la conflictiva  convivencia social con los otros, ya sean extranjeros, inmigrantes,  pobres, etc. <a href="#_ftnref6">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn7" name="_ftn7">[7]</a> He aquí la definición de rumor  que proponen estos autores &#8220;&#8230; una  proposición específica para creer, que se pasa de persona a persona, por  lo general oralmente, sin medios probatorios seguros para demostrarla&#8221;  (Allport y Postman, 1947). <a href="#_ftnref7">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn8" name="_ftn8">[8]</a> La simplificación del contenido reduce el mensaje a los aspectos más  significativos, acorta de este modo su extensión y favorece su  memorización. La acentuación (sharpening)  es una operación  complementaria, que consiste en enfatizar los aspectos más escabrosos o  llamativos y que agrega explicaciones o comentarios a modo de clausurar y  dotar de un sentido más preciso al relato. Por último, la asimilación  es el proceso por el cual los sujetos dejan marcas enunciativas e  ideológicas en el mensaje: el emplazamiento de las acciones, su  ocurrencia en tiempos lejanos o cercanos al relato, y el protagonismo  adjudicado a los personajes según su raza, género, edad, etc. Un planteo  similar es el de Rouquette (1975), quien distingue cinco mecanismos de  distorsión del mensaje a lo largo de las interacciones en que circula un  rumor: la omisión y la intensificación (equivalentes a la  simplificación y a la acentuación de Allport y Postman), la  generalización (extensión del sujeto y del predicado), la atribución  (identificación de la fuente del mensaje) y la sobreespecificación  (agregado de nuevos detalles). <a href="#_ftnref8">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn9" name="_ftn9">[9]</a> He aquí la definición de rumor que proponen  estos autores : &#8220;&#8230;una  explicación no verificada (&#8230;) que circula de persona a persona y se  refiere a un objeto, un acontecimiento o una cuestión de interés  público&#8221; (Peterson et al, 1951). <a href="#_ftnref9">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn10" name="_ftn10">[10]</a> Varios autores retomaron la línea de Shibutani, tales como Rouquette (1975 que concibe el rumor  como un <em>modo de expresión del pensamiento colectivo</em> (p. <img src='http://www.nombrefalso.com.ar/wp-includes/images/smilies/icon_cool.gif' alt='8)' class='wp-smiley' /> y también  como <em>un mecanismo de adaptación grupal </em> (p. 7). También corresponden a esta corriente las propuestas de Kapferer (1987)  y de Bertrand (1993). <a href="#_ftnref10">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn11" name="_ftn11">[11]</a> Discutiremos más abajo que no sólo situaciones fácticas pueden ser  conflictuantes. En el caso de  las leyendas urbanas, el atractivo  central que explica su difusión está relacionado con cuestiones éticas o  de adaptación y no con los hechos anecdóticamente referidos. <a href="#_ftnref11">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn12" name="_ftn12">[12]</a> En la literatura sobre rumor y leyendas urbanas se citan algunas de las  siguientes situaciones: catástrofes: naturales, aéreas,  automovilísticas, edilicias (incendios, derrumbes), asaltos o crímenes  resonados; crisis políticas, económicas y conflictos internacionales  (guerras, invasiones). La lista no es exhaustiva. <a href="#_ftnref12">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn13" name="_ftn13">[13]</a> Esta leyenda urbana pretendía que alguien descuartizaban las incautas  mujeres que ingresaban a los probadores de una tienda de ropa (propiedad  de unos judíos) de Orleáns, Francia. <a href="#_ftnref13">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn14" name="_ftn14">[14]</a>Para  citar sólo dos ejemplos: la historia del desdichado sujeto que llega al  hospital con una botella introducida en el ano y la de la adolescente  que queda embarazada en un tina de baño, en cuya agua se había bañado-y  masturbado- su hermano un rato antes. Pueden encontrarse versiones de  estas leyendas en las que se pretende que los hechos narrados habrían  ocurrido a personas conocidas o en zonas cercanas al encuentro social en  que se transmite el rumor. La fórmula más utilizada es la siguiente:  &#8220;Me contó una enfermera del hospital que   &#8220;. <a href="#_ftnref14">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn15" name="_ftn15">[15]</a> Las empresas corporativas multinacionales (Coca Cola, McDonald&#8217;s, Nike,  etc.) casi siempre aparecen consideradas como inescrupulosas y  desleales. Brodin (1995) describe esta tendencia con el nombre de  &#8220;efecto Goliath&#8221; Los agentes sociales serían el &#8220;David&#8221;, diminuto pero  valiente que enfrenta y vence a los gigantes con la ayuda de estos  mecanismos de denuncia, que son las leyendas urbanas. Por esta razón,  los destinatarios de este tipo de leyendas son en general marcas de  corporaciones multinacionales. Renard (1990) había identificado como  resultantes del &#8220;efecto Gremlins&#8221; (duende o gnomo maligno) a aquellas  leyendas que refieren penurias causadas por productos cuyos  procedimientos de fabricación son secretos. Estos rumores se originan   en torno a tecnologías cuyo funcionamiento no es comprendido del todo  por los usuarios comunes. De esta forma, encontramos la situación  amenazante que plantean estas innovaciones tecnológicas desde el punto  de vista de los hábitos y valores establecidos. <a href="#_ftnref15">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn16" name="_ftn16">[16]</a> En Argentina suele relatarse la historia del comensal de un restauran  chino que se atragantó con un hueso &#8220;de pollo&#8221; y que debió se trasladado  a un sala de emergencias médicas. Al recuperarse de la intervención,  los médicos le informaron que el hueso encontrado pertenecía a un roedor  doméstico. <a href="#_ftnref16">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn17" name="_ftn17">[17]</a> Propongo este término como traducción del término francés <em>fait divers. </em> <a href="#_ftnref17">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn18" name="_ftn18">[18]</a> Un trabajo que asume con resuelta franqueza este destino de metáforas  es el de Reumeaux (1998). En esa obra se propone considerar tres estados  del rumor en estricta analogía con los estados de evolución ontogénica  de los insectos: larva, imago y ninfa. Hechos históricos de gran  repercusión o notoriedad determinarían que un mismo rumor abandone uno  de esos estados y asuma la forma correspondiente a un estado ulterior.  Los agentes sociales, para esta perspectiva, serían dóciles marionetas  gobernadas por una estructura de sentido que los trasciende. <a href="#_ftnref18">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn19" name="_ftn19">[19]</a> Entre los autores que han elaborado listas de este tipo, destaca por su exhustividad la que se propone en Froissart (1993). <a href="#_ftnref19">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn20" name="_ftn20">[20]</a> Hirschman (1982). <a href="#_ftnref20">[volver]</a></p>
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		<title>La Nación en guerra. Un estudio de las estrategias argumentativas utilizadas en los editoriales del diario para representar la segunda invasión norteamericana a Irak</title>
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		<pubDate>Sun, 12 Sep 2010 18:53:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>luis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lenguaje y discurso]]></category>

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		<description><![CDATA[Resumen En este artículo se analiza el modo en que fue representada la segunda invasión angloamericana a Irak en el diario argentino La Nación. Más específicamente, la atención está puesta en las estrategias argumentativas (agentivización, naturalización, metaforización, apelación a valores universales, etc.) desplegadas por el diario con el fin de legitimar el ataque de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3>Resumen</h3>
<p>En este artículo se analiza el modo en que fue representada la segunda invasión angloamericana a Irak en el diario argentino <em>La Nación</em>.  Más específicamente, la atención está puesta en las estrategias  argumentativas (agentivización, naturalización, metaforización,  apelación a valores universales, etc.) desplegadas por el diario con el  fin de legitimar el ataque de la coalición.</p>
<p>El estudio se  inscribe en los estudios críticos del discurso, en tanto vincula los  textos analizados con las funciones ideológicas que estos cumplen.</p>
<p>La  metodología es cualitativa y el corpus central está constituido por los  editoriales que el diario publicó desde el 1de marzo hasta el 13 de  abril de 2003.</p>
<h3>1. Presentación</h3>
<p>En este artículo se analiza el modo en que fue representada la segunda invasión angloamericana a Irak en el diario <em>La Nación</em>.  Se considera que este tema puede propiciar un abordaje interesante para  las relaciones ideológicas implicadas en el proceso de globalización,  ya que la guerra actuó como un reactivo que encendió dos visiones de la  realidad: la pronorteamericana y la antinorteamericana. Desde hace más  de medio siglo, ambas actúan como ordenadoras de las identidades  políticas argentinas.</p>
<p>Planteado en estos términos, el objeto  de estudio se inscribe en un sistema de relaciones dialécticas que  vinculan lo global y lo local. Como instancia de mediación entre ambos  niveles, la prensa desempeña un papel fundamental, al difundir  acontecimientos que interpelan a sectores definidos de la sociedad.</p>
<p>El  enfoque general de este trabajo corresponde a los denominados estudios  críticos del discurso, en tanto intenta correlacionar los textos  analizados con las funciones ideológicas que estos cumplen. La  metodología es cualitativa y está aplicada al estudio de un caso  seleccionado por criterios teóricos.</p>
<p>Las conclusiones no  pretenden agotar el tema sino realizar aportes al estudio de una  cuestión que es tomada como referencia para el posicionamiento de los  diferentes actores políticos en Argentina (aunque se puede especular  que, con variaciones, algo similar ocurre en otros países -tal vez en la  mayoría): el alineamiento con Estados Unidos.</p>
<h3>2. Fundamentos teóricos</h3>
<h4>2.1. Estado del área</h4>
<p>Los estudios críticos del discurso<a title="_ftnref1" name="_ftnref1"></a><a href="#_ftn1">[1]</a> asumen que el lenguaje es, entre muchas cosas, un instrumento de poder.  Visto desde este punto de vista, lo que resalta es su capacidad de  persuasión. Esto es, su capacidad para imponer (o, mejor dicho, fomentar  la internalización de) representaciones de la realidad que favorezcan  los intereses de grupos sociales específicos. En el caso de la  representación de una guerra, se pueden buscar los sesgos ideológicos  que atraviesan el discurso de los diversos locutores en relación a las  evaluaciones implícitas o explícitas que efectúan para condenar o  justificar el conflicto, la posición ante cada una de las partes  involucradas, el tipo de compromiso que solicitan a los destinatarios,  etc.</p>
<p>Sin embargo, dada la importancia que muchos intelectuales  y cientistas sociales otorgaron a la primera invasión de Estados Unidos  a Irak, en 1991, esta fue objeto de numerosos análisis dentro de esta  línea crítica y también fuera de ella. Quizá uno de los ejemplos más  sobresalientes del primer tipo de estudio sea el capítulo dedicado a la  Guerra del Golfo por Hodge y Kress en <em>Language as ideology</em> (1993), en donde se da una precisa caracterización del discurso  maniqueísta y demonizante del gobierno norteamericano (y de la prensa  que apoyó la invasión), cuyos rasgos fueron retomados y ampliados por  otros lingüistas en varios trabajos posteriores. Dentro de la línea de  investigadores que no centran (principalmente) su atención en la función  del lenguaje como instrumento de dominación, se destacó el ensayo de G.  Lakoff &#8220;Metaphor and War&#8221; (1991), quien puso de manifiesto las  metáforas sobre las que se erigió el discurso belicista de Estados  Unidos. Recientemente, Lakoff difundió otros trabajos a partir de la  segunda invasión a Irak, entre los que se destaca &#8220;Metaphor and War,  again&#8221; (2003).</p>
<p>El análisis del discurso del gobierno  norteamericano en 1991 dejó al descubierto el uso de la demonización del  enemigo (Hussein es presentado bien como Hitler o bien como un loco con  demasiado poder de destrucción) y el empleo de metáforas y ciertos  eufemismos con el fin de evitar las referencias directas a las muertes  causadas por el ejército norteamericano (por ejemplo, en vez de hablarse  de &#8220;matar&#8221; se hablaba de &#8220;suprimir&#8221;, &#8220;neutralizar&#8221; o &#8220;decapitar&#8221;). Como  se verá aquí, en esta última oportunidad el discurso norteamericano  repite las mismas estrategias discursivas, lo que resulta en algún  sentido frustrante, ya que parecieran no haberle hecho mella las duras  críticas lanzadas desde distintas partes del mundo durante la década del  &#8217;90.</p>
<p>Todos los trabajos que, en las últimas décadas, han  estudiado este y otros conflictos bélicos, centraron su atención  principalmente en el léxico, nivel donde quizá con mayor evidencia se  manifiesta la ideología. Lo esencial para este estudio es el supuesto de  que las palabras -puestas en mensaje- adquieren un valor ideológico en  tanto expresan representaciones sectoriales de la realidad. Estos  valores pueden estar orientados a despertar simpatías (van Dijk, 1991;  Hodge y Kress, 1993; Martín Rojo, 1995) o a generar temor (Pardo, 2000).  Por supuesto, ambas orientaciones no son excluyentes entre sí.</p>
<h4>2.2. Globalización e imperialismo</h4>
<p>En  términos generales, se asume aquí que la denominada &#8220;globalización&#8221; es  una etapa de la Modernidad caracterizada, por un lado, por el  reforzamiento de redes interestatales en los ámbitos político,  económico, militar y cultural, y, por otro, por la eclosión de  identidades locales, principalmente en los ámbitos político y cultural.  Entre ambos niveles hay una relación dialéctica: desde lo global, se  desarrollan procesos que impactan en la vida cotidiana de los sujetos e  influyen en la permanente reformulación de sus identidades sociales; a  la vez que, desde lo local, los grupos asumen posiciones relativas de  acuerdo a criterios de evaluación de los procesos globales.</p>
<p>A  fin de representar el modo en que los vínculos entre estos dos niveles  atraviesan la totalidad social, se reproduce aquí un esquema utilizado  en trabajos anteriores (Sayago, 2000, 2001):<a title="_ftnref2" name="_ftnref2"></a><a href="#_ftn2">[2]</a></p>
<div><a href="http://nombrefalso.tecnologiaycultura.com.ar/wp-content/uploads/2010/09/sayago_lneg_1.gif"><img class="size-full wp-image-176 aligncenter" title="sayago_lneg_1" src="http://nombrefalso.tecnologiaycultura.com.ar/wp-content/uploads/2010/09/sayago_lneg_1.gif" alt="" width="658" height="269" /></a></div>
<p>Este esquema refleja la coexistencia dinámica de instancias diferenciadas por su grado de complejidad.<a title="_ftnref3" name="_ftnref3"></a><a href="#_ftn3">[3]</a> Vale aclarar que los procesos descendentes no son solamente regulativos  ni los ascendentes, solamente constitutivos. Las normas y valores para  la interacción en los niveles inferiores (comunales: N, N+1 y N+2)  tienden a ser percibidos como &#8220;naturales&#8221; por los sujetos y pueden  otorgar o quitar legitimidad a las formas organizacionales más  complejas, modificándolas. Sin embargo, en ocasiones, estas normas y  valores son impuestos desde los niveles superiores (por ejemplo, por el  Estado a través del sistema educativo).<a title="_ftnref4" name="_ftnref4"></a><a href="#_ftn4">[4]</a></p>
<p>En  el caso de la sociedad argentina, las visiones pro y antinorteamericana  atraviesan los niveles comunales, societales y políticos,  constituyéndose en criterios para la diferenciación de posiciones en  cada uno. Esta situación puede ser explicada haciendo referencia a dos  factores, uno histórico-político y otro sociológico-político.</p>
<p>De  acuerdo al primero de ellos, las relaciones entre Argentina y Estados  Unidos se volvieron políticamente más significativas en las primeras  décadas del siglo veinte, a medida que esta última nación fue  incrementando su poder económico a nivel mundial. A fines de la década  del &#8217;50 ya había reemplazado a Gran Bretaña en el rol de socio de la  oligarquía nacional y actuaba como inversor, acreedor y sostén  diplomático de gobiernos de dudosa legitimidad, cuando no de nula, como  en el caso de las dictaduras militares.</p>
<p>Luego del  derrocamiento de Perón, los diferentes gobiernos civiles y militares se  alinearon con Estados Unidos, incrementado el monto adeudado a este país  y fomentando la radicación de sus empresas mediante grandes  facilidades, muchas de las cuales fueron en detrimento de los intereses  de la Argentina.</p>
<p>En la última parte del siglo pasado se destacan tres hechos que reforzaron esta oposición:</p>
<ul>
<li>el  apoyo que Estados Unidos dio especialmente a la última dictadura  militar (la que, además de ser la más sangrienta fue la que más endeudó  al país),</li>
<li>el papel que desempeñó en la Guerra de Malvinas como aliado de Gran Bretaña, en 1982, y</li>
<li>la  fuerte subordinación al gobierno norteamericano experimentada por el  Estado argentino durante los dos mandatos de Menem, de 1989 hasta 1999  (simbolizada a través de la frase &#8220;relaciones carnales&#8221; del Canciller Di  Tella).</li>
</ul>
<p>Los vínculos interestatales entre ambas  naciones fueron objeto de diversas evaluaciones en los niveles  inferiores de la organización social, las que pueden ser resumidas en  dos posturas todavía vigentes: la que afirma que este tipo de vínculo  con Norteamérica es conveniente para el país y la que afirma lo  contrario. La primera postura es reivindicada por los grupos  tradicionalmente ubicados hacia la derecha del espectro político  (conservadores y liberales), mientras que la segunda postura es  defendida por los grupos ubicados hacia la izquierda (comunistas,  socialistas, socialdemócratas, etc.).</p>
<p>Como se adelantó,  también hay un factor sociológico-político que permite explicar esta  situación. Se trata de la construcción de las identidades sociales a  través de la oposición. Los grupos se constituyen a sí mismos en tanto  pueden distinguirse de otros grupos a partir de diferencias sobre  cuestiones tales como la adhesión a valores, la posesión de bienes  materiales o simbólicos, la búsqueda de objetivos específicos, etc. Dada  la relación de fuerzas en el campo político, la necesidad de romper o,  al menos, reformular las relaciones con Estados Unidos y los organismos  financieros que maneja (sobre todo, el FMI y el Banco Mundial) es  reivindicada por muchos grupos que no tienen el poder del Estado.</p>
<p>Estas  diferencias se expresan en el plano discursivo. Mientras unos hablan de  convertir el país en una &#8220;nación en vía de desarrollo para que pueda  integrarse al Primer Mundo&#8221;, los otros hablan de &#8220;acabar con el  imperialismo de las grandes potencias (principalmente, de Norteamérica)  para dejar de ser una colonia&#8221;. Mientras unos defienden la actividad  privada con una regulación flexible por parte del Estado, los otros  asocian el control estatal de ciertas empresas con la soberanía  nacional.</p>
<p>Como era de esperar, cuando George W. Bush anunció  que iba a atacar Irak para derrocar a Saddam Husseim y desactivar las  armas de destrucción masiva que (supuestamente) este tenía, las visiones  pro y antinorteamericana percibieron el pronunciamiento de modos  distintos. Una justificaba la necesidad de la guerra a partir de la  dicotomía libertad/terrorismo (mientras la alianza angloamericana  defendía y representaba la paz y libertad, el régimen iraquí encabezado  por Husseim representaba la opresión y el terrorismo). La otra veía este  conflicto como una nueva acción imperialista llevada a cabo por Estados  Unidos para adueñarse de un botín, el petróleo de Irak.</p>
<p>Antes de seguir, conviene hacer una breve contextualización histórica de la guerra.</p>
<h4>2.3. Las dos invasiones norteamericanas a Irak</h4>
<p>Durante la Guerra Fría, Estados Unidos dio apoyo político y armamentístico a Saddam Husseim, en su enfrenamiento con Irán.<a title="_ftnref5" name="_ftnref5"></a><a href="#_ftn5">[5]</a> Desde el inicio, el gobierno de Husseim fue una dictadura que instauró y  mantuvo su poder sobre la base de la violencia simbólica y física.  Prohibió manifestaciones culturales a diferentes grupos socioculturales  (incluso de grupos mayoritarios), persiguió a sus detractores y, con  armas químicas suministradas por Estados Unidos y Gran Bretaña, masacró a  los kurdos. Sin embargo, hasta fines de los &#8217;80, ninguna de las grandes  potencias denunciaba en la ONU la flagrante violación a los derechos  humanos cometida en Irak ni se presentaba a Husseim como una amenaza  para Occidente.</p>
<p>En el año &#8217;91 todo cambió. La  Unión Soviética  ya no existía y Estados Unidos era la principal potencia a nivel  mundial. Irán ya no constituía un peligro y, por lo tanto, no era  necesario seguir considerando a Husseim como un aliado. Por esa razón,  cuando este dictador invadió Kuwait, no contó con el apoyo  norteamericano. Al contrario, el entonces presidente George Bush declaró  la guerra a su ex-aliado, en defensa del país invadido.</p>
<p>Estados  Unidos lideró la coalición que, con aval de la ONU, derrotó en unas  pocas semanas al ejército iraquí. Desde entonces, el gobierno de Husseim  tuvo que aceptar la presencia periódica de inspecciones de la  ONU con  el fin de que se controlara su poder armamentístico.</p>
<p>Si bien  el discurso oficial norteamericano señalaba la defensa de la libertad  como el motivo de la guerra, los politólogos y la prensa crítica  afirmaban que se trataba en realidad del deseo de controlar una zona  rica en petróleo. En Argentina, estas dos versiones del conflicto se  correspondían con las dos visiones ya apuntadas.</p>
<p>A partir del  atentado contra las Torres Gemelas del septiembre de 2001, el gobierno  de George W. Bush se embarcó en la denominada &#8220;guerra preventiva&#8221; contra  un terrorismo que ve principalmente en países musulmanes. En el marco  de esta política de &#8220;defensa&#8221;, decidió atacar nuevamente a Irak,  acusando a Husseim de poseer armas de destrucción masiva y apoyar a Al  Qaeda, la organización que realizó el atentado. Mientras la comisión de  la ONU encargada de inspeccionar las armas estaba instalada en Irak  presentaba informes positivos acerca de la colaboración del Irak, Bush  dio un ultimátum exigiendo que el dictador y su familia dejaran el  gobierno y se exiliaran. La respuesta fue negativa y Estados Unidos,  acompañado por Gran Bretaña y, en un segundo plano, por España, inició  la guerra. Sin embargo, una vez finalizada, ninguna de las dos  acusaciones que la justificaban pudo ser probada.</p>
<h3>3. Precisiones metodológicas</h3>
<p>De  acuerdo con el modelo de organización social esbozado más arriba, las  dos declaraciones de guerra de Estados Unidos tuvieron como emisores a  George Bush y a su hijo, respectivamente. Ambas constituyen eventos  comunicativos (situados <em>naturalmente </em>en el Nivel N) investidos  de normas, valores y posibilidades de acción propias de la instancia de  relaciones interestatales a nivel global (Nivel N+7). Tanto estos  eventos como las acciones diplomáticas y militares que desencadenaron  fueron transmitidos al interior de las distintas naciones por los medios  de comunicación.</p>
<p>Aquí se denominará al conjunto de representaciones y posibilidades de significación de los medios de comunicación <em>campo discursivo de la prensa</em>,  haciendo especial referencia a la producción y puesta en circulación de  hechos noticiables, noticias, crónicas y análisis derivados  (editoriales, cartas abiertas, artículos de opinión, etc.). A partir de  acontecimientos como el de la guerra a Irak, el campo discursivo de la  prensa argentina puede ser organizado según las posturas pro y  antinorteamericana.</p>
<p>En este trabajo se analizará el tratamiento del último conflicto realizado por el diario <em>La Nación</em>.  Se seleccionó este medio porque, al menos en este asunto particular,  intenta ocupar una posición equilibrada entra ambas visiones. Si se  adopta una imagen del campo con límites y centro, a fin de ilustrar las  posiciones de los diarios más importantes, se puede situar a <em>Infobae</em> en el límite pronorteamericano a <em>Página 12</em> más cerca del límite antinorteamericano y a <em>La Nación</em> en el centro.</p>
<p>El diario analizado es concebido como una <em>instancia emisora compleja</em> (Kerbrat-Orecchioni, 1980), en tanto incluye diferentes voces (la de la  editorial, los columnistas, los periodistas que realizan notas e  investigaciones, las agencias de noticias, los entrevistados, los  lectores que envían cartas, las empresas que publicitan, la propaganda  oficial del gobierno, etc.). Gran parte de la complejidad del discurso  de la prensa, en términos generales, reside en su naturaleza polifónica.</p>
<p>El estudio es cualitativo y consiste en el reconocimiento e interpretación de las <em>estrategias argumentativas</em> <a title="_ftnref6" name="_ftnref6"></a><a href="#_ftn6">[6]</a> utilizadas para la representación del escenario internacional en el que tiene lugar la guerra contra Irak.<br />
El  corpus está constituido por la totalidad de los textos que tratan el  tema de la guerra, publicados en el sumario de la versión electrónica de  las ediciones anteriores del diario, desde el 1º de marzo hasta el 13  de abril. <a title="_ftnref7" name="_ftnref7"></a><a href="#_ftn7">[7]</a> En total son 188 textos, discriminados en las siguientes categorías:</p>
<p>1) editoriales: 14;</p>
<p>2) columnas, artículos de opinión, cartas: 15;</p>
<p>3) crónicas y noticias de guerra o de hechos relacionados con la guerra: 156;</p>
<p>4) entrevistas: 3.</p>
<h3>4. Análisis</h3>
<h4>4.1. El tratamiento global</h4>
<p>Antes  de analizar las editoriales es conveniente caracterizar brevemente el  tratamiento global que el conflicto recibe a través de las secciones  restantes, ya que son estas las que construyen el contexto discursivo en  el que el diario inscribe su voz.</p>
<h5>Columnas, artículos de opinión, cartas</h5>
<p>Estos  textos se pueden dividir en dos grupos, según la localización del  autor. Los textos escritos por locutores extranjeros (The New York  Times, Kofi Annan, Jimmy Carter, Bill Clinton) fijan una postura  explícita en contra de la invasión norteamericana. Los textos escritos  por locutores nacionales (Mariano Grondona y Marcos Victorica) lamentan  que se haya desatado la guerra, pero, en vez de cuestionar la posición  de Estados Unidos, tratan de analizar <em>objetivamente</em> la  situación, señalando las diferentes posibilidades que se abrirían para  Argentina. Mientras los primeros manifiestan una actitud condenatoria,  los segundos manifiestan una actitud <em>posibilista</em>, orientada principalmente a señalar las ventajas que traería al país un alineamiento con el gobierno norteamericano.</p>
<h5>Crónicas y noticias de guerra</h5>
<p>Esta sección es la que se presenta como la más <em>objetiva</em> de todas, ya que, típicamente, consiste en la descripción y narración  de hechos. Aquí también se pueden distinguir dos grupos: uno, conformado  por los textos de las agencias de noticias norteamericanas y europeas y  de los corresponsales de La Nación en Estados Unidos, y otro,  constituido por los textos de las enviadas especiales del diario. Ambos  se enmarcan dentro de una <em>visión occidental de la guerra</em>.  Mientras las agencias noticiosas producen textos desde Irak, los  corresponsales norteamericanos presentaban las acciones  estratégico-políticas, diplomáticas y discursivas del gobierno de Bush.  Las enviadas de La Nación (en especial, E. Piqué, ya que la otra llegó  cuando la guerra estaba terminando) toman la perspectiva del ejército  invasor: describen los sucesos detrás del frente armado anglo-americano,  en un movimiento que va desde Kuwait hasta Bagdad.</p>
<h5>Entrevistas</h5>
<p>El  tema de la guerra también es tratado (como un tema secundario) en  algunas entrevistas de la sección de Cultura del diario. Allí tres  importantes figuras de la literatura latinoamericana (Vargas Llosa,  Carlos Fuentes y Alfredo Bryce Echenique) realizan fuertes  pronunciamientos en contra de la guerra y de la posición norteamericana.</p>
<p>En  resumen, a través de estos diferentes tipos de textos, el diario va  construyendo una representación discursiva de la guerra. Esta es  presentada desde una visión occidental, muy apegada a versión de la  guerra que da el gobierno norteamericano. Las críticas a la invasión son  realizadas a) por prominentes locutores de la sociedad norteamericana  (un diario, dos expresidentes) y por uno de los representantes de la   ONU (Kofi Annan); b) por locutores provenientes del campo de la cultura.</p>
<p>Los  locutores del diario a cargo de las columnas de opinión son quienes  introducen un sesgo positivo en la representación de la guerra, al  evaluar sus posibles ventajas políticas y económicas.</p>
<h4>4.2. El tratamiento editorial</h4>
<p>A  continuación, se analizará el tratamiento editorial de la guerra. Para  tal fin, se hará un registro de las estrategias argumentativas más  importantes orientadas a la construcción de la representación discursiva  de este conflicto. Primero, se centrará el análisis en los dos primeros  editoriales, que son los que establecen las bases retórico-ideológicas  de dicha representación. Luego, se demostrará cómo los restantes  editoriales respetan y refuerzan las bases establecidas.</p>
<h5>Editorial 1: &#8220;El valor supremo de la paz&#8221; (14/3)</h5>
<p>Desde  el inicio de este editorial, se advierte el esfuerzo por no culpar  directamente a Estados Unidos por la guerra y la incómoda situación de  la ONU, al quedar desairada por la decisión unilateral de la coalición  angloamericana. Obsérvese el primer párrafo:</p>
<blockquote><p>La  prolongada y todavía irresuelta situación de conflicto entre los  Estados Unidos y el gobierno de Saddam Hussein no sólo entraña la  inminencia de una guerra incierta: también se insinúa como una amenaza  corrosiva para el futuro de las organizaciones internacionales y de  tantos acuerdos que se formalizaron en el mundo con la esperanza de  preservar la concordia entre los Estados, las etnias y los intereses  contrapuestos.</p>
</blockquote>
<p>Se puede reconocer una <em>agentivización de un estado de cosas</em>:<a title="_ftnref8" name="_ftnref8"></a><a href="#_ftn8">[8]</a></p>
<table border="1" cellspacing="0" cellpadding="0">
<tbody>
<tr>
<td width="307" valign="top"><em>Sujeto (actor)</em></td>
<td width="307" valign="top"><em>Predicación</em></td>
</tr>
<tr>
<td rowspan="2" width="307" valign="top">la situación de conflicto entre los Estados Unidos   y el gobierno de Saddam Husseim</td>
<td width="307" valign="top">entraña la inminencia de una guerra</td>
</tr>
<tr>
<td width="307" valign="top">se insinúa como una amenaza corrosiva para el   futuro de las organizaciones internacionales, etc.</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>El diario (<em>La Nación</em>,  personificada en la voz de la  Editorial) no dice que es Estados Unidos  quien propicia la guerra y pone en jaque el futuro de la organizaciones  internacionales, sino que es una situación dada quien lo hace. A la  vez, define el conflicto como el enfrentamiento entre un país y un  gobierno. La única persona nombrada es el presidente de Irak.</p>
<p>Esta  estrategia lingüística obstruye el señalamiento de intenciones en los  agentes responsables de las acciones, ya que, a diferencia de los seres  humanos, las situaciones carecen de voluntad, objetivos, planes de  acción, etc. Por esta razón, no resulta extraño el modo en que se  formula la caracterización de las situaciones (&#8220;entraña&#8221; y &#8220;se insinúa  como&#8221;). Como se verá más adelante, se trata de un recurso de <em>naturalización</em>.</p>
<p>En el segundo párrafo, las estrategias son similares:</p>
<blockquote><p>El  largo tironeo que la cuestión ha suscitado entre Washington y varios  integrantes del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones  Unidas (ONU) está desembocando en un enfrentamiento que podría atentar  contra el prestigio de la entidad mundial&#8230;</p>
</blockquote>
<p>Se  afirma que es el &#8220;largo tironeo&#8221; lo que atenta contra el prestigio de la  ONU, no la política internacional norteamericana. Al mismo tiempo, el  &#8220;tironeo&#8221; es protagonizado por un gobierno designado a través del nombre  de la ciudad donde reside (Washington) y un grupo de un consejo de la  ONU. Es decir, se construye un escenario en el que una totalidad  (gobierno/ciudad) se opone a un grupo de personas. En el mismo párrafo  se afirma que la incómoda situación de la ONU fue producida por la  &#8220;intemperancia de algunos gobiernos&#8221;. El plural indica que los  responsables son al menos dos. El uso del sustantivo &#8220;intemperancia&#8221;  implica que el conflicto no forma parte de un plan racional para lograr  un objetivo estratégico, sino que es producto de un estado de ánimos  alterados. Se da una <em>explicación afectiva</em> o <em>emotiva</em> del conflicto.</p>
<p>Además  del cuidado puesto en no señalar a Estados Unidos como el principal  responsable del conflicto, en estos párrafos iniciales se puede advertir  la presentación de una <em>realidad naturalizada</em>, constituida por procesos que se desencadenan solos, sin responsabilidad de algún agente humano: un tironeo <em>desemboca</em> en un enfrentamiento (se describe un proceso humano como si se tratara de un accidente hídrico).</p>
<p>La  abundancia de recursos mitigadores (verbo modal potencial &#8220;podría&#8221;,  frases modalizadoras como &#8220;se insinúa como&#8221; y &#8220;no es exagerado afirmar  que&#8221;) <a title="_ftnref9" name="_ftnref9"></a><a href="#_ftn9">[9]</a> debilita el tono dramático del texto, dando como resultado un estilo que podría ser denominado <em>alarmismo moderado</em>. <a title="_ftnref10" name="_ftnref10"></a><a href="#_ftn10">[10]</a></p>
<p>Estos dos párrafos están orientados hacia la <em>explicación</em>. El párrafo siguiente tiene una <em>orientación ética</em>. Ya no se explica lo que pasa, se señala lo que <em>debe </em>hacerse. El diario toma posición a favor de la paz pero no menciona explícitamente al actor que atenta contra ella:</p>
<blockquote><p><em>Ante  todo, se impone la obligación de seguir defendiendo la paz, de impedir  el sacrificio de los pueblos y de reconstruir los caminos de la  racionalidad y el diálogo allí donde hoy imperan la intolerancia o la  pasión descontrolada.</em></p>
</blockquote>
<p>La acción de  &#8220;defender&#8221; algo implica que alguien está atacando o puede atacar ese  algo. Si bien se podría haber señalado a la persona o al grupo dio  inicio a la guerra, la Editorial no lo hace.</p>
<p>En el párrafo siguiente, se repite la estrategia de sustancializar las circunstancias:</p>
<blockquote><p>Sería  deplorable que las actuales fricciones -por fuerza, transitorias- que  genera el conflicto con Irak causaran un perjuicio irreversible a la  estructura de la ONU&#8230;</p>
</blockquote>
<p>Son las &#8220;fricciones&#8221; (generadas por un &#8220;conflicto&#8221;) las que pueden causar un perjuicio a la ONU.</p>
<h5>Editorial 2: &#8220;Una tensa y angustiosa vigilia&#8221; (19/3)</h5>
<p>Luego del ultimátum dado por Bush, el diario comienza el editorial diciendo:</p>
<blockquote><p><em>El  plazo de 48 horas que el presidente George Bush le ha fijado a Saddam  Hussein para dejar el poder en otras manos se ha convertido ya, como era  de imaginar, en una vigilia tensa y angustiosa.</em><em> La humanidad  vive las vísperas de la guerra como una lenta y pesada agonía, mientras  se van desvaneciendo en el horizonte las últimas esperanzas de preservar  la paz.</em></p>
</blockquote>
<p>En primer lugar, se dice que <em>alguien 1</em> le <em>fijó </em>un plazo a <em>alguien 2</em> para que haga algo. Dadas las circunstancias históricas presupuestas,  el significado connotado por el verbo &#8220;fijar&#8221; es demasiado amplio, ya  que no implica necesariamente una asimetría de poder y la amenaza de una  sanción. El verbo más adecuado hubiera sido &#8220;imponer&#8221;. En segundo  lugar, a uno de los actores se otorga la designación &#8220;presidente&#8221; y al  otro no. Esto, por supuesto, marca una diferencia de estatus entre uno y  otro, ya que, dentro de los marcos legales de cada país, los dos puedan  ser designados del mismo modo.</p>
<p>Otro rasgo del estilo es la <em>metaforización de la guerra</em>.  En el segundo párrafo se dice &#8220;el idioma que prevalecerá será el de las  armas&#8221;; en el tercero, &#8220;la maquinaria bélica&#8221;; en el cuarto,  &#8220;instancias de violencia y destrucción&#8221;. Las tres citas tienen en común  la ausencia de agente. Entendida como <em>idioma</em>, la guerra iguala, ya que se trata de un bien compartido por todo <em>hablante</em>; entendida como <em>maquinaria</em>, la guerra es un mecanismo artificial y autónomo; entendida como <em>instancia de violencia y destrucción</em>, la guerra es apenas una circunstancia, un estado de cosas.</p>
<p>La  ausencia de un agente (que puede ser solamente humano) es lo que da  coherencia a estas metáforas. Siguiendo a Lakoff y Johnson (1980), la  relación entre estas tres se puede esquematizar reponiendo la metáfora  básica <em>la guerra es inhumana</em>:</p>
<div><a href="http://nombrefalso.tecnologiaycultura.com.ar/wp-content/uploads/2010/09/sayago_lneg_2.gif"><img class="aligncenter size-full wp-image-177" title="sayago_lneg_2" src="http://nombrefalso.tecnologiaycultura.com.ar/wp-content/uploads/2010/09/sayago_lneg_2.gif" alt="" width="670" height="120" /></a></div>
<p>Este  sistema de metáforas permite hablar de la guerra sin buscar  responsables humanos. De algún modo,  se trata de un ente que sigue  leyes propias, de algo que se activa solo.</p>
<p>Más adelante, el diario presenta una realidad estática, sin señalar cuáles son las causas que la provocaron:</p>
<blockquote><p>Las  palabras de Bush disiparon toda duda: la suerte está echada y sólo un  gesto extremo del dictador iraquí -difícil de imaginar en el actual  contexto- podría evitar, a estas alturas, el comienzo de la guerra. Se  agotó el tiempo de las negociaciones y ya casi no queda margen político  para desactivar la maquinaria bélica.</p>
</blockquote>
<p>El carácter  estático de la realidad es construido a partir de expresiones como &#8220;la  suerte está echada&#8221;, &#8220;Se agotó el tiempo de las negociaciones&#8221; y &#8220;ya  casi no queda margen político para desactivar la maquinaria bélica&#8221;.</p>
<p>También  se califica como &#8220;dictador iraquí&#8221; a Husseim y se lo responsabiliza  indirectamente de la guerra: solo él tiene el poder de evitarla.</p>
<p>Por  último, se utiliza la forma impersonal &#8220;se agotó el tiempo de las  negociaciones&#8221;, con lo que se borra la existencia de un agente. En otras  palabras, el tiempo se habría agotado solo. Teniendo en cuenta que  alguien dio un ultimátum, lo más adecuado hubiera sido señalar a ese  agente como el responsable de haber impuesto un límite al &#8220;tiempo de las  negociaciones&#8221;.</p>
<p>A continuación, se realiza una nueva interpelación ética:</p>
<blockquote><p>Corresponde  lamentar especialmente que los gobiernos en conflicto no hayan acatado  las sucesivas decisiones y recomendaciones del Consejo de Seguridad de  la&#8230;</p>
</blockquote>
<p>Esta frase afirma que &#8220;los gobiernos en  conflicto&#8221; desobedecieron al Consejo de Seguridad de la ONU, implicando  que se trata al menos del norteamericano y del iraquí, ya que son los  únicos nombrados hasta ahora). En realidad, fue el gobierno de Estados  Unidos el que desoyó los informes de este consejo.</p>
<p>La interpelación ética está asociada al tópico de la importancia de la ONU:</p>
<blockquote><p>La desobediencia al máximo organismo de la ONU crea un precedente que podría tener nocivas consecuencias&#8230;</p>
</blockquote>
<p>En  esta frase podemos reconocer otra nominalización (desobediencia)  incluida en el estilo que anteriormente se denominó alarmismo moderado: &#8220;<em>podría</em> tener nocivas consecuencias&#8221;. Si la desobediencia llevó a la guerra,  ¿no produjo ya &#8220;nocivas consecuencias&#8221;? La  Editorial afirma que hay  países que influyen en Europa oriental y en el Lejano Oriente que  amenazan la paz. Estados Unidos, no representa una amenaza.</p>
<p>Más adelante la Editorial dice:</p>
<blockquote><p><em>Toda  guerra es un grave retroceso humano, social y cultural. Es lamentable  que se haya llegado a este punto de casi imposible retorno.</em></p>
</blockquote>
<p>La  interpelación ética incluye un axioma: &#8220;Toda guerra es un grave  retroceso humano, social y cultural&#8221; cargado de énfasis por la  cuantificación determinante (&#8220;toda&#8221;) y por una enumeración redundante  invertida (un <em>retroceso humano</em> es un <em>retroceso social</em> y un retroceso social es un <em>retroceso cultural</em>).</p>
<p>Luego se puede observar una <em>impersonalización</em> (&#8220;se ha llegado&#8221;): ¿quiénes llegan a este punto? ¿Los gobiernos en  pugna, la humanidad? La expresión &#8220;llegar a (algún lado)&#8221; no implica  necesariamente agentividad (el agua puede llegar a la puerta), pero, en  el caso de la guerra, las cosas no &#8220;llegan&#8221; por sí mismas a un punto sin  retorno: hay agentes que las llevan hasta ahí.</p>
<p>Antes del párrafo de cierre, se formula la explicación del conflicto:</p>
<blockquote><p>Por  supuesto, sería un error perder de vista el rol perverso que ha jugado  el terrorismo fundamentalista en el debilitamiento de los mecanismos  institucionales de defensa de la paz y de prevención de los  enfrentamientos armados. Uno de los efectos de la acción criminal del  terrorismo es crear un clima de desorden emocional que lleva a que los  problemas sean resueltos, a veces, con más apasionamiento que  racionalidad.</p>
</blockquote>
<p>La guerra es la consecuencia del terrorismo fundamentalista porque:</p>
<ol>
<li>crea un clima de desorden emocional [el mundo después del atentado contra las torres gemelas],</li>
<li>lleva a que los problemas se resuelvan apasionadamente [el ataque norteamericano] y</li>
<li>debilita los mecanismos institucionales de defensa de la paz y prevención de los conflictos armados [ONU].</li>
</ol>
<p>Si  bien reconocidos analistas rechazaron la tesis esgrimida por Bush según  la cual Irak habría apoyado a Al Qaeda, la organización terrorista que  perpetró el atentado, la Editorial asume su validez. Además, presenta al  gobierno de Estados Unidos como un actor movido por la pasión, víctima  de un clima creado por otro.</p>
<p>Finalmente, el editorial concluye  con una serie de frases que refuerzan su posición de pasivo espectador  de una realidad constituida por procesos sin agente:</p>
<blockquote><p><em>El  plazo se acorta. La incertidumbre crece. En el momento mismo en que se  pierda la paz habrá que empezar a reconstruirla, con la esperanza puesta  en un tiempo futuro en el cual la dignidad de las personas y el  bienestar de los pueblos estén por encima de cualquier interés  contingente.</em></p>
</blockquote>
<h5>Los otros editoriales</h5>
<p>Los  dos editoriales analizados proveyeron el andamiaje retórico-ideológico  para los siguientes. El uso de los recursos reconocidos anteriormente  abrió modos de tratamiento de la guerra. A continuación se citan algunos  párrafos de editoriales posteriores que repiten o amplían lo dicho por  estos dos:</p>
<p>a) Agentivización de un estado de cosas</p>
<blockquote><p>Una vez más, <strong>las armas están en el centro de la escena y son protagonistas excluyentes de un momento de la historia</strong>.<a title="_ftnref11" name="_ftnref11"><strong>[11]</strong></a> Una vez más, la humanidad asiste con un estremecimiento de angustia y  de pesar a los estruendos de un enfrentamiento bélico. (20/3)</p>
</blockquote>
<blockquote><p><em>Todo invita a suponer que <strong>la guerra conducirá, de un modo u otro, al derrumbe del régimen dictatorial de Saddam Hussein</strong>. (4/4)</em></p>
</blockquote>
<p>b) Naturalización de la realidad</p>
<blockquote><p><strong><em>La  naturaleza perversa del sistema político que se ha derrumbado en Bagdad  ha quedado patentizada en las fotografías que muestran la caída  estrepitosa de sus estatuas y la destrucción de sus símbolos oprobiosos.  Con el eclipse de Saddam Hussein se extingue una manera de ejercer el  poder que el pensamiento moderno condenó con severidad hace más de dos  siglos, cuando declinaron los antiguos regímenes absolutistas, pero que  desdichadamente vuelve a cobrar vida, en Oriente como en Occidente</em></strong><em>, cada vez que un tirano irrumpe en la historia e impone el sello de sus ambiciones personales a toda una nación. (10/4)</em></p>
<p><strong>Cuando en Medio Oriente cese el estruendo de las armas</strong>,  habrá que iniciar la construcción de un ordenamiento jurídico  internacional dinámico y realista, que permita alejar el peligro de las  guerras y la amenaza del terrorismo y que responda a las necesidades del  mundo que emergerá de la actual contienda; <strong>un mundo distinto, seguramente, del que precedió a la iniciación de las hostilidades contra Saddam Hussein</strong>. (4/4)</p>
</blockquote>
<p>c) Metaforización de la guerra</p>
<blockquote><p><strong>La  guerra, que a lo largo del siglo XX impuso al género humano los peores  sufrimientos y sembró muerte y destrucción en proporciones aterradoras,  vuelve hoy a proyectar su sombra sobre el planeta y a colmar de  incertidumbre el desolado corazón de sus habitantes</strong>. (20/3)</p>
<p>Desde  hace una semana, las páginas de los periódicos y las pantallas de los  televisores recogen diariamente testimonios de horror y desolación, <strong>sin que la esperanza de un cese de fuego razonablemente cercano asome, por ahora, en el horizonte</strong>. Diríase que <strong>el espanto empieza a ser parte de una rutina torturante y sombría</strong>. (26/3)</p>
<p>Pero en estos días <strong>la  guerra no es abstracción, ni símbolo ni memoria: es una realidad que  golpea con dureza y deja en el alma sombras y tribulaciones</strong>. (26/3)</p>
</blockquote>
<p>d) Impersonalización</p>
<blockquote><p>En momentos en que <strong>se lucha palmo a palmo</strong> en las cercanías de Bagdad, las imágenes de la guerra empiezan a  convertirse en un ritual cotidiano para centenares de millones de seres  humanos. (26/3)</p>
<p><strong>La violencia descargada hoy en Irak</strong>, perfeccionada por los recursos tecnológicos de última generación y transmitida por las pantallas de los televisores, <strong>se transforma en una suerte de experiencia virtual para quienes están físicamente alejados del escenario bélico</strong>. (8/4)</p>
</blockquote>
<blockquote><p><strong>Cuando se extinga definitivamente el estruendo de las armas</strong> y la guerra empiece a ser un mal recuerdo, habrá llegado la hora de  recoger las enseñanzas que los momentos críticos de la historia dejan  siempre a las futuras generaciones. (11/4)</p>
</blockquote>
<p>e) Alarmismo moderado</p>
<blockquote><p>Cuanto  se haga para acortar la duración de la guerra se medirá, a partir de  ahora, en términos de vida o de muerte, de luces o de sombras, de dolor o  de esperanza. (20/3)</p>
<p>Cuando estalla una guerra, la humanidad paga  un precio aterrador en vidas humanas, en cuotas de sufrimiento  individual y colectivo. Esta es una regla histórica de hierro, a la que  ninguna civilización ha podido escapar. (25/3)</p>
<p>Ante la inquietante  toma de posición de los gobiernos de Siria e Irán, es imprescindible  encender una luz roja de alerta y extremar la prudencia en el uso de los  recursos diplomáticos que todavía puedan resultar eficaces con el fin  de asegurar que el conflicto armado quede circunscripto al territorio  iraquí. (4/4)</p>
</blockquote>
<p>f) Explicación emotiva del conflicto</p>
<blockquote><p>Como  dijimos ayer, nadie debe perder de vista el papel perverso que ha  desempeñado el terrorismo en esta etapa de la historia: la destrucción  de las Torres Gemelas de Nueva York fue el paso decisivo hacia el  debilitamiento del sistema institucional creado a mediados del siglo  anterior para evitar los enfrentamientos bélicos. <strong>Al desplazar  el eje de los conflictos a una zona emocional de difícil retorno, los  agentes del terror deterioran los niveles de racionalidad en el que  deberían ser dirimidas las cuestiones internacionales</strong>. (20/3)</p>
<p><strong>La  estrategia del terrorismo apuesta justamente a eso: a que las  sociedades más racionales pierdan su sentido del equilibrio emocional y  se dejen ganar por la indignación o la locura</strong>. El vandálico  atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York respondió, sin duda, a  ese perverso objetivo histórico. Las culturas centradas en el respeto a  los derechos humanos y al culto de las libertades públicas y privadas  tienen el deber de no prestarse a esas infames provocaciones. (25/3)</p>
</blockquote>
<p>g) Ambivalencia en la orientación ética: condena y justificación de la guerra</p>
<blockquote><p>Las  fuerzas militares de los Estados Unidos están ya en operaciones y los  acontecimientos se precipitan en la torturada tierra iraquí, en la que  antaño la cultura del hombre dejó la impronta de su nobleza y de su  creatividad y en la cual hoy impone sus designios, como nadie ignora, el  cerrado fanatismo de un autócrata. (20/3)</p>
<p>Queda en pie,  entretanto, como un dato que reconforta y dignifica a la familia humana,  la multitudinaria manifestación de apoyo a la causa de la paz que se  registró en casi todos los países del mundo. (20/3)</p>
<p>Por supuesto,  el hecho de que los argentinos no intervengamos en la guerra no  significa que abjuremos de nuestro repudio al terrorismo  fundamentalista, cuya agresión sufrimos en carne propia en la década del  noventa. (20/3)</p>
<p>Nadie debe aceptar que la guerra o el terrorismo  se instalen como un ritual recibido con indiferencia o pasen a  constituir un dato rutinaria o simbólico. (26/3)</p>
<p>El presidente de  los Estados Unidos ha hablado más de una vez de su intención de promover  la democratización de ese castigado país. Quienes aman la libertad y  respetan el principio de la dignidad de la persona humana no pueden  dejar de compartir y apoyar esa aspiración, aun cuando no hayan aprobado  ni alentado en ningún momento la iniciativa de Washington que condujo a  la guerra. (4/4)</p>
<p>La caída del régimen de Saddam Hussein puede y  debe marcar el comienzo de una nueva etapa no sólo para el pueblo iraquí  sino también para toda una región del mundo. Se ha desplomado una  tiranía despiadada, que durante más de dos décadas ensombreció la vida  de millones de personas, utilizó métodos violentos y salvajes para  perpetuarse en el poder y practicó un culto irracional a la personalidad  del dictador. (10/4)</p>
</blockquote>
<h3>5. Conclusiones</h3>
<p>El análisis realizado permitió reconocer las estrategias argumentativas desplegadas por el Editorial de <em>La  Nación</em> para tratar la invasión norteamericana a Irak. Estas estrategias son:</p>
<ul>
<li>la <strong>agentivización de estados de cosas</strong> y la <strong>naturalización de la realidad</strong>, ambas contribuyen a presentar una imagen de una <em>realidad reificada</em>, en donde las causas y las consecuencias de los procesos humanos son desvinculados de los protagonistas <em>reales</em>;</li>
<li>la <strong>metaforización de la guerra</strong>,  un recurso asociado a los dos anteriores, cuyo principal efecto es el  de presentar una imagen animada que actúa por sí misma, contribuyendo a  ocultar la existencia de los seres humanos responsables de los sucesos;</li>
<li>un <strong>alarmismo moderado</strong>,  conque la  Editorial tiñe su discurso tratando este conflicto bélico  como si fuese una instancia decisiva en la historia de la humanidad, a  la vez que también lo presenta como un paso más en una lucha contra el  terrorismo que tiene una duración indeterminada (es decir, como un caso  particular dentro de un proceso global mucho más extenso);</li>
<li>la manifestación de un <strong>lamento por la guerra</strong> pero también de la <strong>aceptación de su necesidad</strong> para frenar la amenaza del terrorismo;</li>
<li>la <strong>defensa  de la tesis de que la guerra es una consecuencia directa del atentado a  las Torres Gemelas y de que el gobierno de Estados Unidos realiza una  acción emotiva de carácter defensivo y no una acción racional  estratégica para controlar una zona rica en petróleo</strong>.</li>
</ul>
<p>En otras palabras, haciendo gala de una retórica pacifista, <em>La Nación</em> interviene en esta guerra defendiendo los endebles argumentos  esgrimidos por George W. Bush. Seguramente, para el lector avezado esta  conclusión no constituya ninguna verdad revelada. Habría que decir,  entonces, que el análisis del discurso difícilmente tenga como ambición  encontrar alguna. Sí, describir y explicar el modo en que se construyen  los discursos, centrando la atención en aquellos que, en virtud de  diferentes características, tienen un peso significativo sobre la  opinión pública. Eso fue lo que se intentó hacer aquí.</p>
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<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212; 1995. &#8220;Discourse semantics and ideology&#8221;, en <strong>Discourse &amp; Society</strong> 6(2). Londres, Sage: 243-289.</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212; [1998] 1999. <strong>Ideología</strong>. Barcelona, Gedisa.</p>
<p>Williams, R. [1978] 1980. <strong>Marxismo y literatura</strong>. Barcelona, Península.</p>
<hr />
<h3>Notas</h3>
<p><a title="_ftn1" name="_ftn1">[1]</a> Bajo esta denominación incluyo a las corrientes denominadas <em>Análisis Crítico del Discurso</em> (van Dijk, 1991, 1995, 1998; Fairclough, 1995; etc.) y <em>Lingüística Crítica</em> (Fowler y otros, 1979; Hodge y Kress, 1993; etc.). <a href="#_ftnref1">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn2" name="_ftn2">[2]</a> Este esquema está inspirado en el elaborado por Samaja (1992), sobre el  que se realizaron tres modificaciones: a) la subdivisión de los niveles  comunal, societal y político; b) la incorporación de un nivel básico,  correspondiente a las interacciones subjetivas; y c) la numeración de  los niveles.<a href="#_ftnref2">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn3" name="_ftn3">[3]</a> Un supuesto fundamental es que los niveles organizativos de la sociedad  fueron cristalizándose históricamente de manera ascendente (de menor a  mayor complejidad), siendo cada uno suprimido, conservado y superado por  el inmediato superior.<a href="#_ftnref3">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn4" name="_ftn4">[4]</a> En Sayago (2000) se explica por esta vía la existencia de un  sentimiento discriminatorio en la sociedad patagónica, cuyas víctimas  son ciudadanos de países limítrofes (principalmente, chilenos). <em>Grosso modo</em>,  durante el último gobierno militar, los aparatos ideológicos del Estado  presentaron a Chile como un enemigo siempre pronto a atacar, con el fin  de ampliar sus fronteras. Bajo la hipótesis del conflicto limítrofe, se  apuntó a fomentar un sentimiento patriótico que consolidara una  identidad nacional. Veinte años después del reinicio de la democracia y  más allá de la crisis de la identidad impuesta por los militares,  todavía se encuentran activos estos elementos residuales (Williams,  1978) en las identidades locales de la región.<a href="#_ftnref4">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn5" name="_ftn5">[5]</a> El conflicto entre estos dos países tiene sus raíces en las disputas  entre los imperios persa y otomano. Luego de su independencia, Irak  poseía control absoluto sobre el canal de Shatt-al-Arab, donde confluyen  los ríos Tigris y Éufrates antes de desembocar en el Golfo Arábigo.  Este canal tiene una importancia vital para las dos naciones, ya que  ninguna de las dos tiene otro acceso al mar. En 1975, el sha de Irán,  Reza Pahlevi, y el entonces vicepresidente iraquí, Saddam Hussein,  firmaron un acuerdo en el que, entre otras cosas, ambos aceptaban la  vigencia de los límites territoriales establecidos en 1914 y la división  del canal por la línea de mayor profundidad, lo que permitía que Irán  accediera a una de sus refinerías, ubicada en Abadán. En 1978, el  gobierno iraní exigió que el ayatola Khomeini, exiliado en Bagdad luego  de su derrocamiento, finalizara su actividad conspirativa en contra del  sha. Entonces, Irak expulsó al líder religioso iraní, que se refugió en  Francia. Pero, después del derrocamiento del sha, en 1979, Irán se  consideró libre del acuerdo firmado previamente, reiniciando los  conflictos territoriales. El gobierno iraquí reclamó soberanía absoluta  sobre el canal, dejando a Irán sin salida al mar. En 1980 comenzó la  guerra. Seis años más tarde Estados Unidos envió su ejército con el  objetivo declarado de &#8220;proteger&#8221; la navegación y asegurar el suministro  de petróleo a Irak. El resto de la historia es más conocido. <a href="#_ftnref5">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn6" name="_ftn6">[6]</a> Se consideran estrategias argumentativas todos los recursos  lingüísticos con función argumentativa presentes en un texto concreto.  El supuesto que subyace a esta definición es que comúnmente el emisor  estructura sus textos a través de recursos tales como selección léxica,  focalización, antítesis, desplazamientos semánticos, etc., con el fin de  modelar y poner en circulación una determinada imagen de la realidad,  de la situación comunicativa en la que interviene o de los participantes  (incluido él mismo, por supuesto). <a href="#_ftnref6">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn7" name="_ftn7">[7]</a> El listado de textos está disponible en el sumario de las ediciones anteriores. <a href="#_ftnref7">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn8" name="_ftn8">[8]</a> Este proceso de <em>agentivización</em> consiste en otorgar a un estado de cosas o circunstancia de la  capacidad de realizar acciones típicamente humanas, como es el caso de  la guerra. En cierto sentido, se trata de una personificación. El efecto  ideológico apunta a quitar responsabilidades: en vez de mencionar a los  sujetos que hacen cosas, se menciona a una abstracción, una figura  ideológica dotada de poder. Por ejemplo, en vez de decir <em>El Sr. Pérez (o la junta directiva de la empresa X) despidió a 200 trabajadores</em> se dice <em>La crisis provocó el despido de 200 trabajadores</em>. <a href="#_ftnref8">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn9" name="_ftn9">[9]</a> Compárese:</p>
<p><em>-Un enfrentamiento que <strong>podría atentar</strong> contra&#8230; / Un enfrentamiento que <strong>atenta </strong>contra&#8230;</em></p>
<p><em>-La intemperancia de algunos gobiernos <strong>se insinúa como</strong>&#8230; / La intemperancia de algunos gobiernos es&#8230;</em></p>
<p><em>-El orden legal internacional y supranacional [...] <strong>no es exagerado afirmar</strong> <strong>que</strong> se halla en peligro / El orden legal internacional y supranacional [...] se halla en peligro.</em><a href="#_ftnref9">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn10" name="_ftn10">[10]</a> En su estudio de los editoriales de <em>La Nación</em>,  Sidicaro reconoce en estas los rasgos que típicamente caracterizan a la  mayoría: &#8220;Al centrarse sobre temas de coyuntura, los editoriales suelen  tener un toque dramático, al anunciar que quizá se esté ante la última  oportunidad de evitar catástrofes o males mayores. Luego, en nombre de  la tradición, la ciencia o el buen sentido, explican la solución del  problema&#8221; (1993: 9). <a href="#_ftnref10">[volver]</a></p>
<p><a title="_ftn11" name="_ftn11">[11]</a> En esta cita y en las que siguen las negritas son del autor. <a href="#_ftnref11">[volver]</a></p>
<h3>Anexo. Detalle del corpus analizado</h3>
<p><strong>1/3</strong> &#8211; 1) &#8220;Rusia desafía a EEUU y vetará un ataque&#8221;, Agencias EFE, AP y ANSA (Pekín); 2) &#8220;Entre el Big Mac y el vino francés&#8221;, Graciela Iglesias (París); 3) &#8220;El mundo después de Saddam&#8221;, Mario Diament (Miami).</p>
<p><strong>2/3</strong> &#8211; 4) &#8220;¿Qué hacer ante el proyecto imperial de George W. Bush?&#8221;, Mariano Grondona; 5) &#8220;El Papa envía a Pío Laghi con un mensaje para Bush&#8221;, Elisabetta Piqué( Roma)</p>
<p><strong>3/3</strong> &#8211; 6) &#8220;Cómo es el plan de Bush para atacar a Irak&#8221;, Jorge Rosales (Washington); 7) &#8220;Las armas que estrenará EE.UU.&#8221;, Jim Krane, AP (Nueva York); <img src='http://www.nombrefalso.com.ar/wp-includes/images/smilies/icon_cool.gif' alt='8)' class='wp-smiley' /> &#8220;Irak destruyó otros seis misiles&#8221;, Agencias AFP y EFE (Bagdad)</p>
<p><strong>4/3</strong> &#8211; 9) &#8220;Ansiedad y miedo en Kuwait por la guerra&#8221;, Elisabetta Piqué (corresponsal en Kuwait); 10) &#8220;Avalancha de periodistas&#8221;, una enviada especial (Kuwait); 11) &#8220;EE.UU. intensifica sus ataques en Irak&#8221;, Agencias EFE, AFP y ANSA (Bagdad)</p>
<p><strong>5/3</strong> &#8211; 12) &#8220;Aprestos finales de EE.UU.&#8221;, Jorge Rosales; 13) &#8220;Kuwait ya vive la cuenta regresiva&#8221;, Elisabetta Piqué; 14) &#8220;¿Puede aún evitarse la guerra?&#8221;, Patrick Tyler (The New York Times)</p>
<p><strong>6/3</strong> &#8211; 15) &#8220;China, Francia, Rusia y Alemania vetan la guerra y dejan más solo a Bush&#8221;, Jorge Rosales; 16) &#8220;La ‘autopista de la muerte&#8217;, donde EE.UU. despliega su poderío bélico&#8221;, Elisabetta Piqué; 17) &#8220;Desfile de kamikazes por las calles de Bagdad&#8221;, Agencias EFE y AFP (Bagdad)</p>
<p><strong>7/3</strong> &#8211; 18) &#8221; ‘EE.UU. no necesita permiso&#8217; &#8220;, Jorge Rosales; 19) &#8220;El informe de Blix complicaría más a Washington y Londres en la ONU&#8221;, Alberto Armendáriz (Nueva York); 20) &#8220;Los comercios de Kuwait florecen por las tropas norteamericanas&#8221;, Elisabetta Piqué; 21) &#8221; ‘Imbecilidad absoluta&#8217; &#8220;, ANSA (Bagdad)</p>
<p><strong>8/3</strong> &#8211; 22) &#8220;El nuevo ultimátum para Irak es el 17 de marzo&#8221;, Alberto Armendáriz; 23) &#8220;EE.UU. tiene listo su ataque al corazón de Bagdad&#8221;, Michael Gordon (The New York Times, Kuwait); 24) &#8220;En Kuwait, los argentinos aprenden a protegerse de un ataque químico&#8221;, Elisabetta Piqué; 25) &#8221; ‘Un cambio de régimen beneficiaría a nuestro país&#8217; &#8220;, una enviada especial (Kuwait)</p>
<p><strong>9/3</strong> &#8211; 26) &#8220;Batalla diplomática por los votos en la ONU&#8221;, Agencias EFE, AP y Reuters (Washington); 27) &#8220;La  CIA alerta por atentados&#8221;, ANSA (Nueva York); 28) &#8220;Más allá de Irak, frente a una decisión histórica&#8221;, Patrick Tyler (The New York Times); 29) &#8220;En Kuwait temen una ola de ataques contra blancos occidentales&#8221;, Elisabetta Piqué</p>
<p><strong>10/3</strong> &#8211; 30) &#8220;EE.UU. amenazó a Francia por oponerse a la guerra&#8221;, Jorge Rosales; 31) &#8220;Esta no es una causa justa&#8221;, Jimmy Carter (The New York Times); 32) &#8220;El New York Times, en contra&#8221;, extracto del editorial titulado &#8220;Decir no a la guerra&#8221;</p>
<p><strong>11/3</strong> &#8211; 33) &#8220;Revés de Bush: no logra apoyo para el ultimátum&#8221;, Alberto Armendáriz</p>
<p><strong>12/3</strong> &#8211; 34) &#8220;EE.UU. advirtió que irá a la guerra aun sin sus aliados&#8221;, Alberto Armendáriz; 35) &#8220;La  ONU, en su hora más decisiva&#8221;, Kofi Annan (especial para La Nación); 36) &#8220;Crece en EE.UU. el apoyo a una ofensiva&#8221;, A. Nagourney y J. Elder (The New York Times)</p>
<p><strong>13/3</strong> &#8211; 37) &#8220;Para evitar el ataque, Saddam deberá cumplir seis exigencias&#8221;, Alberto Armendáriz; 38) &#8220;Clinton apoyó la propuesta británica&#8221;, EFE (Washington); 39) &#8220;Un plan maestro para ir solos por el mundo&#8221;, Maureen Dowd (The New York Times)</p>
<p><strong>14/3</strong> &#8211; 40) &#8220;El valor supremo de la paz&#8221;, Editorial; 41) &#8220;EE.UU., a punto de dejar la diplomacia con Irak&#8221;, Jorge Rosales; 42) &#8220;México y Chile resisten las presiones&#8221;, Agencias EFE, AFP y AP (México DF); 43) &#8220;En el fondo, una lucha de poder&#8221;, William Pfaff (International Herald Tribune, París)</p>
<p><strong>15/3</strong> &#8211; 44) &#8220;Cumbre urgente de Bush, Blair y Aznar&#8221;, Jorge Rosales; 45) &#8220;Fracasó una propuesta chilena&#8221;, Alberto Armendáriz; 46) &#8220;La ambigüedad del unilateralismo&#8221;, Mario del Carril (para La Nación)</p>
<p><strong>16/3</strong> &#8211; 47) &#8220;¿Bush nos quiere aliados o provincias?&#8221;, Mariano Grondona; 48) &#8220;EE.UU. simuló una invasión terrestre por el sur de Irak&#8221;, Elisabetta Piqué; 49) &#8220;Es cuestión de días&#8221;, ANSA (Washington); 50) &#8220;Una cumbre define hoy si atacan a Irak&#8221;, Agencias AP, AFP y Reuters (Washington); 51) &#8220;La Casa Blanca perdió su calma&#8221;, Jorge Rosales</p>
<p><strong>17/3</strong> &#8211; 52) &#8220;Día decisivo para la guerra: definen el ultimátum a Irak&#8221;, Reuters (BASE AEREA DE LAJES, islas Azores); 53) &#8220;Ya está todo listo para la invasión&#8221;, Elisabetta Piqué; 54) &#8220;Saddam amenazó con una guerra mundial&#8221;, AP (Bagdad)</p>
<p><strong>18/3</strong> &#8211; 55) &#8221; ‘Saddam tiene 48 horas&#8217; &#8220;, Jorge Rosales; 56) &#8220;Rechazó el Gobierno un pedido de Londres&#8221;, Jorge Elías (Redacción); 57) &#8220;Los candidatos, salvo Menem, en contra&#8221;</p>
<p><strong>19/3</strong> &#8211; 58) &#8220;La guerra ya impacta en las aulas&#8221;, Fabiola Czubaj; 59) &#8220;El discurso de Bush, según los alumnos&#8221;; 60) &#8220;Una tensa y angustiosa vigilia&#8221;, Editorial; 61) &#8220;Irak: la guerra será sangrienta&#8221;, AP (Bagdad); 62) &#8220;En las primeras horas lanzarán 1200 misiles&#8221;, Elisabetta Piqué; 63) &#8220;Los brutales sucesores de un líder que sólo confía en su familia&#8221;, Agencias AP, EFE y Reuters (El Cairo)</p>
<p><strong>20/3</strong> &#8211; 64) &#8220;Los chicos pidieron por la paz y el desarme&#8221;, Fabiola Czubaj; 65) &#8220;Las armas en el centro de la escena&#8221;, Editorial; 66) &#8220;Comenzó la guerra&#8221;, AP (Bagdad); 67) &#8220;Claves de la primera guerra preventiva&#8221;; 68) &#8220;La nueva doctrina Bush&#8221;, Jorge Rosales</p>
<p><strong>21/3</strong> &#8211; 69) &#8220;Los aliados ingresaron en Irak&#8221;, Reuters (Bagdad); 70) &#8220;El miedo es un misil que estalla frente a la ventana&#8221;, Elisabetta Piqué; 71) &#8220;Mueren 16 militares al caer un helicóptero&#8221;, AP (Washington)</p>
<p><strong>22/3</strong> &#8211; 72) &#8220;Las oraciones por la paz unen a las principales religiones&#8221;; 73) &#8220;Pacifistas violentos&#8221;, Editorial; 74) &#8220;Bagdad bajo las bombas&#8221;, Reuters (Bagdad); 75) &#8220;Un ataque fulminante ‘como nunca se vio&#8217; &#8220;, Jorge Rosales; 76) &#8220;Mil soldados turcos cruzan la frontera&#8221;, AP (Ankara)</p>
<p><strong>23/3</strong> &#8211; 77) &#8220;Una tradición de libertad&#8221;, Editorial; 78) &#8220;Se acelera la ofensiva terrestre: combaten a 160 km de Bagdad&#8221;, AP (Irak); 79) &#8220;Granadas&#8221;, Reuters (Kuwait); 80) &#8220;El paisaje que deja el combate&#8221;, Elisabetta Piqué (Irak); 81) &#8220;Misiles en Irán,&#8221; AP (Teherán); 82) &#8220;Masivas protestas en EE.UU. por el ataque&#8221;, Alberto Armendáriz</p>
<p><strong>24/3</strong> &#8211; 83) &#8221; ‘En nombre de Dios, no&#8217; &#8220;, Jorge Rouillon; 84) &#8220;Fuerte resistencia iraquí al avance aliado hacia Bagdad&#8221;, Reuters (Bagdad); 85) &#8220;Artimañas&#8221;, Reuters (CAMPAMENTO DE AS SAYLIYA, Qatar); 86) &#8220;Lo peor de la guerra sólo está empezando&#8221;, Jorge Rosales; 87) &#8220;Crónica desde la oscuridad&#8221;, Elisabetta Piqué</p>
<p><strong>25/3</strong> &#8211; 89) &#8220;Hacia una paz responsable&#8221;, Editorial; 90) &#8220;Combaten a 80 km de Bagdad; Saddam asegura que resistirá&#8221;, Reuters (Bagdad); 100) &#8220;Una sonrisa puede esconder la muerte&#8221;, Elisabetta Piqué; 101) &#8220;EE.UU. debate sobre los límites a la información&#8221;, Alberto Armendáriz</p>
<p><strong>26/3</strong> &#8211; 102) &#8221; ‘Ningún soldado merece morir por Bush o Saddam&#8217; &#8220;, Susana Reinoso entrevista al escritor peruano Alfredo Bryce Echenique; 103) &#8220;Las vivencias de la guerra&#8221;, Editorial; 104) &#8220;Violentos combates mientras se cierra el cerco sobre bagdad&#8221;, Reuters (Irak); 105) &#8220;Piden bombas&#8221;, Télam/SIN (Miami); 106) &#8220;Una batalla clave para la duración de la guerra&#8221;, Jorge Rosales; 107) &#8220;Donde el agua vale más que el dinero&#8221;, Elisabetta Piqué; 108) &#8220;Tres millones necesitarán ayuda&#8221;, EFE (Washington)</p>
<p><strong>27/3</strong> &#8211; 109) &#8220;Oratorio interreligioso&#8221;, Editorial; 110) &#8220;Saddam contraataca: movilizó 1000 tanques contra los aliados&#8221;, Reuters (Bagdad); 111) &#8220;Investigan si Irak ejecutó a soldados capturados&#8221;, Agencias AFP y Reuters (Washington); 112) &#8220;Un error de cálculo de EE.UU.&#8221;, Bernard Weinraub (The New York Times, Kuwait)</p>
<p><strong>28/3</strong> &#8211; 113) &#8220;Bush envía a la guerra a otros 100.000 soldados&#8221;, Reuters (Bagdad); 114) &#8220;En Basora, donde el horror gana la batalla&#8221;, Elisabetta Piqué; 115) &#8220;A la caza de la fortuna de Saddam&#8221;, Vittorio Malagutti (Corriere della Sera, Ginebra)</p>
<p><strong>29/3</strong> &#8211; 116) &#8220;La humanidad está herida de muerte&#8221;, Susana Reinoso (teleconferencia de Carlos Fuentes); 117) &#8220;Cruentos combates en todo Irak&#8221;, AP (Irak); 118) &#8220;Un día desconcertante para la Casa Blanca&#8221;, Jorge Rosales; 119) &#8220;Washington adivirtió a Siria&#8221;, EFE (Washington); 120) &#8220;Damasco rechazó las acusaciones&#8221;, AP (Damasco)</p>
<p><strong>30/3</strong> &#8211; 121) &#8220;Para superar la realidad, primero hay que asumirla&#8221;, Mariano Grondona; 122) &#8220;Irak comenzó a atacar con kamikazes&#8221;, ANSA (Bagdad); 123) &#8220;Restos&#8221;, EFE (Londres); 124) &#8220;El temor a la trampa logística&#8221;, Juan Carlos Olivera (Redacción); 125) &#8220;Una firme invitación inglesa para dejar Irak&#8221;, Elisabetta Piqué (Kuwait)</p>
<p><strong>31/3</strong> &#8211; 126) &#8220;El clamor por la paz&#8221;, Jorge Rouillon; 127) &#8220;Intensifican los bombardeos para abrir el camino a Bagdad&#8221;, AP (Irak); 128) &#8220;Periodista muerto&#8221;, Reuters (Londres); 129) &#8220;Lo que más duele: los chicos de la guerra&#8221;; 130) &#8220;Críticas a Rumsfeld por el plan de guerra&#8221;, EFE (Washington); 131) &#8220;Un ejército ‘muy pesado&#8217; &#8220;, Reuters (Washington); 132) &#8220;Donde los kamikazes se alistan para morir&#8221;, Elisabetta Piqué (PUESTO DE POLICIA DE UMM QASR, frontera Kuwait-Irak)</p>
<p><strong>1/4</strong> &#8211; 133) &#8220;Fuertes choques con las fuerzas de Saddam que defienden Bagdad&#8221;, Reuters (Bagdad); 134) &#8220;Irak, el nombre de la oportunidad&#8221;, Marcos Victorica; 135) &#8220;EE.UU., obligado a cambiar su plan&#8221;, Jorge Rosales; 136) &#8220;Desafío de Siria: le exige a Bush que se retire de Irak&#8221;, ANSA (El Cairo); 137) &#8220;Congelamiento de cuentas&#8221;, ANSA (El Cairo)</p>
<p><strong>2/4</strong> &#8211; 138) &#8220;Comenzó la gran batalla en las puertas de Bagdad&#8221;, AP (Bagdad); 139) &#8220;Un día de fuertes bajas civiles&#8221;, AFP (Al Hillah, Irak); 140) &#8220;Ante las críticas, la Casa Blanca apoyó a Rumsfeld&#8221;, Jorge Rosales</p>
<p><strong>3/4</strong> &#8211; 141) &#8220;Vargas Llosa, contra la guerra y las utopías&#8221;, Gabriela Litre (entrevista, Madrid); 142) &#8220;Quebraron la defensa de Bagdad&#8221;, AP (Irak); 143) &#8220;El comienzo de una batalla que será feroz&#8221;, Jorge Rosales; 144) &#8220;Al-Jazeera, prohibida&#8221;, EFE (El Cairo)</p>
<p><strong>4/4</strong> &#8211; 145) &#8220;Evitar la ampliación del conflicto&#8221;, Editorial; 146) &#8220;Avanzan los aliados y luchan por el aeropuerto de Bagdad&#8221;, Reuters (Bagdad); 147) &#8220;El plan para tomar la capital&#8221;, Eric Schmitt y Bernard Weinraub (The New York Times); 148) &#8220;Se desmorona en el Norte la defensa iraquí&#8221;, EFE (Silopi, Turquía)</p>
<p><strong>5/4</strong> &#8211; 149) &#8220;Cayó el aeropuerto y miles de iraquíes huyen de Bagdad&#8221;, AP (Bagdad); 150) &#8220;Ahora comienza la tan temida batalla final&#8221;, Jorge Rosales; 151) &#8220;Saddam reapareció en las calles de Bagdad&#8221;, Agencias Reuters y AFP (Bagdad)</p>
<p><strong>6/4</strong> &#8211; 152) &#8220;Occidente invoca la paz, pero hace la guerra&#8221;, Mariano Grondona; 153) &#8220;Cruenta batalla por Bagdad: hay más de 1000 muertos&#8221;, AP (Irak); 154) &#8220;Cómo y cuándo anunciar la victoria&#8221;, R. W. Apple (The New York Times, Washington); 155) &#8220;Ahora, la guerra subterránea&#8221;, Jorge Rosales</p>
<p><strong>7/4</strong> &#8211; 156) &#8220;Los testimonios de 191 mandatarios&#8221;, Jorge Elías; 157) &#8220;Cuando la guerra es un juego&#8221;, Editorial; 158) &#8220;Hay más de una guerra&#8221;, Jorge Rouillon; 159) &#8220;Cierran el cerco sobre Bagdad&#8221;, Reuters (Bagdad); 160) &#8220;Bush quiere que el mundo aprenda la lección&#8221;, David E. Sanger (The New York Times, Washington); 161) &#8220;Las etapas del plan para tomar Bagdad&#8221;</p>
<p><strong>8/4</strong> &#8211; 162) &#8220;La guerra y la infancia&#8221;, Editorial; 163) &#8220;Devastador ataque contra los líderes iraquíes&#8221;, Reuters (Bagdad); 164) &#8220;Territorio comanche en el sur de Irak&#8221;, Elisabetta Piqué (PUESTO DE POLICIA DE UMM QASR, frontera Kuwait-Irak); 165) &#8220;EE.UU. busca que el régimen colapse antes de la batalla final&#8221;, Jorge Rosales</p>
<p><strong>9/4</strong> &#8211; 166) &#8220;Luchan calle por calle en Bagdad&#8221;, Reuters (Bagdad); 167) &#8220;Buscan a pilotos&#8221;, EFE (Doha); 168) &#8220;¿Siria, el próximo?&#8221;, Jorge Rosales; 169) &#8220;En Basora gobierna el descontrol&#8221;, Elisabetta Piqué (Basora); 170) &#8220;Nombramiento&#8221;, AP (Kuwait); 171) &#8220;Contar la guerra con el alma y con el cuerpo&#8221;, Jorge Palomar (Redacción)</p>
<p><strong>10/4</strong> &#8211; 172) &#8220;El fin de un régimen sombrío&#8221;, Editorial; 173) &#8220;Cayó el régimen de Saddam&#8221;, Reuters (Bagdad); 174) &#8220;Rumsfeld: ‘Es un día histórico&#8217; &#8220;, Alberto Armendáriz; 175) &#8221; ‘¿Es verdad que ya lo mataron?&#8217; &#8220;, Elisabetta Piqué (Basora)</p>
<p><strong>11/4</strong> &#8211; 176) &#8220;La guerra y el periodismo&#8221;, Editorial; 177) &#8220;Capturan otra ciudad, pero crece la anarquía en Irak&#8221;, Reuters (Bagdad); 178) &#8220;La mañana que los kurdos jamás olvidarán&#8221;, Silvia Pisani (enviada especial, SILOPI, frontera norte de Irak); 179) &#8220;Las claves del triunfo militar&#8221;, Michael Gordon (Kuwait, The New York Times)</p>
<p><strong>12/4</strong> &#8211; 180) &#8220;La guerra sin máscaras (ni antigases ni de las otras)&#8221;, Alicia Dujovne Ortiz (París, para La Nación); 181) &#8220;Viaje por la ruta de la devastación&#8221;, Elisabetta Piqué (enviada especial); 182)  &#8220;Se acerca el final: está a punto de caer el último bastión de Saddam&#8221;</p>
<p><strong>13/4 -</strong> 183) &#8220;La reconstrucción de Irak&#8221;, Editorial; 184) &#8220;Otro día para morir&#8221;, Jorge Elías; 185) &#8220;Kurdos y árabes aprovecharon la anarquía y desataron su odio&#8221;, Silvia Pisani (SILOPI, frontera norte de Irak); 186) &#8220;En Bagdad ni los muertos tienen paz&#8221;, Elisabetta Piqué (Bagdad); 187) &#8220;¿Qusay está vivo?&#8221;, Reuters (Bagdad); 188) &#8220;Poner orden, el gran desafío de la posguerra&#8221;, Michael R. Gordon (Bagdad, The New York Times)</p>
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		<title>Risa y Sabiduría</title>
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		<pubDate>Sun, 12 Sep 2010 18:45:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>luis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Filosofía]]></category>

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		<description><![CDATA[Publicado en Pensando en los márgenes (de la risa, la ficción y otras cuestiones poco tratadas), Premio del Certamen &#8220;Fondo Editorial 2005&#8243; de la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Comodoro Rivadavia. La risa es cosa seria. Descalabra el mundo o lo disuelve. Es nihilista. Hagamos esta experiencia difícilmente refutable: pronun­ciemos las palabras más [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Publicado en <em>Pensando en los márgenes (de la risa, la ficción y otras cuestiones poco tratadas)</em>, Premio del Certamen &#8220;Fondo Editorial 2005&#8243; de la Secretaría de Cultura de la  Municipalidad de Comodoro Rivadavia.</p>
</blockquote>
<p>La  risa es cosa seria. Descalabra el mundo o lo disuelve. Es nihilista.  Hagamos esta experiencia difícilmente refutable: pronun­ciemos las  palabras más graves o veneradas y riámonos de ellas. O riámonos de las  creencias y convicciones más sagradas, en las que nosotros, claro, no  creemos: será una manera de pulverizadas, de convertirlas en &#8220;objeto de  risa&#8221;, de volverlas ridículas y reducirlas a nada. Tomemos, en cambio,  las convicciones y creencias en las que nosotros sí creemos más  firmemente, las que nos guían en aquellas decisiones en que &#8220;se nos va  la vida&#8221;. Ya no nos será fácil reírnos de ellas. Y seguramente no  admitiremos que otros lo hagan&#8230;</p>
<p>Al derrumbar el mundo, la risa  nos devuelve al caos (del que podemos dudar que alguna vez hayamos  salido). El menospreciar la seriedad de las grandes configuraciones del  mundo, donde las cosas adquieren algún sentido, clasificación y  jerarquía, el ridiculizar las creencias más sacrosantas o valoradas, es  fuente de desorden. Una fuente peligrosa. Una actitud revoltosa y  transgresora. Kundera, en <em>El libro de la risa y el olvido, </em>llama la atención sobre esto&#8230; y nos reconforta:</p>
<blockquote><p>Las  cosas, repentinamente, privadas del sentido que se les supone, del  lugar que tienen asignado en el pretendido orden del mundo, provocan  nuestra risa. La risa pertenece, pues originalmente al diablo. Hay en  ello algo de malicia&#8230; pero también algo de alivio bienhechor (las  cosas son más ligeras de lo que parecen, nos permiten vivir más  libremente, dejan de oprimir­nos con su austera severidad).</p>
</blockquote>
<p>Lo  cómico es lo diabólico, aventuró Baudelaire. Ver lo que cau­sa risa  bajo esta metáfora inquietante es entendible. La risa quiebra el  ordenamiento dado y establecido por la divinidad. Además, los filósofos  lo saben (o al menos debieran): el dios de la metafísica de Occidente es  grave, ceñudo, serio, severo. Impone orden. Un or­den que suele  volverse rígido, inflexible, donde todo ya tendría de una vez para  siempre su lugar y su sentido. Un orden que acaba siendo asfixiante,  opresor, invivible. La vuelta al desorden trasgresor entonces nos quita  pesares y nos libera.</p>
<p>Esa vuelta, ese revolver todo, es su  malicia nihilista. Y su gesto benefactor. Nos alivia del gravamen-de la  severidad y nos aligera de las pesadumbres y congojas insoportables de  la vida.</p>
<p>La seriedad del dios metafísico es intimidante. Él no  ríe, ni jue­ga. Piensa y ordena y lo hace &#8220;en serio&#8221;. Por eso, no es  fácil hablar de la risa entre nosotros. Para colmo: el Antiguo  Testamento con­dena la risa como cosa de necios o de locos; y no ha  quedado consignado en los Evangelios que Jesús se haya reído (sí, por  ejem­plo, que se enojó y que lloró). Además, se perdió la parte de la <em>Poética</em><em> </em>aristotélica  dedicada a la comedia y a la risa que quizás hubie­ra podido darnos una  visión más ajustada y sabia de ellas. Encima, el hombre moderno, que  todavía vive en nosotros, ha sido un hom­bre estricto, serio, severo. Lo  importante, lo esencial para él, no puede ser cómico, ni mover al  espasmo ridículo y deformante de la risa. El tono serio del moderno es  &#8220;de rigor&#8221;.</p>
<p>No sólo fue tono grave (a veces pomposo y afectado  hasta la auto-caricatura) el de gobernantes, jefes militares,  autoridades eclesiásticas, empresarios, hombres de negocios, mafiosos,  edu­cadores, terapeutas, críticos de arte. También lo fue el de  pen­sadores, hombres de ciencia, intelectuales, académicos &#8220;de  nú­mero&#8221;&#8230;</p>
<blockquote><p>El sabio &#8211; sostiene Baudelaire en <em>Lo cómico y la caricatura- </em>se  lo piensa mucho antes de permitirse reír&#8230; y, en segundo lugar, lo  cómico desaparece desde el punto de vista de la ciencia y de la potencia  absolutas. Ahora bien, invirtiendo las dos proposicio­nes, tendríamos  que la risa es por lo general privativa de los tontos ["Exactamente la  fórmula del <em>Eclesiastés </em>VIII, 6-7", dice en nota a pie de página], y que siempre implica en mayor o menor medida ignorancia y debilidad.</p>
</blockquote>
<p>Voy  discurrir, pues, en este escrito sobre la risa, su oposición a la  seriedad, su carácter diabólico, su lado salvífico, y su sabiduría  car­navalesca.</p>
<h3>¿Risa sabia?¿Risa loca?</h3>
<p>En su libro <em>La risa </em>-un  texto clásico publicado en París en el 1900-, Bergson provocadoramente  dice que la risa se desliza y escapa a la investigación filosófica. O  peor, se yergue y la desafía alta-neramente. Pocas cosas duelen al  pundonor del intelectual, normalmente pagado de sí mismo y de sus  convicciones y cono­cimientos, como le duelen que se rían de sus ideas o  las menos­precien. Suele defenderse calificando de necios o ignorantes a  quienes así se ríen.</p>
<p>Hubo, sin embargo, filósofos que hicieron  de la risa una mues­tra de sabiduría. Demócrito, bautizado en el  Renacimiento como &#8220;el risueño&#8221; o &#8220;el que ríe&#8221; ha sido quizá el caso más  famoso. A raíz de este rasgo típico de él y bajo la forma de cartas que  se atribuye­ron a Hipócrates, el famoso médico, se tejió entre los  siglos III y I antes de Cristo, la siguiente anécdota.</p>
<p>Los compatriotas de Demócrito, naturales de Abdera, le pidie­ron a Hipócrates que viajara a esa ciudad para curarlo.</p>
<p>Creían que estaba loco de remate. Presentaba básicamente cua­tro síntomas: 1. <em>ideas extrañas; </em>2. <em>insomnio; </em>3. <em>vida solitaria; </em>4. <em>risa per­manente.</em></p>
<p>Los  Abderitas lo acusaban de que se reía de todo, no importan­do si era vil  o venerable, que la vida para él no valía un comino, que su facha era  muy dejada, deplorable, y que hacía cosas raras: diseca-ha animales (¿y  cadáveres humanos?), escuchaba el canto de los pájaros, cantaba por las  noches en voz baja para sí mismo.</p>
<p>Leyendo la carta, Hipócrates  barruntó que Demócrito, no obs­tante fas apariencias, estaba en su sano  juicio. A lo sumo podía padecer la conocida melancolía de los  intelectuales, artistas, poetas y políticos (señalada por el Problema  XXX, de <em>Problemata, </em>una obra adjudicada a Aristóteles,  erróneamente para algunos). Además, con­forme a la busca de la sabiduría  de su época, las mentes fuera de lo común tenían por irrisorios los  asuntos humanos, de modo que necesitaban aislarse en soledad. Deseaban  estar libres de perturba­ciones y vivir en quieta paz. El filósofo  mostraba fortaleza anímica ignorando la familia o menospreciando bienes  materiales. Estaba, pues, convencido Hipócrates de que los Abderitas no  iniciados en la filosofía juzgaban a Demócrito equivocadamente.</p>
<p>Llegado  a Abdera se confirmaron sus sospechas. Demócrito no estaba loco en  absoluto. Todo lo contrario. Más aún: disecaba animales porque  ¡estudiaba la locura! Quería aprender sobre la <em>bilis, </em>considerada  su causa. ¡Cuánto le hubiera gustado a Hipócrates haber tenido tiempo  para una investigación semejante, de suma importancia médica! &#8220;Que te lo  impide?&#8221;, le preguntó Demócrito. ¿Los hijos?, ¿el matrimonio?, ¿los  bienes?, ¿el dinero?, ¿la enfer­medad?, ¿la muerte? La ironía es  patente. No había caso: burlán­dose de Hipócrates, Demócrito hacía burla  de las preocupacio­nes humanas. Las reputaba nimias, irrisorias,  fuentes de proble­mas y desgracias. Hipócrates no obstante le manifestó  su des­acuerdo. La falla para él no era de los hombres sino de la  natura­leza que los ha hecho seres necesitados y frágiles, objetó.  Enton­ces con una típica diatriba cínica, Demócrito le habló de la  inuti­lidad del hombre.</p>
<p>Hipócrates dejó Abdera convencido de que  la risa del filósofo era la de un sabio y un signo de la mejor salud.  Así le cuenta en carta a un tal Damágeto: &#8220;Mi conjetura, Damágeto,  resultó ser cierta. Demócrito no está loco; es más bien el hombre más  sabio que he visto. Con su conversación me hizo más sabio, y por mí a  todos los demás hombres&#8221;. Nada menos&#8230;</p>
<p>Platón, en su diálogo <em>Teetetos </em>(174c-175b)  trae, por su parte, un cuadro donde los hombres comunes y corrientes de  la ciudad se ríen y desdeñan al filósofo. Lo toman por un inservible  que vive en las nubes (no ve lo que tiene delante de sus narices,  cayéndose en un pozo como Tales por andar mirando embobado los cielos);  un ser incapaz de desempeñarse bien en los asuntos humanos como la  mayoría; un ser alejado de las verdaderas delicias de la vida. El  filósofo, a su vez, se ríe de quienes elogian a los gobernantes, o se  enorgullecen de tener unos metros de tierra o se vanaglorian de sus  ancestros o de cualquiera de las pequeñeces humanas o cuyos goces se  reducen los placeres más groseros de la vida.</p>
<p>La risa que Platón describe es la de un <em>intelectual. </em>Como  Demócrito, está convencido de que los afanes y preocupaciones del común  de los mortales son irrisorios para aquel que está ocupa­do en la  contemplación de la naturaleza en su conjunto hasta en sus más mínimos  detalles; para aquel que, siempre perplejo en aporías o falta de  certeza, indaga &#8220;los abismos de la tierra&#8221; (Píndaro), las estrellas, el  firmamento y &#8220;más allá de los cielos&#8221;. Pero ya no es una carcajada  despreocupada. Hay en esa risa cierto desdén encubierto, solapado. No es  espontánea, como la de los niños; ni estruendosa y desfachatada como la  del carnaval.</p>
<h3>La risa de Nietzsche</h3>
<p>Si algún filósofo ha insistido en el poder disolvente y nihilista de la risa, ése ha sido Nietzsche. Aseveró en su <em>Zaratustra:</em></p>
<blockquote><p>No sólo con la cólera, sino con la risa se mata. ¡Adelante! ¡Mate­mos el espíritu de la pesadez! ( &#8220;Leer y escribir&#8221;)</p>
<p>Y yo les he ordenado que derriben sus antiguas cátedras [<sub>.</sub>...] les he mandado que se rían de sus grandes maestros de virtud, de sus santos, de sus poetas, de sus salvadores del mundo.<br />
Les he mandado que se rían de sus sabios austeros [..]<br />
También gritaba y reía en mí mi sabio anhelo &#8211; una sabiduría  verdaderamente salvaje &#8211; mi gran deseo alado nacido en las monta­ñas.  (&#8220;De las antiguas y las nuevas tablas&#8221;)</p>
<p>Quien más a fondo quiere matar, ríe (&#8220;La fiesta del asno&#8221;)</p>
</blockquote>
<p>¿Cuál  es ese &#8220;espíritu de la pesadez&#8221; que hemos de matar? El pensar &#8216;que se  quiere serio, grave, solemne, profundo, amonesta. Carece de alas y no  vuela ligero como la risa.</p>
<blockquote><p>En la mayoría de los  hombres el intelecto es una máquina pesa­da, sombría, rechinante, que  cuesta poner en movimiento: cuando quieren trabajar y pensar bien con  esta máquina, lo llaman <em>&#8220;tomar en serio </em>el asunto&#8221; &#8211; ¡oh, cuán  fastidioso tiene que serles el pensar-bien! Tal como parece, la amada  bestia hombre pierde el buen humor cada vez que piensa bien: ¡se pone  &#8220;serio&#8221;! Y &#8220;en donde hay risa y jovia­lidad, nada vale allí el pensar&#8221; &#8211;  así suena el prejuicio de esta bestia seria y contra de toda &#8220;ciencia  jovial&#8221;. &#8211; ¡Pues bien! ¡Mostremos que es un prejuicio! <em>(La gaya ciencia, # </em>327)</p>
</blockquote>
<p>El  discurso serio se opone con fiereza al que se toma las cosas &#8220;a la  risa&#8221;: es justamente &#8220;poco serio&#8221;. A veces lo ataca con severi­dad  extremista. Pero, por lo general, lo supone frívolo, superficial,  pasatista, inadmisible. Mera diversión que aparta a los hombres de los  problemas graves que vulneran y desgarran sus carnes, y destru­yen sus  trabajos, sus plantíos y sus días.</p>
<p>El discurso risueño, pese a  todo, carga contra el severo discurso del pensar serio y denuncia sus  lagunas o contradicciones, sus hipo­cresías o mentiras, su ridiculez, o  su miseria. Y hasta llega mofarse, en algún caso, de su peligrosidad  para las frágiles y sufridas carnes de los hombres, para el huerto  bullicioso y colorido de las delicias de la vida.</p>
<p>El pensador serio cree que la risa se suelta obscenamente cuan­do ya no se tienen argumentos. La risa estallaría como <em>ultima ratio. </em>Un  recurso de lo último en los debates, al faltarle a uno razones con qué  refutar al oponente. Nietzsche enarboló su bandera: &#8220;¡Mos­tremos que  esto es un prejuicio!&#8221;, fue su proclama.</p>
<p>Tajemos este asunto: no  era una refutación la risa de Demócrito. Era un efecto. Consecuencia  lógica ante la escena patética de la vanidad y ridiculez de todo lo  humano. De la misma manera, la risa para Nietzsche no intenta &#8211; a la  moderna &#8211; superar los argumentos de otros oponiéndoles argumentos  supuestamente más certeros y verdaderos. No: para él se trata de poner  de manifiesto, de paro­diar y desacralizar, mediante la risa, el  carácter insignificante, míse­ro, irrisorio, demasiado humano de los  valores ascéticos, de las grandes ideas, fundamentos e ideales que  sustentan las cosmovisiones.</p>
<p>Si con el Dios de la metafísica es  difícil reír &#8211; si no imposible -, con su muerte, con la muerte de la  moral vigente y aun de la gra­mática, podemos hacerlo. Pero, en el <em>Zaratustra, </em>la risa del hombre de la plaza y del mercado es la de aquel que no puede soportar un acontecimiento demasiado desgarrador: <em>la caída angustiosa en el abis­</em><em>mo vertiginoso de la nada. </em>Se  ríe porque no tiene más remedio, porque no tiene en qué sostenerse. Y  esa risa ocultaría lo terrible y pavoro­so de su situación. Es la risa  de un enloquecido&#8230;</p>
<p>Por tanto, sostiene Mónica Cragnolini, la  risa disolvente no nos cura del morbo oscuro de la decadencia. Otro tipo  de risa nos permite enfrentar de nuevo el vacío del abismo con alegría,  con ligereza, con voluntad de superficie: es la risa <em>creadora: </em>la  risa del filósofo artista, la que forma parte de su obra de arte. La  risa del filósofo artista aligera los conceptos, sacándolos de su  habitual &#8220;egipticismo&#8221; para adaptarlos a la posibilidad de perspectivas,  al cambio del punto de vista y a la multiplicidad de las miradas y los  ojos. Porque una vez desaparecido el ojo único &#8211; la <em>arkhé </em>del siste­ma &#8211; los ojos se multiplican.</p>
<p>La  risa construye una visión compuesta de múltiples puntos de vista. La  visión que se cree única es risible. Pese a todo, la de Nietzsche fue la  risa fría de un intelectual. Tomó demasiado en serio su oficio de  filosofar a martillazos. Leáse <em>Ecce Homo. </em>Un filósofo es para  él una tormenta que camina grávida de rayos (como los de Zeus); un  hombre fatal, rodeado siempre de truenos y aullidos y gruñidos y  acontecimientos inquietantes. Lo dice textualmente en el 292 de <em>Más allá del Bien y del Mal.</em></p>
<p>Con ceño fruncido habló de la risa, de su función disolvente o creadora y expuso de qué reírse. No supo reírse de sí mismo, y <em>menos aún de sus ideas, ni de sus vislumbres ni de sus conjeturas verosímiles. </em>Su  dionisismo fue de texto académico: pura imaginación idealizada. En su  vida real, no supo festejar, ni danzar, ni vivir sin bibliotecas (como  le confesó a su hermana cuando lo invitó a venir al Para­guay)&#8230; Y  encima, quién diría, ¡detestó el vino!</p>
<p>Pese a estas contradicciones, que a él también lo vuelven risible (y no tengamos pudor entonces de<sub>,</sub> burlarnos de sus exageradas proclamas filosóficas), vislumbró sin  embargo una risa distinta, la verdadera risa de la cultura (que como  buen intelectual europeo la hace caer erróneamente del lado de la  filosofía, también ella ridiculizable). Así lo expuso en la obra que  acabo de citar <em>(# </em>294):</p>
<blockquote><p>A despecho de ese  filósofo que, como genuino inglés, intentó crear entre todas las cabezas  que piensan una mala fama al reír &#8211; &#8220;el reír es un grave defecto de la  naturaleza humana, que toda cabeza que piensa se esforzará en superar&#8221;  (Hobbes) -, yo me permitiría incluso establecer una jerarquía de los  filósofos según el rango de la risa &#8211; hasta terminar por arriba con  aquellos que son capaces de la carcajada <em>áurea. </em>Y suponiendo  que también los dioses filosofen, cosa a la que más de una conclusión me  ha empujado ya -, yo no pongo en duda que, cuando lo hacen, saben reír  también de una manera sobrehumana <em>(übermenschliche) </em>y nueva &#8211;  ¡y a costa de to­das las cosas serias! A los dioses les gustan las  burlas: parece que no pueden dejar de reír ni siquiera en las acciones  sagradas.</p>
</blockquote>
<p>Digamos pues algunas cosas de esta risa  sobrehumana y vieja, no tan nueva, como él cree, que suspende el  filosofar por unos días y le da asueto a su penoso y cotidiano esfuerzo.  Luego nos aban­donaremos a ella y nos pondremos a festejar.</p>
<h3>La risa ritual</h3>
<p>En muchas culturas &#8211; y la griega no fue ajena a esto <a name="v01"></a>[<a href="#01">1</a>]- <em>la risa es el privilegio de la divinidad </em>(quien se ríe <strong>del </strong>diablo y puede reírse <strong>con </strong>él). Los hombres participan de este privilegio y, en cierto tipo de ritua­les, comulgan con la risa sagrada de los dioses <a name="v02"></a>[<a href="#02">2</a>].  Bajo esta dimen­sión, la risa, en especial la risa enmascarada es  también fuente de enseñanzas. Un hecho algo difícil de comprender por el  pensa­miento filosófico y científico occidental, porque el &#8220;dios&#8221; de su  metafísica, sea ésta incluso atea o agnóstica, no quiere enmascararse  sino desenmascarar y, como ya dije, no se ríe. Frunce el ceño. La  creencia en la divina &#8220;seriedad&#8221; de la fe o de la teoría &#8211; un  antropomorfismo también &#8211; vuelve incomprensible a la risa para el  conocimiento de las cosas y dificulta la captación de su sentido.</p>
<p>Bajtín  ha expuesto con su conocida lucidez y perspicacia el ca­rácter de la  risa en el Medioevo y el Renacimiento (rasgo que cam­bió a partir del  siglo XVII): implica un sentido universal del mundo y de la vida. Esta  risa &#8220;ritual&#8221;, especialmente en el rito del carnaval, se ríe de los  mismos que se ríen. Nada ni nadie queda inmune o a salvo de sus burlas y  risoteo desenfrenados. Su mofa risueña quita seriedad al mundo. Lo  vuelve &#8220;nada&#8221;: es nihilista. Por eso fue cho­cante para el severo y  estricto hombre moderno. Se le hizo difícil (aún hoy) entender la farsa  burlona y la carcajada sin prejuicios de los carnavaleros que no se  cuidan de los discursos &#8220;políticamente correctos&#8221;.</p>
<p>Risa extraña,  ambivalente porque no perdona a nadie y sin em­bargo está destinada a  la absolución de todos y a ser fuente de vida <a name="v03"></a>[<a href="#03">3</a>].  Una risa a veces desaforada hasta ver ridículo su propio grotesco y se  ríe entonces de sus propios desafueros. He aquí unas de las  peculiaridades del carnaval: no está siquiera atado a su propia  bufonada, ni a sus bromas ni a sus chanzas. Por eso se burla de sí (o  puede hacerlo&#8230; si se le da la gana). Absuelto de todo, se absuelve a  sí mismo. Bajo esta perspectiva, es el perdón universal, ¡aun de  aquellos que ridiculiza y condena! Una vez que ha sancionado, se  sanciona a sí con la muerte -el Rey Momo ha de ser sacrificado y  enterrado- liberando de esta forma a sus condenados y devolvién­doles la  vida.</p>
<p>Por este reírse de todo y de todos, por este estar libre  de sí mismo y de reírse de su propia payasada, cualquier cosa que se  diga de su risa según códigos ajenos al festejo, según pautas y maneras  de hablar propias del tiempo ordinario, no festivo, puede ser  even­tualmente objeto de ludibrio y volverse ridículo. Esta ambigüedad  absoluta de la risa y de la máscara carnavalesca la vuelve de difícil  tratamiento para la teoría. <a name="v04"></a>[<a href="#04">4</a>]</p>
<p>La risa del carnaval, al quitar temporalmente seriedad al mundo entero no sólo es universal sino también <em>crítica. </em>Enjuicia,  si lo cree oportuno, las iniquidades, injusticias y estupideces del  diario vivir. Sabe que es capaz de conocer y experimentar lo que los  bien-pen­santes desconocen, niegan, ocultan o rechazan. Puede  ridiculizar a quienes se oponen y combaten al carnaval con discursos y  moralinas que no corresponden al sentido autónomo que posee la fiesta  para sus participantes. Y es avezada en mofarse de quienes creen  enten­derlo todo acerca de sus acciones festivas con sesudas  interpreta­ciones intelectuales. Pero como he dicho: esa crítica  universal es al mismo tiempo <em>benevolente: </em>perdona a los mismos  que condena o pone en ridículo. Y su enjuiciamiento tiene una vigencia  ocasional, corta y pasajera: sólo durante la época del festejo y dentro  de sus códigos y cautelas rituales.</p>
<p>En nuestra cultura dominada por un discurso, por un <em>logos, </em>muy  pagado de sí mismo, muy creído de sus sospechas, muy seguro de lo  certero y agudo de sus interpretaciones, con un convencimiento tenaz  difícil de debilitar, ha querido ver en la risa liberadora una <em>negación ilusa del horror de la existencia </em>para hacerla llevadera, un <em>conjuro imaginario del espanto, </em>una forma <em>de encubrir la desnuda realidad </em>amenazada por el terror y el caos, un <em>sortilegio contra el miedo a la muerte </em>o el creerse <em>circundado por la nada.</em></p>
<p>Más  allá de la justeza de estas suspicacias, son parciales y dejan que  desear. Pueden ellas ser una forma muy pobre y miope de entender la risa  de las carnavaladas. Ella es pariente (o heredera) de la risa sacrílega  del bufón ceremonial.</p>
<p>El bufón o <em>clown </em>ceremonial es  quizás la figura más conocida y estudiada de la risa sagrada. Personaje  enmascarado, hace su apari­ción en muchas fiestas y rituales de Africa,  Norteamérica, Asia, Europa (especialmente en el Medioevo) y  Latinoamérica. Con fre­cuencia encarna el célebre burlador tramposo <em>(Trickster) </em>de tantos mitos de la literatura religiosa universal.</p>
<p>En  las reuniones tribales más solemnes y sacrosantas, el bufón trae a la  escena ritual y expone delante de todos, sin pudores ni censuras, lo  rechazado y excluido: violencias, escarnios, locuras, in­sultos, malas  palabras y gestos, explícitamente sexuales, irreverentes y sin decoro.  Transgrede y quiebra sacrílegamente las normas y las convenciones de la  vida ordinaria. O sea, conculca los cuidados establecidos en todo grupo  humano para evitar males irreparables, generadores de conflictos y  enfrentamientos peligrosos. Juega con el fuego. Se ríe de las creencias,  leyes y costumbres más veneradas y temidas; y provoca afecto, risa,  burla, odio y angustia por sus trans­gresiones sacrílegas. No respeta  nada ni a nadie, su licencia es total y golpea con tanta más saña cuanto  más digno de veneración y res­peto es el objeto blanco de sus  escandalosas agresiones. Goza por­que puede exponer la verdad cuando  lastima o levanta los velos de la hipocresía.</p>
<p>Cinco son  principalmente los ámbitos de sus provocaciones: lo sagrado, la cultura,  el sexo, la fortuna y el poder. Ámbitos de fuer­zas, significaciones y  valores que ordenan la condición humana de los hombres,y <em>también la desordenan, </em>he ahí lo sutil y decisivo: 1) <em>Lo </em><em>sagrado &#8211; </em>que delimita lo inviolable y hace posible la vida &#8211; puede constituirse en una sobrecarga destructora. 2) <em>La cultura &#8211; </em>que  apor­ta el sentido con los símbolos, las jerarquías y las leyes,  organiza la vida y da los medios de sustento y sus terapias &#8211; puede  negar aspi­raciones o necesidades legítimas de los individuos. 3) <em>El sexo &#8211; </em>que  satisface con gozo sus pulsiones y perpetúa al grupo &#8211; se convierte en  el terreno de lo reprimido, de las violaciones y de las torturas  mutiladoras en actos de venganza o en ritos específicos. 4) <em>La fortu­</em><em>na &#8211; </em>la  suerte que concede oportunidades desiguales y cambiantes &#8211; presenta su  lado maléfico: la desgracia o el infortunio, esto es la mala suerte. 5) <em>El poder &#8211; </em>que  ordena, protege, unifica y sanciona la justicia &#8211; cede a las  tentaciones de la opresión, la violencia, la menti­ra, la arrogancia y  las arbitrariedades.</p>
<p>Justamente, es la ambivalencia de los  aspectos más serios de la vida de los hombres, la que da pie a la  actuación enmascarada del bufón ceremonial. Él rebaja la comunicación  con los dioses; se burla de las actitudes rituales; atenta contra los  decoros, que impo­ne la cultura, con comportamientos bestiales o  salvajes, con su len­guaje soez, con vestimentas indecorosas y  ridículas; escandaliza con sus simulacros de vulvas y penes exagerados y  expuestos, o con sus imitaciones de cópulas aún en los altares, o  incitando a la licencia sexual irrestricta e incestuosa; se mofa de las  desgracias y de los defectos físicos ajenos con caricaturas exageradas  hasta lo grotesco y lacerantes. Además, puede burlarse de quien posee el  mando del grupo y hacerlo con total impunidad. También él es sagrado e  in­violable cuando pone de manifiesto, dentro de las normas rituales, la  severidad, las arbitrariedades, las injusticias, las incongruencias,  los delitos, las debilidades, las aberraciones, la crueldad, en  definiti­va el lado oscuro e inconfesable del poder político.</p>
<p>Es,  pues, un creador de desorden por medio de la dramatiza­ción sagrada del  ritual. Un actor necesario, un antihéroe, un trasgresor de todos los  límites prohibidos, cuya máscara revela, por un lado, el carácter  convencional y contingente de los ordenamientos huma­nos, incluidos los  más sacrosantos y constrictores. Por otro lado, en clave más psicológica  pero no la más decisiva, hace públicos los deseos, fantasías y  transgresiones de la comunidad que el orden de la vida &#8220;ordinaria&#8221; ha de  censurar y reprimir necesariamente para evitar conflictos y desórdenes  que la amenazarían. Ninguna cultura podría soportar en el ordenamiento  de la vida diaria de su gente sus transgresiones sacrílegas o  irreverentes. Sólo son aceptables, con los debidos recaudos rituales, en  el recinto sagrado de la celebra­ción; <em>jamás fuera de él. </em>Uno  de esos recaudos, dado que se ha de volver al tiempo normal, es con  frecuencia la sanción que recibe por sus procacidades, desmesuras y  profanaciones sagradas.</p>
<p>Y, además, con su risa sagrada, hiriente  e irrespetuosa, escarne­ce y ultraja a la autoridad política a la que  enrostra sus abusos, iniquidades o felonías. Pero, por sobre todas las  cosas, subraya el carácter extraordinario del ritual, su poder de  purificación y su se­paración tajante con el orden cotidiano de la vida  normal sujeta a reglas y prohibiciones.</p>
<h3>Lecciones sapienciales de la risa</h3>
<p>A  pesar de su carácter satírico, risueño, payasesco y liberador, este  personaje, querido y esperado por los celebrantes del rito o del  festejo, también despierta odios, angustias y miedos. Su papel en el  rito es ambivalente como lo es el desorden que encarna. Sin em­bargo,  deja algunas lecciones sapienciales para la vida de la comuni­dad.</p>
<p>Una,  su risa y su burla (que suscita la risa y la burla de la audien­cia)  quita seriedad y peso a lo que los hombres tienen por lo más grave y  venerado porque encarna la risa de los dioses que se ríen de la vida y  de los asuntos que los mortales consideran serios. La risa &#8211; afirma  Octavio Paz, en <em>Signos en rotación &#8211; </em>&#8220;devuelve el universo a su  indiferencia y extrañeza originales: si algún sentido tiene, es divina y  no humana. Por la risa el mundo vuelve a ser un lugar de juego, un  recinto sagrado, y no de trabajo. [...] El trabajo es serio; la muerte y  la risa le arrebatan su máscara de gravedad&#8221;.</p>
<p>En realidad, la  risa, en cuanto privilegio de la divinidad, va mu­cho más allá: puede  restarle seriedad a lo &#8220;sagrado&#8221; de la vida diaria. Son incontables los  testimonios de esto en la literatura antropológica. <em>La risa ritual &#8220;sacrílega&#8221; aligera el peso demasiado humano </em><em>con que se carga lo sagrado en el vivir habitual y del que los mismos dioses se </em><em>ríen. </em>Todo  lo humano es en cierto sentido ridículo ante sus ojos, incluso la forma  que los hombres tenemos de entender y actuar la relación para con  ellos. Reírse, pues, junto con los dioses de lo más solemne y grave, lo  sagrado &#8211; en ninguna cultura, hasta la edad moderna de los europeos, el  trabajo ha sido lo más grave y serio -, es un modo sublime y místico de  participar de lo divino <a name="v05"></a>[<a href="#05">5</a>].</p>
<p>Otra  enseñanza: la desacralización ritual de lo que en el orden cotidiano es  lo más sacrosanto, hecha por la risa sagrada del bufón, tiene un efecto  saludable. Deja abierta una instancia superior a la que remitirse  cuando los poderes ordinarios (políticos o religiosos) se extralimitan y  se constituyen en la instancia de juicio y condenación última,  absoluta, inapelable e impune, o cuando conculcan sus obli­gaciones y  compromisos para con los miembros de la etnia asfixian­do sus vidas o  procediendo con iniquidad o con perfidias. La risa los obliga a refrenar  su orgullo y a mantenerlos más cerca de la comunidad. <a name="v06"></a>[<a href="#06">6</a>] En la alegría liberadora de esta clase de fiesta, que detiene el brazo  del castigo humano y la pena de muerte, nuestros cuerpos se saben  resguardados y pueden vivir confiadamente unos con otros.</p>
<p>Y una  tercera es la distinción entre la realidad que revela, en el interior  del rito, la máscara grotesca del bufón ceremonial y la rea­lidad que  han de enfrentar los hombres en su vivir cotidiano. Su carácter de  ficción ritual impide confundirlas y la audiencia com­prende  perfectamente los códigos de esa diferencia.</p>
<p>Entre el orden  desordenado de la risa ritual y el orden con su desorden concomitante de  la vida ordinaria no hay simetría estric­ta. Dentro de las pautas de la  celebración casi todo es posible, incluso la irreverencia más  &#8220;desaforada&#8221; porque ella es también sacra y extraordinaria. En cambio,&#8217;  la misma trasgresión no es ad­misible en el ordenamiento de todos los  días. Y sería castigada con la pena más severa. El desorden ritualizado  del humor sacro -algo que para nosotros ya suele carecer de sentido y  resultarnos incomprensible- está en función de una sabiduría para la  vida diaria pero <em>no para su replicación literal en ella. </em>Por  eso el bufón al final es castigado o muere ritualmente. Esa es su  enseñanza: saber reírnos de nosotros mismos sin por ello dejar de  guardar ciertos respetos necesa­rios que hacen posible la vida  cotidiana. La risa ritual y la risa ordi­naria pertenecen a mundos  distintos. Hay que mantenerlas separadas, como separados son sus mundos.</p>
<p>Esta  separación no es total porque además de que se cuelan subrepticiamente  maneras indebidas en uno y otro sentido (dada la porosidad de las  fronteras), también se establece en muchos casos qué es lícito pasar de  uno a otro mundo y la forma de hacerlo debidamente y que no. En las  culturas de la tradición estas &#8220;formas debidas&#8221; están determinadas desde  el rito. En los tiempos moder­nos los mismos festejantes que son a su  vez &#8220;ciudadanos&#8221; comu­nes, o miembros de la sociedad a la que  pertenecen, suelen mayoritariamente juzgar, sin planteárselo  conscientemente en cada caso, que es debido o indebido.</p>
<p>Pero  contra lo que se suele decir, los criterios de &#8220;corrección&#8221; de las  normas sociales no siempre están impuestos por las ideolo­gías  hegemónicas en la vida cotidiana. En ocasiones, la experiencia de lo  vivido en el rito impregna los criterios para evaluar la acción sensata o  pertinente en situaciones concreta de la vida diaria. A veces contra  los criterios de valoración predominantes.</p>
<h3>Volviendo al carnaval&#8230;</h3>
<p>Su risa tiene, <em>mutatis mutandis, </em>los  rasgos descriptos de la risa sacrílega. Y también en él se mantienen  separados, cuanto se pueda, dos mundos distintos. Uno, el de todos los  días, con sus normas, sus jerarquías, sus estructuras, sus diferencias,  sus bondades y males, sus justicias e injusticias. Otro, fuera de lo  común y cotidiano, el mundo carnavalesco donde, con su borrado o  tachadura del coti­diano, se gozan otras experiencias de la vida humana.</p>
<p>Pero <em>el orden fundamental </em>que se instaura con el carnaval es <em>ese </em><em>mundo dividido en dos. </em>No  se trata de la división entre un mundo oficial y otro no oficial basado  en expresiones populares. En esto hay que corregir a Bajtín. Se trata  de la división entre uno ordinario (oficial y no oficial) y otro  extraordinario que se aparta de aquel y suspende tanto cuanto puede su  vigencia durante la celebración, con códigos totalmente otros. Con la  fiesta se consagran ambos mundos que han de coexistir para la  salvaguarda de dimensiones humanas que sólo puede vivirse en uno y otro  mundo. Los que festejan lo saben y no los confunden: los mantienen  separados y paralelos, irreductibles entre sí, <em>basta donde creen necesario y pueden, </em>evi­tando  que se excluyan mutuamente o que uno invada y quiera do­minar al otro.  El carnaval sería, entonces, una modo étnico de afir­mar que los hombres  necesitan un mundo dual a fin de experimen­tar ciertas dimensiones de  la vida y estar, al mismo tiempo, a res­guardo de todo aquello que  desgarra el ideal de una comunidad humana universal, inalcanzable en un  tiempo único ordinario, cual­quiera sea la forma de concebirlo y  organizarlo, cualquiera sea la bondad del orden que se establezca.</p>
<p>En  el carnaval, con frecuencia, se enrostran los pecados, las fe­lonías,  las hipocresías, las iniquidades, las injusticias y las estupideces y se  hace burla incluso de lo más sagrado del diario vivir. Pero al reírse  la gente de su propio enjuiciamiento quedando todo perdo­nado y sin  castigo, enteramente absuelto, ni él ni su risa pueden ser modelos de la  totalidad. En la vida diaria no se puede perdonar todo, so pena de que  la vida en comunidad se transforme en un infierno. Sólo <em>carnavalescamente es posible la vivencia de un perdón universal, </em><em>sin que se ponga en peligro la convivencia ordinaria.</em></p>
<p>Debido  a esto, como los festejantes lo saben muy bien, el rey Momo ha de  morir. Y no se remiten a esperanzas utópicas. No esperan la desaparición  definitiva de los males en un tiempo por venir. Celebran apenas el gozo  temporal de conceder el perdón del dios a todos los que festejan. El  carnaval les posibilita vivir la ino­cencia original, bajo ciertas  condiciones: deponiendo las armas, los odios o las violencias homicidas,  recibiendo de buen grado las bur­las o aceptando que se saquen los  trapitos al sol de todos, especial­mente los de los gobernantes, de los  encumbrados, de los podero­sos, de los que ven con menosprecio o espanto  las licencias y locu­ras carnavaleras del común de la gente.</p>
<p>Cuando  se hayan acallado los clamores de las disputas por la totalidad, y los  debates actuales hayan muerto, probablemente los carnavaleros seguirán  festejando, y tendrán quizás nuevos embates que resistir, nuevos mundos  que suspender, nuevas formas y ma­neras de disfrutar las delicias de la  vida, nuevas cosas de las que reírse. En una palabra, seguirá la  historia del carnaval igual a como ha venido siendo desde hace milenios.</p>
<hr />
<h2>Notas</h2>
<p><a name="01"></a>[1] Los dioses homéricos eran alegres. La sonrisa era distintiva de Afrodita. Ver en <em>Ilíada, </em>I,  599, las conocidas palabras de Hornero sobre la inextinguible sonrisa  de los dioses. Un poco antes ha hablado de la sonrisa de Hera. Cf.  también <em>Odisea, VIII, </em>327. [<a href="#v01">volver</a>]</p>
<p><a name="02"></a>[2] Según esto, podríamos interpretar el famoso &#8220;diablo que anda suelto&#8221; en el carnaval como un <em>daimon, </em>un  ser &#8220;demónico&#8221;, con que los dioses se regocijan en enviarlo para  dislocar los poderes humanos, las estructuras sociales, las normas y las  iniquidades y permitir de esa manera a los hombres aligerarse con la  risa sacrílega que comparten con ellos. A fin de evitar malos  entendi­dos: este diablo es <em>la máscara misma con su risa </em>(que  todo confunde y trastrueca) que da testimonio de los poderes a cuya  merced están los hom­bres irremediablemente. Con las máscaras los  humanos participan de este juego peligroso librándose a su soberanía,  confiando alegremente en las bue­nas consecuencias de tal entrega  sacrílega. Las diabluras del carnaval consis­ten en soltar el desorden  (nunca dominable en definitiva por ningún poder humano), ese &#8220;desorden  divino&#8221;, tapado o negado por el orden establecido para la vida normal.  Orden este que, más allá de su necesidad, más allá de sus innegables  beneficios, más allá de sus intenciones y proclamas, es siempre  estrecho, rígido, encorsetante, punitivo, arbitrario, cruel, y, si se  absolutiza, mortal. [<a href="#v02">volver</a>]</p>
<p><a name="03"></a>[3] En el folklore europeo, como lo ha señalado Propp, la risa tenía que  garantizar la fertilidad de la tierra y la fecundidad de toda la  naturaleza. Ello explicaría para él el que en ciertos mitos y cuentos la  diosa asiste al parto sonriendo, que el héroe se reconozca vivo en el  reino de los muertos si se echa a reír, que la risa de la princesa haga  florecer las flores (como todo revivió de nuevo cuando Perséfona volvió a  reírse), etc.. Esto explicaría también la risa durante los funerales:  reír sobre las tumbas significa que lo que está muerto puede volver a  renacer. La risa carnavalesca que acompaña la muerte del muñeco de  carnaval tendría ese mismo significado mágico antiguo la risa no influía  sobre la natura­leza de forma inmediata sino que a través de las  personificaciones antropomórficas de la fiesta, que asesinadas resurgían  bajo forma de hierbas o cereales, provocaban la cosecha. [<a href="#v03">volver</a>]</p>
<p><a name="04"></a>[4] El carnaval es un fenómeno resbaladizo que se escabulle continuamente a  ser apresarlo por la mirada del teórico. Está dominado por las  creaciones dramáti­cas, que a veces son acontecimientos únicos e instantáneos, por la multiplica­ción confusa e inclasificable de las  máscaras y de los papeles, por las conductas astutas y sutiles, por los  gestos y los guiños de ojos imperceptibles a los extra­ños, por los  sobreentendidos que implican una historia carnavalesca inmemo­rial,  etc.. En esto se asemeja al medio ambiente urbano descripto por M.  Delgado quien se pregunta: &#8220;Si es así, ¿cuál es la posibilidad, en tales  condicio­nes, de desarrollar una etnografía canónica, como la  practicada en contextos exóticos, o al menos respetuosa con ciertos  requisitos que suelen considerarse innegociables?&#8221; (1999: 44). [<a href="#v04">volver</a>]</p>
<p><a name="05"></a>[5] Parafraseando a M. KUNDERA quizás sea ajustarlo decir que el arte  inspirado por la risa de Dios (y el carnaval se encontraría dentro de  ese arte) es, en una de sus dimensiones más decisivas, un contradictor  de las certezas ideológicas. A seme­janza de Penélope, desteje por la  noche lo que teólogos, filósofos y científicos sociales han tejido  durante el día. Kundera pretende fomentar una actitud tolerante y  solidaria mediante el humor y la asunción de nuestra contingencia, algo  que le carnaval cultiva y logra con relativa facilidad (aunque no en  todos los casos, claro). [<a href="#v05">volver</a>]</p>
<p><a name="06"></a>[6] Muchos estudiosos han llamado la atención sobre el rol político del bufón <em>ceremonial </em>o de corte. M. GLUCKMAN en <em>Política, derecho  ritual en la sociedad tr</em>ibal  sostiene que el bufón de la corte (era en muchos países africanos un  enano o alguien de aspecto extraño, no habitual) actuaba como árbitro  privilegiado de las cuestiones morales, al poder burlarse del rey, de  los cortesanos o del señor de lit casa.. Ellos tenían el poder de  enrostrarle a los monarcas los sentimientos de la moralidad ultrajada.  V. TURNER en su conocido libro E! <em>Proceso ritual </em>hace un  comentario sobre la risa, el poder político y el enjuiciamiento moral de  este último (su egoísmo, maldad, latrocinio, cólera, brujería y  codicia) que vale la pena rescatar: &#8220;Todos estos vicios representan el  deseo de poseer para uno solo lo que debería compartirse con otros para  lograr el bien de la comunidad. (&#8230;) El jefe no debe ‘aprovecharse de  la jefatura para sí&#8217;; ‘debe reír con su pueblo&#8217;, y la risa es para los  ndembu un atributo ‘blanco&#8217;, y forma parte de la definición de  ‘blancura&#8217; o ‘cosas blancas&#8217;. (&#8230;) Así, por ejemplo, la risa ‘blanca&#8217;,  que resulta patente en el destello de los dientes, representa la  camaradería y el compañeris­mo; se opone al orgullo, y a las envidias,  apetitos y rencores ocultos que se plasman en conductas de brujería,  latrocinio, adulterio, maldad, y homicidio. Incluso una vez elegido, el  jefe debe seguir formando parte de la comunidad constituida por los  miembros de la tribu, y demostrarlo ‘riendo con ellos&#8217;, respetando sus  derechos, ‘acogiendo de buen grado a todos&#8217; y compartiendo con ellos la  comida&#8221;. [<a href="#v06">volver</a>]</p>
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		<title>El amor en los medios de comunicación</title>
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		<pubDate>Sun, 12 Sep 2010 18:37:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>luis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Medios y cultura popular]]></category>

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		<description><![CDATA[Para tratar de hacerle frente a este difícil desafío que me han encomendado los amigos del IOM [1], voy a referirme, en primera instancia, a tres investigaciones que -de una u otra manera- dicen algo acerca de nuestro tema. La primera de ellas es una investigación de Beatriz Sarlo, la segunda es un trabajo propio [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Para tratar de hacerle frente a este difícil desafío que me han encomendado   los amigos del IOM <a name="v01">[</a><a href="#01">1</a>],    voy a referirme, en primera instancia, a tres investigaciones que -de  una u   otra manera- dicen algo acerca de nuestro tema. La primera de  ellas es una   investigación de Beatriz Sarlo, la segunda es un trabajo  propio y la tercera   es una propuesta de análisis del investigador  colombiano Jesús Martín-Barbero.   A su modo, diría que los aportes de  Sarlo y Martín-Barbero delimitan el campo   de estudios de la cultura  popular en América Latina, revalorizando los aspectos   relacionados con  el placer y, dentro de ellos, las narrativas románticas. Mi   trabajo,  en consecuencia, se mueve dentro de ese campo así delimitado.</p>
<p>Luego  de esta tarea topográfica intentaré dar cuenta de la situación actual    del amor en los medios de comunicación, y del contraste resultante  sugeriré   algunos esbozos de análisis.</p>
<h3>Letras amorosas: la narrativa sentimental popular</h3>
<p>En  la década de los 80 Beatriz Sarlo publica tres libros acerca de la  cultura   urbana argentina en las primeras décadas del siglo XX, libros  que constituyen   -a mi modo de ver- la parte más significativa de su  obra. Uno de estos textos   se llama <em>El imperio de los sentimientos</em>, y ya desde su nombre nos   indica que ha de estar relacionado con nuestro tema.</p>
<p>Este  libro analiza las llamadas &#8220;narraciones semanales&#8221;, un tipo   de  publicación periódica que se autodenomina &#8220;novela&#8221;, aunque se   trate  más bien de colecciones de cuentos o folletines. De distribución  alternativa   al circuito de librerías, sus lectores las adquirían en  kioscos o comprándolas   a vendedores domiciliarios, y tuvieron un  enorme éxito desde mediados de la   década del 10 hasta mediados de la  del 20, es decir hasta que la radio operó   como relevo, como veremos.</p>
<p>Sarlo  denomina acertadamente a estas narrativas &#8220;textos de felicidad&#8221;,   ya  que la felicidad es el tema dominante, casi excluyente, pero también  porque   fue su objetivo brindársela a sus lectores. En tal sentido, el  amor es el eje   de estas narraciones: &#8220;Las narraciones semanales se  escriben (y se leen)   con la seguridad de que el amor es el sentimiento  más interesante&#8221; (Sarlo,   2000, 131). Pero el amor es siempre un amor  apasionado: amor y pasión van juntos,   son inseparables y constituyen  un orden de significación: el orden de los sentimientos.   En el  transcurso de la narración, los amantes deberán sortear una serie de    obstáculos; algunos pertenecientes al mismo orden de los sentimientos  (por   caso, otros pretendientes) pero otros, mucho más interesantes  literariamente,   provenientes de dos órdenes diferentes e  independientes respecto al primero:   el orden moral y el orden social.  El amor-pasión ha de entrar en conflicto   tanto con los deberes morales  como con las convenciones y distancias sociales:</p>
<blockquote><p>Los  hombres y las mujeres presos del amor son tan ciegos como el narrador    que los representa. Por amor se pueden violar las convenciones sociales,  faltar   a los deberes, incluso matar o morir. Por amor, también,  alguien puede ser   redimido o, si es ilegítimo, perderse para siempre  (Idem, 131).</p>
</blockquote>
<p>Sin embargo, a diferencia de versión  endulcorada que Piñeyro puso en boca   de Tanguito al hacerle cantar que  &#8220;el amor es más fuerte&#8221;, en las   narraciones semanales el amor, fuerza  que mueve la narración y con ella el   mundo, no siempre alcanza el  poder suficiente para derribar los obstáculos   que se le interponen. El  carácter en última instancia conservador, reforzador   de las  desigualdades sociales, hace que resulte típico -en esta narrativa-    que los amores que vinculan a sujetos de distinto origen social acaben  de manera   infeliz.</p>
<p>Justamente, si decíamos que esta narrativa estaba constituida por <em>textos     de felicidad</em>,  resulta necesario analizar de qué manera es definida la     misma en el  mundo narrativo de las novelas semanales. En este mundo un final      feliz no acaece de manera azarosa, sino todo lo contrario: las opciones  quedan     delimitadas entre la felicidad legítima y la desgracia  merecida. Las decisiones     que irán adoptando los personajes, y entre  estos especialmente los personajes     femeninos, marcarán cuál de estas  dos opciones será el resultado final de     la historia.</p>
<p>Si el  desarrollo de la trama se da a partir de los conflictos potenciales    entre los tres órdenes antes mencionados (el de los sentimientos, el  moral   y el social), la legitimidad de cada uno no es idéntica. Por  regla del género,   es posible (aunque no seguro) el éxito del orden de  los sentimientos frente   al orden social (y así la joven pobre puede,  en ocasiones, finalizar junto   al joven heredero), pero resulta  inadmisible que triunfe por sobre el orden   moral.</p>
<blockquote><p>El  ideal de felicidad aparece promoviendo un ideal de pareja legítima,  núcleo   de familia, que incluye la perspectiva de la descendencia. Se  trata de narrativa   sentimental que postula un mundo sometido al <em>imperio de los sentimientos</em>,    por encima de otras pasiones, como la ambición, la lucha por el poder  o la   fama (típicas, por otra parte [y en contraste], de la novela  decimonónica)   que, si se contraponen a los sentimientos domésticos, no  producen sino la ocasión   de la infelicidad (Idem, 166).</p>
</blockquote>
<p>Así,  la felicidad es indisociable del matrimonio con la persona amada, &#8220;la    mediadía del deseo satisfecho en el marco del matrimonio y la familia&#8221;   (Idem,   167). Para llegar a este final feliz, la mujer (gran  protagonista de estos   relatos) debe elegir bien. Sus elecciones deben  ser motivadas por los sentimientos,   pero al mismo tiempo el  destinatario de su amor debe merecerlo y debe evitar   la &#8220;caída&#8221;, ya  que responder apresuradamente (es decir, antes del   matrimonio) a los  requerimientos sexuales del varón conlleva al dolor y al   sufrimiento,  situación de que podrá tal vez redimirse, pero con dificultades   y  sacrificios.</p>
<p>En esta narrativa existen algunas reglas inviolables para alcanzar la felicidad:</p>
<blockquote>
<ol>
<li>
<div>la  regla del tercero excluido, por la que la felicidad fundada en uniones        irregulares es sólo efímera satisfacción del deseo;</div>
</li>
<li>
<div>la  regla de la transitividad, por la que si se causa o se amenaza con        la infelicidad a otro, por este mismo movimiento se pone en peligro la        felicidad propia;</div>
</li>
<li>
<div>la regla de no aspirar a un cambio de nivel social, excepto que este       cambio esté apoyado en una pasión verdadera;</div>
</li>
<li>
<div>la regla, sobre todo para las mujeres, del sentimiento en la cúspide       de la pirámide (Idem, 176).</div>
</li>
</ol>
</blockquote>
<p>Con  sus limitaciones, carente a veces de la fuerza suficiente para  imponerse   a las desigualdades sociales, imposibilitado siempre de  triunfar frente a un   orden moral severo y vengativo, el sentimiento  amoroso es el eje de esta narrativa,   y de las ensoñaciones semanales  de sus lectores.</p>
<h3>El amor en el éter patagónico: los radioteatros de Pablo Miranda</h3>
<p>Como  segundo ejemplo me referiré a un caso más cercano, que tuve ocasión de    indagar hace algunos años, en una investigación apoyada por el Fondo  Nacional   de las Artes. Se trata del desarrollo del radioteatro en la  Patagonia Sur,   y específicamente de la escritura radioteatral de Pablo  Miranda.</p>
<p>Las primeras emisiones radiales en la región datan de  1938, por parte de la   Compañía Broadcasting de la Patagonia, más tarde  LU4 Radio Patagonia Argentina.   Además de la retrasmisión en cadena de  señales de Buenos Aires (El Mundo, Belgrano   y Splendid) el nuevo  medio fue posibilitando la producción local de programas,   y entre  ellos los primeros radioteatros, encarados por grupos vocacionales.   A  partir de fines de la década del 40 comenzará una nueva etapa con la  llegada   de Alfredo Sahdi y la constitución de elencos radioteatrales  estables por parte   de agencias de publicidad. El radioteatro empieza a  funcionar entonces en la   región como una verdadera industria  cultural.</p>
<p>En este contexto resulta muy importante el trabajo de  Pablo Miranda, actor   y escritor de origen catalán que arriba a  Comodoro Rivadavia en su adolescencia.   Desde el comienzo, y a  diferencia de las experiencias iniciales del radioteatro   regional,  Miranda asume el género de manera profesional. Primero como actor,    actividad que mantendrá a lo largo de su carrera, pero más  significativamente,   como escritor o guionista. De hecho, nos interesa  destacar este último aspecto,   ya que Miranda constituye un caso único  de autor radioteatral en la región.</p>
<p>La productividad de Miranda  es sorprendente. Además de numerosas adaptaciones,   en sus 17 años  escribiendo para LU 4 dejó una enorme cantidad de libretos de   su  autoría. Muchos de sus títulos adelantan sus preferencias temáticas,  entre   ellos: <em>La enemiga</em>, <em>Ella, él y un  pobre hombre</em>, <em>Susana   tiene un secreto</em>, <em>Reina Santa</em>, <em>Se compra  un marido</em>, <em>Calumniada</em>, <em>La   reina de Paris</em>, <em>Volver al ayer</em>, <em>Un  marido a precio fijo</em>, <em>Ha   entrado una mujer</em>, <em>Un hombre de  verdad</em>, <em>La heredera</em>, <em>Orquídeas   para madame</em>, <em>Grandes  Almacenes</em>, <em>La burla</em>, <em>La casa   de los laureles</em>, <em>Gorosito</em>.</p>
<p>Si  bien Miranda escribió libretos de géneros histórico, policial y  gauchesco,   su mayor dedicación estuvo en la narrativa romántica, y por  eso nos importa   aquí. El amor es el tema central del radioteatro de  Miranda. Se vive, se muere   y se mata por amor. El amor, en la  tradición de la novela rosa, es un sentimiento   casi beatífico. Como  afirma una de sus protagonistas: &#8220;Para mí el amor   es algo puro&#8230;  distinto&#8230; magnífico.  Los otros veían el cuerpo&#8230; y olvidaban   el  alma&#8221;.</p>
<p>El amor es el acontecimiento fundacional de la vida  humana. &#8220;Pero a Marta   Altamirano&#8230; la Gata&#8230; sí le sucedía algo.  Todo su pecho era un estallido   de furor&#8230; rabia&#8230; odio&#8230; rencor&#8230; y  al mismo tiempo un fuego extraño y   desconocido. Es que por primera  vez la había besado un hombre&#8230; y aquél beso   aún le quemaba en los  labios&#8221;.</p>
<p>El acto sexual, si bien nunca es nombrado directamente,  es aludido muchas   veces como &#8220;hacerse mujer&#8221; o más metafóricamente:  &#8220;porque en   pleno verano sentí la primavera correr por mis venas&#8221;. Es  válido aclarar   que cuando se realiza el acto sexual prematrimonial se  trata, en todos los   casos, de engaños y tretas que varones malvados  propinan contra jóvenes castas,   fingiendo un amor inexistente o  ?incluso? recurriendo a casamientos falsos.</p>
<p>La centralidad dada  al sentimiento amoroso (incluso antes que a la pasión   propiamente  dicha) parece implicar una opción de género precisa: el de Miranda   es  un radioteatro femenino.</p>
<p>Casi invariablemente, los personajes  centrales de su dramaturgia son mujeres.   El varón cumple un papel  secundario y por lo mismo su caracterización resulta   más  estereotipada, alternando entre jóvenes apuestos y de buenos  sentimientos   (aunque no muy despiertos) y malvados absolutos. Sus  esfuerzos y trabajos giran   en torno a la mujer. Como afirma Fréderich  ?personaje de <em>La favorita del   rey</em>? &#8220;Vos huyendo&#8230; y yo en su busca&#8230; siempre la mujer tiene la   culpa de nuestros actos&#8221;.</p>
<p>Entre  las mujeres, aún cuando caen en moldes predeterminados, puede  encontrarse   una mayor variedad de tipologías. Por una parte está la  joven pura, de nobles   sentimientos. Marcela, protagonista de <em>Un paraíso de Cristal</em>, oculta   a su novio la verdad de su mortal enfermedad, para que él pueda recomponer   su vida; Lorena (<em>La de San Telmo</em>), sacrifica su bienestar por el hombre   que ama.</p>
<p>La  mujer pura suele ser engañada. Es interesante notar aquí que la  virginidad   no aparece como un valor supremo, por lo que perderla no  implica la imposibilidad   de recomponer a posteriori la vida. El engaño  perpetrado por varones es habitual:   Ana (<em>La favorita del rey</em>) es engañada por el Rey Luis; Marta (<em>La   gata</em>) por Andrés; Pasionera por Alberto, Lorena por el Negro Corvalán.</p>
<p>De  vez en cuando el duelo debe darse entre mujeres las que, sea como sea  la   valoración moral de los fines que persiguen, siempre son más  hábiles e inteligentes   que los varones. Así sucede en <em>Asuntos de Estado</em> o <em>Las abandonadas</em>.</p>
<p>En  algunos de estos casos un tercer personaje (el varón virtuoso) permite    augurar un final feliz, luego de peripecias y sacrificios que pueden  prolongarse   en el tiempo. Así sucede con Ana y Fréderich; Lorena y  Martín; Marión y Esteban.   Cuando este personaje no se presenta, el  final resulta trágico en diferente   magnitud: Marta asesina a quien la  engañó, Pasionera se convierte en monja.</p>
<p>Un caso particular de  mujer es la madre que, recurrentemente, aparece como   posesiva e  intrigante. Es el caso de las madres de Ling (<em>Las abandonadas</em>)   y de Marcela (<em>Un paraíso de cristal</em>).  Bordeando el grotesco, en esta   última historia la madre atiborra a  Marcela de comida y la vuelve obesa &#8220;para   que ni siquiera un hombre  pudiera arrebatarle mi cariño&#8221;.</p>
<p><em>El borramiento de lo social</em>.  El mundo de los sentimientos es un mundo   inalterable, propiamente  ahistórico. Resulta coherente con esta narrativa que   la situación  social no llegue siquiera a ser nombrada. Cuando mucho encontraremos    referencias a la actitud de los gobernantes, pero nunca una crítica al  sistema   que los cobija. Así &#8220;lo detesto [al rey] porque cada día lo  veo más déspota   con el pueblo. Lo martiriza, lo apalea, lo tiraniza&#8221;.  O, por el contrario: &#8220;todo   el pueblo ríe y comenta con alabanza el  nombre de su rey: Ricardo Corazón de   León&#8221;.</p>
<p>La referencia a  personajes de la realeza no es casual. Sólo en las tramas   que  transcurren en el entorno palaciego, en donde las intrigas amorosas  pueden   mezclarse con los asuntos de gobierno, es admisible alguna  referencia a la   política o al sistema social. En la mayoría de los  casos, especialmente aquellas   tramas contemporáneas, el contexto es  borrado, ocluido. Digamos, como ejemplo   de esta constante, que ni  siquiera es tratado en <em>Asuntos de Estado</em>,   en la que los protagonistas son prominentes políticos (imaginarios claro está)   estadounidenses.</p>
<p>Pero  existe una excepción, un momento, en esta dramaturgia sentimental, en    que hacen eclosión las diferencias sociales: cuando se interponen y  obstaculizan,   precisamente, la concreción del amor entre individuos  provenientes de diferentes   sectores sociales. En estos casos, casi  invariablemente, el amor -como constante   ahistórica de la especie y  por ello, más profunda- triunfará por sobre las   diferencias que la  sociedad ha construido.</p>
<h3>Genealogía del melodrama, o la condición popular de lo masivo</h3>
<p>Es  fácil ver en estas narrativas populares una forma cultural pauperizada,    degradación de las verdaderas obras de la cultura culta, mera  estrategia de   manipulación al servicio de la alienación ideológica y  la obtención fácil de   ganancia. Es fácil, y así ha sido visto muchas,  demasiadas veces. Es posible,   sin embargo, realizar otra lectura, que  tome en cuenta las profundas raíces   que tienen estas narrativas, la  necesidad imprescindible de que las audiencias   encuentren en ellas  lugar para el reconocimiento, requisito imprescindible   para que <em>funcionen</em> como obras.</p>
<p>Aunque  no trata específicamente el lugar del amor en estas obras, Jesús  Martín-Barbero   realizó un abordaje de estas características, y  convocarlo en nuestra ayuda   nos posibilitará dar contexto a las  reflexiones que vamos hilvanando. En su   libro <em>De los medios a las mediaciones</em>,  que marca un punto de quiebre   en la investigación sobre comunicación  en América Latina, Martín-Barbero dedica   largos párrafos a recomponer  la genealogía del melodrama. La sospecha, que   se va volviendo enfática  afirmación, es que</p>
<blockquote><p>La cultura de masa no aparece de  golpe, como un corte que permita enfrentarla   a la popular. Lo masivo  se ha gestado lentamente desde lo popular. Sólo un   enorme estrabismo  histórico, y un potente etnocentrismo de clase que se niega   a nombrar  lo popular como cultura, ha podido ocultar esa relación hasta el   punto  de no ver en la cultura de masa sino un proceso de vulgarización y  decadencia   de la cultura culta (Martín-Barbero, 135).</p>
</blockquote>
<p>El  derrotero que realiza el investigador colombiano inicia en Francia y  España,   en el siglo XVII. Allí aparece un fenómeno que dejará una  impronta perdurable:   la literatura <em>de cordel</em> (España) o la <em>Bibliothéque Blue</em> (Francia).   En ambos casos estamos frente a un tipo de medios que  podrían simular ser libros   de mala calidad, pero que constituyen un  medio nuevo: una literatura que sale   a buscar sus lectores a la calle  (buhoneros y ciegos son sus distribuidores),   cuya producción se  realiza por encargo y es permeable a las demandas de sus   lectores, y  cuyo dispositivo de recepción -la velada- es mas colectivo que    individual.</p>
<p>El contenido de estos libros mezcla los sucesos,  entre los que destacan los   relatos de crímenes que derivarán mucho más  tarde en la prensa amarilla y las   ficciones, donde</p>
<p>A las  historias amorosas provenientes de &#8220;dramas y comedias estimadas&#8221; se   le  mezclan escenas de violencia y hechizos. Y al revés: a las historias de    bandoleros se les convierte en lances de honor donde se exalta al que  vive   fuera de la ley y se glorifica el valor de vivir arriesgadamente  (Idem, 117).</p>
<p>Estas historias serán retomadas, hacia fines del  siglo XVIII, en el espectáculo   popular que por esos años va a ser  bautizado como <em>melodrama</em>. Heredero   asimismo de la feria y la  narración oral, el melodrama sentirá el impacto de   la prohibición que  -en Francia e Inglaterra- limitará los diálogos a los teatros    oficiales, con lo cual acentuará la pantomima y la sobreactuación como  recurso   expresivo. Esta forma de actuación apelará a una clara  correspondencia entre   figura corporal y tipo moral: los sentimientos,  valores y contravalores de   cada personaje son visibles en su rostro y  vestimenta; estamos en la prehistoria   de los estereotipos de la  cultura de masas.</p>
<p>El siglo XIX verá el nacimiento del folletín,  coincidente con la aparición   de los periódicos de masas. Aquí tenemos  ya desarrollados los elementos del   melodrama de masas: por un lado la  producción industrial, la escritura contra   reloj y la subcontratación  de la misma, la coexistencia con la publicidad y   el impacto directo en  las ventas <a name="v02">[</a><a href="#02">2</a>];    del otro, una organización material atenta a las necesidades del  lector popular   (tipos grandes y espaciados, subdivisión en partes,  capítulos y subcapítulos   que permiten una lectura de a partes), la  organización por episodios coincidente   con el ciclo semanal del  trabajo y por sobre todo la apertura a la identificación   en las  tramas, ambientes y personajes de la historia.</p>
<p>Toda esta  potencialidad dramática será actualizada en cada nueva tecnología   de  comunicación que vayan incorporando las sociedades modernas. El cine de    Hollywood de las primeras décadas del siglo XX, por caso, llevará al  extremo   la identificación estereotípica entre aspecto y tipo moral,  apelando a la simbiosis   de actor y personaje y suscitando, de paso, el  culto a las <em>stars</em>.</p>
<p>Toda esta tradición popular es  reactualizada en las industrias culturales   latinoamericanas, empezando  por el cine mexicano que va de las décadas del   20 al 50, a juicio de  Martín-Barbero el primer lenguaje de la nueva experiencia   popular  urbana, donde</p>
<blockquote><p>las claves de la seducción estarán sin  embargo en el melodrama y las estrellas.   El melodrama como  vertebración de cualquier tema, conjugando la impotencia   social y las  aspiraciones heroicas, interpelando lo popular desde &#8220;el   entendimiento  familiar de la realidad&#8221;. Que es lo que le permite a ese   cine enlazar  la épica nacional con el drama íntimo, desplegar el erotismo bajo   el  pretexto de condenar el incesto, y disolver lacrimógenamente los  impulsos   trágicos despolitizando las contradicciones cotidianas (Idem,  182).</p>
</blockquote>
<p>Similares papeles jugarán, en sus propios  contextos históricos y nacionales,   la canción negra brasileña y el  periodismo popular del Cono Sur. En este conjunto   se destaca la  creación, en Argentina, del género radioteatral, heredero del   circo  criollo y en donde a la inicial temática gauchesca se le irán agregando    otras: la histórica/hagiográfica, la policial, el radioteatro infantil  y, finalmente,   las &#8220;historias de amor&#8221;, donde se hacen plenamente  presentes las   marcas que la genealogía del melodrama ha ido  adquiriendo en su desarrollo.</p>
<p>Nada de lecturas simplistas y  peyorativas, entonces: el melodrama presente   en los géneros populares  contemporáneos tiene hondas raíces y una extensa historia.   Ha  sobrevivido a los avatares del tiempo y los cambios, siempre del lado  más   difícil de la ecuación social. Nuestros respetos, por  consiguiente, a esas   historias lacrimógenas e inverosímiles, a las  sobreactuaciones y estereotipos,   a la intensidad lograda a expensas de  la complejidad.</p>
<h3>El amor después del amor</h3>
<p>Podríamos  decir que estos ejemplos han delineado una concepción ya clásica   del  lugar del amor en las narrativas populares mediáticas. Pero, luego de  los   cimbronazos que las últimas dos décadas han implicado, con  distintos nombres   (posmodernidad, globalización, crisis, muertes  y  finales varios, etc.), en   las industrias culturales ¿aún conserva  vigencia? ¿Es ese todavía el rol del   amor en los medios de  comunicación? Miremos un poco nuestra pantalla, y observemos   qué  encontramos.</p>
<p>Un primer acercamiento indica que de los seis  programas de televisión abierta   más vistos en Argentina, en la semana  que va del 5 al 11 de noviembre, cinco   corresponden a programas  diarios (la excepción es <em>Videomatch</em> con 27.6   puntos). De ellos, tres encuadran en ficciones melodramáticas o telenovelas:</p>
<ul>
<li>Los Roldán (30.8)</li>
<li>Floricienta (20.96)</li>
<li>Padre Coraje (20.68)</li>
</ul>
<p>Los otros dos son un programa de variedades (<em>Susana Giménez</em>, 25.6)   y un dibujo animado (<em>Los Simpson</em>, 21.5).</p>
<p>Vale  decir que, luego de la irrupción de los reality shows a comienzos de    los noventa, hemos vuelto a los carriles del melodrama.</p>
<p>Tanto en <em>Floricienta</em> como en <em>Padre Coraje</em> el lugar del amor   es fundamental. En el primer caso la protagonista  -mezcla de Cenicienta y Mary   Poppins- intenta encontrar su propia  identidad, asediada  por quienes quieren   destruirla. Las dificultades  iniciales tendrán otro desarrollo para la protagonista,   ya que &#8220;así  como siempre aparece un hada, o un duende o una barita que   cambia la  historia&#8230; En nuestra historia surge el amor&#8230; Ese que nos permite    creer, que en los cuentos como en la vida, existen los finales felices&#8221;.    En <em>Padre Coraje</em>, el segundo de estos programas -definido por  su productora   como una &#8220;telenovela de amor y aventuras&#8221;- la tensión  viene dada   por el disfraz de sacerdote del protagonista y la  imposibilidad consiguiente   de entregarse a la mujer que ama.</p>
<p><em>Los Roldán</em> es, al mismo tiempo que el más exitoso, el más interesante   de estos  tres programas. Combinando la tradicional historia costumbrista y    familiera con permanentes toques humorísticos, la tira se las arregla  para   tematizar cuestiones impensadas hace pocos años, especialmente a  partir del   rol cada vez más preponderante de Florencia de la V, en la  telenovela el hermano   travesti del protagonista. Familia ensamblada  donde los protagonistas combinan   el ejercicio de la autoridad paterna  con los enredos sentimentales, el amor   sigue siendo aquí el eje de la  historia, aunque nos encontramos frente a una   proliferación de  sexualidades que no se dejan circunscribir fácilmente al orden   moral  tradicional. Y todo esto no en una obra vanguardista o crítica, sino    en un claro producto de la industria cultural, que mantiene los guiños y  estereotipos   clásicos del melodrama.</p>
<p>En un trabajo reciente,  la investigadora brasileña Lindinalva Silva Oliveira   Rubim encuentra  que el amor sigue siendo el eje de la narrativa audiovisual   de mayor  circulación, tanto las telenovelas como el cine brasileño reciente:</p>
<blockquote><p>Essa  percepção também pode ser acolhida pela televisão. A telenovela  brasileira,   por exemplo, que se constitui uma das produções mais  exitosas dessa mídia se   elabora preferencialmente, a partir das  questões amorosas sentimentais. O que   significa que o amor funciona  como o vetor essencial das suas narrativas e,   a representação feminina  mantém-se centro gravitacional dessas tramas. Leve-se   também em  conta, que embora o público da telenovela venha se ampliando entre   os  dois sexos, o homem hoje também vê novela, mas, sobretudo ainda é a  mulher   que alimenta as estatísticas dessa audiencia (Oliveira Rubi,  2004).</p>
</blockquote>
<p>Y esto incluso cuando la investigadora encuentra  que la narrativa televisiva   es receptiva a las importantes  modificaciones que han tenido lugar en los roles   de género en los  últimos años, especialmente a partir de un protagonismo social   cada  vez más marcado de las mujeres. Como vimos en el caso de <em>Los Roldán</em>,    el melodrama sobrevive holgadamente a los desafíos que los cambios  sociales   y culturales de la modernidad tardía le plantean. Si  habitualmente el recurso   al amor permitió disolver imaginariamente las  diferencias sociales y al mismo   tiempo reafirmar un orden moral  construido en torno a un dispositivo ideológico   y de poder, idéntica  función pareciera tener en la actualidad, aún cuando las    reafirmaciones morales parecen no pasar ya por la fijación en los roles  de   género.</p>
<p>En lo que respecta a una parte importante de las  narraciones mediáticas contemporáneas,   resulta cierto, entonces, que  el amor mueve el mundo.</p>
<h3>Notas</h3>
<p><a name="01"></a>[1] Conferencia brindada en el marco de las IIº Jornadas regionales  del Instituto Oscar Masotta, Comodoro Rivadavia,   noviembre de 2004. [<a href="#v01">volver</a>]</p>
<p><a name="02"></a>[2] <em>Le Constitutionel</em> pasa de tirar 5.000 a 80.000 ejemplares gracias a la publicación de <em>El judío errante</em>, de Eugéne Sue. [<a href="#v02">volver</a>]</p>
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		<title>La influencia de la televisión en los niños</title>
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		<pubDate>Sun, 12 Sep 2010 18:33:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>luis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Medios y cultura popular]]></category>

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		<description><![CDATA[1. Introducción El choque cultural que los medios de comunicación como instancia y contexto de socialización representan en nuestras experiencias vitales y la profusión de documentos audiovisuales que cada día se elaboran en campos tan distintos como el del entretenimiento, la educación, el musical, etc. . . ha constituido la base fundamental para realizar este [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3>1.  Introducción</h3>
<p>El choque cultural que los medios de comunicación como instancia y contexto   de socialización representan en nuestras experiencias vitales y la profusión   de documentos audiovisuales que cada día se elaboran en campos tan distintos   como el del entretenimiento, la educación, el musical, etc. . . ha constituido   la base fundamental para realizar este trabajo sobre el aluvión de imágenes   que invaden los hogares de todos nosotros y a todas las horas del día. Teniendo   en cuenta la naturaleza de la asignatura, me he centrado especialmente en las   hondas repercusiones de los actuales formatos y lenguajes audiovisuales sobre   las niñas y los niños, dado que como seres humanos en una etapa de formación   crucial en su vida, me interesa indagar la clase de conocimientos, valores   y pautas de comportamiento que adquieren practicando esa afición tan expandida   hoy como es el hecho social de  &#8220;ver la televisión&#8221;.</p>
<p>Algunas de las  concepciones más básicas del programa de Psicología de la   Educación están conectadas con muchos de los argumentos usados en el intento   explicativo sobre las características del lenguaje audiovisual actual y sus   consecuencias directas e indirectas. Por ello, en el trabajo he procurado tenerlas   como <strong>&#8220;norte&#8221;</strong> en todo momento.</p>
<p>La razón es sencilla de entender:simplemente pienso que explican mejor que   otros conceptos epistemológicos muchos de los problemas de los que no somos   conscientes una gran mayoría pero que atañen por igual a toda la sociedad:escasez   de relación síncera padres-hijos, fracaso escolar, uso equivocado del tradicional   binomio premio-castigo, exceso de exposición a la televisión, etc. . .</p>
<p>En definitiva, no es más que una elección como vía para acercarse a lo que   a tantos profesionales y estudiantes de Psicología nos preocupa:la formación   integral de las niñas y niños.</p>
<p>Desde luego que en este trabajo se han sintetizado diversos argumentos que   la Psicología evolutiva manifiesta sobre estos aspectos pero todo enfocado   a la comprensión de los propotipos y esquemas que se crean en la pequeña pantalla   y se trasladan inexorablemente a la mente y a las conductas y actitudes cotidianas   de los más pequeños.</p>
<p>Haber estudiado en años anteriores el crecimiento infantil y los factores   que determinan las primeras experiencias de los niños me ha ayudado a tener   una comprensión más cabal del papel que el futuro hombre o mujer tendrá en   la sociedad del siglo que está a punto de venir. Estos conceptos adquieren   un protagonismo capital al considerar la gran influencia, positiva o negativa,   que los medios de comunicación tienen hoy en el desarrollo social del niño.</p>
<p>A nadie ya nos sorprende que cuando a una niña o un niño le preguntas actualmente   que designe a sus particulares y enigmáticos héroes o heroínas favoritos, casi   todos esos personajes, automáticamente, salgan de lo que los pequeños han visto   por su televisor. Es lo que podríamos concebir como esquemas <strong>&#8220;mediáticos&#8221;</strong> altamente   enraizados. Desgraciadamente la lectura y los deportes al aire libre están   perdiendo terreno en la configuración que sobre personas y situaciones sociales   se hacen los niños en su cerebro.</p>
<p>Una primera aproximación a los contenidos de los videos infantiles pone de   manifiesto que la gran mayoría de las obras o series presentadas a los niños   españoles, según las distintas fuentes de información que se han utilizado,   tanto lo que respecta a la televisión como al alquiler y adquisición de películas   en tiendas especializadas o videoclubes, eran en su mayoría de procedencia   extranjera y con títulos y escenas que,  en ocasiones, hieren la sensibilidad   tierna aún del niño o la niña.</p>
<p>Los materiales consultados en relación a los medios y el niño no son más que   una gota dentro del océano inagotable de obras sobre este tema. Pero debido   a las limitaciones inevitables de tiempo se han tenido que recortar algunas   de las pretensiones iniciales, abordando menos puntos de los deseados en el   análisis de la significación de las imágenes y sonidos que proyectan las cadenas   de televisión específicamente dirigidas al niño.</p>
<p>El interés de embarcarme en el estudio de contenidos y formatos de las producciones   videográficas que se están ofreciendo a la población infantil, encuentra entre   otros motivos en las siguientes páginas el que niñas y niños se ven inexorablemente   sometidos a la influencia televisiva desde su nacimiento, y son muchas las   aportaciones que desde la disciplina que estudiamos se han realizado de cómo   los primeros pasos en la vida del niño son inicio, causa o razón de la personalidad   e idiosincrasia del adulto, de sus pautas conductuales individuales, de su   organización grupal o sus relaciones sociales.</p>
<p>Este proceso de socialización en el ser humano comienza con la primera relación   del niño y su madre. En esta interacción diádica, la madre a través del cuidado   directo, su ternura, la alimentación, su estimulación corporal y sensoperceptiva,   transmite al niño su vivencia particular y el interés por el mundo que le rodea.</p>
<p>Desde niños, los mensajes cruzados o superpuestos que a través de la familia,   la escuela o la televisión nos mandan diferentes emisores empiezan a configurar   en nosotros catalogaciones diferentes acerca de las circunstancias y de las   personas que nos rodean cotidianamente. Y esto desemboca en muchas ocasiones   en ambigüedades difíciles de superar cuando no en nítidas contradicciones que   escapan a la lógica humana.</p>
<p>Entre mis pretensiones está la de mostrar que muchas de nuestras ideas que   nos hacemos sobre gente conocida o extraña, paisajes vistos en fotografía o   en directo, circunstancias vividas o soñadas, etc. . .  son configuraciones   que se han ido estructurando desde la primera infancia con lentitud pero sin   pausa.</p>
<p>Posteriormente, la socialización se amplía en complejidad y diversidad con   segundas relaciones que implican en un primer momento el ámbito familiar, con   la presencia del padre, hermanos, abuelos, etc. . . que contribuyen a la estabilización   de nuestra identidad, del rol sexual que desempeñaremos y el lugar que intentaremos   ocupar dentro de la sociedad.</p>
<p>Los niños luego nutrirán también su relación con las amistades y personas   del vecindario, las actividades extraescolares, sus compañeros de escuela y   del barrio, etc. . .  a los que podríamos insertar dentro de un tercer grupo   socializador.</p>
<p>Todos estos elementos irán apareciendo de vez en cuando como apoyos de algunos   de los argumentos centrales que actualmente se dan de forma simultánea a los   anteriores procesos de socialización y que no son otros que los diversos <strong>&#8220;esquemas&#8221;, &#8220;categorías&#8221;</strong> o <strong>&#8220;prototipos&#8221;</strong> que   aparecen, implícita o explícitamente, en la relación niño-medios de comunicación.   Estos han pasado a formar parte integrante de la vida de los pequeños, desde   hace varias décadas y cada vez con mayor frecuencia e intensidad. El incremento   del conocimiento psicológico, que adquiere cada vez más tempranamente el niño,   le hacen carne de cañón para un uso abusivo de él por los mayores.</p>
<p>Esta nueva relación constituye un eje básico que caracteriza los planes vitales   de los niños de este fin de siglo, que están influidos cuando no altamente   determinados por el contacto e interacción con la increible amalgama desordenada   de todos aquellos aparatos eléctricos, ordenadores, juguetes magnéticos y electrónicos,   que hoy en día proliferan como hongos en gran parte de los hogares, pero sobre   todo por los medios masivos de comunicación como la radio, los comics, tebeos,   cine, y de una manera importante, consistente e incluso martilleante, la televisión.</p>
<p>La televisión, a la que se considera como la cuarta relación-no por ello menos   importante y abarcadora-, comprende prácticamente un gran espectro de la escala   social, ya que es usual encontrarla hasta en los lugares más humildes de los   países subdesarrollados, siendo hoy un elemento y fuente de análisis que no   podemos ignorar. Y más cuando se la relaciona con el niño. Porque no nos engañemos:   hoy por hoy, los niños no pueden ser considerados mano de obra bruta del siglo   pasado(a pesar de que aún persistan retazos de explotación laboral infantil),   sino nuevos seres capacitados y eficaces porque saben manejar mejor que muchos   adultos algo tan esencial para la vida de hoy como son los ordenadores;el revés   y auténtico drama para muchos de ellos es que se vean obligados a matar en   las guerras y cometer violencia callejera sin ningún miedo, después de, desgraciadamente,   haber sido entrenados con los modernos y sofisticados medios actuales. Todo   esto debe llevarnos a plantear distintas preguntas acerca de las potenciales   causas que llevan a estas situaciones, dado que urge evitar esta circunstancia   de gran trauma para el futuro.</p>
<p>El debate sobre la violencia en televisión se ha extendido actualmente por   todo el mundo. También ha adoptado una dimensión política, en la medida en   que tiene que ver, directa o indirectamente, con el problema subyacente de   la violencia en la sociedad moderna y con la emergencia generalizada de un   sentido de inseguridad, sobre todo en el ambiente urbano.</p>
<p>Independientemente de consideraciones de naturaleza moral y filosófica, el   debate plantea también preguntas de orden social al <strong>foro global</strong> en   que todos nosotros vivimos hoy:a saber, los posibles efectos sociales a largo   plazo de la violencia televisada;y, en un estrato político económico, la influencia   creciente de los grupos económicos que controlan los medios de comunicación   de masas.</p>
<p>Aunque sociólogos y psicólogos educativos y sociales han llevado a cabo una   inmensa labor investigadora sobre la materia, las conclusiones alcanzadas no   son claras, por no decir que son ambiguas. Esta falta de acuerdo general, en   puntos básicos, no ha ayudado a que se diera un debate informado o se adoptaran   decisiones en torno al hecho del que un número creciente de individuos y grupos   creen que constituye un verdadero <strong>&#8220;problema social&#8221;</strong>.</p>
<p>Dada la importancia creciente del papel social asumido por los medios de comunicación   de masas y, especialmente, debido a la influencia que tienen sobre sus miembros   más jóvenes-que son psicológicamente más frágiles y socialmente más inseguros-   el preocuparse por atraer la atención de la gente hacia el impacto social de   la violencia televisiva(así como de otros medios de comunicación de masas y   medios de entretenimiento, como el cine o Internet) ya no puede considerarse   como algo meramente ingenuo que tiene que ver con la moralidad y la buena conducta.</p>
<p>Cada vez hay más actos de violencia gratuita. La mayoría de estudios confirman   que está aumentando el número de escenas con violencia física, psicológica   y sexual en las películas y series de TV. Con demasiada frecuencia estas escenas   están descontextualizadas y no tienen en cuenta que provocan la corrosión y   disolución de los valores sociales y culturales más íntegros de la persona.</p>
<p>Por todo ello, la pregunta acerca de los efectos que la violencia televisiva   tiene sobre niñas y niños no debería circunscribirse a un mero interrogante   de tipo causa-efecto. Debería examinarse el papel fundamental que la televisión   desempeña como creadora y portadora de un ambiente cultural y simbólico del   que cada vez dependen más personas para la formación de sus conceptos sobre   la sociedad y el mundo entero. A la luz de estos parámetros y otros es cómo   debería evaluarse la influencia social de la violencia de la televisión. Y   esto, con sinceridad, creo que actualmente no se está haciendo por la gente   más experta en este terreno tan sinuoso.</p>
<p>De ahí, que sea vital considerar que las discusiones en torno a los efectos   sociales en los niños de la violencia en la televisión deberían estimular el   análisis crítico en distintos frentes básicos.</p>
<p>Es esencial tener en cuenta que la imagen de la sociedad suministrada por   el cine y la televisión está, con frecuencia, distorsionada. Cine y TV aportan,   usualmente, códigos de conducta basados en relaciones de poder y conjuntos   de valores no siempre compatibles con una sociedad democrática que se esfuerza   por alcanzar un futuro en el que la justicia social prevalezca.</p>
<p>Mientras que, por una parte, hay que ser muy cautos con esa explicación simplista   de las causas de la violencia que señala a la TV como el agente principal de   la delincuencia juvenil(que, concretamente, en áreas urbanas ha alcanzado unas   proporciones alarmantes), es urgente y necesario, por otra parte, señalar que   el incremento notable de la violencia en TV-unido al aumento del tiempo de   exposición de niños y jóvenes a la TV-puede dejar marcas con efectos negativos   en su proceso de socialización, y, más en un mundo como el actual en que la   estructura familiar en muchos casos es frágil o inexistente.</p>
<p>Otro aspecto esencial de este trabajo sobre contenidos agresivos y la televisión   va más allá de cuestiones en torno a la calidad y cantidad de emisiones. En   la sociedad actual la TV funciona como un medio que proporciona experiencias   y conjuntos de valores de referencia por medio de los cuales el individuo interpreta   y organiza la información que tiene sobre la sociedad y es esta información   la que le orienta en su vida cotidiana.</p>
<p>Las implicaciones de este hecho y su influencia sobre la vida política y social   contemporáneas son de tal significado y relevancia que nos estimulan a replantearnos   de una forma profunda y total la cuestión acerca de la TV y sus efectos.</p>
<p>Por todo ello, el debate crítico en torno a los contenidos de TV no debe ser   inhibido por la fuerza de juicios de valor periclitados;ni tampoco debería   serlo por el miedo a ser tachados de censores o de tener actitudes inquisitoriales.   Además, como varios autores han mantenido, el debate crítico sobre la televisión   debe partir del hecho de que es la gran importancia social de este medio lo   que requiere que la sociedad vuelva a apropiarse de ella como un todo y que   se la debe arrebatar al dominio exclusivo que sobre ella ejercen los grupos   económicos que la controlan. Y esto, sobre todo, en el intento de ofrecer a   niñas y niños unos contenidos audiovisuales que contribuyan a hacerles mujeres   y hombres sensatos y justos.</p>
<p>Sería caer en un imperdonable olvido el no dar las gracias a las personas   que me ayudaron con materiales bibliográficos y hemerográficos a dar apoyo   epistemológico a este trabajo de investigación.</p>
<h3>2 . Ida y vuelta de las imágenes</h3>
<p>Las mujeres y los hombres son los únicos seres vivos capaces de comunicarse   a partir de la elaboración de símbolos y, la niña o el niño aprende primero   a hablar, después a dibujar, creando un juego de imágenes a su alrededor.</p>
<p>Las imágenes suscitan muchos modos de lectura, la palabra misma posee varias   interpretaciones, ya que en el orden de la percepción no requieren el mismo   tipo de conciencia. Son las imágenes de los primeros años de vida, precisamente,   las representaciones con más huellas que se forman en nuestra mente, en nuestros   sentidos y recuerdos desde la infancia pero muy poco sabemos de esas lecturas   o interpretaciones que los niños hacen de ellas  y que en su momento hicimos   de ellas nosotros mismos. Podemos inferir, no obstante, cuáles han sido las   imágenes que nos han impresionado a todos desde nuestra infancia, vistas desde   la perspectiva intrínseca de las figuras desnudas;siempre tomando en cuenta   las imágenes visuales, muchas de ellas en movimiento, como en la fiesta, la   celebración, el teatro y la televisión.</p>
<p>Diversos trabajos empíricos realizados por psicólogas y psicólogos han puesto   de manifiesto que posiblemente las imágenes sean más imperativas que la escritura   porque imponen la significación en bloque, sin análisis ni dispersión de los   elementos que las componen. La multitud de puntos que conforman una imagen   reproducida por medios electrónicos o informáticos evoca un todo unitario mientras   que si, por ejemplo, decidimos hacer una sopa de letras en las páginas de entretenimiento   de un periódico seguramente nos saldría alguna que otra palabra no pensada   por el autor del pasatiempo. En todo caso, no asumimos conceptualmente una   sopa de letras o un crucigrama como una unidad compacta sino como varios elementos   dispersos aunque con significación pertinente para el autor y el lector.</p>
<p>Quizás, el dibujo fuese el primer medio de expresión de nuestras civilizaciones   pero los investigadores aún no se ponen de acuerdo porque surgen constantemente   nuevos descubrimientos arqueológicos que ponen en entredicho lo anteriormente   estudiado.</p>
<p>Para algunos, el ser humano inventó primero la palabra y después el dibujo;para   otros, primero fue el dibujo y después la palabra. Tal vez los menos pensarán   que haya sido un proceso simultáneo:los dibujos expresados en palabras, dibujos   y palabras evocando imágenes.</p>
<p>Las imágenes, según comentan los autores de la escuela estructuralista, también   dan cuerpo al significado de las palabras a partir del dibujo de la escritura,   desde el mismo momento en que esta última nos dice algo y, al igual que la   escritura, las imágenes suponen una determinada forma de lectura denominada &#8220;lexis&#8221;.   Lenguaje es discurso, habla, es decir, toda unidad significativa, sea verbal   o visual y quizá, se podría añadir que las imágenes también pueden ser olfativas   y auditivas, constituyendo un complejo sistema de comunicación, una forma de   expresar nuestras ideas y relacionarnos con nuestro medio ambiente, con nuestros   semejantes y con nuestra imaginación, lo que llamamos creación artística.</p>
<p>Con dibujos, fotografías, el teatro, los títeres o la televisión, el espectador   tendrá ante sí un lenguaje específico, de la misma manera como lo es un texto   impreso. Bajo este concepto, hasta los objetos podrán transformarse en habla,   siempre que signifiquen algo. Las imágenes pueden estudiarse como símbolos,   no como los lingüistas interpretan el habla:la lengua y sus signos, que son   estudiados por la &#8220;semiología&#8221;, un término acuñado a mediados de   este siglo, una ciencia que en términos generales se refiere al estudio de   los símbolos.</p>
<p>El microcosmos de las imágenes visuales en los niños es precisamente el vertebrador   más importante de este estudio;para ello necesitamos indicadores que nos conduzcan   a la observación de las diferentes imágenes visuales que se han producido para   los niños;sus funciones, su contexto etnográfico y su simbolización.</p>
<p>Hay muchas preguntas que hacerse en la relación niños-imágenes:¿Cuáles son   sus símbolos?¿Qué representan?¿Son tan sólo imágenes que reproducen casi exactamente   el mundo de los adultos?¿Son un vehículo de identificación social?¿Por qué   representan valores nacionales?¿Ruptura o tradición?</p>
<p>Realizando una visión retrospectiva podríamos encontrar puntos de inflexión   significativos. Son varios los caminos que las imágenes visuales para los niños   y los adultos han recorrido desde el siglo XVI. A grandes rasgos podemos observar   que ha habido una continuidad:del códice a los murales;del teatro al espectáculo   y de las ceremonias a la televisión. También se puede constatar que ha habido   rupturas muy dolorosas, particularmente las referidas a las temáticas de otros   tiempos y lugares.</p>
<p>En la medida de mis posibilidades, intentaré para hacer más amena la exposición   referirme a algunos ejemplos concretos con los que poder trabajar e ilustrar   con fidelidad lo que se pretende explicitar en estas líneas. Una de las palabras-prototipo   que más se han usado para conceptualizar el término &#8220;imagen&#8221; ha sido   el de <strong>&#8220;estrella&#8221;</strong>.</p>
<p>Las estrellas, como forma geométrica y como símbolo productor de imágenes,   me servirán como hilo conductor de lo que se intenta describir. Tendremos que   inferir a partir del manejo de los datos disponibles sobre tiempos pasados,   la forma como nuestros antepasados interpretaban estas imágenes, precisamente   a partir de su simbolización.</p>
<p>Teatro, circo o televisión se basan en el mito y el símbolo como un habla   particular, portador de mensajes que requieren de un aprendizaje para su decodificación   o lectura, ya que estos vehículos o medios usan varios recursos:el espacio   abierto o cerrado;el tiempo de la narración;los personajes vivos o actores;personajes   en dibujos, escultóricos o retratos;el disfraz, la miniatura, el juguete o   la caracterización;la audición, que bien puede ser la voz humana, la música   u otros efectos sonoros;la dimensión y el medio ambiente, etc. . .</p>
<p>Por supuesto, uno de los objetivos perseguidos en el trabajo es conducirse   hacia la averiguación de cómo se han llegado a crear nuevas identidades y nuevas   contracciones de los mensajes no escritos en un proceso que se inicia en el   siglo XVI. Y para ello se procederá a continuación a la realización de un análisis   minucioso de un ejemplo extraido del mundo real.</p>
<h3>3.  Concepción de la imagen &#8220;estrella&#8221;</h3>
<p>Centrándonos específicamente en la significación del término <strong>&#8220;estrella&#8221;</strong> podríamos   empezar recordando las multitudes de imágenes que nos vendrían de repente a   la cabeza si algún amigo pronunciase la palabra  &#8220;estrella&#8221; sin más   en medio de una reunión animada de compañeros.</p>
<p>La enorme estrella del Tarot;la brillante estrella-cometa del Portal de Belén   en los nacimientos;las estrellas que adornan el manto de la virgen de Guadalupe   en Extremadura;la estrellita que le ponen a los niños en la frente en algunos   países musulmanes;las estrellas o actrices y actores relevantes;el vals &#8220;Estrellita&#8221; de   Manuel Ponce y tantas y tantas estrellas que nos hacen pensar en :¿las estrellas   de la bandera norteamericana?¿la del sheriff de las películas del oeste?, etc.   . .</p>
<p>Y podríamos seguir jugando con esta palabra a la que se ha llegado a conceptualizar   como la &#8220;grandiosa&#8221;, un cuerpo celeste, brillante por la noche y   muy lejano. La palabra estrella también se refiere al verbo &#8220;estrellarse&#8221; o   chocar, incluso hay  &#8220;asteriscos&#8221; para hacer una llamada en un texto.</p>
<p>La determinación de la multitud de esquemas y guiones, simples o complejos,   que acompañan la imagen real o mental de una &#8220;estrella&#8221; en los niños   es un resquicio sólido que centra sus primeros intereses. Se podría haber elegido   cualquier otro ejemplo prototípico pero tras mucho rebuscar en las más variadas   fuentes bibliográficas y hemerográficas he pensado que éste era el concepto   apropiado. Por otro lado, y dejando aparte esta perspectiva simbólica de lo   que alimenta el concepto de estrella, todos caemos en la cuenta que una estrella <strong>&#8220;narrada&#8221;</strong> deja   de ser estrictamente una estrella;es una estrella decorada, adaptada a un determinado   consumo, investida de complacencias literarias y visuales, de imágenes, en   suma, de un uso social que se agrega a la pura materia pero que rompe vínculos   que en muchos casos no son más que burdos estereotipos sociales.</p>
<p>Es la estrella una forma geométrica con la que nuestra cultura hispana ha   experimentado en muchos sentidos. Sin embargo, antes que nada hay unas preguntas   que no debemos dejar de formular:¿Cuál es el origen de esta forma y de este   concepto?¿Tienen relación unos con otros?¿Son formas simbólicas independientes?.   Las estrellas, como forma y como concepto, son muy importantes porque están   presentes en varios contextos culturales, muchos de ellos relacionados con   los niños y muchos otros con las imágenes visuales y no visuales;sin embargo,   en otros contextos, la estrella está relacionada con el &#8220;placer&#8221; de   los adultos o con su &#8220;suerte&#8221; en la vida-se suele decir en el lenguaje   de la calle que hay <strong>&#8220;gente que nace con estrella&#8221;</strong>-.</p>
<p>Es posible que esta palabra sea una de las que mejor aclaran la dimensión   y la importancia del <strong>&#8220;consumo pasivo&#8221;</strong> de imágenes   audiovisuales en la vida social de niños y adultos. Por ejemplo, si preguntáramos   a un veterinario o un submarinista, pongamos por caso, qué le sugiere este   término, probablemente, lo primero que se les vendría a la mente es algo totalmente   diferente a lo que contestaría una persona que da a esta palabra una significación   más rimbombante en virtud de lo que los medios de comunicación, esencialmente,   le predican sobre ella. Para un veterinario, con bastante probabilidad, una   gran parte del universo de esta palabra se circunscribiría a explicar las características   de la <strong>&#8220;estrella de mar&#8221;</strong>, un astrofísico se centraría   en otra dirección científica bien diferente y así podríamos continuar tratando   de buscar comparaciones que nos acercasen la idea de todos, sopesando la fuerte   influencia del contexto cultural en el que nos encontremos, con las restricciones   o reducciones de muchas cosas al prototipo, ignorando o simplemente recurriendo   a la vía más cómoda para solucionar una cuestión. Es, en resumen, lo que hemos   conocido como &#8220;heurístico&#8221; en las clases introductorias de Psicología   del Pensamiento.</p>
<p>Tanto la palabra <strong>&#8220;estrella&#8221;</strong>, como el término <strong>&#8220;imagen&#8221;</strong> son   evocadoras;ambas tienen un sinfín de contenidos. Las dos nos cautivan, nos   remiten a experiencias, sueños, cuentos, con sorpresas agradables y desagradables.   Esta fascinación es especialmente importante en la niñez. En definitiva, las   estrellas son imágenes que siempre se han transmitido a los niños por el lenguaje   oral y la representación visual a través de los arrullos, los cuentos, las   canciones, las famosas rondas, refranes, adivinanzas, villancicos de Navidad   y proverbios populares. Esa enorme gama de materiales variados de la lengua   oral y escrita que se transforman en imágenes visuales:códices, juguetes, juegos,   ropas, esculturas, miniaturas, un sinfín de</p>
<p>objetos especiales para celebrar una fiesta o cualquier otro ritual, en dibujos   y paisajes, en representaciones teatrales;en bailes y danzas, en imágenes para   la televisión y las más sofisticadas formas y figuras que reproducen los ordenadores   y los engendros cibernéticos más avanzados.</p>
<h3>4.  De la comunidad a la soledad</h3>
<p>En el intrincado laberinto de imágenes que produce la televisión y que bien   podría configurarse mentalmente como un &#8220;teatro en miniatura&#8221;, hay   muchas expectativas, también prejuicios, sobre los que la Psicología de la   Educación nos puede aportar más luz de lo que en un primer momento pensaron   o creen hoy aquellas personas o investigadores para los que los conceptos de   esta disciplina son excesivamente teóricos y sin aplicación práctica. La impresión   es otra bien distinta tras el contacto con la materia objeto de estudio. Los   instrumentos teóricos de la Psicología de la Educación están armados de una   gran base empírica para ofrecer explicaciones sólidas dentro del complejo entramado   de la repercusión que los contenidos audiovisuales tienen sobre el ser humano   y específicamente en los más jóvenes.</p>
<p>Para tratar de comprenderlos, tenemos que partir del reconocimiento consensuado   que los niños son cualitativamente diferentes a los adultos en muchos aspectos   y que el mundo de imágenes que les rodea les afecta de modo distinto en comparación   a la persona adulta. Por ejemplo, la inmadurez de los niños más pequeños en   cuanto a su autoidentificación les hace ser menos capaces que los adultos para   distinguir la fantasía de la realidad, incluso están menos capacitados para   distinguir una película de contenido agresivo de la violencia en la vida real.</p>
<p>Al mismo tiempo, en los juegos entre iguales, los niños se identifican con   los personajes que observan cotidianamente en su experiencia diaria, como sus   familiares y amigos, incluyendo los personajes de la literatura, la ficción   o los de la televisión. La imagen, la música y el espacio doméstico en el que   tienen lugar los hechos juegan un papel primordial en este proceso de identificación   de los héroes ya que permite al niño concretar la idea al dejar de imaginarla.   Las primeras concepciones se especifican, se materializan y para el niño forman   parte de la realidad. Estos procesos, en esencia, no nos parecen muy distintos   a los que se producen en la catalogación que los niños hacen de los mejores   ejemplos en el nivel básico de las categorías.</p>
<p>Pero debemos tener en cuenta que cada niño es único, su percepción de las   imágenes es propia aunque esté condicionada por su entorno, educación, cariño   que le brinden y su sensibilidad para captar los elementos del mundo externo.</p>
<p>De una manera práctica, estas cualidades infantiles deben alentarnos a explorar   en el conocimiento real del niño, y no en el tantas veces superficial que se   tiene de ellos, su medio ambiente, sus hábitos, qué le gusta ver en la televisión,   qué hace cuando la tele está encendida. Esta es una &#8220;ventana al mundo&#8221;,   que, en ocasiones, es parte de la realidad, pero en muchas otras aparece distorsionada.</p>
<p>Esta línea de argumentación se basa primordialmente en lo que acontece en   nuestras sociedades occidentales donde la ciudad sumerge al individuo en un   mar de informaciones de ida y vuelta que no orientan más que a la entropía   y al desorden mental.</p>
<p>Cada vez es menor el espacio doméstico y comunitario disponible para las familias   urbanas, quizá por ello sean los grandes consumidores de televisión. Los niños   tienen pocos lugares específicos para jugar, a no ser el ya cada vez más raro &#8220;callejón   de la vecindad&#8221;, típico de los barrios masificados de las ciudades.</p>
<p>Los expertos señalan que esta <strong>reducción del espacio</strong> es uno   de los factores de aislamiento y soledad en el niño;también es un elemento   que propicia el que la televisión se convierta en un <strong>&#8220;guardaespaldas&#8221;</strong> para   el niño y una <strong>&#8220;nana&#8221;</strong> para las madres, sobre todo   cuando regresan los niños de la escuela y están cansados. A veces, observan   de reojo la televisión;ellos son capaces de jugar o incluso hacer los deberes   del colegio;al mismo tiempo, otras veces, están viendo la tele junto con sus   hermanos o sus padres, aunque no siempre se comente lo que se está viendo.   Estas situaciones pueden crear hábitos en los más pequeñós que, en muchas ocasiones,   son el público &#8220;cobaya&#8221; de los magnates de los medios de comunicación   audiovisuales. Porque a nadie se le escapa que el niño ha estado en el centro   de nuestras miradas sólo desde hace dos siglos, cuando Rousseau alumbró a la   humanidad postulando que el niño no era un  &#8220;hombre imperfecto&#8221;,   sino una persona sui generis:era lo que es realmente y no un hombre &#8220;pequeñito&#8221;.   Y hemos de considerar y no perder de vista esta capital idea de que <strong>&#8220;el   niño es niño, y no un adulto&#8221;</strong>, mantenida por él en su libro &#8220;Emile&#8221;,   publicado en 1762.</p>
<p>Es entonces cuando todo empezó a cambiar en el trato que se le daba al niño,   lo mismo en la educación que en el ordenamiento jurídico. Se superó que fuese   condenado a muerte por robo a los cinco años, como exigía la ley inglesa;y   ya no se tuvo en Estados Unidos que acudir a la ley de protección de animales   para defenderlos del maltrato que hoy abunda cada vez más en nuestros países   del núcleo industrializado del planeta.</p>
<p>Antes, el niño era ya a los 5-6 años un adulto totalmente responsable, a pesar   de su corta edad, y antes de ella era concebido como un pequeño animal, al   que, en un mundo tan invadido por lo religioso, ni siquiera se le daba enseñanza   ético-religiosa, hasta que se le consideraba mayor de edad;y entonces, de sopetón,   era ya por completo responsable de todo como un adulto.</p>
<p>Pero este niño, considerado hoy como tal, después de Rousseau, se encuentra   actualmente en una encrucijada decisiva. La nueva sociedad que hemos construido   no ha respetado moral y psicológicamente al niño como lo que es;y ahora estamos   llenos de puertas con cerrojos.</p>
<p>La familia disgregada, los medios masivos de comunicación social, sobre todo   en los que aquí se hace más hincapié-los audiovisuales-, la caída de un concepto   razonable de la responsabilidad, la crisis de la escuela, la falta de hueco   en el trabajo para los más jóvenes y las reacciones que se producen crecientemente   en torno a la violencia infantil y juvenil, del consumo de alcohol o de droga,   son algunos de los factores que han producido insospechados problemas que pueden   marcar de modo muy negativo el futuro humano, pues ese porvenir depende de   lo que la niñez y juventud actuales hagan el día de mañana.</p>
<p>Y el mundo es un pañuelo, de tal modo que todo acontecimiento acaecido en   un foco geográfico remoto repercute en cualquier país:ya no hay prácticamente   zonas que no sufran de las influencias de nuestra  &#8220;sociedad de la comunicación&#8221;,   y del consiguiente aumento desproporcionado de información que recibe el niño,   sin tener la capacidad suficiente para calibrarla porque como seres humanos   que somos tenemos un límite.</p>
<p>Los medios ambientes hóstiles refuerzan conductas agresivas y displacenteras   en el niño, tal y como lo han constatado muchos investigadores de todos los   confines del planeta, donde la gran parte de los programas son de ficción y   están basados en el crimen, la acción y la aventura arriesgada y alocada. El   amante de lo fantástico, indica Lovis Vax <strong>&#8220;no juega con la inteligencia,   sino con el temor, no mira desde fuera, sino que se deja hechizar&#8221;. </strong></p>
<p>No es otro universo el que se encuentra frente a nosotros, es nuestro propio   mundo que, paradójicamente, se metamorfosea, se corrompe y se transforma en   otro. Los miembros del grupo familiar no siempre constatan la importancia de   los contenidos perniciosos de la TV, pero a la vez, empezamos a comprobar que   hay una relación entre el medio ambiente, clase social, familia, televisión   y violencia realmente a tener muy en cuenta para detectar posibles desajustes   que pueden ser traumatizantes para los niños.</p>
<p>En el género fantástico, en los cuentos de esta especie que se incorporan   como cicatrices indelebles a todo lector, contenidos en muchos de los programas   y caricaturas infantiles de importación, los protagonistas en su mayoría son   hombres o mujeres jóvenes, los villanos son fríos y despiadados, mientras que   los héroes son valientes y altruistas. Pareciera que nuestros niños, al igual   que los espectadores de comedias de la España Medieval, los libros de caballerías   y las danzas de moros y cristianos, quieren ver acción y combate, como si esto   fuera algo nuevo y excitante y una continuidad de la literatura fantástica.   Pero la tradición literaria de España en comparación con el resto de Europa   sigue caminos distintos. El héroe no desempeña el mismo rol:ha dejado de ser   el noble y fiel caballero español para transformarse en el héroe todopoderoso,   individualista, sediento de poder, inmerso en la fantasía que distorsiona la   realidad de una forma muy grotesca, con imágenes de horror, sangre, sexo y   violencia. ¿Son éstas, escenas con un contenido parecido al de Macbeth o los   temas de algunos cuentos infantiles donde aparecen brujas y monstruos?En España   no era frecuente este género fantástico, importado de los Estados Unidos, ni   tampoco en otros países afines culturalmente al nuestro;sin embargo, ahora   estamos viendo en la televisión a &#8220;superhéroes&#8221;, &#8220;violencia   en las ciudades&#8221;, un género que parece contradictorio y aún opuesto a   nuestra tradición mediterránea, a pesar de que algunos pueden encontrar similitudes   con los modelos anglosajones.</p>
<p>De los géneros de terror en algunos cuentos para niños de la tradición de   Europa Occidental, alemana y francesa, en los que aparecen crueles escenas,   como en &#8220;La Bella Durmiente&#8221;, donde la madrastra quiere desterrar   para siempre a la hija, pasamos a la moda tan marcadamente estereotipada del   estandarizado cuento-imagen norteamericano menos violento, pero también más   individualista y superpoderoso como el mismo &#8220;Mickey Mouse&#8221; de Walt   Disney.</p>
<h3>5.  Consideraciones teóricas sobre escenas violentas en TV</h3>
<p>Muchos de los autores consultados para realizar este trabajo no se cansan   de manifestar en sus obras que los seres humanos no somos sino <strong>&#8220;tábulas   rasas&#8221;</strong>, esponjas que absorbemos lo que los diferentes contextos   socializadores(familia, escuela, medios de comunicación social, comunidades   de vecinos y pandillas de amigos, principalmente)muestran ante nosotros.</p>
<p>Probablemente sea muy plausible creer que nadie nace violento, aunque los   estudios etológicos manifiesten que la agresividad está inscrita en el código   genético de todas las especies animales, y cómo no, la humana no podía ser   una excepción.</p>
<p>Sin embargo, la <strong>&#8220;violencia&#8221;</strong> y <strong>&#8220;agresividad&#8221;</strong> debemos   considerarlas de partida como dos conceptos distintos, con el objeto de contribuir   con ello a diluir las confusiones que ha habido y hay actualmente sobre estos   términos tan recurrentes. Teniendo como punto de referencia los estudios realizados   por el Psicoanálisis, la Etología, los autores de la línea frustración-agresión   y el aprendizaje social, la <strong>&#8220;agresividad&#8221;</strong> no es   sino un <strong>&#8220;mecanismo de adaptación&#8221;</strong>, mientras que   la <strong>&#8220;violencia&#8221; </strong>es algo más, una palabra que está   matizada por las luchas por el poder entre distintos grupos de presión, implicando   un reparto <strong>&#8220;diferencial&#8221;</strong> de una serie de privilegios   sociales que van más allá de la mera supervivencia.</p>
<p>No parece necesario realizar para este trabajo toda una revisión exhaustiva   de la literatura sobre la violencia, pero sí es recomendable recordar que existen   teorías <strong>&#8220;activas&#8221;</strong>, que ensalzan el papel de la violencia   como algo <strong>&#8220;innato&#8221;</strong>, y entre las que se encuentran   las posiciones del Psicoanálisis, las corrientes psicodinámicas y la Etología;por   otro lado, existen teorías <strong>&#8220;pasivas&#8221;</strong>, que ensalzan   la visión de la persona como ser que aprende lo que reproduce, y donde se ubicarían   la clásica hipótesis de la <strong>&#8220;frustración-agresión&#8221;</strong> de   Dollard y Miller, o las actuales líneas del <strong>&#8220;aprendizaje por imitación&#8221;</strong> desarrolladas   a partir del modelo de Bandura. Tanto unas como otras tienen sus puntos fuertes   y débiles, sus críticas y loas, pero quizá todas ellas pecan de no dejar entrever   entre sus desarrollos una explicación adecuada de la violencia transmitida   por los medios de comunicación, y aprendida o manifestada diríamos por todos,   pero con mayor gravedad por los niños y jóvenes, o sea, por las personas que   a menudo no poseen un modelo aprendido alternativo, el de la razón, el diálogo,   la discusión;en una palabra, el que implica actuar dentro de los valores del   marco democrático, y en consecuencia, el único que puede permitir, a largo   plazo, la supervivencia de la especie humana.</p>
<p>Los medios de comunicación, cada vez de manera más importante, <strong>&#8220;socializan&#8221;</strong> a   los más pequeños de la casa, dado el tiempo que se acercan diariamente a ellos,   y no sólo como los colegios dentro del período escolar, sino durante los 365   días del año.</p>
<p>En este punto conviene recordar y parafrasear al genial escritor George Orwell,   que en su obra <strong>&#8220;Rebelión en la granja&#8221;</strong> manifiesta   que todos, mujeres y hombres, somos iguales, pero unos son más iguales que   otros. No me parece desafortunado indicar que posiblemente la existencia de   algunos de los contenidos más violentos y nocivos que los niños ven por televisión   no sea más que el inusitado interés económico, principalmente, de determinados   grupos poderosos que están detrás de los mismos alimentándolos, instigando   su continua presencia e incluso haciendo posible la creación de mecanismos   que vayan contra los efectos negativos de muchos de ellos. Pero lo más paradójico   es que la sociedad, o al menos buena parte de ella, se estructura y funciona   en torno a los problemas sociales generados y amplificados por esos grupos.   Si, hoy por hoy, se acabase de un plumazo con la lacra social de la delincuencia   juvenil, en este país se dispararía la, de por sí, alta tasa de paro, ya que   la enorme cantidad de puestos de trabajo que, directa o indirectamente, dependen   de su existencia(desde funcionarios de prisiones, policías, vigilantes de seguridad   hasta profesores universitarios, pasando por obreros de la construcción, jueces   o incluso capellanes penitenciarios)no se podría absorber en poco tiempo-esta   idea está muy bien recogida en la teoría de la plusvalía, postulada por Karl   Marx-.</p>
<p>Algunos han hecho de nuestros problemas todo un negocio colectivo, y hoy,   desgraciadamente,  y a pesar de muchas personas de bien, la sociedad <strong>&#8220;parece   necesitar&#8221;</strong> violentos y delincuentes, de la misma forma que necesita   pobres, enfermos, guerras, terrorismo, niños y mujeres maltratadas, etc. .   . Todos ellos, ¡ójala no se pudiera decir nunca!, dan de comer a muchos, alimentan   además nuestros dormidos sentimientos colectivos, justifican nuestras acciones   e inversiones, e incluso aunque peque de osado, en expresión orteguiana, <strong>&#8220;vertebran&#8221; </strong>nuestra   decadente sociedad de fin de siglo.</p>
<p>Parece que está muy inscrito en los tiempos que corren que la sociedad da   cobertura y protege a los jóvenes violentos. O mejor dicho, algunos grupos   sociales que no conocen otra dialéctica que la violencia física o verbal deben   de existir para inculcar en niños y jóvenes la impronta de la agresividad.   Una violencia que no sólo es con frecuencia justificada(¿se puede justificar   la violencia?) sino que cada vez más se convierte en gratuita. Violencia como   medio de funcionamiento cotidiano;como única forma de conseguir un fin. A veces,   más cruel todavía, el fin no es sino la diversión;otras, más perverso si cabe,   el fin es conseguir el bien dentro de una sociedad llena de seres malos y corruptos;otras,   con más ensañamiento implícito, la violencia se percibe como una forma de atrapar   la imagen de un espectador, a veces niño, potencial comprador de los productos   publicitados en los intermedios del programa.</p>
<p>Respecto al caso de la diversión, los estudios empíricos consultados muestran   cómo muchas veces las escenas violentas de una serie de dibujos animados no   son consideradas como tales por la sociedad, tanto por su <strong><em>desensibilización</em></strong> ante   la misma, como porque los elementos de producción que acompañan a la acción   violenta se oponen a un estado de tensión o de previsión del daño;se daña al   otro porque se siente uno frustrado, sin importar que se cause daño. ¿Acaso   esto no es terrible?. Posiblemente todos estaríamos de acuerdo en lo desafortunado   de esta afirmación;pero casi todos consensuamos que <em>Los Pitufos </em>o <em>Los   Picapiedra</em> no son violentos. Violencia y risa. Violencia y falta de consecuencia   de la acción violenta;los personajes no mueren ni manifiestan secuelas de las   acciones violentas recibidas. Violencia y frustración;no se agrede para causar   daño al otro, sino debido a un hipotético estado de frustración.</p>
<p>La TV también introduce en los más pequeños una versión de la violencia como   algo positivo, como forma de conseguir el bien, de salvar a la humanidad. El   héroe cargado de armas, matando a esa mayoría de malos, se convierte en bueno   y en salvador. Es más, se es más atractivo a los ojos de los demás porque se   es más fuerte o porque se va más armado(desgraciadamente muchos estudios confirman   que niñas y niños piensan así). Esta violencia es aceptada incluso por muchos   de los padres, que trasladan su inseguridad y miedo a sus pequeños, matriculándolos   en todo tipo de cursos de defensa personal. Aquí la lista de programas es grande,   pero escojamos como botón de muestra los cacareados <em>Power Rangers</em>,   camino de iniciación de Rambos y Schwarzenegers futuros.</p>
<p>El tema del ensañamiento cruel en las imágenes se antoja también altamente   problemático. Quizá, a diferencia de los dos tipos anteriores de violencia,   donde el problema se situaría más en las series y películas que se están produciendo   y en las televisiones que les suponen el soporte necesario para que nos llegue   ese inane &#8220;entretenimiento&#8221; a todos, aquí el problema es el del control   televisivo que deberían ejercer los padres. Los datos son bien elocuentes al   respecto;las altas tasas de niños que visionan programas como <em>Impacto TV </em>,   o en menor medida, programas más livianos de sucesos. Y es que los niños ¡cómo   iba a ser de otra manera!, imitan a los mayores hasta el punto de que los programas   que más ven no están pensados para su edad, ni a menudo se emiten en horas   apropiadas para ellos.</p>
<p>Argumentar que los medios ganan bastante con esta población infantil y juvenil   no es nada nuevo. Pero, dos preguntas, sin duda, importantes deben responderse   con los datos en la mano:¿por qué nos gusta la violencia? y ¿quién gana qué   emitiéndola?</p>
<p>La respuesta a la primera pregunta es díficil de responder, y la literatura   refleja opiniones para todos los gustos, que en general recorren el esquema   que se ha comentado antes según se tomen en consideración teorías activas o   pasivas al respecto. Me tomo la licencia de obviar tanta polémica y defender   la siguiente idea:la violencia nos atrae a los adultos por el componente <strong>&#8220;ilusorio&#8221;</strong> que   tiene, porque vemos reflejado en la pantalla lo que no existe, lo que sólo   unos pocos desalmados serían capaces de hacer. Nos llama la atención cómo algunas   personas son capaces de realizar lo que nadie sería capaz de hacer. Todos tenemos   unos determinados <strong>&#8220;sentimientos&#8221;</strong>, que, en parte,   son inculcaciones de valores morales y éticos, necesarios para que podamos   sobrevivir , y necesarios para el progreso de la humanidad. Sin embargo, la   presencia excesiva de la violencia hace que la misma deje de ser algo excepcional,   para convertirse en la norma. Y  si así va ocurriendo en los adultos, ¿qué   decir de los niños, que van creciendo comprobando que apenas existen otros   modelos de comportamiento, o que, mejor dicho, otros son menos efectivos?.   El niño, poco a poco, cambia el uso de la agresión como mecanismo de actuación   ante quien le priva de lo que espera como positivo, por el encontrar placer   en ser así, al ver sobre todo en la pequeña pantalla cómo los que utilizan   esa vía de acción obtienen recompensas sociales y materiales. Además, hoy ni   los padres ni el colegio parecen querer  &#8220;imponerse&#8221; sobre los niños,   creando una filosofía cercana al <strong>&#8220;laissez-faire&#8221;</strong> que,   en muchas ocasiones, está creando auténticos monstruos. Y en los niños, ¿por   qué gusta la violencia?;porque la no violencia sólo se puede aceptar, comprender   y valorar si alguien, un adulto, explica   al menor que la vía de la razón   es la única válida. Y la televisión, el cine, los dibujos animados, no explican   ni razonan, normalmente sólo tienen acción;y además los padres no ven ni la   televisión con sus hijos ni se la critican. En una palabra, no se explica nada   a los niños, por lo que no pueden entender el sentido de la no violencia.</p>
<p>Pero vayamos con la segunda pregunta. El niño es un atrayente sector de la   población a ganar como espectador por parte de la televisión, en cuanto que   permite y provoca la venta de muchos productos, presionando a los mayores.   Pero es más, el niño es el mejor consumidor. Primero porque lo normal es que   el dinero no sea el suyo, por lo que no valora el coste del producto, ni examina   a fondo lo que le están ofertando a cambio de lo que le piden. Y además, porque   carece de alternativas de pensamiento como para prever que existen otras vías   de diversión, de alimentación o de asistencia a espectáculos, al margen de   lo publicitado. Si todos fuéramos niños, los publicistas estarían encantados.</p>
<p>El gran drama es que tanta violencia en la televisión ha supuesto efectos   devastadores en la educación de niñas y niños. En reiteradas ocasiones los   psicólogos han manifestado cómo dichos efectos se podrían dividir en función   de los mecanismos que <strong>&#8220;dispararan&#8221;</strong>, y que en líneas   generales son cuatro:<strong>&#8220;imitación&#8221;</strong>(siempre imitamos   lo que vemos, y dicha imitación se incrementa si lo que vemos implica recompensas   para sus actores), <strong>&#8220;identificación&#8221;</strong>(no sólo imitamos,   sino que los personajes violentos se convierten en nuestros héroes), <strong>&#8220;efecto   disparador&#8221;</strong>(término que se aplica a las mentes que podríamos   denominar &#8220;desequilibradas&#8221;, y que supondrá que las escenas violentas   en algunas personas, provoquen una imitación total al no separarse la ficción   de la realidad) y <strong>&#8220;desensibilización&#8221;</strong>(el visionado   de la violencia provoca inexorablemente en todos que nos hagamos insensibles   ante la misma);con respecto a esta última cuestión, hemos de tener en cuenta   que un menor ve a la semana, como media, unos 670 homicidios, o los datos de   una encuesta realizada en Suecia, en la que los niños relataban como primera   causa de muerte un disparo en la cabeza.</p>
<p>Pero una vez que se ha reflexionado sobre esta delicada cuestión, es preciso   analizar las dos caras de esta encrucijada:en primer lugar, qué ven los niños   de la televisión, es decir, cómo ven la televisión. Y en segundo lugar los   contenidos específicos que la televisión emite con una cierta regularidad enfocados   al mundo de los niños.</p>
<h3>6.  ¿Qué es lo que la televisión emite para los niños?</h3>
<p>La respuesta a esta pregunta, lleva al análisis, no de los hábitos de los   niños frente al televisor, sino lo que las televisiones emiten tal cual. Para   ello se expondrán resumidamente los resultados de varios de los trabajos expuestos   en el Seminario del Centro Reina Sofía sobre la Violencia de Valencia,  celebrado   en 1997 , uno de ellos referido sólo a dibujos animados(con datos extraídos   entre el 29 de Noviembre y el 5 de Diciembre de 1993 de todos los programas   de dibujos animados emitidos por las televisiones de ámbito estatal más Telemadrid),   y otro referido al análisis de la violencia en televisión en una cadena autonómica.   Estos son los resultados más significativos:</p>
<ul>
<li>La mayoría de los dibujos poseen en algún momento alguna manifestación     de violencia.</li>
<li>La violencia está presente también en otro tipo de programas, pero parece     existir consistencia en que los tres tipos de programas que más violencia     poseen son las películas, los dibujos animados y las teleseries.</li>
<li>Por lo que se refiere a la banda horaria, es preciso destacar dos cuestiones:la     primera de ellas, que la banda más violenta es por la mañana desde un punto     de vista cuantitativo, si bien la violencia más extrema desde un punto de     vista cualitativo se manifiesta por la noche.</li>
<li>Respecto al tipo de violencia, ésta suele ser sobre todo física, y en menor     medida verbal o de otros tipos. Suele tratarse de una violencia sin explicaciones     ni a veces siquiera elementos desencadenantes. Se agrede a menudo como mera     diversión, a veces como mera costumbre.</li>
<li>No existe un día especialmente violento en la televisión, si bien los sábados     suelen ser más <strong>problemáticos. </strong></li>
</ul>
<p>De nuevo se podrían extraer bastantes conclusiones, sin duda, nada halagüeñas   en este caso para las cadenas de televisión. Respecto a las posibles recomendaciones   que se podrían realizar de cara a prevenir en el futuro la aparición de tantos   contenidos violentos en televisión, y por consiguiente, de cara a crear nuevas   generaciones de niños y jóvenes socializadas en valores positivos, en la Reunión   Internacional de Valencia se llegaron a las siguientes recomendaciones:</p>
<ul>
<li>Por lo que se refiere a las televisiones, sólo el compromiso de cada televisión     con la emisión de una programación no sólo de calidad, sino también de protección     de los valores democráticos y de fomento de los mismos, puede evitar el problema.     En ese sentido, se aboga porque cada cadena cree un código ético, y que ajuste     su programación al mismo.</li>
<li>Respecto a la sociedad en general, en la actualidad debería existir una     campaña de sensibilidad hacia la violencia, y de toma de conciencia de que     la dedicación que se merece un niño no puede suplirla la televisión.</li>
<li>Respecto a la familia, se debería concienciarla de la importancia de ver     la televisión con los niños, de comentar todo tipo de contenido violento     y de evitar la exposición excesiva a dichos elementos.</li>
<li>En lo referente a la escuela, los responsables deberían ser conscientes     de que la educación no puede darse sin valores, y por lo tanto, es necesario     inculcar éstos, sobre la base del respeto común y desarrollo de los valores     de convivencia.</li>
<li>Por lo que se refiere a la legislación y la actuación de los poderes públicos,     en primer lugar exigir a las Fiscalías de Menores que cumplan con su papel     de defensores del Menor, vigilando las programaciones de las televisiones.     En segundo lugar, se deben promover figuras como la del Defensor del Menor,     creada en la Comunidad de Madrid, y de momento única en España. En tercer     lugar, se debería crear una legislación protectora de niños y jóvenes más     específica que la actual, ya que la presente es excesivamente amplia. Y en     cuarto lugar, parece conveniente crear organismos administrativos centrales     que se ocupen de la programación de las televisiones, y que velen no sólo     por el tratamiento que se produce del tema del menor y del joven, sino también     de los ancianos, de los minusválidos, de las minorías étnicas, es decir,     del respeto y trato adecuado de todos.</li>
</ul>
<h3>Bibliografía</h3>
<p>-Albero Andrés, M. (1984). <em>La televisión didáctica</em>. Barcelona:Mitre.</p>
<p>-Alonso Erausquin, M. ;Matilla, L. ;Vázquez, M. (1980). <em>Los teleniños</em>.   Barcelona:Laia.</p>
<p>-Cabero Almenara, J. (1989). <em>Tecnología Educativa:utilización didáctica     del vídeo</em>. Barcelona:Promociones y Publicaciones Universitarias.</p>
<p>-Cebrián Herreros, M. (1988). <em>Teoría y técnica de la información audiovisual</em>.   Madrid:Alhambra Universidad.</p>
<p>-Charles,  M.  y Orozco, G. (1992). <em>Educación para los medios, una propuesta     integral para nuestros maestros, padres y niños</em>. México D. F. :ILCE-UNESCO.</p>
<p>-Hodge, B.  y Tripp, D. (1988). <em>Los niños y la televisión</em>. Barcelona:Planeta.</p>
<p>-Jung, C. (1976). <em>El hombre y sus símbolos</em>. Barcelona:Caralt.</p>
<p>-Masterman, L. (1993). <em>La enseñanza de los medios de comunicación</em>.   Madrid:de la Torre.</p>
<p>-Piaget, J. (1982). <em>La construcción de lo real en el niño</em>. Buenos   Aires:Nueva Visión.</p>
<p>-Zunzunegui, S. (1992). <em>Pensar la imagen</em>. Madrid:Cátedra.</p>
<p>-Material escrito y de conferencias de la 2ª Reunión Internacional sobre Biología   y Sociología de la Violencia, celebrado en el Centro Reina Sofía para el Estudio   de la Violencia, Valencia, 3 y 4 de Noviembre de 1997.</p>
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		<title>Semiosis insurgente</title>
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		<pubDate>Sun, 12 Sep 2010 18:31:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>luis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Medios y cultura popular]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;¿No es el primer deber del que busca la verdad dirigirse directamente a la verdad sin mirar a diestra o siniestra?&#8221; Marx Hay problemas nuevos para la producción de documentales porque, entre otras cosas, están en ascenso mil formas nuevas de producir Semiosis . Están en ascenso fuerzas nuevas para la transformación del mundo y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>&#8220;¿No es el primer deber del que busca la verdad dirigirse<br />
directamente a la verdad sin mirar a diestra o siniestra?&#8221;</p>
<p>Marx</p>
</blockquote>
<p>Hay problemas nuevos para la producción de documentales porque, entre otras   cosas, están en ascenso mil formas nuevas de producir Semiosis . Están en ascenso   fuerzas nuevas para la transformación del mundo y por eso están en ascenso   desafíos específicos para la producción documental. Se expande e intensifica   una oleada mundial de Semiosis revolucionaria más comprometida con la maduración   de la lucha, de la fuerza y de la conciencia&#8230; eso problematiza e intensifica   la tarea de documentar significados que emergen gracias el desarrollo interno   de luchas sociales que tienen orígenes comunes, que no sin dificultades extraordinarias,   consolidan saltos cualitativos importantes y perfeccionan los modo ideados   desde abajo para transformar la realidad. Emerge una Semiosis revolucionaria   que no quiere distorsiones, intermediarios ni &#8220;traductores&#8221; que lucha   contra la imposición de significados alienantes . Y no parece haber, en esta   etapa, tarea más importante para los documentalistas que organizarse tras una   táctica consensuada, estudiar y fortalecer esas Semiosis revolucionarias en   ascenso. Contra subjetivismos de antojos caprichosos, contra todo vampirismo   burocrático, contra la desorientación y los miedos, contra el pragmatismo y   la improvisación cándida. Contra el atraso, contra los mesianismos, contra   los sectarismos.</p>
<p>Ese ascenso de una Semiosis rebelde es un salto cuantitativo y cualitativo   que busca y consolida su independencia contra el discurso hegemónico, independencia   conceptual, formal, estética y política definitiva&#8230; revolucionaria. No como   una &#8220;novedad estilística&#8221;ni como una &#8220;monería estética&#8221;;   se trata de una independencia que tiene historia y causas concretas, inmediatas   e impostergables. Se trata de una independencia de significados que se adueña   de cuanta herramienta se ofrece al paso para narrar el ascenso histórico de   las luchas sociales con imágenes, símbolos, signos y comunicación rebeldes.   Es un proceso de Semiosis revolucionaria que se produce desde las bases. Esto   debe movilizar a los documentalistas en muchos sentidos porque esto significa   mucho.</p>
<p>No es difícil establecer un punto convergente en esta insurgencia de significados,   no es difícil identificar como denominador común al conjunto de las luchas   sociales que tomaron protagonismo entre 1994 y 2005&#8230; desde México hasta Argentina,   con la expulsión de la Rua&#8230; en Ecuador, Chile, Brasil, Bolivia, Venezuela&#8230;   los movimientos sociales agitan las rebeldías e imaginación de los más sensibles&#8230;   y las de los no tanto. Muchos tomaron las plumas, las cámaras fotográficas,   los pinceles&#8230; otros se hicieron documentalistas. Pensamiento y acción que   en la producción de Semiosis rebelde, de todo el mundo, han acumulado experiencias   cargadas de fortalezas múltiples y contribuciones extraordinarias. Desde Chiapas   hasta las asambleas barriales, desde las fábricas, recuperadas o no, hasta   las organizaciones campesinas e indígenas. Con periódicos, radiodifusoras y   televisoras comunitarias y de base, con megáfonos y volantes, con muros y correos   electrónicos&#8230; con documentales, reuniones, conferencias, talleres, páginas   de Internet&#8230; se hace oír un lenguaje de imágenes y sonidos que buscan, como   se puede y con lo que se tiene, el triunfo de los pueblos originarios, contra   el ALCA, NAFTA, de los piqueteros más avanzados, de la organización obrera   contra lideres sindicales mafiosos y traidores, contra las burocracias y los   empresarios, contra la destrucción de los ecosistemas, los monocultivos trasgénicos,   el saqueo de los recurso naturales, las privatizaciones&#8230; Semiosis pues anticapitalista   y antiimperialista. De sur a norte, de este u oeste. De abajo hacia arriba</p>
<p>¿Qué es esta Semiosis en ascenso ? ¿Qué lugar ocupa en la problemática de   la producción creadora de documentales? ¿Cómo se analiza? ¿Dónde? ¿Cuáles son   sus debates y tensiones más ricas? ¿Cuáles son sus contribuciones? Intentar   una aproximación crítica interesada en desentrañar las operaciones individuales   y colectivas de la Semiosis revolucionaria es de interés fundamental y hay   que eludir toda teoría lineal o atomista. Desentrañar la Semiosis revolucionaria   implica problemas de hondura mayúscula como el problema de la libertad del   pensamiento, la libertad de la expresión y la crítica contra las hegemonías   de la razón burguesa. Implica el debate sobre la realidad, los resortes verdaderos   y complejos del pensamiento, el conocimiento, la ética y la estética. E implica   una mirada crítica sobre modos, medios y relaciones de producción documental   que suponen la emergencia de Semiosis transformada por el ejercicio de la conciencia   crítica, la libertad y la transformación de la realidad. Producción dialéctica   de significados, emergencia de signos revolucionarios para una conciencia de   la transformación permanente. El documental se nutre de la experiencia social   viva.</p>
<p>Aun con la confianza y celebraciones que merecen las Semiosis revolucionarias   en ascenso, es preciso no perder de vista en qué escenarios ocurren las tensiones   de tal ascenso. Hoy la producción de significado, no está a salvo de los vicios   del atraso histórico que se vive. Ni en las organizaciones sociales más avanzadas   ni en los documentalistas. Incluso sin quererlo, en ocasiones se repiten los   formatos alienantes. Burocracias, incluso. Al identificar la presencia de ciertos   focos de alienación en la producción de Semiosis rebelde se comprenden los   riesgos y deformaciones en que la producción de significados puede incurrir   si se despega de la base social y si pierde de vista la importancia vital de   la independencia política de trabajadores. Independencia de clase. Domina el   empíriocriticismo, hay sobreproducción, fetichismo utilitarismo burgués, clientelismo   académico y cientificismo, sectarismos&#8230; por todas partes y camuflado de mil   maneras.</p>
<p>Este es el momento de decir abierta y claramente que es necesario contar con   espacios de crítica y autocritica en el seno mismo de los movimientos que impulsan   una Semiosis revolucionaria, sus marcos teórico-metodológicos y cómo debe ser   planteada la liberación no atomizada de los medios y modos para la producción   de Semiosis. Es que no basta con ser capaces de identificar, caracterizar y   estudiar problemas en los medios y modos para la producción de Semiosis. No   bastan, aun siendo indispensables, los diagnósticos más conspicuos ni las casuísticas   más originales. Hace falta la práctica, el Trabajo científico, artístico, académico,   crítico organizados para intervenir organizadamente. ¿Estamos los documentalistas   preparados?</p>
<p>Ninguna práctica de consenso puede pasar de largo sobre este repertorio de   problemas y es suicida menospreciar la fortaleza alcanzada por la producción   documental que ha sido obediente al ascenso delos movimientos sociales. Sería   suicida pasar de largo incluso las tareas de crítica y autocrítica solidarias   con semejante experiencia. Es ridículo e incluso estúpido excluir la crítica   y la autocrítica&#8230; permanecer indiferentes a un análisis exhaustivo de los   signos, símbolos, imágenes e imaginarios revolucionarios de este momento, aunque   no se presenten como algunos esquemas lo hubieren previsto. Incluso por ello   mismo. Acaso este momento reclame preparar el acontecimiento exigente de un   consenso para la praxis revolucionaria de la producción documental, realizarla   para actuar con, (no sobre ), los movimientos sociales más avanzados, desde   ellos mismos, para transformarnos todos. Pero hace falta la herramienta de   la crítica porque pueblos e individuos acarreamos, y no pocas veces atesoramos,   atrasos y vicios de los cuales solemos no ser del todo conscientes.</p>
<h3>Las herramientas</h3>
<p>Esta semiósis revolucionaria no se produce simplemente como &#8220;alternativa&#8221; a   lo que ofrecen los medios de comunicación monopólicos, no se produce sólo como   un discurso que puede &#8220;convivir&#8221; pacíficamente con el enemigo. No   se construye como una ínsula para la felicidad semántica en un sólo círculo,   no se produce para dejar intacto el paisaje bajo la trampa lógica del liberalismo   que miente con aquello de &#8220;daré la vida por defender su derecho a decir   expresarse libremente&#8221;. Esta semosis revolucionaria ofrece entendimiento,   claridad, interrogación, conciencia dinámica nueva, innovadora, que se mueve   para movilizar y organizar a los grupos incluso valiéndose de las llamadas &#8220;nuevas   tecnologías&#8221;. Es independencia semántica de la clase que lucha por su   emancipación. Aun cuando los costos y la simplificación de la tecnología influyan   parcialmente al explicar el ascenso de la Semiosis revolucionaria, es decir   una parte de ella, ésta no depende sólo de que la tecnología tenga costos bajos   u operación sencilla. Eso es un reduccionismo tramposo. De ser así la propia   Revolución Soviética seguiría a la espera de ofertas en las tiendas especializadas.   La historia de la prensa revolucionaria es un ejemplo de que el contenido no   depende linealmente de los medios disponibles para su propagación y eso no   les niega importancia.</p>
<p>Cada uno de los medios de producción documental posee cualidades expresivas   propias de la misma manera que un lápiz ayuda a hacer cosas en las que un ordenador   en un inútil y viceversa. Cada herramienta posee una especie de gramática no   monolítica determinada por características cambiantes que dan a las Semiosis   posibilidades, y limitaciones, múltiples a veces para su bien y otras no, que   derivan en la fusión de códigos lingüísticos, cinéticos, sonoros, pictográficos   icónicos, y una variedad de sub-códigos relacionados e interdependientes de   aquellos. Pero esas relaciones entre códigos, como materia concreta para la   producción de discurso revolucionario, con una semiósis revolucionaria, requiere   espacios de experimentación e investigación sistematizadas y rigurosas que,   sin solemnidades ni fajas, den paso a la emergencia de lenguajes nuevos. Para   nosotros lo mejor está por verse.</p>
<p>La Semiosis revolucionaria involucra a todas las operaciones mentales. Desde   el comportamiento natural del cerebro hasta su culturización. Está comprometido   el humor y el amor, el juego, los sueños, las emociones todas. Está comprometida   la fantasía y la imaginación. Están comprometidos los sentidos y las pasiones.   Están comprometidas todas las fuerzas de producción, el trabajo, el ocio y   la creatividad. ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde el alma?</p>
<p>Toda Semiosis revolucionaria es explicable y cognoscible. Entendida como práctica   humana toda Semiosis actualiza dialécticamente lo objetivo y lo subjetivo,   es práctica social determinada por su historia, función e intereses de clase.   Y eso no es poco o menos enigmático. La producción de Semiosis revolucionaria   está atada a las leyes generales del desarrollo desigual y combinado, (y las   calamidades que padece la destrucción de las fuerzas productivas) determinada   por sus marcos teórico-metodológicos y por su grado de desarrollo, es producción   determinada ideológicamente. No hay Semiosis huérfana.</p>
<p>Si la Semiosis se produce contradictoriamente, es decir en una lucha, como   el trabajo y por el trabajo, de la tensión individual y colectiva entre las   necesidades y sus satisfactores&#8230; si la Semiosis se resuelve dialécticamente   como desarrollo y ésta a su vez se resuelve como producción creativa, siempre   obediente a sus marcos ideológicos, está claro que la producción de Semiosis   es explicable y cognoscible por los términos de sus intereses&#8230; a qué sirve,   a quién, cómo, dónde y cuándo. Si la producción de significado en todos los   ámbitos de la actividad social, representa a su Tiempo, es decir le da significado,   está claro que en toda producción Semiosis existe una tensión interna que sintetiza   las tensiones dialécticas de su ser y modo de ser con sus propósitos prácticos   de clase. Está claro, pues, que el acto de significar no es episodio místico   ni arrebato idealista extraterrestre de musas veleidosas. Está claro que el   acto de significar no es imitación de los dioses ni privilegio de ellos. Está   claro que la producción de significado no es iluminación individualista ni   dádiva del destino para provecho mercantil de algunos &#8220;genios&#8221;. Está   claro que el acto de significar no es exclusividad de demiurgos, no es reservorio   de iluminados, no es luz de &#8220;genio&#8221; iluminador mesiánico de los espíritus.</p>
<p>Significar es lucha y proceso desde lo inferior (desde lo simple) a lo superior   (a lo complejo), de lo particular a lo general, que pone de manifiesto y realiza   la lucha de tendencias internas y externas, juntas o por separado, cuya forma   característica presenta un aspecto de espiral. Hoy las teorías y herramientas   para la producción de Semiosis son en el presente más poderosas, eficaces,   eficientes y están más concentradas hegemónicamente que en cualquier momento   de la Historia. Hoy la mayoría de las maravillas tecnológicas y las conquistas   humanas sirven para encerrar la Semiosis en prisiones de miseria y esclavitud.   La humanidad es cada día más pobre. Se frena el desarrollo, se destruyen las   fuerzas productivas. Se destruye el estado de ánimo, estamos desconfiados,   desesperados y desorganizados. No inutilizados.</p>
<p>Toda Semiosis se construye por una gama de conceptos en lucha que buscan soluciones   expresivas. Esa búsqueda es también una lucha dialéctica. Es preciso participar   en los procesos más íntimos de la producción de Semiosis revolucionaria, saberla   colectiva y móvil, sujeta a las condiciones materiales, a la lucha de clases   y a las condiciones técnicas de los instrumentos de la producción documental   para crear estrategias políticas y transformar no sólo el campo de batalla   de las Semiosis sino el modo de usar las herramientas de producción documental   en los movimientos sociales revolucionarios. Pasar de tácticas defensivas con   los medios de comunicación, algunas de ellas tácticas de resistencia ejemplares,   pasar pues a un período donde surja la expresión nueva, crítica, necesaria   en cada momento de la lucha.</p>
<p>Conocer la dialéctica interna y los procesos de Semiosis desde sus tensiones   en la producción y transmisión, representación y reproducción, es imprescindible   para apropiarse de todas las posibilidades de enunciación y toda la riqueza   necesaria para la transformación definitiva de la sociedad. Descifrar las tácticas   y estrategias de una Semiosis revolucionaria constituye una etapa primordial   de una lucha que también es acción revolucionaria. La tarea de crear nuevos   medios y modos de comunicación incluye a las relaciones de producción. La Semiosis   insurgente no implica sólo agitación política, implica también espacio para   la imaginar una vida nueva incluso detrás de las denuncias más crudas y multitud   de producciones que dan testimonio de ello. En no pocos espacios las Semiosis   revolucionarias muestran su maduración para pasar del capitalismo al socialismo   &#8230;</p>
<p>Proceso de Semiosis transformadora que es, poco a poco consenso y autogestión,   fuerza de la diversidad unida y capaz de ejercer el control de los medios informativos   independientes, alternativos&#8230; fuerza que será capaz incluso de expropiar   los medios ya expropiados por las oligarquías. Fuerzas transformadoras que   producen una Semiosis diversa, que opone al poder de manipulación y adoctrinamiento   de la burguesía una respuesta de dignidad, de justicia, de libertad contra   la explotación y el saqueo. Como ocurrió y ocurre en Venezuela donde ni todo   el aparato de ofensiva mediática logró convencer a los venezolanos de que habían   perdido a su presidente, su proyecto de gobierno y su revolución. Las Semiosis   revolucionarias replantean su estrategia discursiva en sus propios medios de   expresión y divulgación para ejercer una presión rumbo al cambio del poder   por otro poder que nada se parece a aquel ni en sus definiciones ni es sus   modos de construcción. Forma nueva de hacer política pues&#8230; también simbólicamente.</p>
<p>En este terreno el documental contribuye a derrotar el concepto burgués de   libertad de prensa y de expresión, el mito de la &#8220;objetividad&#8221; que   es una trampa lógica para anular la intervención del productor de Semiosis   rebelde . Contra todas las campañas oligarcas que se desarrollan &#8220;en defensa   de la libertad de prensa y de expresión&#8221; se multiplican las radios comunitarias   las páginas en Internet, las televisoras barriales y la prensa alternativa.   Se contribuye a la revolución utilizando la tecnología sometida con significados   nuevos a crear educación, estética y ética nuevas. Es decir se lucha con el   documental, en el documental y desde el documental para contribuir a la revolución   con una Semiosis nueva que crece en el centro de los movimientos sociales de   base. Y las repuestas aparecen como emanaciones de lucha que entienden cómo   desde los intestinos de la bestia surgen las respuestas superadoras.</p>
<p>Expresado como estallido de significados el documental involucrado con el   ascenso de una Semiosis nueva establece su propio concepto de libertad de expresión   al materializar en imágenes y sonido la dialéctica de las luchas sociales.   Se trata de una lucha, en los hechos, contra el silogismo que hace pasar por   libertad de expresión las libertades de la propiedad privada. Lucha del documental   que desenmascara el sistema de alianzas y servidumbre entre las burguesías   vernáculas y sus padres multinacionales en su idilio de solidaridad imperialista   alienante. Documental que se hace una sola voz con la voz social que denuncia   con mayor claridad el entreguismo faldero de las burocracias políticas. Esto   hace cada vez más difícil la práctica burguesa de adueñarse de las luchas,   desfigurarlas y servirse de sus caricaturas para auto convencerse de sus triunfos   y desmoralizar a sus antagónicos. En este espacio las Semiosis insurgentes   han cumplido un papel definitivo desde 1994 y los documentales que han acompañado   y ayudado esa lucha son hoy los motores de una epoca nueva que será fundamental   en la medida en que se consolide.</p>
<p>Esta Semiosis tiene además otra característica: no se trata de una toma del   sentido gracias a que alguien &#8220;le devuelve al habla al pueblo&#8221;, no   se trata de una Semiosis animada por el voluntarismo mesiánico de quienes se   imaginan poniendo al pueblo en el centro de sus escenarios mentales&#8230; esta   vez lo que se ve es que son los propios movimientos sociales quienes, desde   sus bases, toman la determinación de construir con sus imaginarios los imaginarios   de una lucha que se extiende exponencialmente. Esta vez no se trata de la realización   del sueño paternalista que le da al pueblo los juguetes para que se exprese,   se trata de la apropiación (por ahora) de algunas herramientas de producción   expresiva para (acaso pronto) la expropiación de todas las herramientas. Mientras,   la producción de una Semiosis revolucionaria madura, con sus tiempos, en el   imaginario revolucionario de cada medio que se incorpora a la lucha para ocupar   el lugar que le toca en la contienda específica.</p>
<p>Al lado del objetivo histórico de quitarle a la clase dominante el control   de la información y de la cultura, está la producción de sentido revolucionaria   del documentalista antagónico a las noticias, versiones y temas que se hacen   circular en los aparatos funcionales a la explotación&#8230; Emerge poco a poco   en la producción de documentales la tarea de elevar el nivel de conciencian   de entender el documental también como herramienta organizadora que irradia   fuerzas vertebradoras con claridad hacia la toma del poder desde abajo. Ya   no es fácil que los colectivos de producción documental que trabajan con una   Semiosis rebelde se traguen el truco viejo de poner como centro de su crítica   la conducta de los gobiernos con sus burócratas, como si fuese el único antagonista   de la revolución, se ha logrado dar un paso irreversible que deja ver, cada   vez con más claridad, las relaciones promiscuas de orden patronal que ejerce   la burguesía sobre cierta clase política amaestrada como guardián de la propiedad   privada, y lo mejor es que los documentalistas han puesto como eje la construcción   de sus propias fuerzas revolucionarias para cambiar su realidad confiando en   sus ideas y en sus tácticas de lucha con los movimientos sociales más avanzados   . Eso es un salto cualitativo.</p>
<h3>Semiosis rebelde mundial</h3>
<p>No se puede elevar la conciencia de la lucha si la producción de Semiosis   se encierra en sí misma. Avanzará muy lenta la conciencia, por ejemplo, de   los indígenas si los indígenas sólo ven la problemática de los indígenas. Es   magnífico el desarrollo de redes, colectivos de producción documental que intercambian   realizaciones y contribuyen al conocimiento de obreros, campesinos, trabajadores   de todo el mundo y contribuyen a conocer las coincidencias&#8230; impulsan la conciencia   de que en todas partes muchos como uno emprenden luchas y eso fortalece la   moral y clarifica al enemigo. Entre otras cosas.</p>
<p>Y emerge una Semiosis revolucionaria mundial que lucha contra esa Semiosis   hegemónica, que tiende a la sustitución del sujeto, que interpone siempre a   un explicador que como voz off, locutor en pantalla,  &#8220;periodista&#8221;&#8230;   desplaza el testimonio directo de los protagonistas para privilegiar una puesta   en escena mediática de cierta perspectiva que nunca es &#8220;neutra&#8221; &#8220;objetiva&#8221; ni   desinteresada&#8230; como suele presumirse. En las Semiosis revolucionarias hay   una clara interpretación de esa trampa y una propensión fundamental a construir   el discurso con las fuentes directas del hecho. Contra toda mitología mediática   impuesta al imaginario colectivo; contra la sumisión a los símbolos y arquetipos   que han contribuido a edificar las bases del capitalismo y el imperialismo;   contra un mundo único con historia, filosofía y realidad únicas construidas   con estereotipos desmovilizadores, deprimentes&#8230; devastadores y alienantes   .</p>
<p>Contra el modelo ideológico que hace pensar en las herramientas del documental   como máquinas sólo útiles para la seducción o diversión para mantener a las   masas alejadas de sí mismas, contra sí y domesticadas para legitimar todo lo   que las explota.</p>
<h3>Una semiótica no antipática</h3>
<p>Contra la alienación es necesaria una práctica semiótica que contrarreste   y superare el imperio de los signos y de los discursos hegemónicos porque el   control de los signos no es ajeno al control del poder. Contra la semosis de   la barbarie impuesta gradualmente y que tiende a fijar un imaginario social   donde reina la resignación, la desmovilización, el quietismo, el individualismo,   el nihilismo y el pragmatismo. Contra los símbolos y estereotipos que ejercen   violencia psicológica y física para fortalecer esa civilización de la explotación   obra de la filosofía y la cultura del capitalismo y de sus industrias culturales.</p>
<p>Es necesaria una praxis semiótica revolucionaria que no olvide las luchas   que se libran para la producción del significado revolucionario, en sus contextos   de clase y contra las metarrealidades alienantes, los megadiscursos de las   redes massmediáticas, sus videosferas o iconósferas con opio mercantil traficándose   impunemente la galaxia hipermediática. Semiótica para denunciar de manera directa   los sujetos de la enunciación alienante ocultos tras el discurso de la moral   burguesa y artífices de los mecanismos de opresión del imaginario social ¿Quiénes   son los sujetos de la enunciación de los mass media mercantiles?, ¿Sus beneficiados?</p>
<p>Es necesaria una praxis semiótica científica para denunciar todo subterfugio   sígnico y toda forma de ideologización reaccionaria. Cuando la zorra predica,   no están seguros los pollos. Semiótica científica para desmontar toda esa parafernalia,   ciertamente fascinante, narcotizante incluso, en la Semiosis del cine comercial,   las publicidades, las series televisivas regidos por efectos especiales y digitales   para una megacultura de masas. Parafernalia financiada por monopolios especializados   en construir armas de guerra ideológica que tienen efectos de largo alcance   en los imaginarios imponiéndoles matrices de significación estereotipadas y   estereotipantes. Necesitamos una praxis semiótica capaz de trabar un pacto   ético solidario con las causas revolucionarias más avanzadas para colaborar   en la solución de los problemas causados por la alienación, la destrucción   de las fuerzas productivas y la negación de cultura libre.</p>
<p>Necesitamos una teoría semiótica revolucionaria, no contemplativa sino transformadora,   que bien pudiera intervenir, en el marco histórico de la lucha de clases, comprometida   críticamente con su objeto de estudio y contra las prácticas enunciativas más   perversas&#8230; contra los procesos de producción de sentido, los modos y las   relaciones de producción y la transmisión y distribución de mensajes impuestos   por los programadores, los dueños de los medios. Desmontar las estratagemas   de la publicística mercantil, las falacias de la cultura hegemónica, la simbólica   narcótica del clero, la demagogia de los oropeles nacionalistas y gobierneros   y el repertorio de emblemas y fetiches burgueses con su estética del crimen,   la opresión y la dominación mundial con &#8220;imagen corporativa&#8221; de la   propiedad privada. Desmontar con una semiótica seria toda fabricación de signos   obediente a los intereses imperialistas y a sus operaciones semánticas, sintácticas   y pragmáticas para esconder los crímenes sistemáticos del negocio de la guerra,   denunciar científicamente cómo operan sus estudios de recepción que culpabilizan   a las víctimas, semiótica decente, no de sabihondos inentendibles, contra la   alienación, contra lo que devasta las fuerzas movilizadoras de las sociedades,   lo que desanima, atemoriza y atomiza. Una semiótica que salga de sus jergas   y pedanterías, que se oponga a las manías empíricas y a los devaneos neo-kantianos   para explicar y contribuir a terminar con toda historia de la alienación y   la explotación. Semiótica que no ayude a la miseria. No olvidar las tácticas   burguesas para criminalizar las luchas sociales.</p>
<p>También una semiótica no atomista que permita ver por qué es posible que el &#8220;receptor&#8221;,   a quien algunos definen como pasivo, en un proceso revolucionario de transformación   de la Semiosis es también enunciador gracias a un consenso enunciativo comunicacional   y crítico que casi nadie estudia porque a muy pocos interesa, ya que no es   negocio, y que no conocemos porque nos falta conocer todavía lo mejor de la   humanidad que está naciendo&#8230; Semiótica para potenciar la generación de Semiosis   revolucionaria que cuenta con las voces de otros que son su voz propia en lucha,   en conjunto, en revolución social. Es urgente una praxis semiótica como estudio   de signos, símbolos, sistemas de significación, prácticas significantes en   contextos históricos y de clase concretos. Que sea una disciplina científica   capaz de denunciar y transformar los efectos generados por las industrias culturales   transnacionales, y por los medios de comunicación de masas responsables de   la pérdida del sentido de transformación de la realidad. Capaz de intervenir   comprometidamente en el ascenso de la Semiosis revolucionaria de los movimientos   sociales y los medios y modos de producción de sentido generados hoy como pasos   avanzados. Semiótica transformadora herramienta del documental, también.</p>
<h3>Ascensos a la vista</h3>
<p>Los sistemas de significación y los procesos de producción documental más   avanzados conforman hoy una &#8220;función semiótica&#8221;, que busca los detonantes   de la acción, la movilización comunicativa en búsqueda de consensos para una   acción mundial, integrada minuciosamente por miles de trabajadores de la Semiosis,   la representación, la apropiación y construcción de una realidad opuesta, para   siempre, a la miseria y la explotación. Semiosis en estado de alerta con todos   los recursos de la invención y de la imaginación para intervenir organizados.   Construcción de la Semiosis revolucionaria con base en el hacer mismo de las   bases y sin dejar de señalar las tácticas enemigas. Semiosis para la vinculación   del mensaje con una práctica social de la imaginación, la intuición&#8230; el nuevo   contenido dado por la praxis de la lucha desde las células de información,   al nivel de las organizaciones de base, contra el discurso del caos.</p>
<p>Esta producción de Semiosis que se ve ya en la práctica parte de un movimiento   mundial de base. Parte de principios y de hechos conjugados uno y otro al movilizar   al sujeto del proceso revolucionario y de vulnerar concretamente la hegemonía   del capitalismo y romper con la cultura de dominación. Semiosis revolucionaria   que al movilizar también a los documentalistas moviliza formas nuevas de distribución   de sus significados. Esta Semiosis insurgente no se produce en un laboratorio,   es proceso dialéctico: negación de la anterior, su superación no surge de fuentes   desconocidas, se debe al desarrollo lógico de la suma de experiencias acumuladas.   Se trata de la conquista de una significación histórica como expresión de clase   revolucionaria que no ha rechazado en modo alguno las más valiosas conquistas   de la época burguesa, por el contrario, asimila críticamente y reelabora todo   lo que hubo de valioso en más de dos mil años de desarrollo del pensamiento   y la cultura.</p>
<p>Hoy es un triunfo toda superación del documentalismo bucólico, purista, doctrinario,   nostálgico o &#8220;neutral&#8221;. Llevada por la Semiosis revolucionaria en   ascenso la producción de documentales aprende, no sin dolores de parto, que   no toda su experiencia, pasada y presente, es o ha sido &#8220;inmaculada&#8221;,   que le urge autocrítica, que el paso siguiente no puede eludir, en ninguno   de los géneros documentales, las búsquedas y condiciones dialécticas que confieren   fortaleza a la lucha por la construcción de sentido&#8230; significado. Hoy la   responsabilidad del productor, trabajador, documentalista no puede excusarse   de intervenir para expresar el movimiento real de las luchas sociales más avanzadas,   es decir, sumarse para expresar las Semiosis en lucha mundial contra la barbarie,   la miseria, la explotación, el opio clerical, la domesticación simbólica de   los silogismos burgueses, el debate capital trabajo&#8230; bien puede el trabajador   del documental ocupar un lugar de significación extraordinaria. No se puede   faltar a la cita de la historia.</p>
<p>Todos los lenguajes del documental son un instrumento, no un fin; su relación   con el significado posee una tensión dialéctica inseparable del contexto de   clase y el momento histórico donde se exige búsqueda y experimentación transformadoras   para una revolución semiótica permanente en el corazón mismo de toda realización   documental. Sin lucha revolucionaria por el significado puede suceder que sólo   tengamos lenguajes huecos, (imágenes, movimientos, sonidos&#8230;muy ubicuos, muy   oportunos quizá) para decir naderías. La Semiosis revolucionaria en ascenso   es expresión de este momento en que la humanidad se dispone al salto magnifico   de lo cuantitativo a lo cualitativo&#8230; a su desarrollo en contra de todo lo   que la frena. Los documentalistas no están exentos ni por delante de esto.   Lo más importante radica en que es ineludible semejante experiencia, plena   de emoción, que no dejará de expresar su campanilleo misterioso, ya que, efectivamente,   la humanidad comenzará a auto-pertenecerse. No hay que empezar la casa por   el tejado.</p>
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		<title>Imagen Chávez: Visibilidad de signos transparentes</title>
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		<pubDate>Sun, 12 Sep 2010 15:46:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>luis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Coyunturas]]></category>

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		<description><![CDATA[Chávez es un signo transparente. Es imposible no ver a través de él el movimiento revolucionario de un pueblo que desde abajo camina a la toma definitiva del poder. Chávez no es un traductor ni un intermediario mediático, es una voz más del espíritu de un pueblo en ascenso que, por cierto, va ganando muchas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Chávez es un signo <em>transparente</em>. Es imposible no ver a través de   él el movimiento revolucionario de un pueblo que desde abajo camina a la toma   definitiva del poder. Chávez no es un <em>traductor</em> ni un <em>intermediario</em> mediático,   es una voz más del espíritu de un pueblo en ascenso que, por cierto, va ganando   muchas <em>voces</em> en todas partes. Chávez no es un <em>estorbo</em> a la   mirada que desea escudriñar la realidad de Venezuela, es más bien una especie   de &#8220;lupa&#8221; o un estetoscopio, para auscultar las profundidades de   una revolución con rumbo al socialismo. Signo transparente con significados   bien claritos. &#8220;Ya lo he dicho. Estoy convencido que el camino para construir   un mundo nuevo y mejor no está en el capitalismo. El capitalismo nos lleva   directo al infierno&#8221;. H.Ch.</p>
<p>Chávez cumple tareas de microscopio. Su <em>visibilidad</em>, que no es poca,   sirve para hacerse transparente, él lo sabe bien seguramente. Consigue que   su presencia lo <em>ausente</em> para dejar el espacio <em>libre</em> y sean <em>vistas</em>,   a través suyo<em>, </em>las luchas, los avances, las contradicciones y atrasos   que conviven en la dialéctica de una revolución cuya <em>salud</em>, por cierto,   también es responsabilidad mundial. Es una especie de telescopio. Uno podría   sospechar que cuando el presidente Hugo Chávez aparece en la televisión, en   los discursos, en los periódicos, en las radios&#8230; tanto tiempo, tantas veces,   genera saturación y acaso rechazo. Como les pasa a muchos funcionarios del   mundo entero. Pero Chávez consigue, su presencia concreta e inconfundible,   dejar ver el mandato que lo insufla, para organizar, para dejar ver ese contenido,   esa carga de significados, en su interior, hecho con la lucha de muchos&#8230;   dejar ver esas entrañas simbólicas plenas de acción y fe colectiva. ¿Será por   eso que se le ve más robusto?</p>
<p>Alguien cuya fisonomía no necesariamente obedece a los cánones estéticos occidentales   de la farándula común, que no basa su &#8220;presencia&#8221; en prodigar halagos   o en decir sólo cosas dulces, simpáticas o políticamente correctas&#8230; alguien   que no se esmera en hacerse el simpático, que empuja, presiona, demanda y exige   a los funcionarios, los líderes y los movimientos sociales, a toda hora en   todo foro&#8230; cómo logra convocar y mantener la atención de tantas personas,   en tantos lugares y tantas horas. Cómo logra mantener en sincronía ese fenómeno   de comunicación que es escuchar lo que uno estaría dispuesto a decir, poner   en una voz tantas voces, escuchar, pues, lo que uno piensa, escuchar lo que   se desea y hace en la práctica revolucionaria&#8230; escuchar uno escuchándose   uno en la voz de un referente que no es complaciente y que punza, acicatea   y cuestiona. Escuchar incluso los debates que menos se escuchan. ¿Es un genio   de los mass media, Gebels caribeño que se instala como ídolo telenovelero,   rockero&#8230;? ¿Es obra maestra de alguna industria de masas, acaso un hito de   las agencias de mercadotecnia y alienación publicitaria? Si fuese así sería   fácil callarlo, desfondar su carga simbólica, cercenar esa fuerza semiótica   que le viene de la revolución&#8230; de los de abajo. Que nos es individual&#8230;   que no es suya.</p>
<p>Esa revolución venezolana que camina hacia el socialismo, y nos compete a   todos, no admite caudillos <a name="v01"></a>[<a href="#01">1</a>]   de vidriera porque sería frágil; porque no sería de todos&#8230; porque sería una   mentira. No admite ser reducida al &#8220;talk show&#8221; delirante de un <em>líder</em> que   apasionado por sí mismo viviera frente a las cámaras como en un &#8220;Big Brother&#8221; de   saliva farandulera. Una revolución como la venezolana que camina hacia el socialismo,   no sin mil contradicciones y peligros, no admite la payasada publicitaria de   caudillo alguno. Esa revolución ya dio pruebas contundentes de cuánto aborrece   las aventuras circenses de algunos <em>Mesías</em> por más medios de comunicación   que dominen. Por eso Chávez regresó a Miraflores.</p>
<p>Hugo Chávez es un signo <em>transparente</em> cuya tarea comunicacional es   contribuir a perfeccionar la visión del socialismo en el futuro de Venezuela.   Así se lo manda la revolución misma. Su rol en los medios es contribuir a la   construcción de un gran relato revolucionario. No es su dueño, no es su blasón,   no es su &#8220;marca registrada&#8221;. Es su pasión y su militancia su fuerza   y su mandato. Y está obligado a defenderlo obedeciéndolo. Chávez desde luego   significa mucho. Carga muchos significados propios de este periodo histórico   de la revolución&#8230; ha luchado mucho para eso desde hace muchos años, pero   especialmente su trabajo como referente visual, acústico,&#8230; es poner perspectiva   a una lucha que necesita ganar fuerzas mundiales que acompañen a la revolución   al mismo tiempo que aprenden de ella. Ese es y ha sido el papel de Chávez en   los medios. Nada mal por cierto.</p>
<p>Esa tarea semiótica de Hugo Chávez se cumple <em>extraordinariamente </em>en   un escenario revolucionario donde no hay &#8220;público&#8221; hay interlocutores.   Eso han de saberlo, y asimilarlo muy bien, todos los medios de comunicación,   es decir los trabajadores de los medios, que en Venezuela o fuera quieren acompañar,   hermanarse, caminar al ritmo de un pueblo que va tan rápido como puede sobre   las transformaciones más hondas. No hay &#8220;receptores&#8221; en su sentido   quietista porque si hay a cambio dialéctica revolucionaria&#8230; precisamente   de esa que todavía no conocen muchas sociedades y que cuesta trabajo entender   en nuestro estado actual de atraso y alienación mundial. Cuando cambia el contenido   del discurso las formas de tal tienden a removerse hacia lenguajes nuevos.   Si Chávez es visto y escuchado muchas horas en muchos lugares bajo mil pretextos   es porque su voz no es otra que la de un pueblo indicando los pasos de su revolución.   Si no fuese así habría <em>zapping</em> político.</p>
<p>Esa multipresencia de Hugo Chávez en las imágenes y los imaginarios venezolanos   no es obra de una vanidad desorbitada. Es una tarea histórica que no puede   ser estudiada con los parámetros de los enemigos, &#8220;escuálidos&#8221;, o   de cualquier género, dedicados a la vulgarización contrarrevolucionaria. Es   acción directa con medios de comunicación que no puede se estudiada por esos   métodos desvencijados en claustros académicos de burócratas clientelistas.   Es acción directa de una pedagogía revolucionaria que no se detendrá por más   estatutos de elite que quieran imponerle ciertos intelectuales desde esas torres   de marfil que se lustran con baba enciclopédica y erudita. Chávez no habla   a las masas desde un púlpito abstracto para decirles cómo han de vivir su revolución,   no lee su manual del usuario feliz para dictar las fórmulas de la ecuación   rebelde que los hará <em>superiores</em>, revolucionarios por etapas en un   sólo país idílico&#8230; que les dará una revolución perfecta&#8230;es decir acabada.   Sería una tristeza galáctica. Muy pronto, quizá, el presidente Chávez será   relevado dialécticamente, en sus tareas de <em>vocero</em> de la revolución,   por campesinos y obreros de todos los frentes que hoy son su soporte crucial   y futuro único.</p>
<p>Hay contrastes horrorosos cuando se ve el paisaje mundial donde muchos &#8220;políticos&#8221; electoreros   andan haciendo <em>colectas</em>, entre mafias diversas, para financiarse campañas   de Imagen, ingenierías de imagen, confiados en fortalecer su &#8220;presencia&#8221; pública   a la hora de manotear votos que les garanticen un sueldito como administradores   de violencia vigilante de la propiedad privada. Es un contraste descomunal   ver a esos burócratas mercenarios pedir limosnas para aparecer unos segundos&#8230;   minutos, ante un público que no pocas veces los desconoce, ignora o detesta.   Circo desfachatado donde andan comprando <em>ideas geniales</em> de merados   publicitarios para maquillar mediocridades con malabarismos mediáticos. Burócratas   especializados en engordar las cuentas de los monopolios mediáticos <a name="v02"></a>[<a href="#02">2</a>] para soldar alianzas de control y alienación. Y para colmo se nos obliga a   verlos por todas partes. La <em>mirada </em>queda secuestrada.</p>
<p>Chávez a cambio se hace visible porque ahí lo pone el aliento de un pueblo   que manda desde sus entrañas, históricas y dolidas, terminar con toda la miseria   y barbarie que la ha carcomido sistemáticamente. Chávez hace visible un rostro,   una voz, un modo de decir, un color de piel que fueron <em>in visibilizados</em>,   que fueron <em>vergüenza</em> estética y estigma de clase en una sociedad <em>avergonzada</em> de   tener tanto &#8220;negro&#8221;, mulato, pobre&#8230;pero orgullosa de sus ingenierías   para la esclavitud y la explotación. Chávez tiene, también, el mandato cultural   de movilizar un ejército revolucionario de la semántica, un ejercito reservista   de comunicación creadora con semiosis revolucionaria permanentemente y solidaridad   mundial capaz de hacer <em>visible </em>todo triunfo (y toda derrota) que desde   abajo se producen por estar, precisamente, en marcha revolucionaria. Ningún   estudiante, profe, investigador ni artista debería desconocer el espacio que   la revolución venezolana ha abierto para la praxis revolucionaria de una nueva   fuerza expresiva desalienada y desalienante. El pueblo venezolano ha abierto   esta coyuntura histórica a fuerza de luchas añejas. Y la parte que el presidente   Chávez cumple es apenas una de entre miles a las que estamos llamados todos.   Cada cual desde sus posibilidades y trincheras. Por eso uno no apaga le tele   cuando avisan que habrá un discurso del presidente Chávez.</p>
<p>Esa lucha semántica que requiere la participación mundial de todos los trabajadores   de los medios y con los medios. Es una lucha transformadora de los significados&#8230;que   ha de guiarse por los pasos mismos que da el pueblo venezolano en su ascenso   hacia el socialismo. Nade puede hacerse indiferente a esa lucha crucial y es   además lucha urgente. Hay que hacerle saber al pueblo venezolano que su revolución   es también esperanza de muchos en todo el mundo. Hay que mandar correos, escribir   artículos, hacer películas, canciones, poemas&#8230; plagar con signos de revolución   los tiempos que corren. Hay que hacerle saber al pueblo venezolano que nos   importa e involucra todo triunfo de su lucha, hay que hacerle saber que la   próxima vez que voten, para ratificar la ruta de su revolución, en su <em>dedo</em> estará   también la esperanza y la solidaridad de un mundo que en mucho depende hoy   de los triunfos revolucionarios en Venezuela. De su camino hacia el socialismo.   Esto significa mucho, Chávez en un signo de eso. Signo ascendente.</p>
<blockquote><p>Londres, 10 de noviembre de 1877</p>
</blockquote>
<blockquote><p>&#8230;No me enojo» (según dice Heine) y Engels tampoco. No damos un penique     por la popularidad. Como prueba de ello, citaré, por ejemplo, el siguiente     hecho: por repugnancia a todo culto a la personalidad yo, durante la existencia     de la Internacional, nunca permitía que llegasen a la publicidad los numerosos     mensajes con el reconocimiento de mis méritos, con que me molestaban desde     distintos países; incluso nunca les respondía, si prescindimos de las amonestaciones     que les hacía. La primera afiliación, mía y de Engels, a la sociedad secreta     de los comunistas se realizó sólo bajo la condición de que se eliminaría     de los Estatutos todo lo que contribuía a la postración supersticiosa ante     la autoridad (Lassalle procedía más tarde de modo exactamente contrario)&#8230;</p>
</blockquote>
<blockquote><p><em>Se publica de acuerdo con el manuscrito. Traducido del alemán<br />
 </em><a href="http://www.marxists.org/espanol/m-e/cartas/m101177.htm">http://www.marxists.org/espanol/m-e/cartas/m101177.htm</a></p>
</blockquote>
<h3>Notas</h3>
<p><a name="01"></a>[1]  &#8220;Veamos: a todas luces la figura   del caudillo es incompatible con el ideal de una sociedad formada por hombres   libres. El concepto de caudillo y caudillismo en la mayoría de autores presenta   notables coincidencias en aspectos como: lo negativo de su presencia en los   diversos escenarios donde se manifiesta, como un elemento pernicioso cuya presencia   entorpece el proceso de maduración ciudadana. Maduración, que debe llevar al   pueblo a cambios que le hagan protagonista de primer orden, haciéndose responsable   de sus conquistas mediante una participación activa en los asuntos que le conciernen,   propios de una sociedad democrática que toma en sus manos la solución de sus   problemas. En ese sentido, caudillismo y participación popular son excluyentes.&#8221; La   compaña de medios, políticos, periodistas y psiquiatras al servicio de los   EE.UU. Chávez ¿Caudillo, megalómano o lider ? Martín Guédez http://barcelona.indymedia.org/newswire/display/196856/index.php [<a href="#v01">volver</a>]</p>
<p><a name="02"></a>[2] &#8220;Agencias dominadas por oligopolios:   CNN por Time Warner; ABC por Disney/Cap Cities; NBC por General Electric y   CBS por Westinghouse. Sólo uno tiene vínculos latinoamericanos: el Cisneros   Group, que controla Galaxy Latin America, introductora de DirecTV, y Caribbean   Communications Networks, que maneja televisión, radio y prensa. El Cisneros   Group está asociado con la GM Hughes Electronics Corp de Estados Unidos, con   la brasileña TV Abril y la mexicana Multivisión. Asimismo domina Univisión,   cadena que acapara las tres cuartas partes de la audiencia hispana en Estados   Unidos; Imagen Satelital, el proveedor de Televisión por cable más importante   de Argentina, la venezolana Venevisión, Venevisión International Film Group   y Chilevisión.&#8221; Luis Brito García: <a href="http://www.vive.gob.ve/inf_art.php?id_not=24&amp;id_s=3&amp;p=2">http://www.vive.gob.ve/inf_art.php?id_not=24&amp;id_s=3&amp;p=2</a> [<a href="#v01">volver</a>]</p>
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		<title>Aguafuertes porteñas: cartografía de una ciudad en movimiento</title>
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		<pubDate>Sun, 12 Sep 2010 15:44:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>luis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Crítica literaria]]></category>

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		<description><![CDATA[I. Introducción La producción de Arlt se inscribe y se escribe en una sociedad cuya urbanización proviene, fundamentalmente, de la masa inmigratoria que no pudo absorberse completamente en el mundo de la producción agrícola que la oligarquía del ochenta planificó en la Argentina. Desde 1880, Buenos Aires comenzó a vivir, como otras ciudades latinoamericanas, una [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3>I. Introducción</h3>
<p>La producción de Arlt se inscribe y se escribe en una sociedad cuya   urbanización proviene, fundamentalmente, de la masa inmigratoria que   no pudo absorberse completamente en el mundo de la producción agrícola   que la oligarquía del ochenta planificó en la Argentina. Desde   1880, Buenos Aires comenzó a vivir, como otras ciudades latinoamericanas,   una serie de mutaciones: aumentó y se diversificó su población,   se multiplicó el tipo de actividades y trabajos, se cambió la   estructura social y la edilicia, y se modificaron las costumbres y modos de   pensar de los diferentes grupos sociales (Romero: 247) de un país que,   en la década nacida bajo la presidencia de Yrigoyen, empieza a perfilar,   con una progresiva gravedad, conflictos socio-económicos y políticos   que desembocan en el golpe de Estado del 30 con el que se inicia la conocida &#8220;década   infame&#8221;.</p>
<p>Los años veinte, en cuyos dos últimos años se publicaron   las aguafuertes arltianas que abordaremos, están enmarcados por la Revolución   Rusa y el final de la Primera Guerra Mundial por un lado, y el crac del 29   y el golpe militar en la Argentina por otro. El país no vivió directamente   los dos primeros hechos, pero sus ecos llegaron con fuerza, de modo que los   cambios artísticos y filosóficos convulsionaron el generalizado   optimismo de la década anterior. La crisis del 29 mostró la vulnerabilidad   y la superficialidad sobre las cuales se sostenía el frágil equilibrio   socio-económico del país, vulnerable a las fluctuaciones económicas   del exterior por la fuerte dependencia del capital extranjero y de sus inversiones.   El cuadro de situación que se configura a fines del 20 presenta, entre   otros problemas, la caída vertiginosa de las exportaciones, la baja   del precio de los cereales, la evasión de capitales, la depreciación   del peso, la desocupación y la disminución de salarios. El golpe   del 30, por su parte, puede interpretarse, siguiendo a Crisafio, como &#8220;la   representación final de la incapacidad de la burguesía de paliar   los efectos de la coyuntura&#8221; (39). En este contexto de cambio y crisis   debe situarse la escritura de Arlt, quien se incorpora al cuerpo de redactores   de <em>El Mundo</em> antes del primer número, que sale el 28 de mayo   de 1928. Allí escribirá  diariamente una nota periodística,   cuyo espacio comenzará a llamarse, a partir del 5 de agosto de ese año, &#8220;Aguafuertes   Porteñas&#8221;, título que variará sucesivamente durante   su aparición, la que se extiende hasta la muerte del escritor ocurrida   el 26 de julio de 1942. <a name="v01"></a>[<a href="#01">1</a>]</p>
<p>En este trabajo nos interesa centrar nuestra atención en doce aguafuertes   porteñas que fueron escritas durante los años 1928 y 1929 y que   proponen como uno de sus tópicos más significativos la espacialidad   urbana, al tiempo que priorizan el tratamiento de los lugares públicos.   En la selección del corpus de análisis, entonces, convergieron   dos criterios, el histórico y el temático; los textos que relevaremos   se enmarcan y responden a un contexto particular, el de la década del   20, y traman un conjunto de figuras e imágenes espaciales de la ciudad   de Buenos Aires. Estos textos son: &#8220;Pasaje Güemes&#8221; (07 de setiembre   de 1928), &#8220;Las cuatro recovas&#8221; (17 de enero de 1929), &#8220;El desierto   en la ciudad&#8221; (26 de enero de 1929), &#8220;La calle Florida&#8221; (3 de   febrero de 1929), &#8220;Elogio de la vagancia&#8221; (18 de marzo de 1929), &#8220;Corrientes,   por la noche&#8221; (26 de marzo de 1929), &#8220;Criollaje en Mataderos&#8221; (27   de marzo de 1929), &#8220;Pueblos de los alrededores&#8221; (31 de marzo de 1929), &#8220;En   las calles de la noche&#8221; (16 de junio de 1929), &#8220;Molinos de viento   en Flores&#8221; (10 de setiembre de 1928), &#8220;El placer de vagabundear&#8221; (20   de setiembre de 1928), &#8220;El espíritu de la calle Corrientes no cambiará con   el ensanche&#8221; (25 de julio de 1928) y &#8220;El conventillo de nuestra literatura&#8221; (21   de diciembre de 1928). Las primeras nueve fueron tomadas de la compilación   titulada <em>Aguafuertes Porteñas. Buenos Aires, vida cotidiana </em>(Buenos   Aires, Alianza, 1993), la  décima y undécima de <em>Aguafuertes   porteñas </em>(Buenos Aires, Losada, 2004) y la última fue tomada   de <em>Aguafuertes porteñas: cultura y política</em> (Buenos   Aires, Losada, 2003). <a name="v02"></a>[<a href="#02">2</a>]</p>
<p>Nuestro objetivo es rastrear la cartografía urbana que, en los años   veinte, las aguafuertes porteñas de Roberto Arlt crean y recrean, así como   analizar las estrategias discursivas más significativas con que dicho   mapa urbano se construye e identificar sus vínculos con el contexto   sociopolítico nacional, con la finalidad de reflexionar sobre la representación   arltiana de Buenos Aires. Nuestra hipótesis principal es que, tal como   sostiene Rama en <em>La ciudad letrada</em>, las ciudades americanas tienen,   además de su vida material, una existencia simbólica ligada al   orden de los signos en general y a la escritura en particular, que asume, entre   otras operaciones, la labor de describir y explicar las permanencias y cambios   de la ciudad física, así como la de establecer valores, cartografías   y una historia -un pasado, un presente y un futuro- con los que se crea, a   la vez, una representación del espacio y unas raíces identificadoras   de los ciudadanos. <a name="v03"></a>[<a href="#03">3</a>]</p>
<p>Esta hipótesis principal puede desglosarse en otras tres, más   particulares, que retoman ese doble carácter de la vida urbana en Latinoamérica   y pretenden analizar los vínculos entre la ciudad &#8220;real&#8221; y   la ciudad  &#8220;imaginada&#8221; que se proponen en la producción de   Arlt. La primera de estas hipótesis es que las aguafuertes porteñas   problematizan, desde los dos primeros años de su aparición (1928   y 1929), la espacialidad pública de la metrópolis, al ligarla   a una serie de conflictos socio-históricos, políticos y económicos   cuyas referencias los textos visibilizan reiteradas veces. En el período   de nuestro análisis Buenos Aires se presenta, al igual que otras capitales   latinoamericanas, como una sociedad masificada y escindida que deja grandes   márgenes para la exclusión, márgenes en los que Arlt se   detiene y en los que se ubican principalmente las clases populares y los inmigrantes,   los dos grupos cuya presencia sobresale en los textos que nos ocupan.</p>
<p>Los diversos problemas de la época que abordan las aguafuertes porteñas   son enfocados desde una perspectiva que es, al igual que la vida de la ciudad,   doble: por un lado se apega a los referentes extratextuales del mundo de la   vida, a la ciudad &#8220;real&#8221; y, en este sentido, es una mirada documentalista   testimonial; por otro lado, no se limita a la mimesis de una realidad previa   e independiente de las palabras y genera, en cambio, múltiples sentidos   y significaciones a partir del trabajo sobre la polisemia y las posibilidades   figurativas del lenguaje -y su performatividad- que le permiten instalar, discursivamente,   la ciudad  &#8220;representada&#8221;. Resumiendo, nuestra hipótesis referida   a la problematización de la ciudad arltiana involucra tanto el plano   del contenido como el de la forma de las aguafuertes.</p>
<p>La segunda hipótesis que sostenemos es que, en las aguafuertes porteñas   que Arlt escribe en los ‘20, hay un modo de mirar la ciudad que es dinámico   desde dos puntos de vista: desde el  observador y desde lo observado.   El narrador arltiano es, principalmente, un caminante cuyo desplazamiento dota   de movimiento a lo observado, a la ciudad que posee, a su vez, el dinamismo   del tráfago urbano en el que convergen, entre otros fenómenos,   la explosión demográfica, nuevos modos de estratificación   social y la intensa modernización de una Buenos Aires en constante mutación.</p>
<p>La tercera de estas hipótesis es que Buenos Aires no aparece en las   aguafuertes como una ciudad única y uniforme, sino como una plural y  multiforme,   cuya presentación se realiza, sobre todo, a través de sinécdoques   y antítesis que acentúan la imagen de una metrópolis fragmentada   y en conflicto. Las calles y los barrios urbanos son las partes privilegiadas   mediante las cuales se muestra no sólo una cartografía física   de la ciudad sino también una sociocultural, que recupera como coordenadas   las ideas de centro y periferia que suman a su función descriptiva,   una axiológica.</p>
<h3>II. Desarrollo</h3>
<h4>Primera hipótesis: Buenos Aires, ciudad problematizada</h4>
<p>Las aguafuertes porteñas seleccionadas para este trabajo problematizan   la espacialidad pública de la metrópolis, ligándola a   un conjunto de conflictos socio-históricos, políticos y económicos   de los años veinte, en los que la masa de la población de Buenos   Aires, como la de otras ciudades latinoamericanas, se hallaba conformada con   la fusión de los grupos inmigrantes, los sectores populares y la pequeña   clase media, llevada a cabo a partir de la primera guerra mundial. Esta masa   estaba conformada por un conjunto poblacional heterogéneo y marginal   que se situaba al lado de una sociedad tradicional y normalizada, frente a   la que se mostraba como un conjunto urbanizado en distinto grado y anómico   (Romero 336).</p>
<p>Las problemáticas de los inmigrantes, uno de los tres grupos aludidos   cuya fisonomía y conducta transforman la ciudad donde se concentran,   aparecen reiteradas veces en las aguafuertes porteñas, las que fueron   escritas durante el primer período de la inmigración de ultramar   que se extiende hasta 1930 y sólo se interrumpe por la primera guerra   mundial (Barbosa: 30). En &#8220;Las cuatro recovas&#8221;  aparece esa ciudad   porteña y cosmopolita. Allí se describe la recova del Paseo Colón, &#8220;la   calle donde viven las mujeres de los hombres que, con un baúl enjuto,   vinieron a hacer la América desde Croacia o Bulgaria&#8221; (13). En   esta calle convergen dos espacios: el del presente de los personajes y el de   sus nostalgias. El primero corresponde al mundo urbano, a una Buenos Aires   expulsiva que les niega toda posibilidad de ascenso social; <a name="v04"></a>[<a href="#04">4</a>]   el segundo corresponde a un mundo rural, lugar lejano que se abandonó  pero   al que no se puede dejar de evocar. La forastera de esta aguafuerte &#8220;se   acuerda de la aldea remota, del olor del establo, de las vacas que pacían   en las montañas&#8221;. Su recuerdo nos conduce al campo,  ámbito   alejado de las grandes ciudades cuya economía monetaria es dirigida   por intereses que distan mucho de los de estos inmigrantes rurales (Williams:   354).</p>
<p>Sin trabajo en la nueva ciudad, los inmigrantes &#8220;pobres&#8221; de la recova   del Paseo Colón  <a name="v05"></a>[<a href="#05">5</a>]   &#8211; los habrá comerciantes y pequeños burgueses también,   como los  &#8220;gallegos almaceneros&#8221; que habitan la Recova de Mataderos   o los judíos comerciantes que copan la calle Corrientes de Pueyrredón   a Callao- deben convertir y adaptar el valor de sus prácticas sociales   y de sus objetos a la sociedad mercantilizada de la ciudad. El inmigrante que  &#8220;bebe   el dinero que sacó de una joya de familia&#8221; (13), por ejemplo, trastocará el   valor de ese objeto, despojándolo de los significados de pertenencia   y tradición que poseían en el campo para asignarle uno monetario,   acorde a las nuevas necesidades de consumo que la metrópolis impone.   Los &#8220;hombres extranjeros que fuman una pipa y juegan a los naipes&#8221; como   el que apuesta &#8220;la auténtica ropa de hilo&#8221; que su esposa trajo   de Europa (13), confiarán en ganar dinero a través de juego,   con lo que muestran, por un lado, cómo éste pierde sus vínculos   con el ocio para adquirir relaciones con el negocio, con la posible ganancia   material; y, por otro, cómo los sujetos pierden el control sobre sus   propias vidas entregadas a una especie de azar del que parecen depender.</p>
<p>De la recova del Paseo Colón se nos dice que es &#8220;triste y larga   como el vía crucis&#8221; (13). Esta predicación sostiene una   acentuada axiología negativa, puesta en juego por el adjetivo calificativo   y el descriptivo, que es reforzada por la comparación con una imagen   popular y trágica del relato bíblico mediante la que se alude   a un aletargado sentimiento de tristeza, el que será hiperbolizado al   declarar esta recova &#8220;la calle más triste del mundo&#8221;. En este   espacio humanizado, los caserones tienen &#8220;muros enfermos&#8221;, a lo largo   de los cuales se desplazan, animalizados, inmigrantes de la recova, &#8220;criaturas   albinas que (&#8230;) se arrastran como caracoles&#8221; (13). Los extranjeros,   entonces, se deshumanizan ante un lugar hostil en los que sus bienes y sus   modos de comprensión y de participación social pierden los valores   que poseían en sus lugares de origen; esta pérdida involucra   además la del sentido de pertenencia a un espacio y a una comunidad   puesto que, como explica Romero, los inmigrantes que confluían en la   ciudad no conformaban inicialmente grupos cohesionados, eran más bien   personas aisladas que convergían en una metrópoli donde alcanzaban   un primer vinculo por esa única coincidencia. <a name="v06"></a>[<a href="#06">6</a>]</p>
<p>Buenos Aires era, entonces, el lugar de reunión de miles de seres dispersados   que la modificaron tanto cuantitativa como cualitativamente, dotándola   de un característico cosmopolitismo en el que Arlt se detendrá  frecuentemente   y al que ubicará especial y principalmente en la calle Corrientes. En &#8220;El   espíritu de la calle Corrientes no cambiará con el ensanche&#8221;,   por ejemplo, se reconoce que ella &#8220;tiene una serie de aspectos a lo más   opuestos y que no se justifica en una calle&#8221;, y se le asigna a su unidad   espacial una diversidad cultural que permite diferenciar cuatro tramos que   poseen distintas fisonomías sociales y espaciales receptores de particulares   y diferentes valoraciones. El primero va &#8220;desde Río de Janeiro   a Medrano&#8221;, &#8220;(e)s la calle de las queserías, los depósitos   de cafeína y las fábricas de molinos&#8221;,  &#8220;numerosas   fábricas de aparatos de viento&#8221; a las que le siguen &#8220;las fundiciones   de bronce&#8221; (149).</p>
<p>Junto a la descripción, Arlt intercala modalidades axiológicas   y epistémicas referidas a los dos  últimos negocios. A ambos   les critica su &#8220;abundancia alarmante&#8221;, preocupación cuantitativa   que se revela también al indicar las &#8220;diez cuadras&#8221; que llegan   a ocupar las fábricas de aparatos de viento. Junto a la disvaloración   de la cantidad y extensión de estas construcciones aparece la incertidumbre   del observador que se extraña por un fenómeno que, para él, &#8220;(e)s   curiosísimo&#8221;, y que lo lleva a preguntarse &#8220;¿(q)ué  es   lo que ha conducido a los industriales a instalarse allí?, pudiendo   esgrimir como única respuesta la incertidumbre de un &#8220;¡Vaya   a saberlo!&#8221;  (149). Las modalidades insertas en la descripción   de este primer tramo de la calle Corrientes dejan ver una presuposición   referida a la cartografía urbana, la que ubica diferencialmente en el   espacio las construcciones edilicias según el tipo de actividad que   en ellas se sostenga, diferenciando espacios comerciales de espacios industriales.   Corrientes se presupone una calle cuya actividad típica corresponde   al comercio, y particularmente a aquel cuyas ofertas pueden adquirir las clases   medias y populares. Esta presuposición pone en juego, entonces, la idea   de un espacio que es, a la vez, económico y social.</p>
<p>El segundo tramo de Corrientes va &#8220;(d)e Medrano a Pueyrredón&#8221;, éste   será  descrito como el lugar de la carencia, donde &#8220;la calle ya   pierde personalidad&#8221; y &#8220;se convierte en una calle vulgar, sin características&#8221;.   La negatividad de este espacio irá asociada a la marginalidad económica   de una zona que se percibe como &#8220;el triunfo de la pobretería&#8221; (149).   En el tercer tramo que va desde &#8220;Pueyrredón a Callao ocurre el   milagro&#8221; que consiste en la transfiguración de la calle que asume   un carácter humano, pues aquí &#8220;(s)e manifiesta con toda   su personalidad&#8221; (150). Al igual que en los tramos anteriores en éste   se muestra una calle típicamente comercial en la que &#8220;triunfa el   comercio de paños y tejidos&#8221;, cuyos dueños, &#8220;turcos   o israelitas&#8221;  (150), representan a los inmigrantes que, a diferencia   de los aludidos anteriormente, poseían un capital que pudo prosperar,   en gran parte, porque se concentraron alrededor de un grupo que le permitió establecer   vínculos de cooperación y solidaridad.</p>
<p>La hegemonía es israelí  ya que &#8220;el turco domina poco allí&#8221;,   donde el primer grupo asentó  distintos centros culturales, recreativos   y gastronómicos, como &#8220;el teatro judío&#8221;, &#8220;(e)l   café judío&#8221; y &#8220;(e)l restaurante judío&#8221;,   así como centros religiosos y económicos como &#8220;(l)a sinagoga&#8221; y &#8220;(e)l   Banco Israelita&#8221; (150). Lo dicho muestra que, tal como sostiene Barbosa,   la agrupación por nacionalidades del inmigrante que se asentó en   Buenos Aires se vio reforzada por la creación de centros cuya cohesión   estaba dada por &#8220;la lealtad común a la nación de origen&#8221; y   cuyos móviles eran asistenciales, de protección, recreación   o educación (Barbosa: 31), a los que podemos sumar, en base a los lugares   enumerados en la aguafuerte, los de lucro y enriquecimiento material de los   miembros de la colectividad.</p>
<p>Pero a pesar de que Arlt rescata este tramo, exaltando las bondades de su   comercio israelita &#8220;abigarrado y fantasioso&#8221; -contrapuesto al &#8220;de   la calle &#8220;Talcahuano o Libertad, con su ropavejero y sastre como único   comerciante&#8221; (150)- el principal y mejor valorado será el que se   comienza &#8220;en Callao y termina en Esmeralda&#8221;, el que se presenta como &#8220;el   cogollo porteño, el corazón de la urbe&#8221; (150). Con una amplia   y explícita axiología positiva, este tramo se ligará,   repetidas veces, a la idea de &#8220;lo verdadero&#8221;, idea que adopta, en &#8220;El   espíritu de la calle Corrientes no cambiará con el ensanche&#8221;,   distinta morfología lingüística, pero análoga significación,   la que implica, en todos los casos y simultáneamente, la contraposición   entre &#8220;lo auténtico&#8221; y  &#8220;lo falso&#8221; y entre &#8220;lo   esencial&#8221; y &#8220;lo aparente&#8221;.</p>
<p>&#8220;La verdadera calle Corrientes comienza para nosotros en Callao&#8221; escribe   Arlt quien, unas oraciones más adelante, refuerza esta idea mediante   la predicación &#8220;(l)a verdadera calle&#8221; (150), breve sintagma   en el que establece una relación ecuativa entre el espacio aludido anteriormente   y su sucinta predicación, la que condensa en el adjetivo una serie de   presupuestos que debemos problematizar, preguntándonos, por ejemplo, ¿con   qué criterios se define el carácter verdadero de esta calle?   Corrientes es verdadera para el sentimiento urbano, es &#8220;(l)a calle que   se quiere, que se quiere de verdad&#8221;, es  &#8220;porteña de todo   corazón&#8221; (150). Apegada a un modo o a una estructura del sentir,   no se la define principalmente, a diferencia de los otros tramos, por sus características   económicas, sociales o étnicas, sino por sus supuestos atributos   espirituales que representan lo típicamente porteño.</p>
<p>Esta porteñidad, que Arlt resume en la expresión &#8220;ese espíritu   nuestro&#8221; (150), impregna esta calle en donde la vida social que se desarrolla   coincide con una subjetividad ciudadana que se reivindica y en la que sobresalen   como rasgos la alegría y la despreocupación, rasgos que permiten   diferenciar esta calle no sólo de otras, sino de todo el resto de la   ciudad &#8220;seria y grave&#8221;, a la cual este reducto idealizado parece   decirle &#8220;(s)e me importa un pepino de la seriedad. Aquí la vida   es otra&#8221; (151). Esta espiritualidad corresponde a una calle y a una ciudad   representada que encuentran su autenticidad en valores planteados como esenciales.   Este esencialismo se empeña en dibujar una Buenos Aires fija, inmutable,   que bien puede responder a la necesidad de mantener cierta certeza y seguridad   sobre los espacios físicos y sociales de una ciudad &#8220;real&#8221; en   la que éstos mutan profunda y aceleradamente. El disparador de la aguafuerte   que observamos es un previsto cambio en la ciudad &#8220;física&#8221;,   el ensanche de la calle Corrientes, metamorfosis material que sólo puede   alterar su apariencia porque &#8220;aunque le poden las casas hasta los cimientos   y le echen creolina hasta la napa de agua, la calle seguirá siendo la   misma&#8221; (150).</p>
<p>La multiplicidad cultural y social como rasgo identitario porteño espacializado   en esta calle céntrica reaparece en &#8220;Corrientes, por la noche&#8221;,   aguafuerte en la que se la describe como el lugar de encuentro y cruce de &#8220;una   humanidad única, cosmopolita y extraña&#8221; (32), cuya heterogeneidad   procede tanto de la prolífica y diversa inmigración como de los   nuevos trabajos que aparecían y se desarrollaban en la Buenos Aires   de la época. Estas nuevas fuentes de trabajo aparecían, según   J. L. Romero, a veces espontáneamente y otras como el producto del ingenio   de los buscavidas conocedores de la vida urbana, la ciudad que crecía   ofrecía nuevas posibilidades, por ejemplo &#8220;(s)e podía ser   portero en una oficina pública, mozo de café o de restaurant,   acomodador en teatros o cines, cochero o chofer, mensajero o lustrabotas o   vendedor de billetes de lotería o innumerables cosas más&#8221; (Romero:   270), muchas de las que Arlt nombra y describe en &#8220;Corrientes, por la   noche&#8221;, junto con algunas de las que nombra el historiador. &#8220;Vigilantes,   canillitas  &#8220;fiocas&#8221;, actrices, porteros de teatro, mensajeros, revendedores,   secretarios de compañías, cómicos, poetas, ladrones, hombres   de negocios innombrables, autores, vagabundas, críticos teatrales, damas   del medio mundo&#8221; (32), conforman, entre otros, la población plural   de una ciudad &#8220;representada&#8221; que, tras su enumeración caótica,   deja ver las fisuras de una sociedad &#8220;real&#8221; caracterizada por la   dispersión por clases, fenómeno que, como sostiene Romero, &#8220;no   era un fenómeno nuevo, sin duda, pero nunca había tenido caracteres   tan netos y evidentes&#8221;  (Romero: 354) como los que adquiere, en las ciudades   latinoamericanas, en las primeras décadas del siglo XX.</p>
<p>La clase media, sus posibilidades y expectativas, se expandieron en estas   décadas por la necesidad creciente de, entre otras cosas, más   burocracia, más servicios, más funcionarios, más militares   y más policías.  <a name="v07"></a>[<a href="#07">7</a>]   Sus miembros aparecen en varias aguafuertes; en &#8220;Corrientes, por la noche&#8221; sobresalen   principalmente los empleados de la esfera del espectáculo y los pequeños   propietarios cuya presencia está eludida pero simultáneamente   implicada en las alusiones a una serie de propiedades comerciales, por ejemplo &#8220;(l)as   peluquerías de mujeres&#8221;, las &#8220;(c)asas de departamentos&#8221;, &#8220;los   bodegones donde se comen  &#8220;macarroni&#8221;, las &#8220;(l)ibrerías&#8221; y  los &#8220;estudios   fotográficos&#8221; (33/4), entre otros negocios que se emplazan en esta   calle. Esta espacialidad se presenta, así como las actividades y profesiones   que en esta calle se ejercen, a través de una enumeración caótica   que da cuenta de su multiplicidad y pluralidad; esta disposición de   los componentes espaciales en yuxtaposiciones nos permite observar mezclas   que son arbitrarias sólo superficialmente, ya que todos los lugares   enunciados tienen, al menos, dos cosas en común.</p>
<p>Primero, todos son espacios sociales y de consumo en los que se establecen   variados vínculos sociales, entre los que sobresalen las relaciones   comerciales y monetarias. En el interior de estos lugares se reproducen las   posibilidades de entrecruzamiento social que el espacio público de la   calle propicia, por ejemplo, cuando en ella diversos sujetos urbanos  &#8220;se   da(n) la mano&#8221; (32), o cuando, en sus negocios, &#8220;todos confraternizan   en la estilización que modula una luz súper eléctrica&#8221;  (33).   Ahora bien, si Arlt celebra esta espacio y sus posibilidades relativas de integración,   así como de trastocamiento de jerarquías sociales, es porque él   opera como un reducto opuesto a la creciente desintegración urbana;   Corrientes es una &#8220;calle única&#8221;, una &#8220;calle absurda&#8221; (34)   que no traduce las normas sociales previsibles de la ciudad &#8220;real&#8221; que   no ofrece este cuadro igualitario como imagen común y generalizada y,   sí, por el contrario, profundiza espacialmente las diferencias entre   las distintas clases. El tratamiento de esta calle céntrica bien puede   interpretarse como la repetición de un interés manifiesto en   gran parte del repertorio actancial de las narraciones y aguafuertes arltianas,   el interés por un universo estructuralmente periférico y por   excepcionalidades sociales (Rivera: 29).</p>
<p>Segundo, todos son espacios de tránsito y no de permanencia; no son   viviendas o construcciones previstas para el habitar. Lugar de paseo, trabajo   o placer, y frecuentemente de todo esto junto, el paisaje urbano de la calle   descrita en &#8220;Corrientes, por la noche&#8221; tiene en lo nocturno su especificidad   y su límite. Describir la imagen de esta calle en la noche lleva a Arlt   a reparar, con frecuencia, en la iluminación callejera, cuyo tratamiento   deja ver algunas significaciones ligadas a la modernización urbana que,   profunda y velozmente, afecta a Buenos Aires.</p>
<p>En &#8220;Corrientes, por la noche&#8221;, la calle &#8220;enciende a las siete   de la tarde todos sus letreros luminosos y, enguirnaldada de rectángulos   verdes, rojos y azules, lanza a las murallas blancas sus reflejos de azul de   metileno, sus amarillos de ácido pícrico, como el glorioso desafío   de un pirotécnico&#8221; (32) y &#8220;al amanecer se azulea y oscurece   porque la vida solo es posible al resplandor artificial de los azules de metileno,   de los verdes de sulfato de cobre, de los amarillos de ácido pícrico   que le inyectan una locura de pirotecnia y celos&#8221;  (35). La pirotecnia   que Arlt percibe en esta calle céntrica es la que le permite alumbrar   los sujetos, los objetos y los espacios que se valoran positivamente, y la   que le permite dejar en la oscuridad a los que no. Todo lo que es iluminado   muestra que, efectivamente, como sostienen Liernur y Silvestri: &#8220;en la   noche la metrópolis existe sólo en lo que se prefiere de ella.   Sus lugares adquieren con la iluminación jerarquías que por unas   horas cancelan la igualación del día; la pobreza, la fealdad,   el defecto, la irregularidad desaparecen, y triunfa la ilusión en la   atmósfera fantástica de la luz (Liernur y Silvestri: 34).</p>
<p>La intensa luminosidad cromática de Corrientes ayuda a plantear el   espacio como un escenario espectacular y teatralizado donde es posible la carnavalización   actancial en la que se pone en juego, no sólo la &#8220;excepcionalidad&#8221; del   entrecruzamiento social, sino una &#8220;excepcional&#8221;  axiología   positiva referida a los propietarios y sus comercios, axiología que,   tal como sostiene Guerrero, no es común en el discurso arltiano desde   el que se rechaza la mezquindad que prima en el comportamiento y en las creencias   de la pequeña burguesía, cuyo ambiente cotidiano se despliega   en una vida monótona y cobarde (Guerrero: 48). Esta imagen negativa   de lo burgués es la que aparece en &#8220;Pasaje Güemes&#8221;, el &#8220;pasaje   mercantilero&#8221; (5) que no se asume como un locus propio, puesto que &#8220;(s)e   respira allí una atmósfera neoyorquina&#8221;. El pasaje se presenta   como una &#8220;Babel de Yanquilandia transplantada a la tierra criolla&#8221; (6).   En él se distinguen, entonces, dos espacialidades: la empírica,   correspondiente a Buenos Aires como lugar de emplazamiento físico; y   la simbólica, correspondiente también a una urbe, Nueva York,   ciudad extranjera que se asocia a un conjunto de valores negativos derivados   del marcado mercantilismo con que se asocia a esta metrópoli en particular   y al país del norte en particular.</p>
<p>El pasaje Güemes, a diferencia de la calle Corrientes, es el lugar en   el que Arlt sitúa la otredad de una clase y de un espacio que rechaza.   La burguesía es la responsable de instalar absurdas ofertas comerciales,   por ejemplo, las &#8220;cigarreras que cuestan doscientos cincuenta pesos&#8221; (6),   cuyo precio, según Arlt, ni Henri Ford pagaría; por el predominio   de esta lógica materialista, el pasaje se transforma en un espacio económico   que enseña y ofrece, desde las vitrinas que quieren &#8220;llamar la   atención de lo pobres y los ricos&#8221;  (6),  productos de un   lujo y una superficialidad cuya alta estima sólo puede explicarse porque   el pasaje también se instala como un espacio social selectivo, que halla   a los consumidores reales de sus ofertas en un selecto y acomodado grupo que,   a su vez, muestra que el pasaje es un espacio ideológico donde se observan &#8220;corbatas   y escritorios que cuestan una fortuna, lapiceras de oro macizo, con las cuales   sólo se pueden escribir tonterías&#8221; (8), elementos todos   que lo condenan a ser el lugar de la frivolidad y la ostentación material.   En &#8220;El Pasaje Güemes&#8221;, Arlt declara cierto interés en   las miradas oblicuas que, desde abajo de la calle, las muchachas les dirigen   a los empleados de los edificios, pero salvo esta circunstancia, le parece   que &#8220;el resto es de un aburrimiento cosmopolita&#8221; (8), declaración   con la que muestra que el cosmopolitismo no será por sí mismo   y de modo autónomo un rasgo positivo de la metrópoli, sino una   característica cuya valoración depende de la que se haga de un   espacio urbano que es, simultáneamente, físico, socio-económico   e ideológico.</p>
<p>La burguesía superficial y calculadora del pasaje Güemes adquiere,   como ya vimos, el rostro de la alegría y la despreocupación en   la calle Corrientes, donde además de una extensa clase media, se presentan   personajes pertenecientes a las clases populares y a grupos de marginales,   siendo el primero de estos grupos amplio y diverso, al incluir, en &#8220;Corrientes   no cambiará con el ensanche&#8221;, por ejemplo, &#8220;desde el lustrabotas   que os ofrece un &#8220;quinto&#8221;  hasta la manicura que en la puerta de   una barbería conversa con un cómico&#8221; (151), así como &#8220;diarieros&#8221;, &#8220;primeras   actrices&#8221; y un &#8220;cabo (que) hace la venia&#8221; (34), entre otros   muchos personajes de pertenencia popular que se incorporan en &#8220;Corrientes,   por la noche&#8221;. La representación discursiva de los trabajadores   urbanos sostenida en las aguafuertes arltianas de la década del 20 se   distancia, en parte, de los atributos que caracterizaban al proletariado de   la época. Mientras Arlt retrata obreros generalmente indiferentes a   conflictos de clase o laborales, los obreros argentinos, que llegan durante   la segunda década del siglo XX, aproximadamente, al medio millón,   poseen un alto nivel de conciencia de clase y de combatividad, como lo demuestran   las huelgas y disturbios de 1919 y en 1921 en Buenos Aires y la Patagonia (Gnutzmann:   343).</p>
<p>Las aguafuertes arltianas de los ‘20 no tienden a reparan en el carácter   contestatario y combativo de los obreros, y sus problemas se deslindan generalmente   de antagonismos sociales o de clase. De este modo, por ejemplo, cuando aparece   la imagen del trabajador &#8220;explotado&#8221;, no se la liga con la figura   del &#8220;explotador&#8221;, ni se cuestiona explícitamente la distribución   de la riqueza. La responsabilidad de los grupos acomodados en el empobrecimiento   de las clases bajas es frecuentemente eludida, y así, la injusticia   y precariedad laboral sufre una des-antropomorfización y una espacialización,   por ejemplo, cuando &#8220;(l)as agencias de colocaciones entreabren su bocaza   explotadora&#8221; (12) en el Paseo de Julio, una de  &#8220;Las cuatro recovas&#8221; presentadas   como &#8220;los cuatro puntos cardinales de la miseria urbana&#8221; y señaladas   como &#8220;el museo de la pobreza&#8221; (12), espacios todos que se presentan   desde una perspectiva en gran parte fatalista, ya que no contempla las posibilidades   de transformación por parte de los sectores populares. Esta mirada pesimista   minimiza la voluntad y la capacidad de cambiar las reglas del juego social   que tienen los obreros y percibe en el proletariado resignación e inmovilidad,   características que tiñen la idiosincrasia de los trabajadores   que circulan en las aguafuertes arltianas y que se patentizan en &#8220;El conventillo   de nuestra literatura&#8221;.</p>
<p>En la aguafuerte antedicha, Arlt critica a los escritores argentinos -especialmente   a Lugones- que, a diferencia de los escritores del grupo de Boedo e incluso   de él mismo, no reparan en &#8220;la mugre que hace triste la vida de   esta ciudad&#8221; (54), la que toma cuerpo en los conventillos  &#8220;donde,   en cuartujos horribles, sobre cuevas de ratas, viven decenas y decenas de familias&#8221; (55)   que tienen entre sus miembros a trabajadores, cuya incomprensible resignación   lleva al cronista a preguntarse</p>
<blockquote><p>¿Cómo es que esta gente puede resistir la vida en estas condiciones? ¿Cómo   estas mujeres jóvenes, estos proletarios que no parecen brutos, se resignan   a vivir años y años en dieciséis metros cuadrados de piso   podrido, con techos donde pululan las pulgas y las arañas, a la sombra   de una muralla alquitranada que es cien veces más detestable que la   de una fábrica, soportando la convivencia obligada con toda clase de   individuos? (55)</p>
</blockquote>
<p>La extensa pregunta no sólo pone a rodar una interrogación,   sino que nos ofrece la descripción de un espacio social y un conjunto   de presuposiciones referidas a quienes lo habitan. Arlt no se pregunta por   qué existen los conventillos como espacios de precariedad, incomodidad   y peligrosidad, aunque reconoce como factor causal la irresponsabilidad y &#8220;la   incuria de nuestros políticos coimeros&#8221; (55); él se pregunta   por el cómo, por el modo en que se vive o sobrevive en &#8220;esas viviendas   sórdidas donde florece la flor de la miseria (56). En la descripción   del conventillo se disvalora su espacialidad física y social, mediante   sintagmas afectados por adjetivos calificativos que se refieren a sus partes   y son negativos, por ejemplo el &#8220;piso podrido&#8221; y la &#8220;muralla   alquitranada&#8221;, cuyo carácter &#8220;detestable&#8221; es magnificado   al ser &#8220;cien veces más detestable que la de una fábrica&#8221; (55).   Si la descripción de la espacialidad del conventillo se basa en la observación   directa de Arlt como cronista, la descripción de sus habitantes se basará principalmente   en una serie de creencias y presupuestos sobre las clases populares que se   manifiestan discursivamente en tres unidades léxicas, verbales y verboidales,   con las que se designan sus acciones y conductas: la gente que vive en los   conventillos &#8220;puede resistir&#8221;, ellos &#8220;se resignan&#8221;, &#8220;soportando&#8221; la   hostilidad del espacio. A través de estos términos, que hemos   entrecomillado, Arlt deposita en los personajes, entre los que se incluye explícitamente   a los trabajadores, un estoicismo inmovilizante que es común en la ciudad   representada en el aguafuertismo arltiano de los veinte, pero no tanto en la   Buenos Aires &#8220;real&#8221; de la época, donde los trabajadores empezaban   a adquirir una conciencia que les permitía, poco a poco, integrarse   y abandonar el viejo sistema patriarcal, para dejar de tener con sus empleadores   la relación ambigua del señor con su criado y para identificar   -y demandar- derechos sociales que no se agotaban en lo laboral. <a name="v08"></a>[<a href="#08">8</a>]</p>
<p>La desigualdad de una sociedad fuertemente estratificada, tema que se aborda   en &#8220;El conventillo de nuestra literatura&#8221;, se tiende a minimizar,   como ya vimos, en &#8220;Corrientes, por la noche&#8221;, aguafuerte que elude,   además, el desempleo, un problema socioeconómico que ya se agudizaba   en los ‘20 y que aparecerá con mucha frecuencia en las aguafuertes   arltianas, por ejemplo en &#8220;Corrientes no cambiará con el ensanche&#8221;,   donde el problema de falta de trabajo se visibiliza en el hombre que &#8220;trota   calles buscándose la vida&#8221; (149) y que, con su deambular, muestra   la dificultad para acceder a la estabilidad laboral; también se ve,   por ejemplo, en la tragedia que ciertas damas &#8220;pasan a la hora del plato   de lentejas&#8221; (151). Estos personajes no responden a la figura de vagos,   no tienen la voluntad ni la despreocupación de la vagancia, a ellos   los invade la misma tristeza de los habitantes de  &#8220;Las cuatro recovas&#8221;,   la tristeza &#8220;de los bolsillos sin dinero&#8221;, la &#8220;de los inmigrantes   sin esperanza&#8221;, la &#8220;de los vencidos sin refugio&#8221; (12), de los   que buscan una inserción social que no encuentran. Desplazados de la   capa popular de la sociedad, ellos no recalan en el mundo del delito; representan   a un elevado número de habitantes que no pueden conseguir trabajo en   una ciudad que, al igual que todo el país, comienza a sentir notablemente,   la crisis económica, crisis que se intensificó con la cesantía   masiva que se produjo a los cinco meses del comienzo del segundo gobierno de   Yrigoyen, en octubre de 1928 (Gnutzmann: 344).</p>
<p>El crecimiento cuantitativo y cualitativo de la ciudad modificó la   fisonomía de las clases media y popular, pero también de los   sectores marginales, los que crecieron y cambiaron de modalidad. Estos marginales   aparecen en varias aguafuertes escritas a fines de los años 20, por   ejemplo en la Recova del Once, una de &#8220;Las cuatro recovas&#8221; donde &#8220;una   vieja con un niño en el brazo, otro de una mano y un tercero tirándole   de la cola del vestido, <em>pedigueñea</em>&#8221;  (15), y donde  &#8220;(l)os   vagos que piden limosna parece que allá abajo les van a poner el cuchillo   al pecho&#8221; (14/5), ejemplificando estos últimos cómo, en   la metrópoli, disminuye la cantidad de mendigos resignados y acaso filosóficos   y crece la de los agresivos, en una ciudad donde también crece la mala   vida que, como entiende Romero, &#8220;tomaba un aire más áspero   y cruel, como se iba haciendo áspera y cruel la nueva miseria urbana&#8221; (Romero:   272).</p>
<p>La Buenos Aires del 20 era una ciudad masificada que, por este carácter,   favorecía la despersonalización de las relaciones sociales así como   el malestar por el creciente anonimato, malestar que, en las aguafuertes porteñas,   se asocia a los sentimientos disfóricos de soledad y abandono. Sentimientos   que se describen y sobre los que se reflexiona en &#8220;El desierto en la ciudad&#8221;.   En esta aguafuerte podemos diferenciar dos partes: una predominantemente descriptiva   y la otra predominantemente reflexiva. En la primera, Arlt describe a un hombre   de unos treinta años al que ve sentado en el banco de una plaza. Observa   su conducta y de ella infiere hipótesis referidas tanto a las causas   de su manifiesta tristeza como al posible futuro en el que cavilaba. En la   segunda parte Arlt reflexiona sobre la ciudad, a la que compara con un desierto   que acrecienta el individualismo y la indiferencia.</p>
<p>&#8220;El desierto en la ciudad&#8221; se refiere a un espacio urbano que es &#8220;como   un desierto donde no cabe esperar piedad ni socorro de nadie&#8221; (16). La   comparación de la metrópoli con un desierto, que ya se establece   desde el título de la aguafuerte, pone a rodar la paradoja de un lugar   que está lleno y a la vez vacío. Lleno de personas pero vacío   de relaciones solidarias entre estas personas. Buenos Aires es &#8220;(u)n desierto   de interminables calles rectas, de innumerables casas de puertas abiertas o   cerradas&#8221;  (16), pero ni las muchas calles, ni las también muchas   puertas, pueden obrar como canales de comunicación verdadera porque   su apertura es sólo superficial, pura apariencia. No puede importar   entonces que las puertas estén abiertas &#8220;si es como si estuvieran   cerradas con siete cerrojos&#8221; (17).</p>
<p>Esta ciudad-desierto porteña propicia la aparición del &#8220;hombre   Robinson Crusoe&#8221;, &#8220;hombre abandonado por todos sus semejantes&#8221;, &#8220;incomprendido&#8221; y &#8220;desdichado&#8221; (17).   Las características que lo definen apuntan en dos direcciones: al ámbito   de las relaciones interpersonales y al de lo emotivo y sentimental. Ambos  ámbitos   se hallan problematizados; en el primer caso por la existencia de vínculos   negativos que se manifiestan en la alusión constante al abandono social;   en el segundo caso por la naturaleza principalmente subjetiva del problema   de la masificación urbana. El &#8220;abandono&#8221; de los otros al hombre   solitario que &#8220;tiene que exclusivamente apoyarse en sí  mismo&#8221; (17)   daña la sociabilidad de este individuo, quien se desplaza, expulsado,   desde la cultura a la naturaleza. Así, el hombre que Arlt describe,   inicialmente, estaba en la plaza &#8220;como quien ha sido abandonado en una   isla desierta, donde todo gesto no encontrará sino la reprobación   de las nubes o la admiración de los pájaros. Nada más&#8221;;   y el hombre Robinson Crusoe &#8220;quiera o no, tiene que (&#8230;) convertirse   en una especie de oso solitario, de fiera domada que esconde sus lágrimas&#8221;  (17).</p>
<p>Arlt no presenta el problema de la masificación centrándose   en ella como hecho objetivo, sino como experiencia subjetiva de soledad que   afecta de manera crítica las emociones y sentimientos de los sujetos.   Así, la soledad corresponde a una vivencia personal, por ejemplo, la   del hombre de la plaza que &#8220;tan solo se <em>sentía</em>&#8221; (15),   la del hombre Robinson Crusoe que &#8220;se <em>siente</em> solo, aislado, perdido&#8221; (17)   y la de &#8220;un hombre que se <em>siente</em> en la mala&#8221; (18) <a name="v09"></a>[<a href="#09">9</a>]   y exaspera su delirio en las plazas públicas. El sentimiento de incomprensión   que afecta a estos personajes, así como los de indiferencia, individualismo   e incomunicación, muestran que, tal como plantea Williams, las nociones   de identidad y comunidad, como materia de percepción y de valoración,   empiezan a complejizarse a medida que aumenta la escala y la complejidad de   la organización social característica (Williams: 215).</p>
<p>Los problemas del espacio urbano y social que las aguafuertes retoman no se   limitan a ser reproducidos miméticamente por un discurso que prioriza   la información denotativa, llana y referencial, por el contrario son   configurados, relacionados y re-elaborados desde un lenguaje poliédrico,   dinámico y subjetivo. Su multiplicidad explica la tendencia a la enumeración   que tiende a ser caótica por la diversidad de elementos constitutivos   del espacio enunciados. Su movilidad proviene de que los lugares no son, en   la metrópoli, sólo escenarios estáticos; por el contrario,   realizan actancias para lo que son animizados, animalizados y humanizados.   Su carácter subjetivo se manifiesta en las constantes y explícitas   modalidades axiológicas que revelan los valores y disvalores que el   emisor le adjudica a un espacio que es, como ya dijimos, físico, pero   fundamentalmente social.</p>
<h4>Segunda hipótesis: Buenos Aires, ciudad dinámica</h4>
<p>Nuestra segunda hipótesis es, como ya dijimos, que en las aguafuertes   porteñas escritas en los años 20 hay un modo dinámico   de mirar la ciudad que responde tanto a la perspectiva móvil del observador   como a la naturaleza también móvil de lo observado, la ciudad,   cuya percepción se ha asociado tradicionalmente, según señala   Williams, con un caminante, con un hombre que pasea a pie, como si estuviera   solo, por sus calles (Williams: 291). Esta figura reaparece en Roberto Arlt,   el que se instala, simultáneamente, como narrador y como personaje de   la mayoría de las aguafuertes porteñas, textos que formaban parte   de un periodismo que, tal como explica Saítta, colaboraba en la reestructuración   y renovación de la construcción discursiva de la metrópoli,   y que ampliaba las fronteras que marcaban el paso y la transformación   de &#8220;la gran aldea&#8221; a la ciudad (Saítta, 1998: 189). <a name="v10"></a>[<a href="#10">10</a>]</p>
<p>Arlt descubre la ciudad a través del viaje. él es el caminante   cuyo deambular desencadena la narración y es un paso previo de ella.   Esta perspectiva ante el mundo representado discursivamente significa un cambio   respecto de la mirada de los viejos periodistas que redactaban sus notas encerrados   en una redacción. <a name="v11"></a>[<a href="#11">>11</a>]   Compartimos con Saítta la idea de que el cronista de las <em>Aguafuertes   porteñas</em> es un ejemplo del repórter moderno que, además   de transitar por el espacio que registra, recupera y se apropia de distintas   narraciones que en él circulan: anécdotas, rumores, confidencias   entretejidas con discursos sociales &#8220;provenientes del periodismo, los   nuevos saberes tecnológicos, la literatura o la política&#8221; (Saítta,   1993: 65).</p>
<p>El caminar por la ciudad le brinda a Arlt las imágenes urbanas que   sus aguafuertes textualizan y también el conocimiento con que legitima   su validez. Como crónicas de lo cotidiano, las aguafuertes testimonian   la experiencia nómade que se convierte en materia prima para una subjetividad   que busca la revelación (Rodríguez Persico: 5) y encuentra placer   deambulando por la ciudad, vagando por ella. Este deambular urbano es abordado   en &#8220;El placer de vagabundear&#8221; y es retomado en  &#8220;Elogio de la   vagancia&#8221;, dos aguafuertes que lo definen, describen y valoran. En &#8220;El   placer de vagabundear&#8221; se diferencian dos tipos de vagos, el &#8220;de   botines destartalados, pelambre mugrienta y enjundia con más grasa que   un carro de matarife&#8221;, y el &#8220;vagabundo bien vestido, soñador   y escéptico&#8221;, entre los que &#8220;hay más distancia que   entre la Luna y la Tierra&#8221; (92). El primero es disvalorado a través   de predicaciones negativas que resaltan la suciedad de su cuerpo y   vestimenta,   su falta de higiene que encubre otras faltas, la de ciertos valores exaltados   como positivos que sí posee el segundo tipo de vago, el que tiene &#8220;excepcionales   condiciones de soñador&#8221;, está &#8220;por completo despojado   de prejuicios&#8221; y es &#8220;un poquitín escéptico&#8221; (92).   Las predicaciones referidas a esta última figura se refieren, fundamentalmente,   a un modo o perspectiva de ver el mundo más que a la posición   social que en él tiene.</p>
<p>Los personajes arltianos, y el propio Arlt-narrador, no se caracterizan por   la quietud. A ellos se asocian, recurrentemente, las acciones de caminar, vagar,   errar y viajar. El cronista de las aguafuertes recorre, como vimos, entre otros   espacios, distintas calles y pasajes a los que describe y sobre los que reflexiona;   así, por ejemplo, describe su tránsito por el Paseo de Julio,   la Recova del Paseo Colón, la Recova de Mataderos y la de Once, en &#8220;Las   cuatro recovas&#8221;; su entrada y visita al Pasaje Güemes en la aguafuerte   homónima; su recorrido por la calle Corrientes en  &#8220;Corrientes,   por la noche&#8221; y en &#8220;El espíritu de la calle Corrientes no   cambiará con el ensanche&#8221;. Los lugares aludidos en estos textos   se construyen desde una perspectiva vivencial, por lo que -aunque no aparezcan   en todos, explícitamente, palabras o expresiones referidas al desplazamiento   espacial del narrador- es posible reconocer la experiencia del caminante que   conoce directamente un espacio a través de experiencias sensoriales   como las imágenes con las que éstas se expresan, por ejemplo   las imágenes olfativas y las auditivas. Las primeras aparecen con los &#8220;olores   de brea&#8221; (12) que Arlt siente en la Recova de Plaza Once, con &#8220;(l)os   olores de pizza (que) cruzan con relentes de pimentón&#8221;(12) la Recova   del Paseo de Julio, y también cuando afirma que en el Pasaje Güemes &#8220;se   respira (&#8230;) una atmósfera neoyorquina&#8221; (6). Las imágenes   auditivas se corresponden con los sonidos que el cronista escucha en la modernizada   metrópoli donde puede oír desde &#8220;el zumbido de (&#8230;) ascensores&#8221; (6),   en el Pasaje Güemes, hasta el crujido &#8220;de la cadena de la grúa   eléctrica&#8221; (33), en  &#8220;Corrientes, por la noche&#8221;, calle   en la que además escucha &#8220;las orquestas malandrines (que) hacen   ruidos endiablados en los fuelles&#8221;  (151). <a name="v12"></a>[<a href="#12">12</a>]   Pero no todo lo que Arlt escucha en sus recorridos pertenece a un espacio urbano   modernizado, también oye la persistencia de lo rural en la ciudad, por   ejemplo, cuando oye cómo en La recova de Mataderos  &#8220;desde lejos   llega el mugido de las reses&#8221; (14).</p>
<p>La mirada de Arlt, entonces, no se deposita sobre un espacio fijo, ni obedece   a una perspectiva fija desde donde se ve el mundo, por el contrario sus desplazamientos   espaciales, sus movimientos, son constantes, lo que bien podría funcionar   como una típica marca del sujeto urbano des-centrado, del homo errans   arltiano que, como sostiene García, está  des-orientado al no   estar anclado a un lugar (García: 107/8) en la vorágine de la   ciudad que promueve el activismo y el productivismo con los que se enfrentan   el tipo de vago que las aguafuertes rescatan, y con el que el propio Arlt se   identifica. Este vago es siempre un observador atento, ya que como se nos dice   en &#8220;Elogio de la vagancia&#8221;,  &#8220;en todo vago, aun el más   atorrante, hay una naturaleza contemplativa&#8221;  (29). La ciudad y su vida   cotidiana se transforman para él en un espectáculo, en un mundo   para ser, además de recorrido, mirado. <a name="v13"></a>[<a href="#13">13</a>]   Así, el vago devendrá en el balconeador, el observador que hallamos   entre (l)os gritones de las bañaderas de excursión&#8221; que,   sin ganas de trabajar, &#8220;se quedan mirando; adormilados como lagartos al   sol&#8221;, y  &#8220;(c)ada vez que pasa una sirvienta, respingan en el asiento.   Luego, como las fieras somnolientas, se vuelven a tirar y contemplan el paisaje   bostezando, abriendo las fauces desmesuradamente&#8221; (29). La animalización   que sufren los personajes los instala en el mundo de la naturaleza y los distancia   del mundo de la cultura, cuyas leyes son puestas en tela de juicios por el   vago contemplativo que, como el lustrador de calzado, ante su trabajo miserable   llega a preguntarse si  ¿no es preferible robar? (30), y luego no sólo   pone en suspenso el valor social del trabajo sino del sistema productivo todo,   al confesar que, en realidad, lo que le gustaría hacer es &#8220;Nada&#8221; (30).</p>
<p>El conocimiento de la observación directa, de la experiencia de vagabundear,   es la base de la epistemología del artista que Arlt propone y que valora   por sobre la religiosa y la científica. En &#8220;El placer de vagabundear&#8221;,   ante la multiplicidad de historias que se cruzan en la vorágine de la   ciudad, el profeta &#8220;se indigna&#8221;, el sociólogo &#8220;construye   indigestas teorías&#8221; y sólo el vagabundo &#8220;se regocija&#8221; con   un placer que crece al encontrar en la gran urbe un mundo secreto y nuevo (93).   Lo secreto se oculta en los espacios privados, hay &#8220;dramas escondidos   en las siniestras casas de departamentos&#8221;; pero también en los   espacios públicos, cuando los asaltantes &#8220;meditan sus trapacerías   detrás del cristal turbio, siempre turbio, de una lechería&#8221;  (93).   También resguardan secretos los cuerpos humanos, particularmente los   rostros, que son la fachada que el cronista cree poder leer cuando, con énfasis,   expresa:</p>
<blockquote><p>¡Cuántas historias crueles en los semblantes de ciertas mujeres   que pasan! ¡Cuánta canallada en otras caras! Porque hay semblantes   que son como el mapa del infierno humano. Ojos que parecen pozos. Miradas que   hacen pensar en las lluvias de fuego bíblico  (93).</p>
</blockquote>
<p>Los secretos de la ciudad no son, entonces, infranqueables para el cronista   que puede inferir significados de signos y señas para otros imperceptibles.   Arlt ve una diversidad de tipos humanos, y expresa que &#8220;sobre cada uno   se puede construir un mundo&#8221;. Al fin todos &#8220;(l)os que llevan escrito   en la frente lo que piensan, como aquellos que son más cerrados que   adoquines, muestran su pequeño secreto&#8230;el secreto que los mueve a   través de la vida como fantoche&#8221; (93). Lo nuevo es típico   en la metrópoli descrita en las aguafuertes. En &#8220;El placer de vagabundear&#8221;,   por ejemplo, se afirma que las calles de la ciudad están &#8220;llenas   de novedades (&#8230;) para un soñador irónico y un poco despierto&#8221;(92),   y se plantea cómo dichas novedades afectan tanto a las edificaciones   físicas como a las sociales, es decir, a todo aquello que emerge de   una renovada cartografía social cuya inestabilidad y cambios constantes   exacerban el malestar de los ciudadanos, los que comienzan a comportarse con   un desenfreno sorpresivo.</p>
<p>El desenfreno puede manifestarse ya en la riña de una señora   que se da &#8220;cachetadas con su vecina, mientras un coro de mocosos se prende   de las polleras de las furias&#8221; (92), ya en la actitud de &#8220;un hombre   que piensa matarse&#8221; y  &#8220;ofrece su suicidio como un espectáculo   admirable y en el cual el precio de la entrada es el terror y el compromiso   en la comisaría seccional&#8221; (93). Ambas imágenes ejemplifican,   además, cómo las esferas de lo público y de lo privado   comienzan a problematizarse en una ciudad que, en los años veinte, vive   intensos procesos de cambios social que la modifican y la renuevan a un ritmo   acelerado, procesos que anteriormente consideramos y entre los que sobresalen   la explosión demográfica y la modernización de Buenos   Aires.</p>
<p>Buenos Aires fue la ciudad latinoamericana más poblada a fines de los   20, lo que la llevó de ser la &#8220;gran aldea&#8221; a ser una metrópoli <a name="v14"></a>[<a href="#14">14</a>],   y le confirió un característico cosmopolitismo que hizo común   imaginarla como una Babel moderna en la que, a medida que aumentaba la población,   se hacían más difíciles las relaciones sociales. J. L.   Romero explica que:</p>
<blockquote><p>(e)n rigor, el crecimiento demográfico &#8211; especialmente el provocado   por las migraciones extranjeras &#8211; habían cambiado la fisonomía   de las sociedades en el transcurso de medio siglo, y en los años que   siguieron a la primera guerra mundial era visible que no existía un   nuevo cartabón para entender las transformaciones que se habían   operado. Las ciudades fueron, sobre todo, la pantalla en la que los cambios   sociales se advirtieron mejor y, en consecuencia donde quedo mas al desnudo   la crisis del sistema interpretativo de la nueva realidad. Se entrevió que   no se la entendía y no pudiendo captarse el nuevo y diferenciado conjunto   como tal, se hizo hincapié en cada uno de sus grupos. Entonces se descubrió que   la ciudad no era un conjunto integrado sino una yuxtaposición de grupos   de distinta mentalidad (Romero: 317).</p>
</blockquote>
<p>Esta desintegración del paisaje urbano se registra en las aguafuertes   porteñas que reparan en el carácter heteróclito y multiforme   de los espacios físicos y sociales que remiten a una diversidad que   multiplica las diferencias y dificulta percibir la unidad de la ciudad, todo   lo que afecta la constitución de la identidad porteña, cuyos   sentidos se inscriben en un territorio que se presenta inseguro y movedizo.   El problema de las identificaciones sociales en la Buenos Aires del veinte   deriva en la problematización de los espacios puesto que, como sostiene   Rodríguez Pérsico, preguntarse por las primeras nos lleva a preguntarnos   por &#8220;la distribución, la pertenencia y el derecho a ejercer el   poder sobre determinados espacios&#8221; (Rodríguez Pérsico: 6).</p>
<p>Ahora bien, ¿cómo resuelve Arlt, en su escritura, la dificultad   que la sociedad de la ciudad &#8220;real&#8221; tiene para integrar espacios   e identidades? Arlt responde a la complejización de la metrópoli   mediante la expresión estilizante de prototipos urbanos (Barbosa: 23),   mediante la simplificación clasificatoria que le permite reconocer,   describir y analizar diversos tipos sociales que sitúa en espacios también   tipificados. Así, las calles serán una &#8220;vidriera de tipos&#8221;,   por allí  pasará la multitud que el cronista-observador de las   aguafuertes intenta clasificar, mostrando, por un lado, la búsqueda   de un fundamento &#8220;objetivo&#8221; que permitiría registrar perfiles   y predecir conductas y, por otro, el intento de &#8220;fijar&#8221; diversos   perfiles de los habitantes de la ciudad en expansión. <a name="v15"></a>[<a href="#15">15</a>]</p>
<p>En el pasaje Güemes, descrito en aguafuerte homónima, hallamos   a &#8220;las muchachas de los quioscos&#8221;, grupo criticado por su pobreza   intelectual y espiritual. Arlt ignora &#8220;si hacen o no el amor&#8221;, pero   cree &#8220;que no se divierten mucho&#8221; y que &#8220;(t)odo lo que esa gente   tenga que decir lo puede expresar en una hora y tres minutos&#8221; (7). La   disvaloración de estas empleadas está sujeta a un espacio que   es también disvalorado: el Pasaje Güemes, espacio en que se acentúa   lo que de mercantil y materialista tiene la nueva sociedad. Pero apenas se   sale de este espacio, idéntica labor o trabajo pierde la axiología   asignada y se re-valora. En &#8220;Corrientes, por la noche&#8221;, por ejemplo,   también aparecen, como en el Pasaje Güemes, diversos comercios   y empleados, pero esta vez estos últimos no reciben un particular tratamiento   que los revele como objeto de crítica o rechazo.</p>
<p>Lo dicho hasta aquí nos muestra, primero, que la función social   del trabajo es un criterio que permite diferenciar y definir tipos, segundo,   que en la valoración de los tipos sociales participa también   la valoración de la espacialidad diferencial en que estos se emplazan,   y, tercero y último, que la mirada escrutadora del narrador paseante   es la que cataloga y representa el entorno novedoso, multitudinario y heterogéneo.   El segundo punto puede ejemplificarse aun más claramente si, por ejemplo,   nos detenemos en el inmigrante como &#8220;tipo&#8221; y observamos las diferencias   que, al interior del grupo, se plantean según el lugar físico   y social ocupado. De este modo, se distinguen los prósperos &#8220;israelitas&#8221;  ubicados   en la calle Corrientes, en el tramo que va desde Pueyrredón a Callao, <a name="v16"></a>[<a href="#16">16</a>]   de los inmigrantes pobres de las &#8220;Cuatro recovas&#8221;. Los primeros se   ubican en el centro de la ciudad mientras los segundos están condenados   a supervivir en la periferia urbana y a constituirse, tal como propone Barbosa,   en &#8220;tipos desviados&#8221;, no porque se aparten de un modelo puro sino   porque su falta de inserción social los desplaza hacia abajo, al margen,   al suburbio. Espacio de ese todo contrahecho del que ellos no son más   que partes (Barbosa: 27).</p>
<p>El dinamismo de la sociedad que el cronista &#8211; observador y caminante- halla   en la ciudad es fruto, además de su masificación, de su modernización,   la que le ofrece a Arlt nuevos materiales para construir su literatura. Los   elementos que Arlt descubre en la ciudad e incorpora en su escritura son:</p>
<blockquote><p>Discursos ajenos al campo de los escritores, fragmentos de ciudad que ellos   conocían menos, saberes sin prestigio: cómo organizar un prostíbulo   o fundir metales, cómo encontrar oro o ganar dinero fuera de la oscura   rutina del trabajo, cómo combinar el saber técnico con la fabulación   (Sarlo: 43)</p>
</blockquote>
<p>Al reparar y al trabajar estas novedades urbanas, Arlt realiza, al menos,   dos cambios, primero, comienza a construir un perfil de la ciudad en el que   antes pocos se detenían: el del suburbio <a name="v17"></a>[<a href="#17">17</a>],   y,   segundo, construye ese perfil, pero también el de la ciudad en general,   desde una nueva mirada que se fija en las cosas invisibilizadas por la mirada   de los escritores que eran sus contemporáneos. <a name="v18"></a>[<a href="#18">18</a>]   En las aguafuertes, Arlt descubre en la metrópoli la belleza de lo público   y la belleza del vicio, dos temas que, como observa Sarlo, &#8220;ya habían   perseguido a los escritores europeos, también sensibilizados por la   revolución tecnológica de las construcciones, desde mediados   del siglo XIX&#8221; (46/7).</p>
<p>La calle Corrientes sintetiza la &#8220;experiencia de la ciudad&#8221; modernizada, <a name="v19"></a>[<a href="#19">19</a>]   la que el cronista, dispuesto a negociar con la mezcla, percibe como un espacio   de alta tensión, de desorden paroxístico que se retrata desde   una estética barroca (Sarlo: 48). De día, la calle mezcla lo   viejo con lo nuevo, al exhibir, &#8220;(e)ntre edificios viejos que la estrechan,   (&#8230;) las fachadas de los edificios de departamentos nuevos&#8221; (151), de   noche, la calle se transforma en un espectáculo, visualmente enmarcado   por una intensa luz eléctrica que cumple, al menos, dos funciones. Primero   ilumina el espacio público como un escenario, con &#8220;todos sus letreros   luminosos&#8221; (32), a la vez que lo embellece o estiliza con su cromatismo, &#8220;con   sus reflejos de azul de metileno, sus amarillos de  ácido pícrico&#8221; (32),   artificios que le dan un carácter teatral al espacio representado, en   el que también los sujetos podrán embellecerse a raíz   de la luz eléctrica, cuyo uso, generalizado a inicios de los 20 <a name="v20"></a>[<a href="#20">20</a>],   permite, en &#8220;Corrientes, por la noche&#8221;, que &#8220;todos confraterniz(e)n   en la estilización que modula una luz supereléctrica&#8221; (33).</p>
<p>La segunda función de la intensa y rica luminosidad eléctrica   de la calle Corrientes, espacio del centro donde se instalan  distintos   emprendimientos del comercio y el espectáculo, ayuda a representar el   espacio público urbano como un espacio modernizado donde se materializa   la idea de que la modernidad y su forma metropolitana son impensables sin una   iluminación intensa que establezca un continuum vital que acelere y   transforme el ritmo natural de la vida antigua a través de la luz artificial   que, llegando a todos los rincones, hace de la ciudad un espectáculo   permanente (Liernur y Silvestri: 33).</p>
<p>Los cambios cuantitativos y cualitativos de la ciudad, su masificación   y modernización, por ejemplo, le imprimen un dinamismo al espacio urbano   que sólo puede acrecentar la perspectiva también dinámica   del cronista arltiano que conjugará en su figura, como vimos, las imágenes   de observador y caminante que se pondrán en juego en un discurso basado   primordialmente en la experiencia de la ciudad.</p>
<h4>Tercera hipótesis: Buenos Aires, ciudad plural y multiforme</h4>
<p>La ciudad que aparece en las Aguafuertes se construye a través de sinécdoques   que contemplan sus partes; sus barrios, sus calles y sus plazas, entre otras.   Estos pedazos de espacio social y público no son planteados sólo   como un decorado que ambienta las acciones de los sujetos manteniéndose   ajeno a ellas; por el contrario, ellos mismos son personificados, y con esta   operación se le imprime al paisaje urbano, por un lado, un carácter   activo por el cual llega a adquirir un cuasi estatuto de persona, y, por otro,   un carácter múltiple y cambiante, como los individuos que pueblan   esa metrópoli también múltiple y cambiante, que Arlt se   encarga de organizar y simplificar a través de tipificaciones espaciales   (García: 110/11).</p>
<p>Las calles son personificadas. En &#8220;Las cuatro Recovas&#8221;, por ejemplo,   la del Paseo de Julio se presenta como &#8220;la recova canalla&#8221; y la del   Paseo Colón como la  &#8220;calle más triste del mundo&#8221; (13).   La calle Florida, en aguafuerte homónima, se percibe como &#8220;la calle   más despersonalizada que tiene Buenos Aires&#8221;, tan &#8220;ñoña   como la inofensiva Agua Florida&#8221;. La calle Corrientes tiene, como se señala   en &#8220;El espíritu de la calle Corrientes no cambiará con el   ensanche&#8221;, un &#8220;espíritu&#8221;, una &#8220;personalidad&#8221; y   una  &#8220;idiosincrasia&#8221; (149) que permiten describirla, en &#8220;Corrientes,   por la noche&#8221;, como una  calle &#8220;vaga&#8221; que &#8220;rezuma   cordialidad por todos sus poros&#8221; y es &#8220;amablemente acogedora, como   una mujer trivial, y mas linda por eso&#8221; (32).</p>
<p>La espacialidad social es humanizada, ya sea por personificaciones como las   citadas anteriormente o por otros recursos discursivos que la ligan directa   o indirectamente a un mundo antropomorfizado. Así, cuando el cronista   observa, en &#8220;Molinos de viento en Flores&#8221;, &#8220;un molino de viento   desmochado&#8221;, con &#8220;(a)lgunas paletas torcidas (que) colgaban del engranaje   negro, allá arriba, como la cabeza de un decapitado&#8221; (12), no sólo   ofrece una imagen poética y visual del paisaje observado, sino una comparación   que, por un lado, humaniza lo percibido, y, por otro lado, alude a la desarticulación   de un espacio, a su muerte. Esta interpretación es reforzada si notamos   que inmediatamente después de esta comparación Arlt evoca el   pasado del barrio de Flores con un pensamiento tan seguro de la belleza pasada   como de su inexorable desaparición.</p>
<p>La idea de la enfermedad se liga al espacio y logra animizarlo hasta la humanización.   En la Recova del Paseo Colón, una de &#8220;Las cuatro recovas&#8221;,   encontramos caserones con  &#8220;muros leprosos&#8221; (13), lepra que también   afectará el espacio de los conventillos -descritos en &#8220;El conventillo   de nuestra literatura&#8221;-  &#8220;donde la mugre ha llenado de lepra las   paredes&#8221; (55). En ambas apariciones la mención a la enfermedad   sirve para graficar visualmente la humedad y el descascaramiento de las paredes,   así como para vincular dicha apariencia a la suciedad y a la pobreza.   Pero la falta de salud no se restringe al espacio que ocupan las clases marginales   o bajas, por el contrario, termina afectando a toda la ciudad, en cuyo corazón  &#8220;estaba   ese cáncer que se llama conventillo&#8221; (56), espacio que, irreductible   a lo físico, remite al lugar social de la marginación, de la   exclusión que el escritor debe denunciar porque, tal como dice Arlt:  &#8220;¿Cómo   no hablar de estas cosas? ¡Caramba! Si son las que saltan ante la sensibilidad   de todo hombre que tenga un poco de corazón&#8221; (56).</p>
<p>Los espacios sobre los que Arlt trabaja pertenecen a una periferia que se   va a ir ampliando a lo largo de su producción. Según Rodríguez   Pérsico, el autor de las Aguafuertes &#8220;realiza una operación   desacralizadora que consiste en la centralización de los márgenes,   en convertir lo que es socialmente fronterizo en elemento simbólico   fundamental (Rodríguez Pérsico: 9). Los espacios privilegiados   por el discurso arltiano están en los márgenes sociales, aunque   se ubiquen en el centro físico de la ciudad, y son espacios, generalmente,   expulsivos. Arlt le sugiere al lector, en la aguafuerte &#8220;En las calles   de la noche&#8221;, que &#8220;(r)ecorra (&#8230;) los barrios de Palermo, las calles   perdidas de los alrededores de Parque Patricios, Balvanera, alrededores de   Once&#8221; y le adelanta que lo que encontrará son &#8220;(p)uertas cerradas   por todas partes&#8221; (42). Lo que estas puertas clausuradas muestran es la   dificultad que tienen los caminantes nocturnos y solitarios de Buenos Aires   para encontrar un espacio que los reciba y les ofrezca refugio y consuelo.</p>
<p>Estos hombres de la multitud no limitan su búsqueda a un espacio físico   que les sea funcional en un sentido práctico, por ejemplo, para dormir.   Art ejemplifica cómo la relación con un espacio no se restringe   a la comodidad que éste pueda ofrecer, contando, en esta misma aguafuerte,   el caso de un amigo, al cual &#8220;(l)a miseria lo llevo una noche a uno de   esos hoteluchos&#8221;, tan baratos como pobres, del que huyó, luego   de imaginar &#8220;la caravana de desdichados que por allí había   pasado&#8221;. Si bien la comodidad de este espacio, &#8220;donde se desprendían   lonjas de empapelado descubriendo una capa más antigua de papel floreado&#8221; (44),   es mínima, la elección de &#8220;dormir en una plaza&#8221; no   se funda en criterios prácticos por los que se reconozca un mayor confort   en este espacio público, más bien, se basa en parámetros   emocionales desde los que &#8220;(e)ra preferible el techo de la noche a aquella   cerrazón maldita&#8221;  (44). La imagen de lo cerrado reaparece varias   veces en &#8220;En las calles de la noche&#8221;. En la habitación del   hotelucho recién señalada, en las puertas de la calle de los   distintos barrios porteños, y también en la imagen de los templos,   espacio espiritual que se demanda, pero que se niega a los hombres que encuentran  &#8220;(e)sas   enormes puertas cerradas y, afuera, la desolación&#8221; (43).</p>
<p>En &#8220;El desierto en la ciudad&#8221;, escrito unos meses antes que la aguafuerte   recién comentada, Arlt ya se había detenido a describir el &#8220;afuera&#8221; urbano   emplazado en una espacialidad común, extendida y negativa. Común   por la previsible uniformidad del lugar abordado: las plazas, &#8220;oasis de   la civilización&#8221;  que, en Buenos Aires, son &#8220;feas&#8221; y &#8220;las   que más predisponen al suicidio&#8221; (17). Extendida porque, al generalizar   la disvaloración de estos espacios, la representación negativa   de uno de ellos puede extenderse a la totalidad, con lo que se diseña   un paisaje urbano y público que despliega y reproduce su hostilidad,   al punto de grabarse en la memoria de un hombre como &#8220;el más abominable   lugar de sufrimiento que hay sobre la tierra&#8221; (18).</p>
<p>Así como las calles céntricas de la ciudad tienden a anular   las posibilidades de encuentro, comunicación y solidaridad, los barrios   también empiezan a participar de los problemas suscitados por la masificación,   la despersonalización y el creciente materialismo urbano. En &#8220;Molinos   de viento en Flores&#8221;, el barrio de Flores se percibe como un espacio social   cuyos valores morales positivos, la cordialidad y la hospitalidad, por ejemplo,   se han perdido. En esta aguafuerte en la que se evoca un Flores de antaño   Arlt lamenta no sólo el cambio edilicio, sino fundamentalmente el moral.   Antes</p>
<blockquote><p>(l)a gente vivía otra vida más interesante que la actual. Quiero   decir con ello que eran menos egoístas, menos cínicos, menos   implacables. Justo o equivocado se tenía de la vida y sus de sus desdoblamientos   un criterio más ilusorio, más romántico. Se creía   en el amor (14 ).</p>
</blockquote>
<p>La mutación negativa de la idiosincrasia del barrio será ligada,   entre otras cosas, a una nueva distribución del espacio que reemplazó las   construcciones amplias del Flores de &#8220;las enormes quintas solariegas&#8221;,   del barrio que era  &#8220;espacioso&#8221;, por &#8220;chalecitos que ocupan   el espacio de un pañuelo&#8221; (12), por &#8220;casas de departamentos   o casitas ideales para novios&#8221;, por  &#8220;edificios de tres pisos&#8221;(13).   Esta insistencia discursiva en la redistribución espacial pone de manifiesta   un cambio que se estaba viviendo en la ciudad &#8220;real&#8221;, el intenso   crecimiento poblacional cambiaba la fisonomía de los barrios y las formas   de vecindad, a lo que había que agregar el encarecimiento de la tierra   urbana, encarecimiento que Arlt señala en dos oportunidades; en la primera   expresa que, en un pasado cercano, &#8220;(l)a tierra (&#8230;) no valía   nada&#8221;, en la segunda, explica que los vecinos no están &#8220;como   para romanticismo. Allí, la vara de tierra cuesta cien pesos. Antes   costaba cinco y se vivía más feliz&#8221;  (14) <a name="v21"></a>[<a href="#21">21</a>].   La cita anterior muestra como Arlt establece una hipótesis que vincula   la pérdida de felicidad con un creciente materialismo que comienza a   caracterizar a Buenos Aires.</p>
<p>Las relaciones directas, la tranquilidad y la inocencia que se empiezan a   perder en los barrios de la ciudad todavía se hallan en los lugares   descritos en &#8220;Pueblos de los alrededores&#8221;, los que se definen por   oposición a la metrópoli; ellos son &#8220;pueblos para soñar,   pueblos de serenidad&#8221; (38), y es esta última característica   la que reitera una isotopía en la que convergen el silencio, el orden,   la tranquilidad, la poca densidad poblacional y la limpieza. Todas éstas   son cualidades de las que carece el espacio urbano. El silencio se asocia tanto   a la ausencia de los ruidos urbanos de una apabullante modernidad industrializada,   como a la presencia de un vínculo que la ciudad con dicha modernidad   rompió: el que nos une al ritmo de la naturaleza. Esta idea es trabajada   por Arlt en esta aguafuerte en la que repite literalmente la expresión,   que es de este modo acentuada, &#8220;hay tantos árboles en estos pueblos   que de cada hoja cae un silencio&#8221;; y en la que enumera de modo indiferenciado   los componentes naturales y las construcciones del hombre para recrear, con   tintes pictóricos casi modernistas, un lugar ameno de</p>
<blockquote><p>calles en las que el paso del transeúnte resuena nítido y claro,   frentes de ladrillos, rojos y sombríos, faroles en los muros, fachadas   de color rosa, de color azul (&#8230;), jardincitos, horizontes, horizontes por   todos los costados, encrespados de nubes, con cresterías de eucaliptos,   con losanges de oro, lagos de nácar, montañas de algodón   (52/3)</p>
</blockquote>
<p>El orden y la mesura de los pueblos también se valoran por comparación   con la ciudad. Mientras que en el pueblo la ubicación de las construcciones   es planificada: &#8220;La Iglesia aquí, enfrente la comisaría,   más allá la Municipalidad, la plaza, tres cuadras más   lejos el paso a nivel de la línea de ferrocarril&#8221;; en la ciudad   se estilan &#8220;arquitecturas improvisadas&#8221;, con viviendas que son &#8220;cuevas   de cuatro por cuatro&#8221; con  &#8220;balconcitos para pigmeos&#8221;. Y nuevamente,   así como la antítesis silencio del pueblo/ruido de la ciudad   se asocia al grado de urbanización como un fenómeno moderno,   la antítesis planificación espacial del pueblo/ improvisación   arquitectónica de la ciudad se asocia al grado de &#8220;progreso&#8221; como   objetivo de la modernidad. Así lo explica Arlt:</p>
<blockquote><p>nosotros, hombres de ciudad, estamos acostumbrados a un espacio de dieciséis   metros cuadrados. A la oscuridad de los departamentos. Y a todo lo francamente   abominable que el progreso, la tacañería de los propietarios,   y los digestos municipales han amontonado sobre nuestras cabezas. En cambio   estos pueblos&#8230; (53)</p>
</blockquote>
<p>Pero no será en los pueblos donde Arlt encontrará  el espacio   propio, sino en las calles, y particularmente en una de ellas, Corrientes,   cuya valoración participa de una contraposición con otra que   será su antitesis: Florida, calle expulsiva y despersonalizada que evitan &#8220;los   desdichados&#8221;, eluden &#8220;los miserables que albergan un proyecto&#8221; y   esquivan &#8220;los soñadores que llevan un mundo adentro&#8221;. En ella   no entran &#8220;todos aquellos que necesitan de la calle para desparramar su   angustia o para recogerla en un ovillo nervioso&#8221; (22).</p>
<p>La despersonalización de esta calle será acentuada al compararla   con otras y concluir que ella es &#8220;la más despersonalizada&#8221;, &#8220;(l)a   más conocida e insignificante&#8221;. Arlt explica esta característica   extensamente y señala, entre otros argumentos, que &#8220;hay de todo   como en farmacia. Y ese poco es pretencioso con tendencias al lujo&#8221; y  &#8220;la   enorme vulgaridad de sus tiendas con liquidaciones&#8221;. Es a la vez el espacio   de la ampulosidad y de la carencia. Abundan en ella los comercios y el comercio,   vidrieras, escaparates, teatros, bares automáticos, pero carece de espíritu:</p>
<blockquote><p>le falta &#8220;ese no se qué&#8221;  que, tanto en las mujeres como   en las calles, pone su encanto finísimo y particular; esa atmósfera   extraña, singular y perceptible que, de pronto, nos encanta sin que   podemos definir de qué ángulo o de qué  gesto se escapó esa   poderosa atracción que nos seduce (&#8220;La calle Florida&#8221;: 34).</p>
</blockquote>
<p>La valoración de Florida es, como dijimos, opuesta a la que recibe   la calle Corrientes, la &#8220;que más que calle parece una cosa viva&#8221;.   Si la anterior produce indiferencia, ésta despierta el sentido de pertenencia,   ella es &#8220;calle nuestra, la sola calle que tiene alma en esta ciudad, la única   que es acogedora, amablemente acogedora&#8221; (Corrientes, por la noche&#8221;:   43). El recurso que más utiliza para describirla es la enumeración   caótica, la yuxtaposición de elementos disímiles que conviven   en una extraña comunión. El cronista enumera la profusa población   de la calle así como los objetos y lugares que la con-forman y acentúan   la mezcla hasta formar la idea de un cambalache en el que conviven en una librería  &#8220;volúmenes   hinchados de pornografía junto a la millonésima edición   de Martín Fierro&#8221;. La calle de la multiplicidad es también   la calle carnavalizada que permite que se truequen las jerarquías, que   se inviertan los papeles, por ejemplo, en las &#8220;(p)eluquerías de   mujeres donde entran y salen hombres&#8221;; y es que en esta calle todo &#8220;pierde   su valor. Todo se transforma&#8221;, las reglas sociales pueden ser violadas   por  &#8220;(d)iarieros que se tutean con mujeres admirablemente vestidas&#8221;,   por  &#8220;señores con diamante en la pechera que le estrechan la mano   al negro de un &#8220;dancing&#8221;, todo lo que muestra que, tal como sostiene   José Luis Romero, en el Buenos Aires del veinte, Corrientes es uno de   los terrenos donde la cultura del centro y las culturas marginales se entrecruzan   y compenetran sin conflictos. <a name="v22"></a>[<a href="#22">22</a>]</p>
<h3>III. Conclusión</h3>
<p>La ciudad &#8220;imaginada&#8221; en las &#8220;Aguafuertes Porteñas&#8221; escritas   por Roberto Arlt a fines de los años ¢20 establece explícitas   correlaciones con la ciudad &#8220;real&#8221; cuando pone en discurso algunas   características coyunturales de la Buenos Aires de este período   que, por un lado, se advierten como problemáticas, y, por otro lado,   se problematizan. Los rasgos que la ciudad de Buenos Aires exhibía en   la segunda década del siglo XX y que las aguafuertes trabajadas documentan   son: la heterogeneidad de la masa poblacional conformada principalmente por   los inmigrantes, las clases populares y la clase media; las escisiones socio-económicas   intergrupales e intragrupales; el ensanchamiento de los márgenes sociales;   el cosmopolitismo; los procesos de modernización; y la masificación   social.</p>
<p>La heterogeneidad de la población pone en juego problemas también   heterogéneos y particulares a cada grupo, a los que Arlt distingue y   analiza, estableciendo entre ellos diferencias y similitudes que se manifiestan   en el plano espacial. En el grupo de inmigrantes difieren los pobres de los   prósperos. Los primeros son originarios de un mundo rural alejado de   la economía monetaria y encuentran en el mundo urbano un lugar que les   obliga a trocar sus valores y prácticas y les niega la oportunidad de   la pertenencia y del ascenso social. Los segundos, por ejemplo los israelitas   de la calle Corrientes, son comerciantes que pueden acomodarse y adaptarse   socialmente porque poseen algún capital y sobre todo un grupo que los   cohesiona. Estos sub-grupos visibilizan sus diferencias en la dispar ubicación   que tienen en el espacio social de la metrópoli: mientras los inmigrantes   prósperos se ubican en el centro de la ciudad, los otros son expulsados   a sus márgenes.</p>
<p>La clase media, al igual que el grupo de inmigrantes, es susceptible de distinciones.   Cuando sus miembros se ubican en la calle Corrientes sus diferencias convergen   en una espacialidad compartida, la de un espacio público que es social   e integracionista, y que opera como un lugar de tránsito que en lo nocturno   se embellece gracias a la iluminación callejera, signo de la modernización   y tecnificación de Buenos Aires, que le permite a Arlt focalizar lo   que de ella prefiere: la calle como un escenario teatralizado donde es posible   la carnavalización actancial, la mezcla. Los comerciantes y pequeños   propietarios que se localizan en Corrientes reciben una valoración positiva &#8220;excepcional&#8221;,   como &#8220;excepcional&#8221; es el entrecruzamiento social que la calle propicia.   Frecuentemente la burguesía será denostada por Arlt, como se   patentiza en la aguafuerte &#8220;Pasaje Güemes&#8221;, donde la imagen   de lo burgués se asocia a lo norteamericano y a un conjunto de rasgos   negativos que se le adjudican, entre los que sobresalen el mercantilismo exacerbado   y un frívolo y superficial consumismo.</p>
<p>Todos los inmigrantes no son iguales en las aguafuertes, tampoco lo son los   comerciantes, pero tienden a igualarse, a uniformizarse, los trabajadores urbanos   y las clases populares que se distancian en el discurso arltiano, en parte,   de los atributos que caracterizaban al proletariado de la época. Arlt   retrata a obreros indiferentes, pasivos, despojados de la combatividad que   manifestaron durante la segunda década del siglo XX. Fatalismo, estoicismo,   inmovilidad, serán las características que se le adjudican a   las clases bajas, las que se patentizan, por ejemplo, en &#8220;El conventillo   de nuestra literatura&#8221;.</p>
<p>Los inmigrantes, junto con la multiplicidad de nuevos trabajos y actividades   que aparecen en la modernizada ciudad, dotan a Buenos Aires de un característico   cosmopolitismo que Arlt condensa en la calle Corrientes, espacio que se exalta   a través de una profusa axiología positiva fundada en una subjetividad   ciudadana que se reivindica, y que tiene como rasgos principales la alegría   y la despreocupación. La definición de esta calle se carga de   una imaginada espiritualidad que condensaría lo típicamente porteño,   autenticidad planteada desde una perspectiva esencialista que, como ya dijimos,   se empeña en dibujar una Buenos Aires fija, respondiendo probablemente   a la necesidad de mantener cierta certeza sobre los espacios de una ciudad &#8220;real&#8221; en   la que éstos mutan profunda y aceleradamente.</p>
<p>La despersonalización de las relaciones sociales en la Buenos Aires   del 20 es planteada desde una perspectiva vivencial que rescata la experiencia   de pérdida que viven los ciudadanos de una metrópoli cuyo crecimiento   hace más complejas las relaciones interpersonales y genera un creciente   anonimato, todo lo que despierta nuevos sentimientos de soledad y de abandono   sobre los que Arlt reflexiona en &#8220;El desierto en la ciudad&#8221;, donde   compara la ciudad con un desierto, lugar que está lleno de personas   y a la vez vacío de comunicación, lugar que acrecienta el individualismo   y la indiferencia. En esta ciudad-desierto porteña aparece el &#8220;hombre   Robinson Crusoe&#8221;, un incomprendido, un fruto de la indiferencia urbana,   cuya sociabilidad se halla dañada, por lo que debe desplazarse, expulsado,   desde la cultura, a la naturaleza.</p>
<p>Todos los espacios de las aguafuertes se vinculan con la experiencia de los   personajes y se construyen principalmente desde ésta. Son espacios a   los que pertenecen los sujetos o los grupos, son los lugares en los que se   desplazan, se comunican, se relacionan, se ensimisman; son ámbitos que   los acogen o que los expulsan. El paisaje urbano que diseñan estos espacios   de la experiencia retoma, como probamos, constantes referencias a la Buenos   Aires de los años 20, en sus aspectos físicos, sociales, económicos   y políticos, con lo que se manifiesta el carácter testimonial   e informativo del discurso arltiano que documenta el rostro de una ciudad real,   múltiple y cambiante como los perfiles identitarios que en ella circulan   y se establecen.</p>
<p>Pero el espacio urbano referido en los textos no pre-existe totalmente a las   aguafuertes, más bien, adquiere plena existencia a través de   la escritura que fija y difunde su imagen, su representación. Las aguafuertes   porteñas serán un magnífico medio para instalar y para   transmitir una serie de imaginarios referidos a Buenos Aires que consumirán   miles de lectores de El Mundo, provenientes de los sectores medios urbanos,   que le permitirán a Arlt consolidar un público que lo respalda   y le permite legitimar su lugar de enunciación (Saítta, 1993:   59), así como la validez de sus enunciados, referidos a una ciudad surgida,   en parte, de la observación, y, en parte, de la invención. Dicha   invención se configura a través de un lenguaje que es, como ya   notamos, poliédrico, dinámico y subjetivo. Es poliédrico   porque lo observado no tiene un  único lado, sino varios, y la necesidad   de darlos a conocer a todos se traduce en frecuentes enumeraciones que tienden   a ser caóticas por la diversidad de elementos y perspectivas relativos   al espacio que se nombran. Es dinámico porque sus lugares son móviles,   realizan actancias, son animizados, animalizados y humanizados, vinculándose   con  personajes que interactúan en ellos y &#8220;con&#8221; ellos.   Es subjetivo porque su construcción no es ajena a las constantes y explícitas   modalidades axiológicas que revelan los valores y disvalores adjudicados   por el emisor a un espacio que es físico, pero fundamentalmente social.</p>
<p>En las aguafuertes porteñas escritas en los años 20 encontramos   un modo dinámico de mirar la ciudad debido tanto a la perspectiva móvil   del observador como a la naturaleza también móvil de lo observado.   La ciudad arltiana es descrita y narrada por un hombre que camina. Arlt es   el cronista viajero cuyo deambular, por un lado, desencadena la narración,   y, por otro lado, representa un cambio respecto de la inmovilidad del periodista   tradicional que redactaba sus notas desde el encierro en una redacción.   El cronista de las aguafuertes porteñas es ejemplo del repórter   moderno que, además de circular por el espacio que registra, se apropia   de distintas narraciones que en él circulan, a las que entreteje con   su propio discurso, legitimado desde la experiencia personal. El deambular   urbano es definido, descrito y valorado en las aguafuertes que diferencian,   además, dos tipos de vagos, uno asociado a una vagancia infructífera,   pura falta de valor y abulia, y el otro ligado a una vagancia fructífera,   cargada de valores promovidos, por ejemplo el escepticismo y la imaginación.</p>
<p>El constante movimiento que caracteriza a los personajes de las aguafuertes   relevadas, y al propio Arl, pone en juego una serie de imágenes sensoriales   que surgen del contacto de los sujetos con el paisaje urbano recorrido, sentido   y contemplado. El hombre arltiano no encuentra en la metrópoli un centro   fijo de pertenencia, por eso no puede más que desplazarse en la vorágine   urbana que mueve y lo con-mueve.</p>
<p>Al activismo que la ciudad real promueve, las aguafuertes que aquí analizamos   le contraponen el espíritu contemplativo y reflexivo del vago con el   que Arlt se identifica, personaje que transforma la ciudad y su vida cotidiana   en un espectáculo para ser, además de recorrido, mirado. El vago   balconeador será un observador, en ocasiones, animalizado, pudiendo   explicarse dicha animalización porque en el ambiente de la naturaleza   encuentra una libertad que le niegan las reglas de un ambiente social altamente   productivista y alienante. El vago contemplativo tiende a ubicarse, al igual   que el hombre anónimo que se abandona en las plazas públicas,   en el mundo de la naturaleza, ambos desplazamientos señalan la dificultad   que encuentran los sujetos para adaptarse a un espacio urbano que instala nuevas   y complejas reglas de juego social.</p>
<p>El conocimiento de la observación directa, fruto del vagabundear, es   la base de la epistemología del artista que Arlt propone. El  vagabundo   goza al encontrar en el espacio urbano un universo secreto y nuevo. Lo secreto   se oculta en los espacios privados, en los espacios públicos, en los   rostros que operan como fachada que el cronista cree poder leer y clasificar   en una diversidad de tipos humanos. Lo nuevo afecta la fisonomía física   y social de la ciudad, cambiando la relativamente estable cartografía   social de la &#8220;gran aldea&#8221; por la inestable de la  &#8220;metrópoli&#8221;,   metamorfosis que alimenta el malestar ciudadano que se revela en el desenfreno   sorpresivo con que se muestran, con frecuencia, los personajes de las aguafuertes   porteñas.</p>
<p>La explosión del paisaje urbano fragmenta la ciudad que aparece en   las aguafuertes porteñas de 1928 y 1929, la que se percibe multiforme   y disgregada, geocultura insegura y movediza que afecta la constitución   de la identidad porteña que, como los espacios, explota en diferencias,   en complejidades que Arlt simplifica y organiza a través de la construcción   estilizada y estilizante de tipos urbanos a los que sitúa en espacios   también tipificados. La modernización que vive Buenos Aires a   fines de los 20 le ofrece a Arlt nuevos materiales para incorporar a su literatura,   materiales que, desprestigiados por la cultura letrada, forman parte de la   ciudad real que Arlt visibiliza en una escritura que comienza a retratar la   cara de un espacio en el que pocos se detenían: el del suburbio.</p>
<p>Pero además de representar los márgenes urbanos, las aguafuertes   porteñas escritas a fines de los ¢20 configuran la ciudad desde   la calle Corrientes, desde el centro donde se manifiesta claramente la modernización   urbana. Allí el cronista encuentra un lugar público cuya tecnificación   condensada en la iluminación eléctrica modifica los ciclos naturales   de la vida antigua e impone los de una modernidad sin noche, sin oscuridad   y sin descanso. La intensa y cromática luz eléctrica de la calle   Corrientes convierte al espacio en escenario teatral donde actúan sujetos,   también teatralizados.</p>
<p>La ciudad que emerge de las aguafuertes analizadas se construye a través   de sinécdoques que contemplan sus partes. Conocemos Buenos Aires a través   de sus calles, barrios y plazas, partes todas de un paisaje activo y animado   a raíz de la constante antropomorfización del espacio urbano   que se reconoce  &#8220;enfermo&#8221; de miseria e inequidad que el escritor,   según Arlt, debe denunciar. Los espacios privilegiados en el discurso   arltiano se ubican en los márgenes sociales; en lugares hostiles ya   por ser expulsivos, ya por ser cerrados. Los hombres no encuentran, finalmente,   un lugar de pertenencia en el &#8220;adentro&#8221; angustiante de las pensiones   miserables, pero tampoco lo descubren en el &#8220;afuera&#8221; público   de las plazas que los enfrentan con la soledad y la indiferencia.</p>
<p>Las posibilidades de encuentro y de comunicación entre los ciudadanos   tienden a cancelarse en el espacio público en el que se incluyen los   barrios que, a fines de la década del 20, ya experimentan algunos problemas   derivados de la masificación y el creciente materialismo urbano. En  &#8220;Molinos   de viento en Flores&#8221;, el barrio de Flores se percibe como un locus social   deteriorado, que ha perdido algunos de sus positivos valores morales a los   que ha suplantado por otros sesgados e invalidados discursivamente. La mutación   negativa del barrio halla entre sus causas una re-tasación y una re-distribución   espacial que encarece la tierra urbana y, por ello, reemplaza las construcciones   amplias por las pequeñas edificaciones. Estas dos modificaciones que   vive la ciudad real cambian la fisonomía de los barrios y las formas   de vecindad, mutaciones todas en las que Arlt se detiene.</p>
<p>Las relaciones directas, la tranquilidad y la inocencia que se empiezan a   perder en los barrios de la ciudad todavía se encuentran en los lugares   descritos en &#8220;Pueblos de los alrededores&#8221;, los que definidos por   oposición a la metrópoli permiten soñar a los hombres   que en ellos encuentran serenidad, silencio, orden, poca densidad poblacional   y limpieza, cualidades de las que carece el espacio urbano. Los pueblos y la   ciudad se proponen como antítesis; los primeros son fruto de una racional   planificación y la segunda de una improvisada y avara disposición   de los espacios. En los pueblos hay un imponente silencio, contrario al ruido   que inunda la ciudad debido a una mayor concentración poblacional pero   también a una mayor modernización urbanística.</p>
<p>No será en los pueblos, como ya dijimos en el desarrollo, donde Arlt   encontrará el espacio propio, sino en las calles, y particularmente   en una de ellas: Corrientes. La calle Corrientes es un lugar vivificado que   despierta el sentido de pertenencia, acrecienta la sensación de bienestar   ciudadano y se contrapone a otro espacio que es su antítesis: Florida,   calle expulsiva y despersonalizada que se muestra como el espacio público   de la ampulosidad y de la carencia. Lugar en donde abundan los comercios y   el comercio, pero donde se carece de espíritu, lo que produce en Arlt   más que indiferencia, rechazo. Corrientes, al contrario, será el   lugar amado por quienes no le temen a las diferencias ni al entrecruzamiento   de esas diferencias que Arlt sólo puede presentar a través de   enumeraciones caóticas referidas a una pródiga y heteróclita   población: luces eléctricas, ruidos, música, edificios,   comercios, alcohol, máquinas y hombres.</p>
<p>Todo junto y todo mezclado parece ser el lema de Corrientes, una calle carnavalizada   que permite que se truequen las jerarquías, se inviertan los papeles   y se suspendan las distinciones socioeconómicas, razones por las que   Arlt la exalta no sin idealizarla, valorando sobre todo la posibilidad que   ella ofrece para cultivar y entablar relaciones directas entre sujetos diferentes,   en una metrópoli en que la masificación acentúa la despersonalización   y la marcada escisión social debilita la comunicación y la integración   de sujetos y grupos.</p>
<h2>Notas</h2>
<p><a name="01"></a>[1] Cfr. Saítta, Sylvia. <em>El escritor     en el bosque de ladrillos. Una biografía de Roberto Arlt</em>. Buenos     Aires, Sudamericana, 2000, pp. 56/63. [<a href="#v01">volver</a>]</p>
<p><a name="02"></a>[2] La numeración, entre paréntesis,   que figura al final de cada cita de las &#8220;Aguafuertes Porteñas&#8221; de   Roberto Arlt señala la/s página/s donde ella, dentro de la <em>edición</em> correspondiente,   puede encontrarse. [<a href="#v02">volver</a>]</p>
<p><a name="03"></a>[3] Rama, ángel. <em>La ciudad letrada</em>,   Arca, Montevideo, 1995. [<a href="#v03">volver</a>]</p>
<p><a name="04"></a>[4] Según J. L. Romero, fue &#8220;la   posibilidad y la esperanza del ascenso social lo que promovió la inmigración:   del extranjero hacia los diversos países latinoamericanos, y dentro   de ellos, de las regiones pobres hacia las ricas, o de los campos hacia las   ciudades. La intensa movilidad geográfica correspondía a las   expectativas de movilidad social que crecían hasta un grado obsesivo&#8221;,   en Romero, J. L. <em>Latinoamérica: las ciudades y las ideas. </em>Buenos   Aires, Siglo XXI, 2001, p. 270. [<a href="#v04">volver</a>]</p>
<p><a name="05"></a>[5] Barbosa observa que &#8220;(l)os inmigrantes   que llegaron a Argentina en grandes masas pertenecían en su mayoría   a los estratos más pobres de los países expulsores. La rama de   actividad preponderante era la agricultura y el nivel económico-social   era predominantemente de niveles poco favorecidos&#8221;, en Barbosa, Susana. &#8220;Aguafuertismo   arltiano. Configuraciones prototípicas en la sociedad de inmigración&#8221;,   en AA.VV. <em>Diez lecturas de Arlt,</em> Buenos Aires, Fundación El   Libro, 2000, p. 33. [<a href="#v05">volver</a>]</p>
<p><a name="06"></a>[6] Ver Romero, J. L. op. cit., p. 331. [<a href="#v06">volver</a>]</p>
<p><a name="07"></a>[7] Ver Romero, J. L., op. cit. pp. 273/74. [<a href="#v07">volver</a>]</p>
<p><a name="08"></a>[8] Ver Romero, J. L , op. cit., p. 272. [<a href="#v08">volver</a>]</p>
<p><a name="09"></a>[9] Las bastardillas de las citas son nuestras. [<a href="#v09">volver</a>]</p>
<p><a name="10"></a>[10] Saítta explica que &#8220;(e)n   este proceso de ampliación textual que acompañan los procesos   de modernización que se abren en 1880, la prensa escrita juega un rol   importante ya que la avidez de un nuevo público junto con nuevos pactos   de lecturas, abren la posibilidad de reconocer otras dimensiones tópicas-centralmente   los &#8220;bajos fondos&#8221; de la ciudad- en crónicas y notas cuyo   referente principal son los arrabales, los barrios alejados del centro o el   puerto, en las cuales se escruta el Buenos Aires menos visible&#8221;, en Saítta,   Sylvia. Regueros de tinta. El diario Crítica en la década de   1920, Bs. As., Sudamericana, 1998, p. 189. [<a href="#v10">volver</a>]</p>
<p><a name="11"></a>[11] Cfr. Saítta, Sylvia, en &#8220;Introducción&#8221; a   Aguafuertes porteñas. Buenos Aires, vida cotidiana, op. cit., p. III. [<a href="#v11">volver</a>]</p>
<p><a name="12"></a>[12] &#8220;El espíritu de la calle   Corrientes no cambiara con el ensanche&#8221;, en Arlt, R. <em>Aguafuertes porteñas. </em>Buenos   Aires, Losada, 2004. [<a href="#v12">volver</a>]</p>
<p><a name="13"></a>[13] García reconoce que en el discurso   arltiano el vagar &#8220;remite a una clase de sujeto que solo mira y camina   o, en otros términos, se asiste a la conformación de un personaje,   coincidente en muchas ocasiones con la voz narrativa del texto, que se halla   reducido a una pura mirada en movimiento al margen de cualquier circuito productivo&#8221;,   en  García, Guillermo. &#8220;Arlt y las ciudades&#8221;, en AA.VV. <em>Diez   lecturas de Arlt, </em>Buenos Aires, Fundación El Libro, 2000, p.108. [<a href="#v13">volver</a>]</p>
<p><a name="14"></a>[14] Bs. As. tenía ya 677.000 habitantes   en 1895 y tocaba los dos millones en 1930, ver Romero, J. L., op. cit. p. 251. [<a href="#v14">volver</a>]</p>
<p><a name="15"></a>[15] Cfr. García, Guillermo. Art.   cit., pp 109/110. [<a href="#v15">volver</a>]</p>
<p><a name="16"></a>[16] &#8220;El espíritu de la calle   Corrientes no cambiará con el ensanche&#8221;, en Arlt. R. <em>Aguafuertes   porteñas. </em>Buenos Aires, Losada, 2004, p.150. [<a href="#v16">volver</a>]</p>
<p><a name="17"></a>[17] Ver Barbosa, Susana. &#8220;Aguafuertismo   arltiano. Configuraciones prototípicas en la sociedad de inmigración&#8221;,   en AA.VV. Diez lecturas de Arlt, Buenos Aires, Fundación El Libro, 2000,   p. 22. Arlt no fue, sin embargo, el fundador literario del suburbio puesto   que la invención poética de éste comienza bastante antes,   a comienzos de siglo con Carriego. Hacia 1928 el suburbio ya está en   las letras de los tangos, en la literatura social de Boedo y también,   aunque de otro modo, en la poesía de Borges. [<a href="#v17">volver</a>]</p>
<p><a name="18"></a>[18] Ver Sarlo, Beatriz. &#8220;Arlt: la técnica   en la ciudad&#8221;, en La <em>imaginación técnica. Sueños   modernos de la cultura argentina. </em>Buenos Aires, Ediciones Nueva Visión,  1997,   p.43. [<a href="#v18">volver</a>]</p>
<p><a name="19"></a>[19] Ver Williams, Raymond. <em>El campo     y la ciudad</em>, Paidós ,Buenos Aires, 2001. Traducción de     Bixio, A. y prólogo de Sarlo, B. p. 293. [<a href="#v19">volver</a>]</p>
<p><a name="20"></a>[20] Los primeros ensayos de uso de la electricidad   para iluminación artificial de la ciudad datan de 1882. El nuevo sistema   sucedía al de gas y al de faroles con velas de sebo, pero el empleo   de electricidad para la iluminación de la ciudad de Buenos Aires se   produjo con relativo retraso. La tendencia favorable a la electricidad registró un   decisivo punto de inflexión entre 1907 y 1912, cuando se instalaron   las primeras grandes usinas. Fue recién en 1920 cuando se sustituyó  definitivamente   el gas por la electricidad, ver Liernur, Jorge y Silvestri, Graciela. &#8220;El   torbellino de la electrificación&#8221;, en <em>El umbral de la metrópolis.   Transformaciones técnicas y cultura en la modernización de Buenos   Aires (1870-1930). </em>Buenos Aires, Sudamericana, 1993, pp. 9/95. [<a href="#v20">volver</a>]</p>
<p><a name="21"></a>[21] Ver, Romero, J. L. op. cit., pp. 350/1. [<a href="#v21">volver</a>]</p>
<p><a name="22"></a>[22] La idea es planteada por Romero, J.L.   en &#8220;La ciudad burguesa&#8221;, en Romero, J.L. y Romero L. A. (directores). <em>Buenos   Aires. Historia de cuatro siglos</em>, Buenos Aires, 1983. Citado por Sylvia   Saítta en su Introducción a la edición de <em>Aguafuertes   Porteñas. Buenos Aires, vida cotidiana. </em>Buenos Aires, Alianza,   1993, p. 5. [<a href="#v22">volver</a>]</p>
<h2>Bibliografía referida</h2>
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<p><em>- &#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;- Aguafuertes porteñas. </em>Buenos Aires, Losada,   2004.</p>
<p>- Barbosa, Susana. &#8220;Aguafuertismo arltiano. Configuraciones prototípicas   en la sociedad de inmigración&#8221;, en AA.VV. <em>Diez lecturas de   Arlt,</em> Buenos Aires, Fundación El Libro, 2000, pp. 17/40.</p>
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<p><em>- &#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212; </em>&#8220;Por el mundo del crimen&#8221;,<em> en     Regueros de tinta. El diario Crítica en la década de 1920. </em>Buenos     Aires, Sudamericana, 1998, pp. 189/220.</p>
<p>- &#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212; <em>El escritor en el bosque de ladrillos. Una biografía     de Roberto Arlt.</em> Buenos Aires, Sudamericana, 2000.</p>
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<p>- Williams, Raymond. <em>El campo y la ciudad,</em> Paidós, Buenos   Aires, 2001. Traducción de Bixio, A. y prólogo de Sarlo, B.</p>
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